Conexión Oscar 2018: Película de habla no inglesa

Conexión Oscar 2018: Película de habla no inglesa

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Querido Teo:

Siempre comentada la categoría de mejor película de habla no inglesa que comenzó con 92 títulos (un año más cifra record) para quedarse finalmente con 9 preseleccionadas quedando fuera opciones como “120 pulsaciones por minuto” (Francia), “Verano 1993” (España), o “First they killed my father” (Camboya). El resultado son cinco candidatas de nivel y que todas ellas vienen reforzadas por el circuito festivalero lo que, sin duda, les ha dado visibilidad para llegar a la recta final hacia el Oscar.

“Una mujer fantástica” (Chile)

Este país cuenta con 1 nominación al Oscar. Nunca se ha llevado la estatuilla. Marina, una joven camarera aspirante a cantante, y Orlando, veinte años mayor, planean un futuro juntos. Tras una noche de fiesta, Marina lo lleva a urgencias, pero él muere al llegar al hospital. Ella debe entonces enfrentar las sospechas por su muerte. Su condición de mujer transexual supone para la familia de Orlando una completa aberración. Ella tendrá que luchar para convertirse en lo que es: una mujer fuerte, pasional… fantástica.

Chile tiene muchas posibilidades de sumar su primera victoria en el casillero de los Oscar. Un país que hasta el momento sólo había conseguido candidatura por “No”, la cinta sobre el referéndum en el país y la campaña de publicidad orquestada para no doblegarse a las directrices de Pinochet. La cinematografía del país es uno de los máximos exponentes de ese auge del cine latinoamericano de los últimos años que, sin embargo, no se ha refrendado en una categoría cuya última película hablada en español que ganó el premio fue “El secreto de sus ojos” en 2010 representando a Argentina. Ni “Gloria” de Sebastián Lelio ni “El club” de Pablo Larraín aspiraron al premio, a pesar de su éxito crítico y festivalero, pero la suerte puede cambiar por la humanidad y sensibilidad de una película que lleva conmoviendo a los espectadores desde que se proyectó en el Festival de Berlín 2017 donde se llevó el premio al mejor guión. La lucha de una mujer que tiene que pelear por su amor (y el recuerdo del mismo) frente a una sociedad intolerante, progresista de boquilla, pero que en el día a día la mira con rechazo, temor y extrañeza. Las inseguridades y batallas personales que tiene que afrontar una determinada Marina Vidal (portentosa Daniela Vega) llenan la cinta de fuerza, mensaje de nunca hincar la rodilla y de un lirismo representando en escenas como aquella en la que un fuerte viento mueve su figura. La cinta ha sabido moverse durante la carrera teniendo una buena visibilidad en Estados Unidos, refrendada por Sony Pictures Classics e incluso por muchos gurús que se preguntaban si Daniela Vega (en un año menos competido) habría conseguido la nominación como mejor actriz. Una cinta sobre el amor y la rebeldía que la convierte en una apuesta universal subrayada por representar a una mujer transexual de una manera que pocas veces se ha visto en el cine y que eso termine siendo lo menos importante.

“El insulto” (Libano)

Este país nunca ha sido nominado al Oscar. Cuenta el día que Toni, cristiano libanés, riega las plantas de su balcón. Un poco de agua se derrama accidentalmente en la cabeza de Yasser, palestino y capataz de una obra. Entonces estalla una pelea. Yasser, furioso, insulta a Toni. Herido en su orgullo, Toni decide llevar el asunto ante la justicia. Comienza así un largo proceso en el que el conflicto tomará una dimensión nacional, enfrentando a palestinos y cristianos libaneses.

En su 14º intento Líbano ha conseguido su primera nominación al Oscar habiendo quedado en la cuneta durante este tiempo trabajos como “¿Y ahora adónde vamos?” de Nadine Labaki que se llevó en 2011 un sorprendente Premio del Público de Toronto. La cinta de Ziad Doueiri ganó el premio al mejor actor en el Festival de Venecia 2017 y entronca con ese cine (del que ha sido fiel exponente Asghar Farhadi) de combinar historias cotidianas con un trasfondo familiar y de drama judicial, reconocibles de la situación de su país, marcada por el machismo y la jerarquía social, pero con capacidad para que cualquier espectador se sienta identificado. Es lo que ocurre con una disputa vecinal que termina en proceso burocrático ante la sinrazón de las dos personas inmersas en él, marcado además por el enfrentamiento tradicional entre palestinos y libaneses. No parte con excesivas opciones porque parte de una premisa que recuerda a otras cintas y en un año tan competido se queda en la anécdota de una película que no necesita de muchos mimbres para vertebrar la historia.

