La madurez (y ejemplo de resistencia) de Nicole Kidman

La madurez (y ejemplo de resistencia) de Nicole Kidman

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Querido primo Teo:

Nicole Kidman recibió el siglo XXI consagrándose como la mejor actriz de Hollywood, y no es una exageración. Por un lado, encarnaba a la perfección el canon de estrella glamourosa, garantía de publicidad y una de las presencias más elegantes en cualquier alfombra roja; por otro, demostró que no había activado el piloto automático, sino que se sentía especialmente cómoda en manos de los directores más exigentes. Fue nominada al Oscar por el musical "Moulin Rouge" (2001), ganó la estatuilla por encarnar a Virginia Woolf en "Las horas" (2002), sobrevivió al rodaje con Lars Von Trier, el director más sádico en activo, de "Dogville" (2003) y protagonizó "Reencarnación" (2004), de Jonathan Glazer, en la que interpretó a una viuda convencida de haber encontrado a su difunto esposo en un niño de diez años.

Ese esplendor duró un lustro, el tiempo que tardó en diluirse su expresividad facial por el abuso del bótox, que comenzaba a popularizarse en la siempre pacífica comunidad de Tinseltown a comienzos del nuevo milenio. Desde mediados de la primera década del siglo, Kidman empezó a lidiar no solo con los efectos de malas decisiones cinematográficas, sino también con las burlas que generaba su rostro cada vez más hierático.

Lejos de hundirse, Kidman resistió. Y lo hizo volviendo a ese tipo de proyectos que en el pasado habían demostrado que, si no era la actriz más arriesgada de Hollywood, al menos era una contendiente seria al título.

Volvió a ser nominada al Oscar por "Los secretos del corazón" (2010), la adaptación cinematográfica de la obra teatral en la que interpretaba a una madre que establece un vínculo con el joven responsable de la muerte accidental de su hijo. Luego se lanzó al vacío con "El chico del periódico" (2012), de Lee Daniels, donde encarnó a una mujer vulgar, un ejemplo de la llamada "white trash" americana, que se enamora de un asesino convicto. Kidman fue lo único memorable de aquella película, con una interpretación deliberadamente chabacana que rompía radicalmente con su imagen de porcelana, más cercana a un taller de Lladró.

También interpretó a la actriz metida a princesa en "Grace de Mónaco" (2014), una cinta olvidable, masacrada en el Festival de Cannes y estrenada en Estados Unidos como un telefilm. Pero compensó ese traspié poniéndose a las órdenes de autores tan singulares como Park Chan-wook en "Stoker" (2013), Sofia Coppola en "La seducción" (2017) y Yorgos Lanthimos en "El sacrificio de un ciervo sagrado" (2017), el debut del cineasta griego en el mercado estadounidense.

Curiosamente, ninguna de estas apuestas audaces le valió una nominación al Oscar, probablemente porque sus películas estaban destinadas a un nicho muy específico, por mucho que fueran celebradas en Cannes. Allí, en 2017, Kidman recibió un galardón especial por sus trabajos presentados en la competencia oficial. Sin embargo, sí obtuvo una cuarta candidatura al Oscar por "Lion" (2016), que pasará a la historia como la última apuesta de Harvey Weinstein antes de su caída, y la quinta (última hasta el momento) por su interpretación de la icónica Lucille Ball en "Ser los Ricardo" (2021), de Aaron Sorkin, por la que ganó el Globo de Oro.

Ese 2017 marcó un punto de inflexión. Kidman apostó por la televisión en un momento en que el medio ya había superado al cine en términos de libertad creativa y recursos. Junto a Reese Witherspoon, produjo y protagonizó "Big little lies" (2017), una de esas series de pedigrí que le permitieron dar lo mejor de sí misma. Interpretó a Celeste Wright, una abogada retirada que, pese a su vida aparentemente idílica junto a su marido y sus hijos gemelos, sufre violencia física y emocional.

Su trabajo, reconocido con múltiples galardones, incluido el Emmy, conmovió profundamente al público y alimentó el debate sobre los efectos de la violencia doméstica. La serie tuvo una segunda temporada con la incorporación estelar de Meryl Streep como la suegra de su personaje y marcó el inicio de la era seriéfila de Kidman, con proyectos irregulares como "The undoing" (2020), o directamente delirantes como "Nueve perfectos desconocidos" (2021-2025).

Kidman fue premiada en el Festival de Venecia por su trabajo en "Babygirl" (2024), de Halina Reijn. Curiosamente, la presidenta del jurado que le otorgó la Copa Volpi a la mejor actriz fue Isabelle Huppert, otra intérprete que, como Kidman, ha hecho de la incomodidad y la exploración artística una forma de vida. "Babygirl" es mucho más que un "sexy thriller" con ecos ochenteros: plantea una relación con tintes sadomasoquistas entre una ejecutiva de éxito y uno de sus becarios. Se nutre de las nociones surgidas en la era #MeToo, pero se niega a ofrecer un esquema moral simplista.

Incomoda porque muestra a una mujer madura, realizada profesionalmente pero sexualmente insatisfecha, embarcada en un proceso de transformación, exploración y autoaceptación. En un contexto dominado por políticas paternalistas que convierten a las mujeres en víctimas a proteger, Kidman ofrece aquí una lección de feminismo arriesgado, valiente y provocador.

Mary Carmen Rodríguez

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