“American psycho”, las perversiones del sueño americano

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Querido Teo:

Christian Bale cumplió su promesa de abandonar la actuación durante poco más de un año tras revelarse en “El imperio del sol”, hasta que Kenneth Branagh le convenció para que actuara en “Enrique V”. Y poco a poco va apareciendo en más películas. En 1994 Winona Ryder lo recomienda para que protagonice junto a ella “Mujercitas”, que empieza a darle algo de fama. En 1998 actúa en “Velvet Goldmine” y al año siguiente en “El sueño de una noche de verano”, pero todavía le faltaba un papel que le sirviese para despegar definitivamente. Fue entonces cuando surgió una oportunidad para destacar. Le ofrecieron protagonizar la adaptación de “American psycho”, una novela de Breat Easton Ellis muy controvertida por su brutal violencia y cuya versión cinematográfica cumple ya 20 años en los que se ha erigido como un retrato de la parte más obsesiva, enfermiza y sanguinaria del capitalismo.

El protagonista de la misma es Patrick Bateman, un hombre obsesionado con su cuerpo, su apariencia, los restaurantes de lujo y, también, su tarjeta de empresa. Un yuppy de Wall Street hedonista y petulantes cuyas prácticas le convierten en asesino en serie, mientras mantiene sus apariencias debido a las cuales nadie sospecha. Christian Bale fue la primera elección de la que terminaría siendo la directora, además de coguionista, Mary Harron ya que inicialmente estuvieron involucrados en el proyecto Stuart Gordon primero y David Cronenberg después.

El productor Edward R. Pressman compró los derechos de adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis en 1992 y el proyecto fue dando tumbos desde entonces pero el cine optimista y jovial de los 90 no parecía estar preparado para una película tan oscura y desoladora corriendo el riesgo de que cualquier Estudio dulcificara y quitara mordiente al mensaje.

Christian Bale estaba entusiasmado con la producción y se entrenó durante meses para asemejarse mejor al personaje. Actores como Edward Norton, Brad Pitt y Johnny Depp renunciaron a este papel por lo controvertido del mismo y el propio agente de Bale intentó convencer a Bale de que renunciara a él, pues pensaba que sería catastrófico para su carrera, pero no lo logró y en cierta manera encontró aquí Bale el papel definitivo de confirmación demostrando todo su potencial como actor tanto desde un punto de vista físico como psicológico demostrando un lado perturbador y enfermizo que le alejaría de los papeles de galán para de ahí en adelante abrazar papeles mucho más extremos como en “El maquinista” (2004), “The fighter” (2010), “La gran estafa americana” (2013) o “El vicio del poder” (2018).

El que sí consiguió sacar de la producción a Christian durante un tiempo fue Leonardo DiCaprio, que llegó a estar anunciado como protagonista de esta película, y además convenció a Oliver Stone para que se hiciera cargo de la dirección. Por suerte para Bale por un lado las protestas de Harron, que llegó a dejar la escritura del guion y abandonar la película porque DiCaprio y Stone querían hacer de Bateman un personaje más humano y con menos sangre fría, y sobre todo los consejos que recibió DiCaprio sobre el curso de su carrera tras el éxito de “Titanic”, devolvieron a Bale la responsabilidad de representar al asesino en la película. Y es que éste esperó durante nueve meses a renunciar a cualquier proyecto confiando en que el personaje volviera a él. Un entrenamiento diario y constante de tres horas convertiría a Bale en Patrick Bateman.

La película se abre en un restaurante de alta cocina con ricos hombres de negocios de Wall Street Patrick Bateman (Christian Bale), Timothy Bryce (Justin Theroux), David Van Patten (Bill Sage), y Craig McDermott (Josh Lucas). Discuten con envidia sobre un socio de éxito llamado Paul Allen (Jared Leto) antes de comprar una costosa merienda. Más tarde, esa misma noche, los cuatro van a un club, donde Patrick revela su naturaleza psicopática a una grosera camarera cuando ésta se niega a aceptar su billete de bebidas. Una espiral de vanidad, desapariciones, sangre y una investigación que le sigue los pasos mantiene la intriga de una cinta que representaba en el cine esa generación frustrada y caprichosa criada en la banalidad de construir una imagen con cochazo, pivón al lado y ademanes despreocupados de absoluto triunfador que reflejan otros títulos ambientados en Wall Street como la película de Oliver Stone de 1987, “Margin call” (2011) o “El lobo de Wall Street” (2013) así como dramas más introspectivos pero igual de desoladores como “Shame” (2011) o “The canyons” (2013).

La película se estrenó en el Festival de Sundance con clara división de opiniones entre el desprecio y la admiración. Pero todos coincidieron en señalar la gran actuación del protagonista que empezó a tener un mayor reconocimiento a partir de esta película, así como el guión, pero sus imágenes perturbadoras y violentas fueron un handicap para la difusión internacional de la cinta que, aun así, consiguió buenos réditos (34 millones de dólares sólo en USA frente a los 7 de presupuesto), confirmando todo el talento como actor de Christian Bale siento también el primer éxito para Lionsgate, sello de origen canadiense que se convertiría en uno de los más destacados de la distribución independiente de la industria en las últimas dos décadas.

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Nacho Gonzalo

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