“Sin amor” (Rusia)

Este país cuenta con 15 nominaciones al Oscar y se llevó el premio con “Guerra y paz” en 1969, “Dersu Uzala” en 1976, “Moscú no cree en las lágrimas” en 1981 y “Quemado bajo el sol” en 1995. Una pareja que atraviesa un divorcio debe aunar fuerzas para encontrar a su hijo, desaparecido tras una de sus peleas.

“Sin amor” es una gran oportunidad de Oscar para el director ruso Andrei Zvyagintsev que ya optó al mismo galardón por “Leviatán” en 2015. A pesar de que sigue con su ritmo cadencioso sostenido en largos planos, encerrando a sus personajes en un cuarto o saliendo al exterior de un lánguido paisaje nevado, la cinta se vertebra en la desaparición de la noche a la mañana de un niño de 12 años marcado por las continuas discusiones protagonizadas por sus padres, también divorciados, a los que él asiste viendo esos reproches continuos y también creándole la sensación y certeza de que no saben qué hacer con él queriendo “quitarse el problema de en medio” enviándole a un internado. Su desaparición (que se presume voluntaria), tras una potente escena en la que él asiste lloroso a una discusión detrás de la puerta sin que sus padres sean conscientes de su presencia, sobrevuela una cinta marcada por la irresponsabilidad paterna y el hedonismo de una sociedad que sólo se preocupa por sí misma de una manera individualista y que quiere asumir los menos sacrificios posibles. Precisamente ese mensaje, tan universal como bien hilado ante el hermetismo de una comunidad como la rusa, queda demasiado explicativo ahondando en esos padres que sólo viven el día a día viéndoles manteniendo relaciones sexuales con sus nuevas parejas, teniendo conversaciones livianas de oficina, o conectados compulsivamente al móvil en el transporte público. Una película intensa emocionalmente, con empaque y oficio propio de su autor, y con un mensaje potente que, poseyendo algunas escenas especialmente logradas, hace que la cinta no se olvide y quede en la mente del espectador ante ese punto de conciencia sobre los males actuales de nuestra sociedad. Y es que lo más preocupante para el futuro, tal y como bien parece apuntar la película, esa generalizada irresponsabilidad (marcada por ese sempiterno “síndrome de Peter Pan”) no parece más que ir a más siendo algo que va a ir propagándose de padres a hijos, de generación en generación, y es que, como sutilmente se ilustra, ni siquiera el hecho del trauma de una desaparición como la vivida por estos padres les va a hacer cambiar ni un ápice su actitud y modo de vida hacia el futuro a pesar de algunas escenas realmente logradas como aquella en la que son llamados a un depósito de cadáveres para reconocer a un cuerpo. Una película intensa e impactante que sin ser redonda te mantiene atrapado por el interés de la intriga dejando alguna escena que, un año después de que ganara el Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2017, no se olvida.

“En cuerpo y alma” (Hungría)

Este país cuenta con 9 nominaciones al Oscar y se llevó el premio con “Mephisto” en 1982 y “El hijo de Saúl” en 2016. María comienza a trabajar como supervisora en un matadero de Budapest, pero pronto comienzan a surgir cotilleos y rumores sobre ella. Durante el almuerzo opta siempre por sentarse sola, y es consciente de sus deberes y obligaciones, con un estricto apego a las normas. Su mundo se compone de cifras y datos impresos en su memoria desde la primera infancia. Endre, su jefe, es un tipo tranquilo. Ambos empezarán a conocerse lentamente. Almas gemelas, se sorprenderán de compartir los mismos sueños. Con cautela, tratarán de convertir esos sueños en realidad.

Fue un Oso de Oro atípico en el Festival de Berlín pero esta fábula de dos inadaptados a través de sus sueños con un matadero como escenario ha logrado ser una de las propuestas más subyugantes que nos ha dejado el cine europeo este año poniendo en el mapa a la directora Ildikó Enyedi. Aunque la cinta tiene un arranque algo lento y sobrio, y que parecía hacer temer que estuviéramos ante una película de gafapastismo metafísico subido, la cinta se ve bien y con interés gracias al enredo y a la particularidad de la premisa, a pesar de algunas decisiones algo extremas (y vistas en pantalla algo grotescas) de los personajes que sirven para recalcar su frágil personalidad y su vacío e incapacidad mecánica en lo referente a las relaciones sociales. Un buen título tanto por sus buenas interpretaciones como por esa decisión de abrazar un subgénero como el del cine romántico, que siempre ha explorado el papel y la importancia del destino en estas decisiones, añadiéndole un barniz de cine de autor sobre la idea de las almas gemelas. Una cinta que se mueve entre el desasosiego de un Haneke o un Lanthimos pero que termina desmontando cualquier tópico del cine de autor dando un mensaje de esperanza al diferente abandonando cinismos y escepticismos. Mucho mérito que haya llegado hasta aquí calando sin que nos demos cuenta y con una sutilidad y un lirismo que conmueve sin aspavientos y con suma naturalidad.

