In Memoriam: Franco Zeffirelli, pasión e inquietud renacentista

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Querido Teo:

Franco Zeffirelli ha fallecido a los 96 años en su casa de Roma después de ser una de las grandes figuras del cine, la escenografía y la ópera durante el siglo XX. A destacar sus adaptaciones basadas en obras teatrales y operísticas como fue el caso de “Romeo y Julieta” (1968) que le valió su única nominación al Oscar a mejor director en el que era su tercer trabajo detrás de las cámaras tras “Camping” (1958) y “La mujer indomable” (1967). Antes había sido ayudante de dirección de genios del cine italiano como Luchino Visconti con el que tuvo una encontrada relación de admiración, amor y decepción y para el que trabajó en “La terra trema” (1947), “Bellisima” (1951) y “Senso” (1952). También fue candidato a la estatuilla por la dirección artística de “La traviata” (1982).

Franco Zeffirelli nació el 12 de Febrero de 1923 en Florencia (Italia) empapándose del ambiente de la clase alta y también de las ideas de algunos intelectuales británicos que pasaban mucho por su casa siendo un huérfano rodeado de mujeres desde bien crío, algo que retrató en “Té con Mussolini” (1999), y siéndole inculcado el interés por Shakespeare gracias a su niñera. En los años de la posguerra, y tras servir en la II Guerra Mundial tanto como soldado como intérprete de las tropas británicas, estudió Arte y Arquitectura en la Universidad de Florencia, y trabajó con algunos de los grandes nombres del cine italiano como ayudante de dirección: Vittorio De Sica, Roberto Rossellini y Luchino Visconti. Éste último sería uno de sus grandes amores escribiendo en su autobiografía en 2003: “Fue un amor atormentado, roto, pero no apagado”, algo que se truncó cuando Visconti no dudó en denunciarlo junto a todo su personal de servicio tras un robo en el palacete en el que vivían juntos.

Zeffirelli era católico, conservador (senador vitalicio de Forza Italia de Berlusconi dese 1994) y homosexual aunque detestara la palabra “gay” (“una manera estúpida de llamar a los homosexuales, como si fuesen payasitos inocuos y divertidos”). Pero, ante todo, fue un apasionado del teatro y las artes escénicas estando influido por la obra de Shakespeare y por los grandes títulos de los autores de ópera italianos como Verdi o Puccini.

Tras rodar con la pareja de moda, Richard Burton y Elizabeth Taylor, en “La mujer indomable” (1967) llegaría el turno de “Romeo y Julieta” (1968) que obtuvo 4 nominaciones al Oscar (película, director, fotografía y vestuario) ganando estos dos últimos premios. El éxito se repetiría con “Hermano sol, hermana luna” (1972) centrándose en la vida de San Francisco de Asís y en la miniserie “Jesús de Nazareth” (1977) con un gran reparto encabezado por Robert Powell como Jesús, Anne Bancroft como María Magdalena, Olivia Hussey como la virgen Maria, Ian McShane como Judas Iscariote y Christopher Plummer como Herodes. Ambiciosa, desmitificada y una de las mejores versiones de la historia de Jesucristo.

A partir de ahí llegaría una etapa de irregularidad con cintas como “Campeón” (1979) con Jon Voight y Faye Dunaway, derramando todos los lagrimales de los espectadores, y que fue una nueva versión del clásico de King Vidor en 1931, o el romance de un universitario con una chica de 15 años en “Amor sin fin” (1981). A continuación mucha ópera con “La traviata” (1982), “Pagliacci” (1982), “Cavalleria rusticana” (1982), “Otello” (1986) y “Don Carlo” (1992).

Otros títulos fueron “El joven Toscanini” (1988) o su última gran película como fue “Hamlet (El honor de la venganza)” (1990), lujosa producción protagonizada por Mel Gibson, Glenn Close, Alan Bates, Paul Scofield, Ian Holm, Helena Bonham Carter y Stephen Dillane. La música de Ennio Morricone para esta película es una de las grandes joyas de la carrera del italiano.

A partir de ahí llegaría un cine en el que sin renunciar a su estilo y cuidado ofrece una serie de títulos mucho más convencionales sin la ambición y el nervio de antaño, sea fruto de la desgana, la rutina, la edad o centrar todos sus esfuerzos en el teatro, la verdadera bombona de oxígeno para que el alma de escenógrafo emergiera sobre la de director teniendo así el control total de sus producciones. Llegarían las pasiones en tiempos del cólera en “La novicia” (1993), la sobria adaptación de “Jane Eyre” (1996) con William Hurt y Charlotte Gainsbourg, la reunión de grandes actrices británicas en “Té con Mussolini” (1999) y el tributo a su gran amor femenino, la cantante María Callas en “Callas forever” (2002) con una estilosa Fanny Ardant.

El nombre real de Zeffirelli era Gianfranco Corsi pero su madre quiso ponerle el nombre de Zeffiretti en homenaje a una de las arias de “Idomeneo” de Mozart pero el encargado del registro se equivocó. 25 trabajos en cine y un sinfín producciones teatrales son el legado de estilo, clase y cultura que deja una de las figuras del arte del siglo XX desde su concepción más renacentista, un adjetivo que bien define a una figura que se movió al servicio de sus pasiones.

Nacho Gonzalo

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