In Memoriam: Elizabeth Taylor, siete momentos de una figura mítica

In Memoriam: Elizabeth Taylor, siete momentos de una figura mítica

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Querido diario:

Los icónicos ojos de Elizabeth Taylor se han cerrado para siempre en el día de hoy pero siempre quedará en el recuerdo como un perfecto ejemplo de mito, elegancia, belleza, talento y divismo. “Mi madre fue una mujer extraordinaria que vivió al máximo, con gran pasión, humor y amor. Aunque su pérdida es devastadora para aquellos que la hemos tenido tan cerca y la hemos querido tanto. Siempre nos inspirará por su permanente contribución a nuestro mundo”, ha dicho su hijo mayor Michael Wilding. Según el portal TMZ, Taylor (que ha fallecido a los 79 años tras dos meses internada en hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, donde estaba siendo tratada por síntomas de insuficiencia cardiaca congestiva) podría ser enterrada en el cementerio WestWood Village Memorial Park de Los Ángeles donde su familia tiene un nicho y donde yacen otras dos grandes estrellas, Marilyn Monroe y Natalie Wood. La actriz, que ganó dos Oscar por “¿Quién teme a Virginia Woolf?” (1967) y “Una mujer marcada” (1961), recibía en las últimas semanas en la habitación del hospital a amigos y familiares y desde allí también siguió los premios de la Academia (“El discurso del rey” era su favorita, según dijo en una de sus últimas apariciones públicas) y celebró su cumpleaños el mes pasado. Taylor fue también candidata por “El árbol de la vida” (1958), “La gata sobre el tejado de zinc” (1959) y “De repente, el último verano” (1960). Estos son los siete mejores momentos de la actriz de los ojos de color violeta.

Elizabeth Rosemond Taylor era una niña de nueve años cuando llegó a Los Ángeles procedente de Londres. Sus padres habían decidido abandonar Inglaterra ante el inminente estallido de la guerra. Se instalaron en una ciudad que comenzaba la década de los cuarenta en pleno desarrollo y abrieron una galería de arte en el vestíbulo del Hotel Beverly Hills. A los diez años fue fichada por la MGM y creció junto a las otras estrellas infantiles. Ninguna otra fue tan brillante y duradera.

I. Tenía 17 años cuando la vio Howard Hughes en el vestíbulo del hotel donde la familia abrió el negocio de arte, y se enamoró de ella. Visitó la galería, adquirió varios cuadros e invitó a Elizabeth y a sus padres a pasar un fin de semana fuera de Los Ángeles. Los padres aceptaron, pero Hughes tenía 45 años y Liz le consideró un vejestorio. Hughes siguió interesado y años más tarde, abordó a la madre uno de sus abogados para comentar la posibilidad de un matrimonio de conveniencia entre el multimillonario y la belleza de ojos violeta. Como muestra de su seriedad, Hughes accedió a pagar a Elizabeth un millón de dólares. Cuando Elizabeth se enteró de la oferta, se echó a reír a carcajadas. Años después, tras la muerte de su tercer marido, el productor Michael Todd, Liz subió destrozada a bordo del avión de la TWA que la llevó al funeral que tendría lugar en Chicago. Ella no lo supo entonces, pero fue Hughes quien como dueño de la TWA puso aquel avión a su disposición.

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II. A los 19 años saltó al cine adulto con la adaptación literaria de la novela de Theodore Dreiser “An American tragedy”, que ya había sido llevada al cine por Von Sternberg como “Una tragedia americana” en 1931, y que George Stevens rodó con el título de “Un lugar en el sol” en 1951. Dreiser estaba etiquetado como un escritor radical tan izquierdista que a su entierro llegó un telegrama de Stalin.

