“Burning”

“Burning”

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La web oficial.

El argumento: Cuando hace una entrega, Jongsu, un joven mensajero, se encuentra por casualidad con Haemi, una chica que vivía en su vecindario. La joven le pide que cuide a su gato durante un viaje a África. A su regreso, Haemi le presenta a Ben, un joven misterioso y con dinero que conoció allí. Un día, Ben revela a Jongsu un pasatiempo muy extraño…

Conviene ver: “Burning” de Lee Chang-dong es una adaptación de un relato corto del eterno candidato al Nobel Haruki Murakami (20 páginas transformadas en una película de dos horas y media) que reinventa su texto literario para sorprender al espectador y dejarlo atrapado en la butaca durante dos horas y media en lo que podría ser una apuesta más dentro de su género, a pesar de tocar varios, pero “Burning” es mucho más de lo que podría parecer. Lo que empieza como un tierno inicio romántico (con un reencuentro de dos jóvenes que no se veían desde niños siendo vecinos en esa época), sufriendo ella el desamor ya desde esa tierna edad al haber estado siempre prendada de él pero rechazada por éste, y se presenta al fin como la gran oportunidad de vivir para ella una gran historia de amor que le haga a ella sentir lo que siempre ha querido junto a la persona que siempre ha amado y para él de salir de su anodina y solitaria vida gris en la granja familiar, termina complicándose con la aparición de una tercera persona (Steven Yeun, que interpretó a Glenn en “The walking dead”), un vividor rico y enigmático que lleva a la película a los terrenos del cine negro y del thriller de desapariciones, además de ahondar en la injusticia social y la diferencia de clases, con crítica también al capitalismo furibundo y caprichoso que es capaz de todo por salir victorioso y lucir su estatus, con la carta ganadora bajo su manga, y que lleva a comparar a uno de los personajes con el mito de un Gatsby del que se crítica que hay muchos surcoreanos que entran en esa definición, jugando con la sugerencia, lo que se intuye, el mito del falso culpable y la venganza como última salida (tan injustificable como necesaria) para que emerja a la superficie el dolor profundo, uno que hiela la sangre, te revuelve el cuerpo hasta hacerte vomitar e impregna toda la segunda mitad del relato del pesar por todo lo que una vida puede cambiar cuando alguno de esos vértices que sustentan una relación entre dos personas se rompe bruscamente, y de manera inesperada, por la aparición de un tercero que trunca con su insatisfacción y perturbación la vida de los demás. La atmósfera que consigue el film, entre el clasicismo y la modernidad con una puesta en escena magistral, y una música que es sinuosa y acertada compañera de lo que se cuenta a lo largo de esos paisajes agrestes que el protagonista recorre bien corriendo o bien en su furgoneta siempre con la amenaza del fuego como algo que sobrevuela, convierten a la cinta en una de las sorpresas de esta edición dejando al espectador pegado a la butaca y absorto en la pantalla en una cinta que se cocina a fuego lento y de manera reposada pero sin llegar nunca a convertirse en plomiza, sino en mucho más adictiva e intensa de lo que su aureola autoral y oriental podría prometer. Un final demoledor, y que refleja la angustia vital y todo el drama que hasta el momento lleva de manera sobria el protagonista durante su búsqueda, ofreciendo un gran trabajo del actor Yo Ah-in, redondea una cinta impecable que eleva a su director Lee Chang-dong habiendo sido capaz de coger el referente pero expandiendo sus límites construyendo una propuesta sobresaliente y que demuestra que las víctimas no son sólo las que nos dejan, y quedan atrás en el camino, sino los que se quedan por el dolor y la pena que, de manera más o menos absorbida por los recuerdos de la memoria y del alma a lo largo del paso del tiempo, permanecerá como una losa durante el resto de la existencia. Además, la cinta tiene la inteligencia de no moverse en terrenos subrayados y de dejar preguntas abiertas tanto sobre el destino de los personajes como sobre las circunstancias que les ha promovido a actuar así, dejando libre al espectador para que asuma con inteligencia como recomponer las piezas en el camino para llegar tanto director como protagonista y espectador a la misma velada conclusión, lo que confirma el film del que estamos hablando habiendo sabido explotar al máximo todo lo necesario para construir una gran película y sin poder ponerle ninguna pega a esta cinta ambigua, turbia y rica en detalles y en capacidad de debate. ¿El capitalismo nos lleva a la amoralidad sin retorno? ¿Cómo canalizamos la ira de una frustración inherente a estos tiempos? ¿Es la inocencia ante el amor el punto más flaco ante la volatilidad de la misma y la enfermiza sociedad que nos rodea? ¿Está la venganza justificada? Y podríamos estar así un buen rato… Una cinta brillante para la reflexión y los sentidos y que supone un golpe maestro para un director que ya prometía en “Secret sunshine” (2007) y “Poesía” (2010).

Conviene saber: Adaptación de un relato de Haruki Murakami que compitió en el Festival de Cannes 2018 ganando el premio FIPRESCI y es la candidata de Corea del Sur para el Oscar 2019 a la mejor película de habla no inglesa.

La crítica le da un NUEVE

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