Berlín 2026: El romanticismo en la convulsa Afganistán y la celebración de la carrera de Michelle Yeoh inauguran una 76ª edición marcada por la equidistancia

Berlín 2026: El romanticismo en la convulsa Afganistán y la celebración de la carrera de Michelle Yeoh inauguran una 76ª edición marcada por la equidistancia

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (Sin votaciones)
Cargando...

Deja tu comentario >>

Querido primo Teo:

Hasta el próximo 22 de febrero se celebra la 76ª edición del Festival de Berlín, que este año reúne a 22 aspirantes al Oso de Oro. Entre los títulos más esperados figuran "Rosebush pruning", de Karim Aïnouz; "At the sea", de Kornél Mundruczó; y "Josephine", de Beth de Araujo, proclamada el acontecimiento del reciente Festival de Sundance. Esta última aborda el drama de una niña de ocho años que ha sido testigo de una agresión sexual, un relato de enorme delicadeza y crudeza, basado en la experiencia personal de la propia cineasta, que ha suscitado un intenso debate crítico.

Conviene recordar, además, que dos de las actuaciones más celebradas en la pasada edición (Rose Byrne por "Si pudiera, te daría una patada" y Ethan Hawke por "Blue moon") figuran actualmente entre las candidatas a los premios Oscar, lo que subraya la relevancia del certamen berlinés como termómetro del cine internacional.

El cineasta alemán Wim Wenders preside el jurado de la sección oficial, acompañado por el director de cine nepalés Min Bahadur Bham, la actriz y fotógrafa surcoreana Bae Doona, el director de cine indio Shivendra Singh Dungarpur, la directora y guionista japonesa Hikari, el director de cine y guionista estadounidense Reinaldo Marcus Green y la productora de cine polaca Ewa Puszczyńska.

En la presentación del Festival, la dirección de la Berlinale manifestó su solidaridad con Irán y Ucrania. Sin embargo, la ausencia de una mención explícita a la causa palestina ha generado malestar en parte de la prensa acreditada. Un periodista interpeló directamente a los miembros del jurado para conocer si respaldaban lo que consideraba un tratamiento selectivo de los derechos humanos por parte del certamen.

La respuesta de Wim Wenders sorprendió por su tono equidistante al reivindicar el cine como contrapeso de la política: “No podemos entrar realmente en el ámbito de la política. Tenemos que mantenernos al margen de la política porque, si hiciéramos películas dedicadas a la política, entraríamos en ese ámbito de la política. Pero nosotros somos el contrapeso de la política. Somos lo contrario de la política. Tenemos que hacer el trabajo de la gente y no el trabajo de los políticos. Las películas pueden cambiar el mundo, pero no en el sentido político ya que ninguna película ha cambiado realmente la opinión de ningún político”.

Su negativa a alinearse explícitamente con una causa o, dicho de otro modo, su decisión de no instrumentalizar una posición para proyectar una imagen pública, más en un certamen tan transgresor, libre y abierto a nuevas miradas y narrativas, ha indignado a más de un cronista, reabriendo el debate sobre el papel del cine y de los festivales en el convulso escenario geopolítico actual, una discusión cada vez más confinada a las cámaras de eco.

Esta edición se ha inaugurado con la proyección fuera de concurso de "No good men", de la cineasta afgana Shahrbanoo Sadat, nacida en Irán de refugiados afganos y hoy viviendo en Hamburgo esa misma situación donde, huyendo de un matrimonio concertado y un Afganistán asfixiante, ha podido levantar su tercera película, aunando romance, política y humor. La cinta ofrece un retrato del Afganistán de 2021, a punto de caer nuevamente en manos de los talibanes tras la retirada de las tropas estadounidenses, y lo hace desde una mirada interna y femenina.

La propia Sadat encarna a Naru, una operadora de cámara de televisión que ha decidido separarse de su marido infiel (aunque no le pida el divorcio por el miedo a perder la custodia de su hijo de tres años) y que, en pleno derrumbe político, comienza a estrechar lazos con un reputado periodista con el que tiene que trabajar y que pronto evidencia que la trata como nunca antes nadie lo había hecho. La relación pone en crisis sus propias convicciones (había asumido que la bondad masculina era poco menos que un mito) y se convierte en el eje emocional de un relato atravesado por la inestabilidad histórica y una sociedad convulsa que a través de esa cámara, y de los sucesos y entrevistas que graba el dúo protagonista, muestra su verdadera realidad de machismo, podredumbre e incertidumbre.

