“La forma del agua”

“La forma del agua”

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La web oficial.

El argumento: Elisa es una joven muda que trabaja como conserje en un laboratorio en 1963, en plena Guerra Fría, donde se enamorará de un hombre anfibio que se encuentra ahí recluido.

Conviene ver: “La forma del agua” es un hito en la irregular carrera del mexicano Guillermo del Toro (aunque haya que reivindicar su reciente “La cumbre escarlata”) aunque su vuelta al universo de criaturas de anfibios y faunos hacía peligrar el interés por la cinta sobre todo si el director tendía a repetirse a sí mismo. Nada más lejos de la realidad. Del Toro ha construido quizás su película más redonda llevando a un paso más todos los terrenos que exploró en “El laberinto del fauno”; tanto los sobrenaturales como los emotivos. Estamos ante una fábula sentida y nostálgica con humor, romance y guerra fría. Una mezcla explosiva que bien podría desbarrar pero que debido a su impecable puesta en escena nos remite a un lugar inconcreto pero que, estando ambientado en los años de la Guerra Fría, tiene un aire atemporal que nos evoca tanto a un entorno victoriano como contemporáneo en la historia de esta conserje muda e inadaptada, que recuerda a la Amèlie Poulain de la película de Jeunet evocando también  a otras cintas como “La mujer y el monstruo”, “La bella y la bestia”, e incluso a películas musicales clásicas a las que rememora debido a la pasión de dos de sus personajes por las mismas como es el caso de “Las zapatillas rojas”. Una dirección exquisita que cuida los detalles al máximo y que, partiendo de la historia de una chica inadaptada, pasa por una fábula sencilla y bonita de ver que incluso se atreve a denunciar la precariedad del sistema laboral, un canto de amor y derecho a sentir de los oprimidos tanto por estatus social, raza o condición sexual, y meter una secundaria pero intrigante historia de espionaje en esos años de una USA en la que se veían comunistas hasta debajo de la alfombra. A ello contribuye un reparto en estado de gracia con una Sally Hawkins mayúscula que demuestra que no necesita de palabras para transmitir una gama de emociones que van del desvalimiento a la picardía y que sólo están al alcance de las más grandes incluso homenajeando a las actrices del cine mudo e incluso llegando al éxtasis en una nada convencional escena de sexo que podría parecer impensable en una película de este corte. Lo mismo se puede decir de Richard Jenkins y Octavia Spencer, principales aliados de la protagonista, y que están más brillantes de lo que en ellos ya de por sí es habitual siendo justos nominados al Oscar por estos trabajos. En el reparto también Michael Shannon, recordando mucho a su papel de “Boardwalk Empire”, y un Michael Stuhlbarg que siempre está ahí y que demuestra película a película lo buen actor que es. “La forma del agua” es la película perfecta para superar los prejuicios del género y una cinta tan deliciosa como perfecta en todas sus facetas en la que, a pesar del tono habitual que utiliza el director bordeando incluso lo excéntrico y lo gore, algo de lo que no es ajena esta cinta entroncando entroncando en esa parte con Terry Gilliam o Jean-Pierre Jeunet, se maneja en una armonía en la que todo encaja como la más perfecta de las sinfonías. Y es que hablando de música lo que ha hecho Alexandre Desplat otra vez es una de las joyas de su ya sobresaliente carrera.

Conviene saber: León de Oro a la mejor película en el Festival de Venecia 2017 y nominada a 13 premios Oscar 2018.

La crítica le da un OCHO

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