“Gracias a Dios”

“Gracias a Dios”

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La web oficial.

El argumento: Alexandre vive en Lyon con su esposa e hijos. Por casualidad, se entera de que el sacerdote que abusó de él cuando era un boy scout sigue trabajando con niños. Se lanza a un combate al que se unen François y Emmanuel, otras víctimas del sacerdote, con el fin de liberarse de sus sufrimientos a través de la palabra. Pero las repercusiones y consecuencias de sus testimonios no dejarán a nadie indemne. Basada en el caso real de Bernard Preynat, sacerdote de la Diócesis de Lyon, acusado en 2016 de abusar sexualmente de decenas de niños.

Conviene ver: “Gracias a Dios” es la demostración del buen pulso y la solidez del cine de François Ozon, un director siempre polifacético e interesante que se mueve en diversos terrenos reflexionado sobre las motivaciones de sus personajes y sus actos. Aquí adopta un mayor poso de rigor, análisis y precisión en un tema de rabiosa actualidad que aborda con pulcritud, sin aspavientos y con verdad analítica acercando esta historia al documental con el escándalo de abusos infantiles en la Iglesia católica y más concretamente en la Diócesis de Lyon, destapándose los actos del sacerdote Bernard Preynat, autor confeso de más de 60 episodios de abuso a “boy scouts” en campamentos durante la década de los 80 y los primeros 90, todos ellos menores de 15 años, escandalizando precisamente por el papel de encubridor de la Iglesia cuando estalló todo en 2016, representado por el arzobispo Phillipe Barbarin, que no dudó en declarar que “gracias a Dios estos hechos habían prescrito”, habiendo sido conocedor de estos hechos junto a otras cinco autoridades de la institución, el perdón del Papa manteniéndolo en su cargo, y la siempre lenta justicia cuando al final la mayoría de las victimas acaban olvidadas y, ante el coste emocional del proceso, abandonan la lucha por la justicia. El acierto del director es ser claro y directo en mensaje, elegante y sobrio en su puesta en escena, y creando una situación de épica emocional y de camaradería cuando el hilo (como casi siempre fortuito) del que se tira acaba destapando nuevos casos que, al menos, reparan a las víctimas por el hecho de no sentirse solos en su drama y dolor. Una cinta, que no tiene el ritmo periodístico de “Spotlight” pero sí su energía gracias a cómo se desarrolla a través del drama psicológico de las víctimas, que fue rodada de manera clandestina por Ozon para evitar el boicot de la Iglesia y que se centra de manera orgánica en tres personas que van confluyendo y derivando a lo largo de la película analizando su situación desde diversos prismas. Mismo dolor y rabia contenida en una deconstrucción también de la sensibilidad masculina y que va desde el padre de familia católico que no quiere dar publicidad al hecho, ante sus convicciones religiosas y practicantes, pretendiendo sólo que su Iglesia pida perdón y lo reconozca ante él evitando que ese sacerdote no vuelva a estar en contacto con niños, otro que aborda este drama con virulencia queriendo apostatar, y un tercero que sin trabajo y sin relaciones familiares sanas representa una vida truncada e infeliz por ese drama. Estupendos los actores Melvil Poupaud, Denis Ménochet y Swann Arlaud en uno de los trabajos más medidos y certeros de un director fiel a sus principios, a su forma de contar historias y sin miedo a denunciar unos hechos resaltando la fuerza épica de sus personajes, la necesidad de justicia y de alzar la voz frente al abuso, el silencio y la tentación de mirar a otro lado por parte de los que tienen poder para evitar problemas mayores que resquebrajen su situación de privilegio.

Conviene saber: Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín 2019.

La crítica le da un SIETE

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