El ser humano, que según Rousseau era bueno por naturaleza, no puede evitar en ocasiones empatizar con esas personas que bordean la línea entre la ley y el delito. Muchos tiranos y villanos han potenciado un carisma natural para lograr la “disculpa” de determinado sector de la sociedad. Robin Hood no era más que un ladrón, pero gracias a su conexión con las clases bajas se convirtió en “el hombre que robaba a los ricos para dárselo a los pobres”. Lo que ocurre es que muchas veces el tiempo les dulcifica, incluso el mismo bandolero no tenía en la realidad ese fin tan honroso con el que ha pasado a la Historia. John Dillinger era uno de esos tipos, enemigo público número 1 en la Usamérica de los 30 y un ejemplo de valor ante las instituciones según algunos miembros de clase modesta. Su historia nos la recuerda esta semana Michael Mann con "Enemigos públicos", uno de los estrenos más apetecibles de este verano con un Johnny Depp que se mete en la piel del popular ladrón de bancos.
A John Dillinger le bastaron 31 años para convertirse en todo un icono de la Usamérica de la Gran Depresión. Era una época de crisis en la que los bancos entraban en continuas quiebras económicas aumentando las diferencias de las clases sociales. Los pobres eran todavía más pobres cuando en estos vaivenes se perdían todos los ahorros de la clase trabajadora. Los ladrones de bancos no podían evitar ser vistos por la población como una especie de justicieros que robaban a los bancos ocupando estas entidades el rol de villanos de la función que, apoyadas por el gobierno, terminaban aprovechándose de la ciudadanía para solventar la crisis. John Dillinger, al igual que Bonnie y Clyde o Ma Baker, era admirado en determinados ámbitos por su valentía y por su determinación a la hora de enfrentarse a un sistema injusto y corrupto. Ya se sabe que ladrón que roba a otro ladrón tiene cien años de perdón, y esa era la premisa en la que sustentaba el sentir del pueblo.
Su popularidad fue meteórica. Nacido en Indianápolis en 1903 y, tras un matrimonio fallido, cumplió condena de prisión entre 1924 y 1933 por colaborar en el asalto a un tendero de Indiana. Nueve años para un vulgar ratero de familia humilde que aprovechó esos años de presidio como un máster para su carrera posterior. Allí fue donde aprendió como robar bancos de la mano de Harry Pierpont que después pasaría a formar parte de la banda de Dillinger y que sería el único que murió en la silla electrica.
En sólo un año cimentó su leyenda delictiva. Organizó la fuga en masa de sus antiguos compañeros de celda, junto a los cuales, armados con ametralladoras y chalecos antibalas, empezaron a recorrer el Medio Oeste asaltando banco tras banco, con un profesionalismo fuera de lo común para unos principiantes en esas lides. Dillinger era el líder de la banda compuesta por cinco miembros y el robo de los bancos más seguros de cada Estado, su minuciosidad en la planificación, y sus dotes para escabullirse de la policía propiciaron que se convirtiera en el objetivo número 1.
Sus hazañas eran reflejadas en los periódicos de la época produciéndose la comunión entre delincuente y ciudadanía. A ello ayudaba que, por lo general, eran atracos muy limpios, sin apenas víctimas mortales, y que quedaban para el pueblo como la manera de que los bancos tomaran su propia medicina.
Pero la sangre terminó corriendo y un duro golpe para la banda de Dillinger fue la muerte del policía William O´Malley durante un tiroteo en el robo al Primer Banco Nacional del Este de Chicago localizado en Indiana. La banda se trasladó a Florida y a Arizona. Allí fueron detenidos después de producirse un incendio en el hotel en el que se alojaban. Fueron reconocidos por las fotografías publicadas por las autoridades, que ya poblaban los alrededores, y les fueron incautadas varias armas además de 25.000 dólares, toda una fortuna para la época.
