In Memoriam: Bruno Ganz, el magisterio de un actor magnético

In Memoriam: Bruno Ganz, el magisterio de un actor magnético

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Querido Teo:

Hay actores que nunca alcanzan la fama y otros que, a pesar de una larga trayectoria, son recordados especialmente por un papel. Es lo que le pasa a un Bruno Ganz que pasa a la inmortalidad con su fallecimiento a los 77 años víctima de un cáncer de colón. Con “El hundimiento” (2004) alcanzó la fama por su certero, megalómano, sombrío y decadente retrato de Adolf Hitler en las últimas horas del dictador recluido en su búnker mientras su acariciado imperio se desmoronaba. Ganz lograba humanizar a un demonio a través de los ataques de ira y tics nerviosos de un demente con el que el actor suizo fue nominado en los premios del cine europeo (EFA) y tuvo una visibilidad mayor que nunca en su carrera a pesar de curtirse previamente en el cine de autor con algunos de los mejores directores de su tiempo.

Hijo de un mecánico suizo y de una ama de casa italiana, antes de terminar el bachillerato ya tenía clara su vocación de actor que comenzó con su primera película en 1960, “El hombre del sombrero negro”. Muchos años de cine y teatro formando parte del elenco del Teatro Goethe en Bremen durante la década de los 60 y siendo miembro del grupo teatral del Berliner Schaubühne debutando en el Festival de Salzburgo en 1972 donde su presencia fue recurrente participando el pasado verano en los ensayos de un montaje de “La flauta mágica” que tuvo que abandonar por enfermedad. Trabajó con directores como Éric Rohmer, Mauro Bolognini, Francis Ford Coppola, Theo Angelopoulos, Rainer Kaufmann, Stephen Daldry y Volker Schlöndorff pero mención aparte merece Wim Wenders con el que rodó “El amigo americano” (1977) en una libre adaptación de la novela de Patricia Highsmith en la que Ganz interpreta a un humilde fabricante, enfermo terminal, que acaba introduciéndose en el mundo criminal con el fin de dar una mejor vida a su familia cuando él ya no esté, influido por la mala compañía casi mefistofélica del Tom Ripley de Dennis Hopper.

Con Wenders volvería a trabajar en “El cielo sobre Berlín” (1987), donde daba vida a un ángel que fascinado por el mundo terrenal quiere ser un humano normal. La cinta tendría secuela nuevamente con Ganz en “Tan lejos, tan cerca” (1993) pero ya habíamos visto también al actor brillar en pequeñas intervenciones en “Lumière” (1976) de Jeanne Moreau, como el biólogo experto en clonación de “Los niños de Brasil” (1978) de Franklin J. Schaffner y, sobre todo, como Jonathan Harker en “Nosferatu, vampiro de la noche” (1979) de Werner Herzog y el marinero perdido en Lisboa de “En la ciudad blanca” (1983) de Alain Tanner.

Participó en el cine español en “El río de oro” (1985) de Jaime Chavarri y por aquellos tiempos brillaba en el teatro germánico en “Prometeo”, “El misántropo” y “Fausto”, participando como narrador en obras sinfónicas y corales como “Il canto sospeso”, de Luigi Nono, y “Egmont”, de Beethoven, con la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por su buen amigo, el director de orquesta, Claudio Abbado, en 1991 desde el Schauspielhaus berlinés. También participaron juntos en el Festival de Lucerna de 2012 y el actor participó en el concierto homenaje a la memoria del director en 2014.

Además de “El hundimiento” podemos considerar “La eternidad y un día” (1997) uno de los mejores trabajos del actor, aquí también como un enfermo terminal, en un retrato lirista y hermoso sobre la vida que uno deja atrás a través de los recuerdos filosóficos y sentimientos de ese escritor griego que encuentra a un crío albanés al que ayuda a cruzar la frontera entre diatribas, oratorias y debates sobre el valor de las palabras.

Ganó el premio de la academia alemana por “La marquesa de O” de Éric Rohmer en 1976, el David di Donatello en Italia por “Panes y tulipanes” en 2000 y el premio honorífico de la Academia del Cine Europeo en los premios EFA de 2010. Con ya un estatus como actor marcado por la veteranía y el prestigio, e incluso carne de memes gracias a una de las escenas más recordadas de “El hundimiento” con un Hitler reprochando la ineptitud de los suyos, le vimos en “El mensajero del miedo” (2004), “El hombre sin edad” (2007), “RAF: Facción del ejército rojo” (2008), “The reader” (2008), “Sin identidad” (2011), “Tren de noche a Lisboa” (2013), “El consejero” (2013), “Remember” (2015), “Heidi” (2015), o como uno de los invitados, el más hippy y despreocupado, de ese choque de personajes con dilemas políticos y personales en “The party” (2017).

En su última época destacan dos protagonistas de altura como el Tiziano Terzani de “El fin es mi principio” (2010) y “En tiempos de luz menguante” (2017), centrándose en el 90º cumpleaños de un comunista exiliado durante el nazismo y que se adentra en el canto del cisne de este personaje pero también del movimiento que representa y que vive sus últimos coletazos en una Alemania marcada por la caída del muro. Un homenaje a un superviviente que asiste con hastío al peso de la tradición, a la celebración aparente y marcada por la progresía mientras el fantasma de las dos Alemanias y las heridas del régimen de Hitler siguen sin haber cicatrizado por familias rotas y todavía noqueadas y recelosas décadas después.

Su último trabajo estrenado en los cines españoles ha sido “La casa de Jack” de Lars Von Trier donde era Verge, una voz tanto narradora como de la conciencia de la mente de un asesino y que cobra vía corpórea en el descenso a los infiernos del protagonista. Deja algunos trabajos póstumos como la adaptación del éxito literario “El vendedor de tabaco” y “A hidden life” de Terrence Malick. Un actor exquisito que era todo clase, talento y verdad haciendo grande cualquier personaje y que fuera imposible quitar los ojos de la pantalla cuando Ganz demostraba todo su magisterio.

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Nacho Gonzalo

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Comentarios

Sandra - 19.02.2019 a las 23:43

De Niro y cia unos aficionados a su lado. Enorme.DEP.

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