Recordando clásicos: “Un tranvía llamado deseo” (1951), personajes a la deriva

Recordando clásicos: “Un tranvía llamado deseo” (1951), personajes a la deriva

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Querido primo Teo:

Resulta complicado analizar en profundidad la trayectoria artística de un autor magnífico e irrepetible como fue Tennessee Williams, generalmente poseedora de una densidad e intensidad apabullantes y que puede dejar sin aliento al espectador menos acostumbrado a cintas de tanto calado emocional. Sin duda, las constantes de sus textos reinciden en el deseo a múltiples niveles y en un incesante estudio de la complejidad del ser humano. Sus personajes son seres perdidos, desdichados y complejos.

“Un tranvía llamado deseo” realiza una amarga y fascinante radiografía del ser humano, personajes a la deriva que no encuentran su lugar en el mundo, especialmente una desdichada Blanche DuBois, incapaz de reconocer sus propios problemas y que vive en una burbuja de fantasía, en su propio mundo, como una niña enjaulada, una Alicia ya madura que sueña con el país de las maravillas. Al quedarse sin dinero, no tiene más remedio que instalarse en la casa de su hermana menor que hace un tiempo que no ve, pero allí chocará con el animal, miserable y rudo de Stanley Kowalski, pareja de su pariente, que la atormentará constantemente. Mientras que Blanche es refinada, soñadora y frágil, Stanley supone su antítesis, inculto, agresivo y manipulador. Le molestan sobremanera los aires de grandeza y el gran nivel intelectual de su cuñada ya que a él, de naturaleza primitiva, le irrita que lo dejen en evidencia. Tennessee Williams lleva a cabo una incisiva reflexión sobre las clases sociales y, a través de impagables batallas dialécticas, se sirve de Blanche y Stanley, dos polos opuestos tanto socialmente como en personalidad.

Sus brutales y trascendentes conversaciones son el eje central de la trama, lo que hace a esta película enorme, principalmente por sus deslumbrantes interpretaciones y la magnífica profundidad y riqueza de un material que es considerado la obra cumbre del dramaturgo (aunque la mayoría de sus obras son recomendables, bajo mi punto de vista su pluma nunca ha estado más inspirada que en la que nos ocupa, ”De repente, el último verano” y ”La gata sobre el tejado de zinc”, tres joyas indiscutibles). En medio de tanta tensión en el ambiente, está la sumisa Stella Kowalski, hipnotizada por la poderosa sensualidad de su apuesto marido y su dominante personalidad. Mantienen una relación de dependencia emocional y física muy peligrosa en la cual Stella soporta continuamente lo indecible: Maltratos, humillaciones, etc.

”Un tranvía llamado deseo” mantiene una atmósfera asfixiante y de continua tensión, en la cual extrae las miserias de sus personajes con gran pasión, mordacidad y desgarro. Como suele ser habitual en las obras de Tennessee Williams, hay un universo de personajes muy ricos en matices y unos diálogos maravillosos y profundos. El capitán del barco es Elia Kazan que realiza una dirección impecable y muy medida, especialmente en el aspecto interpretativo de la cinta. Este cineasta es un maestro en la dirección de actores, no obstante, como es bien conocido por la mayoría, fue profesor del Actor’s Studio.

Para la versión cinematográfica de ”Un tranvía llamado deseo” se contó con el mismo reparto y el mismo director de la obra original que fue representada en las tablas de Broadway, simplemente cambiaron a la protagonista de Jessica Tandy a Vivien Leigh, se rumorea que por imposición de los productores que creían que el plantel de intérpretes eran demasiado desconocido y querían una estrella en el papel estelar. Se comenta que el propio Kazan tenía sus dudas sobre la elección de Leigh, aunque posteriormente tanto Tennessee Williams como el irascible Marlon Brando alabaron su interpretación. Vivien como actriz era lo opuesto a lo que se inculcaba supuestamente en el Actor’s Studio, la espontaneidad frente a la técnica, pero se terminó acoplando al meticuloso método de trabajo de sus compañeros.

Vivien Leigh crea un personaje antológico, el mejor de su carrera, que le supuso su segundo Oscar. Un personaje con múltiples aristas, con constantes cambios de humor, imprevisible, intenso… Es de ese tipo de papeles en los que cualquier actriz con tendencia al exceso actoral podría no resultar creíble y terminar realizando una caricatura, ya que bordea la exageración, pero Vivien mantiene un admirable control interpretativo, nunca carga las tintas, a pesar de ser un personaje de gran inestabilidad emocional. Su retrato de Blanche DuBois es valiente, emocionante, cautivador y estremecedor. En definitiva, está extraordinaria dentro de una interpretación que transmite autenticidad por los cuatros costados, a pesar de la procedencia teatral de dicha película. Se cuenta que la propia Vivien creía que este papel fue el detonante de sus problemas mentales. Lo cierto es que queda claro que es un personaje al cual le tenía cogido el punto exacto al haberlo representado con anterioridad en las tablas londinenses bajo la dirección de su marido Laurence Olivier, el cual estaba constantemente en el rodaje del film de Kazan, para asesorarla y apoyarla, ante el temor de una de sus recaídas habituales.

Marlon Brando que había debutado poco antes en la gran pantalla con ”Hombres”, consiguió con la adaptación cinematográfica de ”Un tranvía llamado deseo” dar un golpe en la mesa y se convirtió en un actor a seguir tras una prometedora trayectoria teatral. Un estupendo intérprete de método con una indomable fuerza escénica combinada con su evidente atractivo sexual, dos rasgos que le abrieron las puertas de Hollywood y lo catapultaron a la fama. Él de carácter complicado, huidizo y rebelde, nunca llegó a sentirse cómodo con su estrellato y con la industria en general, de hecho, como es de sobra conocido, sólo fue a recoger uno de sus 2 Oscar, el de ”La ley del silencio”, de manos de la legendaria Bette Davis, pero aun así, ese día, se sentía como un pez fuera del agua, como él mismo aseguró. Esta bestia parda de la interpretación, dejó impresionados a todos con su feroz y magistral retrato de Stanley Kowalski, un tipo detestable que sentimos como cercano. Fue nominado por primera vez a un premio de la Academia. Por mucho que podamos comprender la mala actitud de Stanley debido a su poca cultura, lo cierto es que, a título personal, me resulta imposible defenderlo, ante el poco tacto y sensibilidad que demuestra al relacionarse con una desquiciada Blanche, que sí, es un personaje que puede poner un poco de los nervios por su inestabilidad mental y sus aires de gran dama sureña, pero es digna de compasión y respeto como cualquier ser humano.

En definitiva, estamos ante una incontestable obra maestra (calificativo que no empleo con mucha frecuencia), que se ha representado en el teatro en multitud de ocasiones, recientemente tanto la compatriota de Vivien, Rachel Weisz, como la versátil actriz australiana Cate Blanchett han dado vida a Blanche DuBois (se podría considerar que ésta última por partida doble, no solamente en las tablas, sino también en su reciente personaje de “Blue Jasmine” en la nueva cinta de Woody Allen ya que tiene reminiscencias con este voluble personaje, sobre todo en su derrumbamiento emocional).

Tu prima.
Yuna

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