Dillinger fue llevado a la cárcel de Crown Point, una de las más seguras del país, pero, como con su habilidad innata, escapó gracias a la construcción de un objeto con forma de pistola hecho de madera con el que me amedrantó a las autoridades. Los gendarmes no se percataron del engaño y terminaron cumpliendo su petición: abrir la celda. Dillinger escapó, además, en el Ford del sheriff Lillian Holley. La prensa lo tenía claro. Las autoridades habían hecho el ridículo y Dillinger, ya convertido en el héroe del pueblo, era el hombre del momento. Pero todos cometen errores y Dillinger llevó a cabo uno que supondría su perdición. De ser un famoso ladrón que iba de condado en condado ya se había convertido en un peligro para el Estado. Cruzando con ese coche robado la línea fronteriza entre Indiana e Illinois violaba una ley federal que fue el detonante para que el FBI tomara cartas en el asunto.
En Chicago comenzaba una nueva vida para Dillinger. Se reunió con su novia Evelyn Frenchette y formó una nueva banda con la que seguía dando sonados golpes. Eso si, ahora seguidos bien de cerca por un cuerpo tan potente como el del FBI. La maquinaria policial estrechaba el cerco y él y su banda a punto estuvieron de ser detenidos en más de una ocasión. Incluso en un tiroteo Dillinger fue herido y se trasladó con Evelyn a una casa familiar en Mooresville (Indiana). Evelyn volvería a Chicago mientras John se recuperaba, pero ella finalmente cayó en las redes del FBI siendo condenada a dos años de prisión y multa de 1.000 dólares acusada de cómplice.
Dillinger volvería con su banda a un pequeño lugar llamado Little Bohemia Lodge. Tras un nuevo tiroteo, era muy difícil que nadie pudiera sospechar de un grupo de hombres tan buscados y diera la voz de alarma, Dillinger volvió a Chicago dispuesto a cambiar de identidad. Ligero cambio en el aspecto, Jimmy Lawrence como nombre, un empleo digno de un hombre corriente, e incluso una nueva novia. El verano de 1934 parecía que supondría un punto de inflexión que le daría tranquilidad, aunque fuera por algún tiempo.
No se cumplieron sus previsiones. El 22 de Julio de 1934 asistía a una proyección cinematográfica con su novia y con una amiga, la rumana Ana Cumpanas. Los tres acudían a ver una película de gangsters, género favorito de Dillinger. Era “Manhattan Melodrama” con un Clark Gable que poco a poco iba convirtiéndose una de las estrellas más destacadas de Hollywood.
La Cumpanas fue la Judas Iscariote de esta historia. Trabajaba de manera encubierta con Melvin Pulpis, agente del FBI encargado del caso. La rumana estaba a punto de ser deportada a su país por el hecho de abrir un prostíbulo. Pulpis acordó con ella que si le ayudaba a capturar al ladrón no sería deportada. Cumpanas había dado el aviso al FBI y a la salida del cine el instinto de Dillinger le hizo caer en la cuenta de que algo pasaba. Sensación que se vio confirmada cuando unos hombres se acercaban a él por detrás después de la señal acordada con Pulpis. Dillinger sacó el arma y salió corriendo calle abajo. Los agentes del FBI dispararon cinco tiros, tres impactaron en el cuerpo del delincuente. Poco después era declarado muerto en el Hospital Alexian Brothers próximo a la zona. El enemigo público número 1 había caído. La Cumpanas terminaría siendo deportada a su país a pesar de la promesa del agente. Caso cerrado, leyenda abierta.
