In Memoriam: Angela Lansbury, la versatilidad hecha actriz

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Querido primo Teo:

A tu despensa llega una pieza exquisita, Angela Lansbury. Crecimos con ella viéndola encarnar a Jessica Fletcher en la serie “Se ha escrito un crimen” (1984-1996) pero pocas intérpretes han sido tan versátiles como la Lansbury. Podía ser esa escritora de novelas de misterio con un sexto sentido, y un don de la oportunidad excepcional, para descubrir a auténticos asesinos, también una solterona que combate mediante la brujería a las tropas nazis durante la invasión al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial o una madre maquiavélica anticomunista. Angela Lansbury era una intérprete superdotada, capaz de hacer suyo cada personaje y de brillar tanto en el cine, como la televisión y sobre todo en el teatro.

Era incombustible, su último trabajo en el escenario lo hizo con “La importancia de llamarse Ernesto” en 2019, la noticia de su muerte nos ha pillado de sorpresa. Estaba a punto de cumplir los 97 años y ha fallecido plácidamente mientras dormía en su casa de Los Ángeles, tal y como se ha encargado de comunicar su familia. Ganadora de 5 premios Tony (más un honorífico este mismo año ya no pudiendo asistir al homenaje) y multiderrotada en los Emmy, 18 veces se fue de vacío de la ceremonia de los premios de la televisión. En el año 2013 la Academia le concedió el Oscar honorífico, después de que la actriz hubiera optado en tres ocasiones a la estatuilla. 

Nacida en Londres, el 16 de Octubre de 1925, en el seno de una familia de clase alta, su abuelo era el político George Lansbury y su madre la actriz Moyna MacGill. Los suyos huyeron del Reino Unido tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y se instalaron en Nueva York donde inició sus estudios interpretativos. Cuando Angela tenía 16 años acompañó a su madre en una gira por Canadá y consiguió su primer trabajo como cantante, tuvo que mentir con respecto a su edad. Cuando la experiencia finalizó ella y su madre se fueron a Hollywood con ambiciones cinematográficas y tuvieron que hacer prácticamente de todo antes de encontrar una oportunidad en la industria.

Ese golpe de suerte le llegó con 17 años cuando fue descubierta en una fiesta por el guionista John Van Druten, uno de los responsables de “Luz que agoniza” (1944) de George Cukor, que vio que era idónea para encarnar a la sirvienta buenorra. Lansbury deslumbró con un trabajo en donde no se dejó aplacar por Ingrid Bergman y como premio logró una más que merecida candidatura al Oscar a la mejor actriz de reparto y un contrato por siete años con la Metro-Goldwyn-Mayer. 

Interpretó a la hermana de Elizabeth Taylor en “Fuego de juventud” (1944) y nuevamente fue nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto por encarnar a Sybil Vane en “El retrato de Dorian Gray” (1945), y aunque la película no fue un éxito su trabajo como muchacha que se enamora del tipo equivocado gustó muchísimo. Con 20 años ya había conseguido dos nominaciones al Oscar pero para la MGM no estaba hecha del material del que se hacen las estrellas de cine.

El Estudio la relegó a la segunda fila, prefiriendo explotar a otras intérpretes más atractivas que ella, y hasta que su contrato finalizó en 1952 la Lansbury hizo muchas películas en las que no encajaba, era muy joven para los personajes que interpretaba, y eso le generó muchísima frustración. Pese a eso tuvo la oportunidad de trabajar con Frank Capra en “El Estado de la Unión” (1948) junto a Spencer Tracy y Katharine Hepburn.

Tras un breve matrimonio con el actor y decorador Richard Cromwell se casó con el productor Peter Shaw. Su salida de la MGM coincidió con la maternidad y, tras criar a sus dos hijos, no le resultó fácil regresar a Hollywood porque no tenía el respaldo de ninguna compañía. Se vio obligada a hacer muy malas películas hasta que de tantas que hacía le llegaba algún buen título como “Mamá nos complica la vida” (1958) y “El largo y cálido verano” (1958). También continuó interpretando a madres a pesar de tener sólo unos pocos años más que los protagonistas, tal fue el caso con Elvis Presley en "Amor en Hawaii" (1961).

La Lansbury dio un golpe en la mesa con su interpretación de madre maquiavélica y obsesionada con la amenaza comunista de “El mensajero del miedo” (1962) por la que fue candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto, no pudiendo hacer nada frente a la Patty Duke de “El milagro de Ana Sullivan” (1962), Lansbury tuvo que conformarse con el Globo de Oro. 

Angela Lansbury forjó su propia leyenda en Broadway (donde debutó en 1957 con "Hotel Paradiso") y recién estrenada la cuarentena se vio protagonizando un verdadero fenómeno sobre las tablas como fue el musical “Mame” (1966) que le llevó a tener tres temporadas ininterrumpidas y le proporcionó el primero de sus cinco premios Tony. Los otros los ganó por sus trabajos en “Dear world” (1969), “Gypsy” (1975), “Sweeney Todd” (1979) y “Un espíritu burlón” (2009), ganando también por esta última obra el Laurence Olivier Award en 2015.

