“Langosta”

“Langosta”

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El argumento: Narra una historia de amor no convencional, ambientada en un mundo distópico, en el que según las reglas establecidas, los solteros son arrestados y enviados a un lugar donde tienen que encontrar pareja en un plazo de 45 días. El tema central es la soledad, el temor a morir solo, a vivir solo, y también al temor a vivir con alguien.

Conviene ver: “Langosta” es una subyugante historia de gran atmósfera y que presenta un mundo distópico, hedonista y estigmático en el que ser soltero merece ser erradicado sufriendo en un bosque la peor de las condenas teniendo que quedar transformado en un animal (a elección, eso sí), lo que provoca que el que protagonista elija una langosta sea bien visto ante el gran número de perros ya existentes). Y es que ya sorprende desde el primer momento en el que un barrigón y bigotudo Colin Farrell con pinta de oficinista gris contesta un cuestionario sobre su vida amorosa, lo que provoca que ante su ruptura sea internado en un hotel de solteros con cuenta atrás para terminar encontrando pareja mientras se producen descolocantes incursiones en el temido bosque así como actos violentos y restriegos en partes nobles. “Langosta” tiene toda la personalidad del griego Lanthimos que salta a ligas mayores extrayendo lo de mejor de su reparto y contribuyendo a que entre ese hotel y ese bosque hayamos vivido una de las sensaciones más estimulantes de este año de cine. Allí, un Colin Farrell sobrio y muy bien en su papel, hace amistad con Ben Wishaw y John C. Reilly (atención a su mano abrasada por una tostadora por masturbarse) en una institución gobernada por la siempre solvente Olivia Colman, que se marca un número musical muy potente en una de las cenas con los residentes que crea una atmósfera entre lo enfermizo, el sentimiento de compañerismo y la sombra orgiástica en el aire, así como esas simulaciones que se llevan a cabo en la residencia con el fin de demostrar que lo peor que te puede pasar en la vida (tanto para un hombre como para una mujer) es quedarse soltero. Es verdad que la primera mitad de la película es muy potente y realmente genuina, clásica pero vanguardista, marcando su tono propio pero también recordando a secuencias y ambientes que bien podrían ser recreados por Paul Thomas Anderson o James Gray. En la segunda parte la presencia femenina altera la vida del atribulado Farrell así como de ese sistema preestablecido, tanto por la aparición de su ideal de mujer encarnado por una angelical y desvalida Rachel Weisz como de una mala pécora voz de la conciencia de la facción solteril, un grupo de hippys que viven la vida entre orgías y danzas tribales, sin preocupaciones y sin ninguna intención de enamorarse, representado por cada vez una más odiable (en sus papeles) Léa Seydoux. En todo caso, “Langosta” es una de esas películas que logran una gran fascinación, la fotografía y música contribuyen a ello, que hará que gane con el tiempo, se merezca segundos visionados y ayude todavía más a posicionar como uno de los directores más interesantes del panorama europeo. Esta película es su salto indiscutible a grandes ligas no sufriendo el síndrome de otros realizadores que naufragan a la hora de dar el salto ofreciendo un interesante debate sobre la concepción social del concepto de soltería, para unos un remanso de libertad y de autonomía y para otros una condena de la que hay que escapar aunque sea juntándose con la primera persona que pase aunque sea ofreciendo una imagen desvirtuada de uno mismo para favorecer el enganche de la complicidad. Una de esas películas fascinantes y llenas de capas que ganan en nuevos visionados.

Conviene saber: Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2015.

La crítica le da un SIETE

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