Lejos del drama convencional sobre la mujer oprimida, Sadat propone una combinación de crónica laboral, crítica antipatriarcal y melodrama romántico a través del prejuicio y machismo que sufre la protagonista por su condición de mujer en un entorno de hombres. El resultado es una obra que desafía expectativas y que, en sus mejores momentos, se revela absorbente, audaz y formalmente provocadora gracias a una mirada tan sencilla como auténtica en el que se combina la resignación de él con el convencimiento de ella en poder cambiar el mundo a través de pequeños actos y el derecho a alzar la voz.

Entre sus principales aciertos destaca una mirada poco complaciente al patriarcado entendido como estructura cultural heredada, más allá de la denuncia coyuntural del régimen talibán. Sobresalen también la convincente recreación de Kabul en plena transición (los platos de la televisión son los de la época de la Stasi en Alemania), la textura casi hiperrealista de algunas secuencias, la calculada espontaneidad de las conversaciones entre las amigas y la química contenida entre la directora-actriz y el actor Anwar Hashimi, cuya presencia aporta equilibrio y matices al conflicto.

"No good men" capta con lucidez el clima de incertidumbre y miedo ante el regreso del integrismo, así como las contradicciones de una sociedad en la que los avances para las mujeres convivían con límites persistentes y desigualdades arraigadas. Sin embargo, la propuesta no ha suscitado unanimidad. La película no siempre logra armonizar sus múltiples registros: el intento de fundir comedia romántica, denuncia social y thriller político deriva en una cierta dispersión dramática que debilita el conjunto. El tono fluctúa entre la observación sobria y el melodrama más convencional, y la relación sentimental termina, por momentos, restando gravedad al trasfondo trágico del colapso nacional.

Considerada una obra valiente y bienintencionada, poniendo el foco en esos hombres capaces de cambiar y contribuir a un mundo más justo e igualitario a pesar de ser criados en todo lo contrario, "No good men" parece debatirse entre varias identidades sin decidirse plenamente por ninguna. Lo que sí queda fuera de toda duda es la singularidad de Shahrbanoo Sadat como autora a contracorriente, capaz de desafiar clichés y de reivindicar una representación más compleja, y menos estereotipada, de Afganistán y de la experiencia del exilio acercándolo de manera accesible, evitando dramatismos pero sin abandonar la crítica y la denuncia e incluso abriendo una puerta a la esperanza.

La actriz malaya Michelle Yeoh, ganadora del Oscar a la mejor actriz por su interpretación en “Todo a la vez en todas partes” (2022), ha recibido el Oso de Oro honorífico de la Berlinale. La ceremonia ha servido asimismo para presentar, fuera de concurso, el cortometraje “Sandiwara”, un proyecto que la reúne con el director Sean Baker. Un galardón que ha recibido no como una meta sino como "una invitación a seguir escuchando, a seguir evolucionando, a seguir protegiendo este espacio compartido donde las historias nos conectan" teniendo unas significativas palabras para la nueva generación de autores: "Tu diferencia no es algo que debas ocultar o corregir. Es tu poder".

Rodado íntegramente con teléfonos móviles, el corto rinde homenaje a la cultura gastronómica de Penang, tierra natal de la intérprete. En él, Yeoh despliega un ejercicio lúdico y versátil al encarnar cinco personajes distintos (una cocinera, una camarera, una crítica culinaria, una cantante y una "influencer") en una celebración vibrante de la identidad cultural malaya y de la capacidad camaleónica de la actriz.

Durante su intervención, Yeoh hizo balance no solo de su trayectoria artística, sino también del largo y todavía inacabado proceso de representación de la comunidad asiática en Hollywood, que considera una batalla en curso. “Creo que estoy aquí sentada hoy con Oso de Oro, no solo por una película sino por la perseverancia, la resiliencia y la obstinación de decir que no voy simplemente a desaparecer. Me quedaré hasta que se produzcan los cambios adecuados, no solo para las minorías, sino para todos”. 

Con estas palabras, la actriz reivindicó una carrera construida a base de determinación y abrió el foco hacia una industria que, pese a los avances recientes, sigue enfrentando el reto de la inclusión real y sostenida. "En un mundo que nos divide tan fácilmente, reunirnos en la oscuridad para compartir una historia se siente silenciosamente radical. Reímos, lloramos, nos sentamos uno al lado del otro y recordamos lo que significa ser humanos. Durante unas horas, nuestros corazones se abren un poco más, y eso es importante", ha señalado una actriz que ha hecho una férrea defensa de las salas de cine.

Mary Carmen Rodríguez   

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta.x
()
x