“Un espejo lejano. El calamitoso siglo XIV”

“Un espejo lejano. El calamitoso siglo XIV”

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La Peste Negra empezó a segar vidas europeas en 1347 en una colonia genovesa en la actual Crimea. Los cálculos varían entre 20 y 40 millones de muertos. Bergman se sintió tan atraído por el desastre que lo llevó a la pantalla en “El séptimo sello” y una de las historiadoras más reconocidas del siglo pasado convirtió aquel siglo XIV en su obra maestra. Su trabajo contradice constantemente muchas de las imágenes, incluyendo al
propio Bergman, insertadas por el cine en nuestra memoria.

Título: “Un espejo lejano. El calamitoso siglo XIV”

Autor: Bárbara W. Tuchman

Editorial: Ariel

Tuchman, nieta e hija de banquero, fue educada con los mejores recursos que podía ofrecerle su posición acomodada en Nueva York en los años treinta. Eligió intervenir en la Historia de su tiempo a través del periodismo. Eso la llevó a trabajar en Japón, ser corresponsal para el New Statesman de Londres, el Centro de Noticias del Lejano Oriente y la Oficina de Información de Guerra en el último año de la II Guerra Mundial. Luego abandonó el periodismo para dedicarse a la Historia y ganar un par de premios Pulitzer, además de la etiqueta de una de las mejores historiadoras del mundo.

Tuchman se refiere en el libro a un axioma clásico del periodismo: “No news, good news”. Es buena noticia que no haya noticias…. salvo para el periodista. Esta es una pista para entender la razón de que Tuchman eligiera el siglo XIV ya que, junto con el XX, el otro periodo más estudiado por la historiadora, no carecen de noticias, de las peores noticias.

Tras un periodo de agotamiento en las librerías, Ariel ha relanzado este libro en Mayo, y cabe esperar que continúe editándose muchos años porque es un ejercicio de rigor y amenidad poco frecuente. Aunque la autora señale que sigue la biografía del noble francés Enguerrand de Coucy, tan solo es un hilo que hilvana la Guerra de los 100 años, la Peste Negra, las costumbres, el espiritualismo y las calamidades del tiempo en que el cine sitúa muchas de sus producciones. Bergman, por ejemplo, desconoce o ignora que en su secuencia ante un templo de una obra de tema sagrado en “El séptimo sello”, sobran titiriteros y hasta la actriz, imposible en esa época.

Ya he escrito en otros lugares sobre el divertido chapapote medieval que muestran las pantallas y hay decenas de detalles en el trabajo de Tuchman que merecen sustituir a la imagen errónea del cine. Pongamos un ejemplo sobre un detalle popular como son los cinturones de castidad. Tuchman nos cuenta que: “El cinturón de castidad, del que suele hablarse como de algo usual, está apenas documentado en el Medievo y fue tal vez un recurso literario antes que un objeto habitual. Se cree que se derivó de la práctica islámica de la infibulación, que implicaba sujetar un candado a los labios de la vulva, y que llegó a Europa con otros lujos importados por los cruzados. Se conserva un modelo, pero no se tienen documentos sobre él, como, por ejemplo, procesos legales, hasta el Renacimiento y épocas posteriores. El cinturón de castidad afligió menos a las mujeres medievales que a sus sucesoras como instrumento de fanática posesión masculina”.

La capacidad de divulgación es habitual en el estilo de Tuchman pero, aquí en concreto, es sorprendente la cantidad de ocasiones en que parece a punto de sumergirse en una novela. Es un recorrido excelente por el periodo de la humanidad en que hubo más personas convencidas con sinceridad de que el día del juicio final estaba próximo.

Carlos López-Tapia

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