“The square” (Suecia)

Este país cuenta con 15 nominaciones al Oscar y se llevó el premio con “El manantial de la doncella” en 1961, “Como en un espejo” en 1962 y “Fanny y Alexander” en 1984. Christian, mánager de un museo de arte contemporáneo, se encarga de una exhibición titulada “The square” en la que hay una instalación que fomenta valores humanos y altruistas. Cuando contrata a una agencia de relaciones públicas para difundir el evento, la publicidad produce malestar en el público.

Ruben Östlund tiene la misión de intentar llevar a su país el cuarto Oscar de su Historia, el que sería el primero por una película no dirigida por Ingmar Bergman. Lo puede hacer con una Palma de Oro tan rotunda como controvertida. El director ha pecado de ambicioso pretendiendo construir un drama de denuncia con toques de comedia surrealista grotesca sobre la banalidad de nuestro tiempo, el esnobismo de los que hacen negocio con el arte y la susceptibilidad que genera el mismo. Todo centrado en lo que le ocurre a un engreído director artístico de un museo de arte contemporáneo ante su nueva exposición que pretende fomentar valores humanos y altruistas; todo hasta que la campaña promocional se les va de las manos mientras el desorden general en la vida personal del protagonista también le acaba condicionando a través de situaciones cotidianas, casi como capítulos y segmentos que pretenden dar una uniformidad, que se le acaban escapando de las manos. Una película excesiva y compleja que pretende ser un tratado de filosofía de nuestro tiempo pero que se mueve en unos extremos tan grandes y con un humor tan poco orgánico dentro de lo que cuenta que acaba siendo una cinta que enerva (con escenas realmente molestas de ver como esa performance simiesca que casi acaba en tragedia) y cansa en sus dos horas y veinte más que fomentar la reflexión a través de sus múltiples capas. Una apuesta tan irregular como sólida en su mensaje abstracto sobre el concepto del arte y sobre las hipocresías de nuestra sociedad que la hace compleja para el público medio buscando la complicidad de un espectador apasionado del cine de autor y permanentemente cínico con el mundo y nuestro sistema de valores. No se puede negar el intento de hacer algo distinto y genuino pero ese extremismo, a pesar de sus reconocimientos previos, es lo que le aleja del Oscar en una categoría que suele premiar cintas más rotundas artística o temáticamente y, sobre todo, más cercanas al consenso de un votante más emocional que críptico.

El dictamen

Ganará: Una mujer fantástica (Chile)
Alternativa: Sin amor (Rusia)
Quiero que gane: Sin amor (Rusia)
Echo de menos: Foxtrot (Israel)

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Itr - 25.02.2018 a las 18:45

The Square es una obra maestra absoluta.

El Cuadrado - 28.02.2018 a las 01:58

¿Por qué a la mayoría de las películas le ponéis su título en español y a la de Camboya no?

Loli - 28.02.2018 a las 02:01

A falta de ver “El insulto”, mi preferida entre las otras cuatro es “Sin amor”. Y echo en falta “Se lo llevaron: Recuerdos de una niña de Camboya”.

Nicolas07 - 28.02.2018 a las 04:16

Que Daniela Vega esté como presentadora en los Oscar me hace pensar que “Una mujer fantástica” no va a ser la ganadora. Por tanto, que esté presentado una categoría en los Oscar (que me supongo va a ser la de mejor película de no habla inglesa) es un regalo por parte de la academia a film chileno, (aunque esto es sólo cavilaciones) además, por ser uno de los personajes que más cautivó a los críticos y los medios. Visto que esa sensación también se generó cuando Sofía Vergara presentaría la categoría de mejor película extranjera y se vio como una ventaja para la película colombiana “El abrazo de la serpiente”, (aunque el panorama en esta categoría no estaba tan abierto ese año como lo está ahora, ya que en su respectivo año “Son of Saul” era la favorita incontestable) sin embargo, espero equivocarme y que Chile se convierta en el segundo país latinoamericano en llevarse el Oscar en está categoría. Pero más allá de las cavilaciones considero que:

Ganará: Loveless (Rusia)
Podría ganar: Una Mujer Fantástica (Chile)
Debería ganar: Loveless (Rusia)
Debería estar nominada: Foxtrot (Israel)
Sorpresa a ganar: The Square (Suecia)

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