"Quo vadis, Aida?"

"Quo vadis, Aida?"

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La web oficial.

El argumento: Bosnia, julio de 1995. Aida trabaja como traductora para la ONU en la pequeña ciudad de Srebrenica. Cuando el ejército serbio ocupa el pueblo, su familia está entre los miles de personas que buscan refugio en los campos de la ONU. Como participa en las negociaciones, Aida tiene acceso a información importante.

Conviene ver: En "Quo vadis, Aida?" la directora Jasmila Žbanić (ganadora del Oso de Oro del Festival de Berlín por “Grbavica” en 2006) ofrece un retrato desolador que nos lleva a la Guerra de los Balcanes en la década de los 90 y a la actuación de la ONU a través de los llamados Cascos Azules. En el verano de 1995 Aida es una profesora que en tiempos de conflicto está sirviendo como traductora para la ONU en la ciudad de Srebrenica, pueblo que es ocupado por el ejército serbio y que lleva a que cientos de personas pidan ser acogidos por los campos de la ONU agolpándose en las vallas pidiendo auxilio ante la posibilidad de ser exterminados. Una propuesta que, no por obvia y ocupando un posicionamiento claro, no deja de ser una cinta impactante, desoladora y con una intriga que te mantiene pegado a la pantalla. Una tragedia todavía demasiado cercana, siendo incluso ocultada por algunos medios durante tiempo, y que muchos han olvidado estando la película dedicada a las 8.372 hombres musulmanes que fueron asesinados y dejaron mujeres, niños, amigos y vecinos noqueados.

La protagonista tiene que servir de intermediaria entre el alcalde de Srebrenica y un coronel holandés de la ONU, Thomas Karremans, que en realidad asiste maniatado a la realidad sacando una fuerza de poder de la que carece, todo lo contrario de Ratko Mladic, general del ejercito serbio que sabe que tiene la partida ganada ante la insistencia de su determinación (frente a una ONU que se pierde en promesas vacuas e inoperancia logística) y el contar en el terreno con los medios a su alcance. Una manera de escudarse en el bien para un país camuflando en ello lo que no son más que crímenes de guerra. Mientras lo que vemos es la desesperación de una madre, una de tantas, esa Aida en la que su cometido profesional acaba perdiendo peso conforme pasan los minutos ante la necesidad de salvar a los suyos moviéndose entre el gentío, reconociendo a viejos amigos tan desubicados como ella, y desolada ante la cobardía de unos oficiales que no pueden más que intentar salvarse ellos mismos el pellejo conformando un listado de personas que tienen identificación diplomática y que les servirá para evitar una muerte que ya tienen asumida.

La actriz Jasna Djuricic, con una mirada llena de ferocidad y de dolor, está espléndida creando un personaje lleno de fuerza que saca toda esa rabia de madre coraje teniendo que insensibilizarse ante lo que se está viviendo, y el drama de los demás, entre ellos vecinos y amigos, para aprovecharse de su puesto y reservar todas sus fuerzas para poder poner a salvo a su marido y a sus dos hijos teniendo que batallar no sólo contra el ejército serbio sino frente a unos burócratas que no están dispuestos a hacer ninguna excepción y que están llevando a cabo un proceso de negociaciones que, en este tipo de conflictos enraizados en el odio extremo, quedan en tiempo perdido y papel mojado. Es una película que no necesita de sutileza ni planos contemplativos de autor sino que la cámara tiene nervio durante todo el metraje siguiendo a esta mujer que se mueve entre los pasillos, dependencias y rincones del campo a cargo de la ONU para lograr tener a su familia en el lado correcto, el que separa la vida de la muerte, y que no es otro que estar junto a ella intentando aprovecharse de su privilegio como colaboradora diplomática. Aida tiene que saber moverse entre unos y otros ante el hecho de que un paso en falso ponga a su familia en el otro lado de la valla, el que marca un destino funesto, frente el desespero y la impotencia de todos. Una de tantas mujeres que sacan toda su fortaleza en el peor de los momentos centrándose en lo importante, sacar adelante a sus familias.

Un trabajo sincero e impactante, directo y claro, que deja imágenes difíciles de olvidar sobre ese primer plano de rabia, fuerza y tremendo amor y sacrificio de una esposa y una madre por los suyos, en un momento en el que más que pensar hay que reaccionar lo único que importa es salvarse en esa carrera contrarreloj mientras vemos como la directora explora en sutiles detalles otras historias; la un chico que se viste de mujer para salvar el tipo, dos enamorados que se despiden sabiendo que no volverán a verse, o las lágrimas de impotencia de los que, teniendo en teoría el mando de la situación, no pueden hacer nada frente a la masacre a la que ese pueblo parece abocado. Todo mientras los medios de comunicación alineados con el poder no contribuyen a denunciar lo que está pasando. Una apuesta necesaria para no hacer olvidar el que fue el mayor genocidio desde la II Guerra Mundial en uno de los episodios más deshonrosos de la Guerra Civil en Bosnia Herzegovina, narrado de manera dura y real sin buscar la complacencia o la épica propia de las películas pero sí, al menos, permitiéndose que sobre las brasas del fuego de la tragedia se permita atisbar algo de esperanza hacia las nuevas generaciones que, sin tener que taparse los ojos ni tampoco olvidar, deben de respirar, tomar aire y seguir hacia adelante para que al menos la Historia no se repita. Ojalá el devastador final de la película al menos sirva para ello cerrando con contundencia una de las apuestas más incuestionables de este año.

Conviene saber: A competición en el Festival de Venecia 2020, vista en el Festival de Toronto 2020 y nominada al Oscar 2021 a la mejor película internacional. Mejor película extranjera en los Independent Spirit Awards.

La crítica le da un OCHO

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