"Caza de brujas"
La web oficial.
El argumento: Una profesora universitaria se encuentra en una encrucijada personal y profesional cuando una estudiante estrella acusa a uno de sus compañeros de trabajo y un oscuro secreto de su pasado amenaza con salir a la luz.
Conviene ver: "Caza de brujas" nos presenta a una profesora en la encrucijada entre acusaciones en el ámbito universitario en la ola del #MeToo amenazando el “status quo” tanto de ella como de sus colegas y las contradicciones que se agolpan en ella. Julia Roberts es una profesora de Filosofía en Yale que se enfrenta a un dilema moral cuando una de sus alumnas denuncia haber sido abusada por un colega muy cercano a ella, un conflicto que despierta un secreto de su pasado capaz de amenazar su posición y reputación. Guadagnino y la guionista Nora Garrett construyen un relato que sitúa a los personajes al límite de sus decisiones, abriendo múltiples lecturas sobre feminismo, cultura de la cancelación y responsabilidad moral. Todo en un tiempo en el que la presunción de inocencia se ha debilitado pero también una protección a las víctimas que, en verdad, deja muchas lagunas. Una sociedad que quiere reparar y hacer justicia pero que, en malas manos, puede también ser un caldo de cultivo para la venganza y un daño reputacional insalvable. La película resulta provocadora y absorbente, aunque en ocasiones se ve lastrada por manierismos, exceso de referencias académicas y casualidades narrativas que debilitan algunos giros de la trama. Todo en manos de un Guadagnino que, en ocasiones, se queda en personajes conceptuales, fascinado por el elitismo que desprenden, pareciendo series dentro de una jaula de marfil. Un drama intelectual que queda impostado y caricaturizado ante una ambigüedad moral que deja difuso un mensaje que, intencionadamente o no, provoca indignación en el sector más feminista. La lealtad, la duda y las propias convicciones en todo un choque en el que más lo que justicia sobresale el dolor, el estigma y la confrontación en un entorno en el que lo filosófico y lo académico fluye con impulso de thriller con continuas referencias entre lo estético y lo moral tal es el caso de utilizar un cartel de “La flor de mi secreto” o que en la cinta sobrevuele la figura de Woody Allen, no sólo en su evidente homenaje en los títulos de crédito, entre citas eruditas que no dejan de ser más víctimas del postureo que de la erudición. En un reparto en el que también están Andrew Garfield, Ayo Edebiri, Michael Stuhlbarg o Chloë Sevigny, quien manda es Julia Roberts, poderosa y contenida, en un papel que no había mostrado con tanta fuerza desde su Oscar por “Erin Brockovich" (2000) y en la que sus principios chocan con su deseo de supervivencia ante el “tsunami” moral que asola su entorno tras el hecho revelado. La actriz defiende “Caza de brujas” como un generador de debate, subrayando que su objetivo es provocar conversación y reflexión sobre las tensiones humanas y la complejidad de la sociedad actual. Es por ello que se percibe un azote a la clase burguesa, especialmente aquella que se ha embebido del llamado mandato “woke” pero que, en definitiva, no deja de ser elitista, hipócrita y victimista. Además de Julia Roberts hay que destacar el calibre dialéctico de algunos momentos, a lo que contribuye una puesta en escena entre cautivadora y asfixiante, y la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross que sabe incrementar la sensación de opresión y desconcierto. “Caza de brujas” se mueve en una elegancia formal malsana que cuestiona el viraje de los tiempos que nos ha tocado vivir y que más que posicionarse se muestra en una equidistancia propia de los grises de un tema espinoso en el que, a falta de pruebas, sólo queda la palabra de uno y la de otro a pesar de la celeridad continua en tomar partido. Una película intrigante y perturbadora pero también densa y ambigua que favorece el encendido debate al pasear por terrenos incómodos que hacen que nos cuestionemos más de lo que estaríamos dispuestos a admitir y que, además de confirmar la capacidad atmosférica de Guadagnino, pretende provocar pero con menos inteligencia de lo que se cree apostando por una intriga que peca de tramposa en su desarrollo y acaba exasperando por agotamiento, pretenciosidad y también un punto de misoginia optando por terrenos ambiguos poniendo la culpa en el primer plano y evitando así cualquier tipo de posicionamiento moral aunque, más intencionadamente de lo que pretende asumir, termine cargando tintas sobre una de las partes del conflicto de manera nada disimulada. Eso sí, “Caza de brujas” al menos no pasa desapercibida y garantiza la conversación tras su visionado por lo que, en ese sentido, objetivo más que cumplido aunque esté muy lejos de ser la película definitiva sobre el #MeToo y la cultura de la cancelación.
Conviene saber: Fuera de concurso en el Festival de Venecia 2025 y proyectada en los certámenes de Nueva York y Londres.
La crítica le da un SEIS












