Conexión Oscar 2014: David O. Russell, de colérico mequetrefe a adorado director de actores

Conexión Oscar 2014: David O. Russell, de colérico mequetrefe a adorado director de actores

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Querido Teo:

Curiosa la evolución de David O. Russell. De ser considerado un mequetrefe tiránico y con ínfulas, que convertía los rodajes en un infierno, a alcanzar un estatus frente a los actores (más que nada interesado) de ser el mejor director con el que aliarse a la hora de estar presente en los premios. Y es que nada parecía poder indicar que el vacío y hitleriano director de cintas como “Tres reyes” o “Extrañas coincidencias” iba a tomarse un hiato que desembocaría en una actividad febril con tres películas en cuatro años que no han hecho más que reportarle candidaturas consecutivas al Oscar en película y director, así como consiguiendo 3 Oscar y 11 nominaciones para sus actores. No sabemos si habrá ido a un psicólogo para controlar sus ataques de ira furibunda y sus malas formas, pero O. Russell se ha transformado, nos guste o no, en un notable director de actores, más allá de la calidad de sus películas, y todo el mundo desea trabajar con él en Hollywood.

O. Russell se presentó con dos comedias como “Spanking the monkey” (1994) y “Flirteando con el desastre” (1996), para continuar con “Tres reyes” (1999), una taquillera comedia de acción bélica en la Guerra del Golfo, con crítica a la política exterior USA, con mucha testosterona y con George Clooney y Mark Wahlberg en plena rampa de lanzamiento, que fue toda una sorpresa en su momento. Allí se encargó del guión junto a John Ridley, con quien curiosamente coincide en estos Oscar ya que Ridley es el responsable del guión de “12 años de esclavitud”. El romance con los premios comenzó a manifestarse con nominación en el Gremio de Guionistas, nominación como mejor película en los Critics´Choice, presente en el top 10 de la NBR y ganando el premio a la mejor película y al mejor director en la Asociación de Críticos de Boston. Esto ya demuestra que la tendencia de los premios en el cine de O. Russell no es flor de un día pero es que, curiosamente, “Tres reyes” parece seguir siendo su proyecto menos artificioso y en el que, quizás, se demuestra más la impronta desinhibida de un O. Russell que estaba abriéndose paso en Hollywood.

Para poner de los nervios a George Clooney hay que ser muy cabrito, aunque la verdad es que esa sonrisa de bonhomía de Clooney siempre parece algo robótica y falsa. En el set de rodaje de “Tres reyes”, Mr. Nespresso y O. Russell llegaron a las manos después de que el actor le recriminara como traba a los miembros del rodaje y a los extras, y es que O. Russell parece que en esa época tenía claro que todo el que no fuera el director no era más que escoria. O. Russell llamó a Clooney nenaza y este abandonó su buenrollismo para, como se cuenta en Hollywood, agarrar del pescuezo al director y forcejear llegando a las manos. Clooney creo que nunca se imaginaría que un director tan piltrafa (tanto en su cine como en su actitud humana) iba a explotar años después en los Oscar como uno de sus niños mimados. Clooney ha afirmado más de una vez que le considera un genio pero que ni muerto volverá a trabajar con él. Habrá que creérselo.

Mucho más divertido desde el punto de vista del morbo es el rodaje de “Extrañas coincidencias” (2004). Allí empezó a demostrar su querencia por los repartos corales de grandes estrellas y repitió con Mark Wahlberg en una película que, 10 años después, todavía no ha nacido la persona que pueda explicar que pretendía contar O. Russell con esta película que parecía hecha por alguien hasta arriba de anfetas. El reparto estuvo formado también por Jason Schwartzman, Dustin Hoffman, Naomi Watts, Isabelle Huppert, Jude Law y Lily Tomlin. Parece que todos salieron indemnes menos los dos últimos. Con Law no hubo un problema directo más allá del rumor que cuenta que Christopher Nolan tuvo que prescindir del actor para “Batman begins” después de que el marrullero O. Russell le arrinconara y le amenazara con que no se llevara a su actor para ese proyecto. Pero lo que realmente ha entrado a la Historia de las broncas en los sets de rodaje es los gritos entre Lily Tomlin y él a la hora de preparar una escena llamándose de todo y para el desconcierto (y las risas nerviosas) de otros miembros del reparto como Huppert y Watts. Los que conocen a O. Russell señalan que todo esto no más que una táctica para sacar lo mejor de sus actores y Tomlin (que es normal teniendo en cuenta el estado de su carrera) no duda en afirmar que ha perdonado este incidente y que prefiere a un director como él, natural, carismático y vehemente, que a un “sangre de horchata”.

En todo caso con este incidente, y con una película que podía haber condenado su carrera, O. Russell se tomó un respiro y no sabemos si fue a terapia o hizo una licenciatura pero lo cierto es que volvió en 2010 dispuesto a convertirse en el nuevo Scorsese o, al menos, en su versión marca blanca. Y todo ello gracias a Mark Wahlberg que le brindó en bandeja como productor la posibilidad de ponerse detrás de las cámaras de “The fighter”, un proyecto que el antiguo modelo publicitario quería impulsar como vehículo de lucimiento. Como suele pasar en estos casos, unos nacen con estrella y otros estrellados, así que Wahlberg disfrutó del éxito de la película pero vio como era el único de los actores que no conseguía nominación. “The fighter” se presentó como un drama familiar de bajos fondos en la historia real de dos hermanastros relacionados con el mundo del boxeo. La película consiguió 7 nominaciones al Oscar (con premios para Christian Bale y Melissa Leo) e incluso se habló de una secuela. O. Russell y Wahlberg abrazaban el éxito pero la particular personalidad del primero volvería a aparecer en escena.

