Festival Cineuropa 2022: Un viaje tierno y revelador a lomos del burro de Jerzy Skolimowski y un difuso y perdido Paul Schrader

Festival Cineuropa 2022: Un viaje tierno y revelador a lomos del burro de Jerzy Skolimowski y un difuso y perdido Paul Schrader

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Querido Teo:

Tercera y última crónica con las películas vistas en el Festival Cineuropa 2022 celebrado en Santiago de Compostela.

"EO" (Jerzy Skolimowski), un viaje revelador a ojo de burro

Desde la sencillez del primer plano del ojo de un burro, el director polaco Jerzy Skolimowski nos coloca en una posición en que rara vez el cine nos ha puesto. Cierto es que películas como la que la propia “EO” se basa, “Al azar de Baltasar” de Robert Bresson, ya lo han hecho con anterioridad, pero hay una costumbre de que cada vez que seguimos a animales protagonistas, o hay un elemento infantil, ya pueda ser Disney o compañía, o un elemento documental que nos haga seguir un camino más realista.

Pero en “EO” realidad y ficción se dan de la mano para contarnos un relato complejo pero a la vez sencillo, y se convierte en una de las películas más emocionantes del año desde que se vio en el Festival de Cannes 2022. Skolimowski tiene muy claro dónde está el corazón del relato, una reflexión animalista de cómo el ser humano somos capaces de comportarnos con los animales, de la mejor y peor forma, formando un contrapunto que el burro EO vive en su viaje.

Más allá de cuando encontramos a gente tratando de forma regular al burro, esta observación cala más a fondo con dos casos concretos al inicio de la película. El primero, cuando un grupo de activistas prohíben el uso de los animales en circos. Parece que es una lucha de ideales justa, y lo es en parte, lo que el director polaco nos muestra después es que muchas veces lo que sobre el papel es lo justo, luego los resultados en ocasiones son peores, dando a entender que parece que el ser humano está más atento a defender sus propios ideales que al propio animal.

Esta comparación sirve perfectamente con el otro caso, y es el caso de la dueña del burro al inicio de la película. Una joven a la que vemos cuidar al animal como si fuese lo que más quiere en este mundo, y cuando separan al burro de ésta, Skolimowski nos recuerda a partir de flashbacks lo que el burro está sintiendo en ese momento, que es algo tan sencillo y doloroso como que la echa de menos. Esos flashbacks preciosistas dados de la mano con el montaje de los planos del burro a oscuras, sólo, no dolían tanto desde que Spike Jonze utilizaba el mismo recurso en “Her”.

Y esta es otra de las grandes sorpresas de la película, el uso del montaje y de la narrativa visual por parte del director para conseguir que en todo momento puedas saber lo que siente el burro. Esto se siente realmente sorprendente por momentos, porque el burro al final... las emociones son las que tiene, pero es el guion y la puesta en escena los que consiguen que te lleven a los caminos que el director quiere que transites para que puedas entenderle, empatizar con él, acobardarte, emocionarte, llorar con él.

Es uno de los ejercicios más complicados a nivel cinematográfico que he visto y que también requiere por parte del espectador un salto de fe a la psique del animal, un ejercicio de empatía que es absolutamente necesario para entrar en la película.

Siendo al fin y al cabo una especie de "road movie" también con su discurso y denuncia del medio ambiente, sobre cómo el ser humano, dando de la mano al discurso animalista, está siendo vanidoso y anteponiendo sus ideas al buen tratamiento del planeta, “EO” termina calando y provocando reflexión, emoción, y veneración ante uno de los ejercicios libres de autoría más atrevidos pero también más accesibles, ya que sus 88 minutos de duración y una dirección consciente de lo complicado de su propuesta hacen su visionado obligatorio ante una de las mejores películas del año.

¡Qué viva EO!

"Master gardener" (Paul Schrader), un difuso relato de atracción y fanatismo

El guionista y director norteamericano Paul Schrader, venerado por sus clásicos trabajos como colaborador de Martin Scorsese (suyos son los guiones de “Taxi driver”, Toro salvaje”, etc...) hasta sus propios como “Mishima: una Uida en cuatro capítulos”, tuvo su propio resurgimiento en 2017 con “El reverendo”, la película protagonizada por Ethan Hawke que tuvo críticas intachables. El año pasado tuvimos una secuela espiritual de la misma con Oscar Isaac de protagonista, “El contador de cartas”, teniendo una recepción algo peor que la anterior. Después de su estreno en el Festival de Venecia 2022, “Master gardener” tuvo una recepción algo tibia, convirtiéndose en la tercera parte de una trilogía espiritual que culmina con un filme que da que hablar... lo que no sabría decir es si bien de ella.

El mero planteamiento de “Master gardener” es bastante arriesgado de por sí: un ex nazi que se enamora de una chica afrodescenciente. Una historia que en el planteamiento es de redención en lo que podía haber sido interesante una reflexión similar a aquel “American History X” de Tony Kaye, pero la película de Schrader nunca sabe encontrar un tono o un camino que deje claro ese viaje del protagonista.

A través de flashbacks podemos hacernos a la idea de lo que hacía, pero no de lo que sentía, y esto es algo que tampoco se produce en el presente, ya que Joel Edgerton realiza una interpretación tan contenida que nunca sabes qué es lo que le pasa por la cabeza, y el lío y mezcla de tonos debido a los comportamientos de algunos personajes no te dejan del todo claro cuál es el objetivo de todo. Además que a nivel cinematográfico hay decisiones de planteamientos de secuencias que terminan confundiendo al espectador.

Esta mezcla de tonos la refuerza una Sigourney Weaver que se siente como si en otra película se encontrase, en una constante irritación e ironía que dan la impresión de un personaje estancado en una narrativa propia, a lo que tampoco ayuda una Quintessa Swindell que va cambiando de personalidad de cuando en cuando.

La película, como a veces da la sensación el mismo Schrader por redes sociales, va cambiando de cuando en cuando como le viene en gana, y da una sensación de poco empaque y casi de una banalización del tema que trata, teniendo una sensibilidad poco efectiva y casi utópica que da la sensación de estar ante una película realizada por un novato, cosa que a Schrader le queda bien lejos.

“Master gardener” deja un regusto amargo porque está muy lejos no sólo de los clásicos del director si no de los realizados hace no tanto, y que deja un poso de que el cine de Schrader ya no sabe cómo encontrarse, perdido en la inevitabilidad del paso del tiempo del director.

Iker González Urresti

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