III. A los 23 años Liz comienza un régimen brutal. Quiere perder los casi veinte kilos que ha engordado con el embarazo de su segundo hijo. Está tan obsesionada con su peso, que durante semanas dejó de comer alimentos sólidos e ingería únicamente zumos de frutas y agua helada. El principal motivo, aparte de las habituales razones estéticas, era el empeño en conseguir el papel protagonista junto con Rock Hudson y James Dean en “Gigante”. El papel, que abarca tres décadas en la vida del personaje, había sido ofrecido primeramente a Grace Kelly pero, cuando ésta se comprometió con el príncipe Rainiero de Mónaco, pensaron en dárselo a Audrey Hepburn, “demasiado sofisticada”, Marlene Dietrich, “demasiado alemana”, y llegó a ella porque el director era el mismo que el de “Un lugar en el sol”. Según Carroll Baker, la actriz que interpretaba a su hija aunque solo tenía un año más que ella, Elizabeth Taylor “está tan bien en la película porque su especialidad era hacer de chica rica y arrogante. Ver a esa delicada flor del Este trasplantada al tosco paisaje de Texas, donde no había más que polvo y artemisa, era un contraste maravilloso”.

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IV. A los 25 años se enfrenta con “La gata sobre el tejado de zinc”, la escandalosa y triunfal obra de Tennessee Williams, que el guionista y director cinematográfico Richard Brooks estaba adaptando para la gran pantalla. Elizabeth Taylor interpretaría el papel de Maggie, la verdadera heroína protagonista. Estaba previsto que el rodaje empezara con tiempo para que Paul Newman y Liz pudieran perfeccionar su acento sureño con profesores de dicción y, entretanto disfrutar de unas vacaciones. Para Taylor eso significaba pasar la Navidad junto a Todd, con quien se había casado en Febrero del año anterior (a sus veinticuatro años, se trataba de su tercer matrimonio), y su hija Liza. Al principio, Newman tuvo problemas con Elizabeth debido a lo distintas que eran sus maneras de entender la interpretación. Newman necesitaba ensayar, explorar, y en cambio, Liz se limitaba a recitar sus diálogos en los ensayos y luego se marchaba tranquilamente. El día que Newman fue a quejarse al director le dijo: “No está haciendo nada. ¿Qué va a pasar cuando empecemos el rodaje?”. Brooks le dijo que esperara, y cuando dijo “¡Acción!”, Newman se quedó boquiabierto porque allí estaba Elizabeth, actuando magistralmente, y él no sabía cómo lo había hecho.

En pleno rodaje, Mike Todd se mató en un accidente a bordo de su avión privado, el Lucky Liz. Liz tendría que haber fallecido con él, pero se encontró mal y prefirió no viajar. Brooks fue a visitarla a su casa para ver si podía seguir con la película. Por desgracia, numerosos agentes y productores lo habían precedido con la misma intención. Ella le recibió fríamente según se relata en una de sus biografías. «¡Eres un hijo de puta!. Supongo que has venido a verme por el mismo motivo que todos los cabrones que han pasado por aquí antes que tú». Brooks intentó convencerla de que su principal preocupación era ella y no la película. «Al fin y al cabo, solo se trata de una película -le dijo- si no quieres volver, no pasa nada». Ella contestó: «¡Eso es exactamente lo que voy a hacer!. No pienso volver. ¡Que te jodan a ti y a la película!».

El Estudio estaba listo para cancelar el proyecto, pero Brooks fue capaz de ablandar a Elizabeth Taylor cambiando algunas escenas y el calendario de rodaje, para seguir trabajando sin ella durante unas cuantas semanas. Al final, recibió una llamada de la secretaria de la actriz diciéndole que iba a pasar por el plató. «Creo que me apetece volver a trabajar, anunció al ver a Brooks. No sé cuánto tiempo podré aguantar. Puede que empiece y me ocurra algo». El director se lo puso fácil y le organizó unas primeras sesiones de rodaje de una o dos horas, cuya duración fue alargando. “Al final de la semana, Elizabeth ya trabajaba cinco o seis horas seguidas. No faltó un solo día y nunca llegó tarde”. A pesar de lo impresionado que Newman estaba con la transformación de la actriz entre los ensayos y el rodaje, aún le impresionó más que llegara a terminar la película. “Era extraordinaria. Su determinación me pareció increíble”.

