"Maixabel"

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La web oficial.

El argumento: Maixabel Lasa pierde en el año 2000 a su marido, Juan María Jaúregui, asesinado por ETA. Once años más tarde, recibe una petición insólita: uno de los asesinos ha pedido entrevistarse con ella en la cárcel de Nanclares de la Oca (Álava), en la que cumple condena tras haber roto sus lazos con la banda terrorista. A pesar de las dudas y del inmenso dolor, Maixabel accede a encontrarse cara a cara con las personas que acabaron a sangre fría con la vida de quien había sido su compañero desde los dieciséis años.

Conviene ver: "Maixabel" llega como uno de los títulos más esperados de la cosecha española para esta temporada. El nuevo trabajo de Icíar Bollaín se estrena poco más de un año después de la catártica “La boda de Rosa”, casi un bálsamo en tiempos de pandemia, pero si algo ha demostrado la directora es la variedad de una filmografía siempre interesante y pocas veces previsible en la que siempre hay algo nuevo que contar. Ahora siendo el caso de la violencia terrorista de ETA que ha asolado a España durante tantas décadas y sobre la que, a pesar de que ya ha habido trabajos más que destacables en cine y televisión, todavía quedan aspectos que abordar como es el caso de la memoria de las víctimas y la necesidad de perdón en una sociedad que tiene que intentar salir fortalecida aprendiendo de los errores del pasado y perdiendo el miedo a hablar de ello.

La historia se centra en Maixabel Lasa justo en el momento en el que una llamada de teléfono le hace tener los peores presagios, el asesinato a manos de la banda de terrorista de su marido, el político socialista Juan María Jaúregui mientras éste departía con un compañero en un bar. La cinta comienza con la tensión del momento, lo que sabemos que va a ocurrir y como ese dolor va impregnando no sólo a la mujer y a la hija de la víctima sino a una sociedad que asiste noqueada a un goteo constante de víctimas en el que nadie parece estar a salvo. En paralelo vemos el dispositivo y la huida del grupo terrorista que sin más preguntas cumple órdenes ejecutorias en base a unas ideas engullidas hace tiempo por el fanatismo. Años después ya nos encontramos a una Maixabel luchadora que actúa como defensora del recuerdo de las víctimas recibiendo la petición de reunirse con los asesinos de su marido, a través de una mediadora que organiza los encuentros que partieron de la llamada Vía Nanclares en la que una decena de ex militantes de ETA quisieron reunirse con las familias y pedir perdón, lo que hará que Maixabel tenga que debatirse entre el rencor de encontrarse con los que le privaron de su compañero de vida desde los 16 años o intentar tender un puente de entendimiento en pro de un futuro más alentador reparando en parte el dolor compartido de unas víctimas que tienen cada una de ellas su propia historia.

“Maixabel” es una película que sufre cierta frialdad expositiva, siendo buscada esa sobriedad que aborda de manera analítica y subrayada desde el guión de Icíar Bollaín e Isa Campo y de una música de Alberto Iglesias que acompaña sutilmente, y transiciones algo bruscas en los giros de algunos personajes, pero indudablemente eso no parece ser otra cosa que una vía para ir poco a poco calando el sentimiento en el espectador ante el bagaje emocional que encierra un drama colectivo de un país cuyas víctimas todavía tienen que ser oídas, escuchadas y respaldadas mientras sanan unas heridas que pueden cicatrizar pero cuyas marcas llevan a que sea imposible olvidar las más de 800 víctimas que a lo largo de las décadas reunió ETA en su expediente del horror. La historia de Maixabel, así como sus reacciones o la relación con una hija que ha intentado refugiarse creando una nueva familia lejos del País Vasco y que representa a un nuevo futuro que a pesar de todo lo llorando se va construyendo con la esperanza de algo mejor para los que vengan, transcurre en paralelo con la de Ibon Etxezarreta, el terrorista que llevaba el coche ese día y que ve cambiar algo en él ante la mirada de reproche de su abuelo en una de las vistas del juicio así como con el reencuentro con su madre en uno de los permisos de los que dispone. Un ser poliédrico con el que ni se carga tintas ni se victimiza sino que se le muestra ahogado por el remordimiento, derrotado por unas ideas mal entendidas que fueron fruto del dolor que ha causado, repudiado por los que fueron sus compañeros y sólo teniendo en ese encuentro con Maixabel la posibilidad de poder volver a respirar.

Blanca Portillo, Luis Tosar y un reivindicable Urko Olazabal como representante de un gran reparto en el que brillan hasta los menos conocidos dignifican con su trabajo una película valiente, necesaria y profunda en su emoción calculada pero sentida que brota en la entrevista entre ambos personajes (a lo que ayuda que los actores no coincidieran en el set hasta ese momento aprovechándose de la estructura paralela de la historia) y en la reunión final de homenaje anual y memoria entre cánticos y recuerdo en el que, por muy difícil que sea, a veces las miradas que se cruzan y las manos que se tienden tienen que ver difuminado su odio y dolor para que al menos esas vidas perdidas no caigan en saco roto fruto del sectarismo o la sinrazón fomentando la escucha, la autocrítica, el no juzgar al otro y la capacidad de dar una segunda oportunidad. Una película que se apoya en las conversaciones y evita sensiblerías haciendo emerger la heroicidad de unas víctimas que quieren ser escuchadas pero que también quieren escuchar, encontrar respuestas y salir hacia adelante.

Conviene saber: A competición en el Festival de San Sebastián 2021.

La crítica le da un SIETE

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