Siendo el teatro su principal actividad, ahí sí que se gozaba realmente de todo su esplendor artístico, su presencia en el cine era más escasa. Aun así cosechó un gran éxito con “La bruja novata” (1971) de Robert Stevenson por la que fue nominada al Globo de Oro y que se ha convertido en todo un clásico generacional formando un binomio indestructible y atemporal con "Mary Poppins" (1964). Perfecta y entrañable como una excéntrica bruja aficionada que tiene que hacerse cargo, muy a su pesar, de tres niños londinenses que han sido evacuados al pequeño pueblo costero donde ella vive frente a la sombra de la amenaza de la invasión nazi en la II Guerra Mundial.

Formó parte del reparto con grandes estrellas de “Muerte en el Nilo” (1978), por la que fue nominada al BAFTA y a los productores les gustó tanto su trabajo que le ofrecieron interpretar a la señora Marple en “El espejo roto” (1980). En la primera película coincidió con Peter Ustinov, dando vida éste al mítico Hercule Poirot, siendo ambos cuñados ya que el actor se casó en 1939 con Isolde Benham, hermanastra de Angela Lansbury, de la que se divorciaría en 1950. También formó parte de un remake de una cinta de Alfred Hitchcock en "La dama del expreso" (1979).

Su vinculación al universo de Agatha Christie y su imagen de señora mayor bastante entrometida se culminó cuando su marido produjo para ella la serie “Se ha escrito un crimen”, en donde Lansbury estaba perfecta encarnando a una famosa escritora de novelas policíacas aficionada a resolver asesinatos de manera bonachona, irónica y despierta. “Se ha escrito un crimen” se estrenó en 1984, duró 12 temporadas, y era un producto de la televisión de los 80

Un espacio amable y para todos los públicos, concebido para explotar el talento y el carisma de una estrella como Lansbury, que servía como refugio para muchos grandes nombres de la industria que mal vivían ya en la televisión y en donde muchos aspirantes a luminaria encontraron sus primeras oportunidades. Por “Se ha escrito un crimen” Lansbury se llevó 4 Globos de Oro y fue candidata al Emmy por cada una de sus doce temporadas entre 1984 y 1996.

El cine estaba en un segundo plano pero no pudo rechazar la oferta de Neil Jordan para su película “En compañía de lobos” (1984). Aunque el gran éxito de Lansbury lo cosechó gracias a su voz como la tetera de “La bella y la bestia” (1992), lo que terminó de lograr de que la actriz fuera un icono que ya trascendía a cualquier generación. En la celebración de los 25 años de la película (en 2016) una Angela Lansbury de 90 años demostraba su grandeza llenando de magia el escenario en el que cantó (con Alan Menken al piano) el oscarizado tema de la película a la que ella puso voz.

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En 1996 se dio por finalizada “Se ha escrito un crimen” y la actriz se volcó en enseñar el oficio a las nuevas generaciones poniendo voz también a la película "Anastasia" (1997). Había decidido retirarse del mundo de la interpretación pero en 2003 falleció el gran amor de su vida, Peter Shaw, con el que estuvo casada desde 1949 y tuvo a sus tres hijos. Para poder sobrellevar el dolor de su pérdida volvió a trabajar y pudimos verla en “La niñera mágica” (2006) junto a Emma Thompson o como la mujer de los globos de "El regreso de Mary Poppins" (2018) y volvió a los escenarios.

Le dio tiempo a ganar un quinto y último Tony competitivo por “Un espíritu burlón” 2009 y a ser candidata al galardón por “A little night of music” en 2010. Junto a James Earl Jones protagonizó sobre los escenarios “Paseando a Miss Daisy” y la última vez que trabajó en el teatro fue haciendo una función benéfica con la obra “La importancia de llamarse Ernesto” en 2019. 

Residente en California siempre hizo gala de su clase británica y en 2014 recibió por parte de la reina Isabel II el título de Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico (DBE) durante una ceremonia en el castillo de Windsor. La casualidad les ha unido también este año ya que ambas han fallecido con pocas semanas de diferencia y siendo nacidas el mismo año.

El año 2013 consagró a Lansbury con el Oscar honorífico. La Metro-Goldwyn-Mayer se equivocó con ella. El Estudio que presumía de tener más estrellas en sus filas que en el cielo consideró que Angela Lansbury no poseía la belleza de Ava Gardner o Lana Turner, a las que explotaron como sex symbols, ni la sofisticación de Joan Crawford. Pero Angela Lansbury fue paciente y supo construir una carrera, convertirse en una estrella y en todo un símbolo cultural inundado de lo más importante, el cariño del público.

Mary Carmen Rodríguez

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Manuel Antonio
Manuel Antonio
1 mes atrás

Entrañable, adorable, admirable, siempre radiante en cada trabajo. El rostro imborrable de aquella encantadora bruja buena y de la señora que descubría quién era el malo. La voz perdurable de una simpática tetera mágica. El prototipo de abuela que, no una, sino varias generaciones deseamos. Luces en el firmamento por siempre para Angela Lansbury.

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