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V. A los 29 años, en Marzo de 1961, Taylor estaba ingresada en la London Clinic, en estado de coma. Según los partes médicos estaba al borde de la muerte. Taylor sobrevivió y su pervivencia se convirtió en su personaje más perdurable. El de “Cleopatra” le significó el caché más alto que recibiría una actriz durante años. En 1959 la 20th CenturyFox compra los derechos de “The Life and times of Cleopatra” de Carlo Maria Franzero, autor británico de origen italiano especializado en biografías noveladas para consumo popular. Aunque el proyecto reúne los requisitos necesarios para una superproducción, los directivos del estudio se decantan por algo más modesto y para el papel protagonista se piensa en Joan Collins. Más tarde se cambia de opinión y en consonancia con la orientación de súper producción buscan una actriz de más relumbrón. En Julio de 1959 le ofrecen el papel principal a Elizabeth Taylor, la cual no demuestra, en principio, mucho interés: les pide un millón de dólares más un 10 por ciento de la taquilla para disuadirlos, pero ante su sorpresa aceptan. El amor surgido entre Elizabeth Taylor y Richard Burton en “Cleopatra” hizo correr ríos de tinta, pero no llevó espectadores a los cines y la cinta fue uno de los mayores fracasos comerciales de la historia.

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VI. A los 34 años Taylor ve como el melodrama encuentra un filón especialmente maduro y literario, propenso a la verborrea ingeniosa y al retruécano afilado. Ella y Burton son la pareja más adecuada para “¿Quién teme a Virginia Woolf?”. En 1966, Edward Albee había escandalizado al público del teatro neoyorquino y del americano en general, a base de frases hirientes, insultos y alusiones sádicas y malignas:

Elizabeth Taylor: “Soy gritona y vulgar, y llevo los pantalones en esta casa porque alguien tiene que hacerlo. Pero no soy un monstruo”.

Richard Burton: “Martha, en mi mente estás enterrada en cemento hasta el cuello. No, hasta por encima de la nariz. Es mucho más silencioso”.

Elizabeth Taylor: “Te juro que si existieras me divorciaría de ti”.

Richard Burton: “Ahora que ya hemos pasado por lo de humillar al anfitrión… Y no queremos jugar todavía a fastidiar a la anfitriona… ¿Qué tal una pequeña ronda de meterse con los invitados?. Martha, ¿puedes enseñarla dónde guardamos el eufemismo?”.

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VII. A los 79 años ha terminado su vida, en la que ha tenido la compañía de siete maridos. El primero fue Conrad Hilton Jr., el heredero de la famosa cadena de hoteles, en 1950, no llegó al año, se dijo que cuando volvieron de la luna de miel en Europa, ya estaban pensando en el divorcio. El segundo fue el actor inglés Michael Wilding, duró casi cinco años, de 1952 a 1957. El tercero el productor Michael Todd, duró sólo trece meses, porque falleció de un accidente aéreo. El cuarto, un año y pico después, en 1959. Elizabeth consiguió cimentar su fama de irresistible, y se casó con el cantante y actor Eddie Fisher, a la sazón, marido de la actriz Debbie Reynolds, por entonces una de las mejores amigas de la Taylor, literalmente enamoró a su esposo ante sus propias narices.

El quinto fue Richard Burton tras engancharse como pulpos ansiosos en el rodaje de “Cleopatra”. Este primer matrimonio entre ambos duró hasta 1974, y fue lo más parecido a una tormenta tropical, sus desavenencias en público fueron tan notorias que afectó a la carrera de ambos. Elizabeth perdió su hasta entonces esbelta figura, para alcanzar proporciones redondas, muy lejos de la extraordinaria belleza de sus primeros años. La decadencia había empezado inexorablemente. Se divorciaron pero se volvieron a casar porque parecía que no podían vivir el uno sin el otro, sobretodo cuando tenían ganas de pelearse.

El sexto fue el congresista John Warner, la relación duró casi seis años y parecía mucho más tranquila y relajada que todas las anteriores, de 1976 hasta 1982. El séptimo y último es Larry Fortensky, un obrero de la construcción que había ido a hacer unos trabajos de decoración en su casa. Este último matrimonio duró de 1991 hasta 1996.

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Comentarios

Andrés - 23.03.2011 a las 17:19

Creo que fue mejor persona que actriz, y aún así es sin duda una de las últimas estrellas de Hollywood.Nos deja gran cine para disfrutar. Gracias Liz y ojalá hayas entrado en la eternidad como Cleopatra en Roma y ya estés con tus amigos James Dean, Rock Hudson, Richard Burton…

JOSE - 24.03.2011 a las 18:54

Descanse en paz esta gran actriz de todos los tiempos y que pase a la inmortalidad en la historia del cine.

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