"Matthias & Maxime"

"Matthias & Maxime"

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La web oficial.

El argumento: Dos amigos de la infancia se besan como parte de la filmación de un cortometraje para la universidad. Tras el beso, ambos comienzan a preguntarse cuáles son sus auténticas preferencias sexuales, lo que pone en peligro la estabilidad de sus vínculos sociales.

Conviene ver: “Matthias & Maxime” llega al cine tras estrenarse durante el confinamiento desmontando los cánones de la distribución tradicional. Una historia de amistad y amores confusos nada excesiva en el que el característico estilo de Dolan vuelve a brillar de una manera más sutil que en otros trabajos sin necesidad de grandilocuencias y efectismos. Una sensible y tierna cinta que sigue demostrando el talento y sello del director a todos los niveles. El universo de las madres, los recursos musicales y un grupo de amigos vertebran la típica historia de desorientación treinteañera pero de una manera muy efectiva, tierna y con puntos muy emotivos que parte de dos amigos que, a raíz de la grabación de una película casera para un trabajo universitario de la hermana de uno de ellos en el que tienen que darse un beso, el cual no llega a verse en cámara, sienten desencadenar entre ellos el caldo de cultivo de la verdadera naturaleza de su relación, de sus sentimientos y del deseo que marca su verdadera condición. En realidad eso es lo de menos ya que lo que la cinta vertebra de manera notable es ese sentimiento de confusión generacional universal que lleva a un grupo de amigos a saber que tiene que haber un momento más pronto que tarde en el que sienten la cabeza y, más allá de la evasión de su camaradería y las borracheras, ver que hacen con sus trabajos, sus vidas personales y sus aspiraciones de futuro implicando echar raíces en el lugar que te vio nacer o tener que coger la mochila en busca de nuevos retos e historias con una Canadá muy lejos de lo turístico marcada por la diferencia de clases, traumas de la infancia, la ausencia de figuras paternas y el choque generacional representado en dos pullas al tótem del cine canadiense a las antípodas de Dolan, el veterano Denys Arcand.

Una película tan fresca en sus interacciones y motivaciones así como madura en los temas que pone sobre la mesa de manera natural y sin subrayados pivotando sobre la relación entre esos inseparables amigos que dan título a la película y que, a pesar de conocerse desde hace tiempo, todavía tienen que descubrir los recovecos de su verdadera relación así como a ellos mismos ahogados por la presión social. Una cinta impregnada de tristeza sobre el derecho a equivocarse, a intentarlo y amar como se siente frente a las coartaciones de una vida aceptada desde la perspectiva de los demás o, simplemente, cómoda que mina nuestra capacidad y (en ocasiones necesidad) de explorar lo que hay ahí fuera. Es verdad que “Matthias & Maxime” no es una cinta que vaya a revolucionar el cine, especialmente temáticamente con una historia que si no fuera por el desbordante, saturado y calculadamente caótico y característico estilo visual de Dolan recordaría mucho a las del cine “indie” USA, pero lo que cuenta y la angustia de los personajes frente a su vertiente hedonista termina calando gracias a su sensibilidad y complejidad a la hora de retratar los anhelos, vacíos y rémoras emocionales, y el reconfortante cariño que ese grupo de personas se tienen entre sí, así como la que les profesa él mismo como director y guionista y todo lo que pone en ellos siempre un Dolan con el alma a flor de piel.

Hay que alabar especialmente a un Dolan delante de la cámara que, acostumbrado a transmitir histerismo y resultar cargante como actor, y además de haber contado con un muy adecuado y talentoso reparto, aquí está especialmente comedido, sensible y entrañable transmitiendo los altibajos del personaje e incluso permitiéndose romper al espectador con una llamada telefónica que es todo un ejemplo de economía narrativa y precisa sensibilidad a la hora de querer reflejar una imagen de dignidad cuando uno está roto por dentro. Es el contrapunto a la contención de su compañero en la película, un sorprendente Gabriel D´Almeida Freitas que con su personaje ha discurrido por los cánones de lo que todo el mundo podía esperar de él como es ser un hombre casado y ostentar un muy buen trabajo en una multinacional privada frente a su amigo Max, afectado por un entorno difícil y poco acomodado que sigue sin encontrar su rumbo. Una cinta que sustenta la madurez de un director que tiene pulido su sello y que parece adentrarse en temas que pueden dar mucho juego en su futura filmografía.

Conviene saber: Ha sido la tercera participación de Xavier Dolan en el Festival de Cannes tras "Mommy" (2014) y "Sólo el fin del mundo" (2016).

La crítica le da un SIETE

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