“El lado bueno de las cosas” volvía a acercarse al microcosmos familiar en la historia de un joven que tras un brote de bipolaridad volvía al hogar paterno. O. Russell no le devolvió el favor a Wahlberg de ponerle en el epicentro de Hollywood y prescindió de él como protagonista al tener un caché muy elevado. Wahlberg tampoco estuvo dispuesto a rebajárselo y la verdad es que dudo de que, el habitualmente inexpresivo actor, hubiera estado mejor que Bradley Cooper. La película ganó el premio del público en Toronto 2012 y fue creciendo gracias a una inteligente campaña de Harvey Weinstein que provocó que consiguiera 8 nominaciones al Oscar y, 31 años después de “Rojos”, que una película estuviera presente en las cuatro categorías actorales. Sólo se llevó un Oscar (el de Jennifer Lawrence como mejor actriz) pero seguro que siendo una película que jugó mucho la baza del crowd pleaser quedó como segunda opción más votada en varias categorías más.

A contrarreloj (algo que se nota en el acabado de una cinta que técnicamente llega a ser un despelote importante) ha presentado “La gran estafa americana” que ha llegado a tiempo a los Oscar de este año. La película siempre estuvo presente en la carrera y que los críticos de Nueva York la coronaran como mejor cinta del año, haya ganado 3 Globos de Oro, y que el Gremio de Actores la haya bendecido con el premio al mejor reparto le hace, en teoría, estar todavía mejor posicionada que “El lado bueno de las cosas” para poder hacer algo en la noche de los Oscar, por mucho que desde Europa no se haga más que calificarla de “bluff”, parafraseando a su acertado título en francés. Más cuando, junto a “Gravity”, es la más nominada con 10 candidaturas y ha vuelto a conseguir por segundo año consecutivo la proeza de tener a sus cuatro actores nominados.

Eso sí, todo este subidón (como la propia película) puede pincharse con la misma facilidad que una pompa de jabón o una burbuja de champán. Este divertimento desenfrenado, pero bastante vacío, ha despertado grandes divisiones de opiniones y antipatías (sobre todo en Europa) y habrá que ver como la Academia recibe una película que, en el caso de ser premiada, volvería a dejar la sensación de ser una cinta que se queda muy por debajo del nivel que tiene que tener una ganadora del Oscar. Y es que, salvo sorpresa, y para tranquilidad de sus detractores, “La gran estafa americana” pelea más por no irse de vacío que por el triunfo, ante la tranquilidad que despertó para muchos que el PGA eligiera a dos películas como ganadoras y que ninguna de ellas fuera la de O. Russell. Ausente de la categoría en la que parecía mejor colocada (maquillaje y peluquería), guión original parece ser su mejor baza (aunque “Her” se antoja como la favorita), así como actriz de reparto (Jennifer Lawrence intentando la proeza de ganar 2 Oscar consecutivos frente a la estilosa Lupita Nyong´o y la posible sorpresa de June Squibb) o vestuario. Así que, más que verla como una favorita, no nos extrañe que siga el camino de “Gangs of New York” y “Valor de ley” como películas que no se llevaron ninguno de los 10 Oscar a los que optaban.

La Academia, por el momento, ha demostrado tener más cariño a los actores de O. Russell que a su cine ya que es el único aspecto que han premiado de sus películas. No obstante, nadie hubiera imaginado que alguien tan mezquino como O. Russell (todavía demuestra algún brote de eso como el gesto que puso cuando Emmanuelle Riva derrotó el año pasado a Jennifer Lawrence en los Bafta) haya construido ya su propia “compañía de actores” rompiendo el mito de que los que ruedan con él acaban hartos de sus métodos y que ahora, junto posiblemente con Woody Allen, sea el realizador con el que todo actor quiere trabajar en Hollywood actualmente. Aunque quizás, entre el éxito, los Weinstein y el paso de los años lo han transformado en alguien mejor y en un director que, como se demuestra en algunos momentos de “Tres reyes”, “The fighter” o “El lado bueno de las cosas”, puede ofrecer cosas interesantes aunque todavía le queda mucho camino para superar la etiqueta de medianía dentro de los directores actuales. El trono de Scorsese sigue ocupado por él mismo y, por mucho que lo intente (y los Oscar le inflen de nominaciones), O. Russell no parece dotado para ser su sucesor sino en un nombre de transición del que ahora se puedan aprovechar los actores para hacerse con personajes que se conviertan en carne de premio. Un instrumento para la industria más que un nombre que pueda dejar huella en el cine más allá de un broncas con suerte.

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Pepe - 15.02.2014 a las 21:45

La verdad es que sorprende ver lo contrapuestas que están las opiniones de norteamericanos y europeos en lo que respecta a La gran estafa americana, con valoraciones sobresalientes en el primer caso y bastante negativas en el segundo.

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