Ahora Michael Mann ha vuelto a interesarse por su figura en una película que potencia el duelo entre los dos hombres situados en distintos lados de la Ley. Johnny Depp, actor valorado y apreciado, es el encargado de asumir un papel que termina provocando cierta sensación de comprensión por el espectador. Y es que no es la primera vez que el cine se ha aprovechado de su figura. La película más conocida es la que dirigió John Milius en 1973 titulada sencillamente “Dillinger”, una cinta cruda y violenta. Algo más dulcificada y heroica es la de Max Nosseck de 1945. Ahora vuelve en una cinta que se apoya más en el carácter y las circunstancias que convirtieron a este ladrón de Indiana en todo un enemigo público.
desde pequeño escuche hablar de dillinger incluso recuerdo haber visto una pelicula en la cual quede impactado x la leyenda siempre fue considerado un heroe eso de no robar a los clientes sino al banco dice mucho de la calidad humana de este delincuente que aunque a muchos les duela es mas famoso que el agente que lo asesino purvis nadie se acuerda de el todo el mundo se acuerda es de JHON DILLINGER
Hay muchas historias de amor que han traspasado la pantalla pero pocas como las de Clark Gable y Carole Lombard, una de las parejas más emblemáticas del Hollywood clásico que estuvo rodeada de amor, química y fatalidad y que recuerda Mary Carmen Rodríguez en una nueva entrega del podcast. Además In Memoriam de Nathalie Baye, Luis Brandoni, Luis Puenzo y Adolfo Aristarain, todas ellas dolorosas pérdidas que hemos tenido en los últimos días. El programa se completa con Leer cine, la biblioteca sonora de Carlos López-Tapia, que se abre por las páginas de "Mantequilla" de Asako Yuzuki. Spooky a los mandos técnicos. ¡Muchas gracias por escucharnos!
"Kabul" es una serie que te lanza a una fecha exacta, el 15 de agosto de 2021, y te obliga a recordar dónde estabas tú cuando viste aquellas imágenes del aeropuerto de Kabul, con miles de personas corriendo junto a los aviones, aferrándose a cualquier posibilidad de huida. Aquella estampida fue real. Aquella desesperación fue real. Y "Kabul", la ambiciosa coproducción europea impulsada por Francia, Alemania e Italia, se presenta con una advertencia tan simple como inquietante: "inspirada en hechos reales". En general desprecio esta etiqueta por abusar del espectador. Este no es el caso y varios miles de familias sufren todavía consecuencias.
Jean Harlow vivió apenas 26 años, pero dejó un profundo impacto en el Hollywood de los años treinta. Fue una de esas presencias sin las que no se puede entender el curso de ciertos fenómenos culturales posteriores, un destello eléctrico en una industria aún en formación. Fue la primera "rubia platino" de la siempre pacífica comunidad de Tinseltown, y su melena, lograda mediante métodos químicos tan agresivos como peligrosos, se convirtió en una bandera de rebeldía. En una época en que ese color se asociaba a las mujeres de mala reputación, Harlow lo transformó en un emblema de deseo, independencia y provocación. Su estatus como gran estrella de la Metro-Goldwyn-Mayer coincidió con los años previos a la imposición del Código Hays, ese corsé moral que pretendía domesticar las pasiones del celuloide. Descarada, magnética, explosiva, Harlow encarnaba una sexualidad directa que desafiaba las convenciones y escandalizaba a los guardianes de la decencia. Pero no viviría lo suficiente como para saber si su carisma habría logrado resistir los golpes del puritanismo que se avecinaba. Murió durante el rodaje de "Saratoga", que se estrenaría tras su muerte como el mayor éxito comercial de su carrera.
Dinero, sexo, maternidad, lucha libre, precariedad, algoritmos y Michelle Pfeiffer devorando escenas como si llevara años esperando este papel. Con esos ingredientes aterriza esta serie, de esas que parecen imposibles sobre el papel y, sin embargo, funcionan con una precisión sorprendente. La nueva ficción creada por David E. Kelley a partir de una novela de Rufi Thorpe sabe perfectamente que quiere contar una historia dramática afilada, contemporánea y bastante valiente sobre una joven madre soltera que intenta sobrevivir en Estados Unidos monetizando su intimidad en internet mientras el mundo (familia, economía, hombres, algoritmos y hasta su propio cuerpo) parece conspirar contra ella. Y sí, dicho así suena a que la serie quiere hablar de demasiadas cosas; lo sorprendente es que las habla casi todas bien.
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