In Memoriam: Jane Russell, los pechos mejor pagados de la historia

In Memoriam: Jane Russell, los pechos mejor pagados de la historia

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Querido Teo:

Cuando el multimillonario excéntrico Howard Hughes decidió deshacerse de los Estudios RKO en 1952, no soportaba la idea de separarse de su adorada Jane Russell. Nunca consiguió llevarla a su cama porque a ella le gustaban los hombres grandes y fuertes, pero a cambio se había transformado en una de sus mejores amigas. El agente de la actriz no dio crédito cuando recibió el contrato que ponía el broche final al reinado de su representada en la RKO. El nuevo contrato era por veinte años, hasta 1972, y por ¡un millón de dólares!. Jane siguió cobrando mil dólares semanales desde 1952 durante cuatro lustros, a cambio de actuar en películas que nunca se hicieron.

Tampoco nunca nadie dedicó tanto tiempo y esfuerzo a un par de pechos como Hughes, desde que una docena de años atrás había seleccionado la foto de Jane entre varios cientos de candidatas a convertirse en estrella siguiendo la fórmula de lanzar a una desconocida. Tenía la intención de hacer un western que hiciera hablar a la gente antes incluso de que los personajes ensillaran sus monturas. Esta vez, la película tocaría abiertamente el tema del sexo. Como Hughes era quien quince años antes había descubierto a Jean Harlow, se presentaron cientos de chicas. Tras repasar una montaña de fotos, Hughes se quedó con una instantánea de una muchacha de diecinueve años de un metro sesenta y unas medidas de 95-55-90. «Que le hagan una prueba», ordenó. La prueba era en un pajar donde Billy el niño violaría a la protagonista

Todos los participantes en el rodaje tuvieron muy claro que los pechos de Jane Russell habían de ser considerados como estrellas con vida propia, incluyendo a Gregg Toland, el muy respetado coautor de “Ciudadano Kane” y de “Las uvas de la ira”, que recibió la orden directa y expresa de realzar el escote de Jane Russell más de lo que lo estaba haciendo. Hughes estaba dirigiendo la película con su espíritu de ingeniero, abordando cada secuencia como si fuera un problema matemático, incluido el que desembocó en  su ya famoso diseño del sostén de Jane Russell. Cuando llegó el momento de rodar la escena en la que Jane es atada a un árbol, Hughes vio que sus pechos no iban a quedar en su sitio cuando se debatiera con todas sus fuerzas. Al intentar soltarse, se le veía el sostén por debajo de la blusa de campesina. Como la modista no pudo resolver el problema, Hughes pidió un lápiz y una tabla de dibujo. «En el fondo -dijo- es un sencillísimo asunto de ingeniería elemental.» «Lo que él intentó conseguir fue una imagen muy simple, como si no llevara sujetador» -diría Russell-. Howard iba por delante de su tiempo, como había hecho con el mundo de la aviación, previendo la sustitución de los sujetadores “blindados” por modelos más ligeros.

InMemoriamJaneRussellElforajidoPero a la actriz el modelo le pareció ridículo y, sin decírselo a su director, lo tiró. “Tiré el sostén detrás de la cama y me puse el mío, poniendo un kleenex por encima, de modo que no se vieran las costuras”. Cuenta la actriz que se plantó en escena delante de Hughes, que la miró de arriba abajo durante lo que pareció toda una eternidad. Hughes dijo por fin: «De acuerdo».

Jane volvió a ser atada al árbol, sin saber que durante muchos años Howard iba a sacar la tabla de dibujo una y otra vez para ocuparse de su busto. Tampoco pudo adivinar nadie la importancia cultural que iba a tener “El forajido”. Al igual que “Ángeles del infierno” en los años veinte y “Scarface, el terror del hampa” en los treinta, iba a ser todo un hito de una nueva época. Cuando se disparó la cantidad de espectadores norteamericanos al comenzar la década de los 40, casi dos tercios del público iban al cine una vez por semana, Hughes se dio cuenta de que el público se agolparía por ver algo que aún no se había visto en la pantalla sonora: sexo. Hughes había decidido proporcionar sexo mediante el cine.

Jane fue la primera actriz en ser estrella un año antes de que los espectadores la vieran en pantalla. Un cartel de ella tirada en un pajar ocupó los anuncios de todas las grandes ciudades. La película fue la primera en desafiar a la censura exhibiéndose sin el certificado correspondiente, y aunque el crítico del New York Times escribió que el mejor intérprete era el caballo del protagonista,  fue tal éxito que incluso superó en recaudación a “Lo que el viento se llevó” en Atlanta. Fue reestrenada varios años después de ser retirada por el propio Hughes, para convertirse en uno de sus proyectos más rentables. Jane, una buena chica de Minnesota, católica aunque no radical, dedicaría su vida fuera del cine a labores humanitarias, después de que, terminada la Segunda Guerra Mundial, fundara una organización llamada WAIF cuyo propósito era que los norteamericanos pudieran adoptar niños huérfanos de otros países.

Carlos López-Tapia

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