“Somos romanos”

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¿Vosotros diríais que Groucho Marx y Woody Allen son romanos? Según Paco Álvarez, lo son, y se toma el trabajo de demostrarlo.

Título: “Somos romanos”

Autor: Paco Álvarez

Editorial: EDAF

No caben muchas dudas sobre el peso del origen romano en nuestra cultura, pero Francisco Álvarez, Paco en su forma más popular, se ha dedicado a poner buena parte de esos orígenes en blanco sobre negro, con gracia, documentación actualizada y una capacidad, nada desdeñable, de introducir letras de canciones traídas a cuento, películas, aforismos de Marx o Allen, y referencias a la actualidad. Esto convierte a “Somos romanos” en un libro erudito de Historia y, al mismo tiempo, socarrón y opinativo, usando las comparaciones que nos identifican con aquellos personajes que marcaron la Historia, y también las extravagantes que nos alejan de ellos… salvo que creamos a ese divulgador de todo tipo de rumores y recetas que es Plinio el Viejo, de donde proceden muchas de ellas.

Las cosas que nos aproximan se agazapan a menudo en el lenguaje, y el autor lo pasa bien intentando sorprendernos con la coincidencia entre palabras y costumbres. La expresión “estar en la gloria” puede estar más próxima a una terma que a un concierto de querubines celestes, por poner uno de los ejemplos que usa Francisco.

“Propongo un paseo, si no científico al 100 %, ya que el 100 % de seguridad no existe en Historia, al menos un vistazo veraz y curioso con el que espero lleguemos a la misma romana conclusión y que a la vez aprendamos mucho más sobre quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, como decían los de Siniestro Total. Juntos, nos daremos cuenta de que sí sabemos latín, que el año empieza el 1 de Enero por culpa de unos rebeldes hispanos, que el grafiti era ya un problema en las ciudades romanas, conoceremos el por qué y la procedencia de los pasos de cebra, el origen y sentido de la palabra «tocayo» o por qué nos echamos la siesta, quién inventó los SMS y muchas más cosas demostrativas de los romanos que todavía somos, sobre todo en lo más habitual”.

Metido en esta maraña instructiva y entretenida de raíces culturales (muy interesante el capítulo sobre Pompeya), Francisco vuelca de vez en cuando el tarro del sentimiento patriótico, convencido de que deberíamos valorar más la parte hispánica de la romanidad que nos rellena las costumbres. Hay muchos destellos irónicos, justificados, sobre la pésima calidad de la educación que recibimos acerca de nuestro pasado, o reproches por olvidos de personalidades hispánicas que jugaron papeles importantes y que son sobradamente desconocidas. En su condición de romano encarnado, el autor cabalga con frecuencia sobre una ola de orgullo hispánico, como si verdaderamente las generaciones sucesivas debieran anotar en su haber los éxitos de los antepasados. El orgullo por el pasado no es algo que yo comparta, agradecimiento sí, aunque lo entienda y reconozca la difusión universal de este sentimiento, objeto muy a menudo de abuso y violencia.

Somos romanos, claro, pero las circunstancias que rodean a la Historia son tanto o más importantes que los hombres que la protagonizan. Ni siquiera somos responsables de lo que hicieron nuestros antepasados más directos. Al autor le duelen los nacionalismos actuales, se adivina un rictus amargo tras la ironía que, a bote pronto o mejor groso modo, es fácil compartir. Los nacionalismos siempre violan la Historia, tal vez creamos que no sea posible parir una nueva nación sin violencias semejantes. Pero aunque la Historia enseña que ha sido así, no justifica que lo siga siendo. Debería haber cursos para el control del orgullo patrio como los hay para el de la ira.

Dicho esto, leedlo. Por poco que os interese descubrir lo que queda a vuestra espalda, mirar atrás con Francisco es un placer de varias horas. Por más que visito Roma, por más que leo sobre ella, me amplía encontrar personas que me enseñan aspectos que no conozco sobre uno de mis temas favoritos. Salve Paco, ciudadano romano, como yo.

El libro puede combinarse con una serie reciente de Movistar llamada “Justo antes de Cristo”, humor hispano al estilo “Golfus de Roma”, absurdo, pero… ¿quién sabe? En algunos momentos tengo la seguridad de que se aproxima más a la realidad que “Gladiator” o peplums habituales.

Carlos López-Tapia

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