Sesión de cine-cebolla: “El hijo de la novia”

Sesión de cine-cebolla: “El hijo de la novia”

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Querido primo Teo:

Cuando en la penúltima edición de los Oscar, “El secreto de sus ojos” se alzó con el premio a la mejor película de habla no inglesa, el hombrecillo que subió a recoger la estatuilla no era precisamente un desconocido en Hollywood. Juan José Campanella ya había optado el Oscar ocho años antes con “El hijo de la novia”, y el éxito de la película (que en España fue el gran sleeper de la temporada), hizo del argentino uno de los directores más solicitados de la televisión norteamericana (ha dirigido capítulos de “House” o “Numbers” entre otras). “El hijo de la novia” pasa por ser una de las mejores comedias románticas de la pasada década, un género claramente en declive y muy dado a los tópicos. Campanella ya había cultivado el género con “El mismo amor, la misma lluvia” y lo volvió a hacer posteriormente con la nostálgica “Luna de Avellaneda”, pero ninguna de las dos alcanzó la excelencia de la película que nos ocupa. Al contrario que en “El secreto de sus ojos”, en el que el humor aparece sólo de forma puntual (en escenas antológicas), “El hijo de la novia” es, por encima de todo, una comedia divertidísima. Aunque eso sí: salpicada ocasionalmente de unas escenas dramáticas de gran intensidad.

Ambas películas comparten un mismo protagonista: un fabuloso (y omnipresente) Ricardo Darín que interpreta a Rafael, un estresado propietario de un restaurante que no tiene tiempo (tampoco ganas) ni para visitar a su madre enferma de alzheimer. Su padre (un fantástico Héctor Alterio) le pide su ayuda para hacer realidad el sueño que siempre tuvo su madre (Norma Aleandro, de Oscar): casarse por la iglesia. Gracias a los preparativos de la boda y debido también a sus problemas de salud, Benjamín sufrirá una transformación digna de una película de Frank Capra: El hijo de la novia se replanteará su vida y acabará prestando mucha más atención a sus seres queridos.

En todas las escenas en las que hace acto de aparición Norma Aleandro, las emociones están a flor de piel. Pero el momento más intenso de la película es, sin duda, la boda. Una escena tan emotiva como divertida, que resume a la perfección el estilo de la película. El amigo actor de Rafael (impagable Eduardo Blanco) pone la nota de humor al encargarse de sustituir al cura que se niega a oficiar la ceremonia. La emoción nos llega a través del realista retrato del alzheimer de Aleandro y de los impresionantes ojos vidriosos de Alterio.

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Tu primo.
Janaji

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