Sesión de cine-cebolla: “Gremlins”

Sesión de cine-cebolla: “Gremlins”

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Querido primo Teo:

Ya quedan muy pocos días para finalizar 2012 y, como ya ocurrió el año pasado, “Sesión de cine-cebolla” se viste de Navidad. Si hace un año ocuparon estas líneas dos clásicos navideños como “¡Qué bello es vivir!” y “Eduardo Manostijeras”, en esta ocasión es el turno de otro de esos títulos que hay revisitar de forma casi obligatoria en estas fechas, “Gremlins”. La película, producida por Steven Spielberg dentro de su inconfundible sello Amblin, fue un éxito inmediato desde el momento de su estreno (en 1984). Spielberg encargó la dirección a su amigo Joe Dante, todo un especialista del cine fantástico y familiar. “Gremlins” supuso también la primera colaboración de Spielberg con el cineasta Chris Colombus, autor del guión, y que más tarde también escribiría “Los Goonies” y “El secreto de la pirámide”. A pesar de su catalogación para todos los públicos, la película sorprendió por la presencia de escenas bastantes violentas y su continuo coqueteo con el cine de terror. “Gremlins” tuvo una poco exitosa continuación en 1990 y los rumores sobre la realización de la tercera entrega han estado siempre presentes.

La historia arranca cuando Randall Petzer, un inventor de excéntricos artilugios, encuentra en una tienda de Chinatown el regalo de Navidad perfecto para su hijo Billy, una extraña criatura llamada Mogwai. El dueño de la tienda se niega a vendérselo, pero su nieto realiza la transacción a espaldas del anciano. Cuando Randall le entrega a Guizmo (ese es el nombre que le ha puesto) a su hijo, le expone las reglas de forma muy clara: “No le puede dar la luz del sol, no puede mojarse y lo más importante: nunca debe comer después de medianoche”. Las reglas parecen sencillas, pero una serie de catastróficas desdichas hará que que Gizmo se reproduzca (a través del agua) y que “sus crías” se conviertan en horribles seres verdes (cuando comen después de medianoche). El caos se apoderará del idílico pueblo de Kingston Falls cuando uno de los malvados gremlins caiga en una piscina, y de ésta emerjan decenas de “clones”. Finalmente, Billy acabará con la epidemia, gracias a la ayuda de Gizmo y de Kate, la chica de sus sueños.

En un primer momento, podría sorprender la elección de “Gremlins” como una película digna de estar dentro de nuestra galería de escenas lacrimógenas. Y es cierto que la escena puede que no llegue a provocar lágrimas, pero nadie podrá poner en duda que la despedida entre Gizmo y Billy es una de las escenas navideñas más entrañables que se recuerdan. Una vez pasada “la tempestad”, el antiguo dueño de Gizmo llega a la casa de Billy con la intención de llevarse a la criatura. El viejo reprocha a Billy y su familia su irresponsabilidad, coge a Gizmo y lo introduce en su caja. Pero la mascota comienza a dar golpes y le pide al anciano (el único que entiende su lengua) que quiere despedirse de Billy. El adorable Mogwai sale de la caja y pronuncia dos palabras perfectamente inteligibles: “Adiós, Billy”. Su dueño lo vuelve a guardar en la caja y abandona la casa, no sin antes lanzar un mensaje de optimismo: “Mogwai esperará hasta que estén preparados”. Al encanto natural de Gizmo, uno de los monstruo más simpáticos de la Historia del cine, se une la bellísima partitura del gran Jerry Goldsmith. El resultado final es pura magia.

Final de “Gremlins” (1984). from Javier Navío on Vimeo.

Tu primo.
Janaji

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