"Bajo la sombra del Vesubio. Vida de Plinio"

"Bajo la sombra del Vesubio. Vida de Plinio"

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (1 votos, media: 5,00 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Cuando murió en febrero el cineasta Antonio Giménez-Rico, se recordó la primera serie en color de la televisión en la España de principios de los 70, que reflejaba a un policía inventado por el escritor García Pavón. El personaje del jefe de la policía municipal de Tomelloso parecía la evidencia de que podía crearse un género literario policiaco español genuino y autónomo. Como muestra de capacidad e inteligencia el escritor había elegido el nombre de Plinio. Un nombre que resonaba tan a latín como Séneca, otro personaje de la televisión única de por entonces. Plinio ha sobrevivido, junto a la erupción del Vesubio y el desenterramiento de Pompeya, como uno de los "clásicos", que era un nombre latino para definir a los mejores. La memoria tiende a mezclar los dos Plinios, tío y sobrino, el enciclopedista, senador y general que murió asfixiado por la erupción del Vesubio en un intento de rescate y un impulso de curiosidad insaciable; y el sobrino abogado, gobernador provincial de Trajano, que describió aquella erupción de cuyos detalles se dudó hasta el siglo XX, cuando fueron confirmados y quedó bautizada como erupción piroclástica o pliniana. La mezcla de ambos personajes es la base de este libro. Daisy Dunn va mucho más allá de recordarnos lo ocurrido en el otoño en que los napolitanos descubrieron que la montaña que dominaba su paisaje era un volcán. Leer este libro nos conduce a un estado de ánimo relajado, sorprendente a veces al comprobar las conexiones entre el pasado y el presente, y es perfecto para leer en paz un día cálido al aire libre.

Título: "Bajo la sombra del Vesubio. Vida de Plinio"

Autor: Daisy Dunn

Editorial: Siruela

La "Historia natural" es la obra que ha tenido más influencia en la cultura occidental después de La Biblia. Dunn recuerda la persistencia de aquella obra de Plinio el Viejo al rememorar a Francis Bacon, que en el siglo XVII había ostentado cargos como el de Lord Canciller o el de consejero privado del rey Jacobo I de Inglaterra, y era autor de su propia historia natural, la "Sylva Sylvarum". Los científicos, que entonces eran llamados filósofos o naturalistas, ya habían empezado a refutar muchos de los hechos de la antigua enciclopedia, cuyos principios médicos seguían vigentes en muchos casos. A Bacon le entusiasmaba la capacidad curiosa de Plinio y en un día de nevada de 1626 "...se le ocurrió que la nieve, al igual que la sal, podía proporcionar un medio eficaz para ralentizar la descomposición de la carne. Poco después de llevar a cabo el experimento, comenzó a sentirse mal. Bacon recorrió la corta distancia que lo separaba de la residencia de su amigo el conde de Arundel. Aunque el conde no estaba en casa, sus criados lo instalaron en una cama de invitados con brasero. Pero Bacon, pese a todo, empeoró deprisa. Nadie había dormido en aquella cama desde hacía más de un año y estaba húmeda, lo que al parecer le provocó un enfriamiento aún más grave que el que llevaba. Dictó a su anfitrión ausente: Mi muy buen Señor, me hubiera gustado haber tenido la fortuna de Cayo Plinio el Viejo, que perdió su vida intentando un experimento sobre el ardor del monte Vesubio. Así, yo estaba también deseoso de intentar un experimento o dos, relativos a la conservación de los cuerpos. Respecto al experimento en sí, resultó excelentemente; pero en el viaje entre Londres y Highgate sentí una gran incomodidad, no sé si debido a la piedra, o algún exceso, o al frío, o incluso a una combinación de los tres. Cuando llegué a la casa de su señoría, no era capaz de volver, y por tanto me fue forzado establecer alojamiento aquí, donde su amo de llaves está siendo muy cuidadoso y diligente conmigo, lo que me convence de que su Señoría no sólo lo indultará, sino que le dará lo mejor. Es más, me ha sido feliz la estancia en la casa de su Señoría, beso sus nobles manos por la bienvenida que estoy seguro me daría. Me parece inadecuado escribir con una mano que no sea la mía, pero a mi pesar mis dedos están tan desarticulados por la enfermedad que no puedo sostener una pluma".

«En cuestión de dos o tres días murió de asfixia», nos recuerda Dunn que escribió John Aubrey. La «asfixia» era una muerte mucho más original que la neumonía o el envenenamiento por opio, si tenemos en cuenta las causas de defunción que habrían sido más probables para Bacon. Y evocaba también más fácilmente a Plinio el Viejo, que se asfixió por aquella ceniza volcánica que Plinio había comparado de forma memorable con la nieve.

Dunn nos cuenta decenas de detalles de la vida cotidiana en aquel siglo I, cuando los Plinio vivieron bajo los poderes imperiales de Nerón, vieron construir e inaugurar el Coliseo bajo los tres emperadores Flavios y terminaron su historia en uno de los mejores momentos del imperio, con el hispano Trajano en el poder.

Dunn nos habla de la naturaleza, las estaciones del año, las ostras que enriquecían a unos cuantos magnates en la región donde Plinio vivió sus últimos días; también de política y derecho, puesto que el sobrino Plinio ejerció de abogado, además de escribir al historiador Tácito las dos cartas en las que se basan todos los estudios sobre la erupción del volcán.

Viajamos desde Pompeya al lago Como, desde el siglo de César al pasado, y nos cruzamos con arqueólogos, Umberto Eco o Frankenstein. Daisy Dunn es una clasicista cuyo segundo nombre es Florence, es una treintañera londinense que le hace honor especializándose en el arte y el Renacimiento, antes de convertirse en colaboradora habitual de la prensa británica, y publicar su primer trabajo sobre el poeta latino Catulo, que también hace aparecer por las páginas de este libro. Es una de las clasicistas anglosajonas más jóvenes y con más éxito en estos momentos.

Carlos López-Tapia

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario