Cine en serie: ¿Por qué hay que ver la segunda temporada de “Hannibal”?

Cine en serie: ¿Por qué hay que ver la segunda temporada de “Hannibal”?

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Querido Teo:

Aprovechando la época estival, no estaría demás ponernos al día, si no lo hemos hecho ya, con una de las propuestas seriéfilas más impactantes de los últimos años. La segunda temporada de “Hannibal” despelleja a los personajes, los somete a situaciones límite y maltrata, dejando al aire sus fortalezas y, sobre todo, debilidades. Su exquisita evolución, vinculada a sus reacciones, se asemeja a la sorpresa que nos llevamos cuando, dependiendo de la coyuntura, conocemos mejor a nuestros allegados; nos generan más suspicacias, se convierten en personas más ambiguas, menos estereotipadas y, en ocasiones, más extremistas. En definitiva, más interesantes.

13 episodios con escenas memorables por su crudeza, nunca mejor dicho, tanto desde el punto de vista técnico como argumental. Descubrimos, por ejemplo (SPOILERS!), el momento en el que Mason Verger se auto mutila para acabar con la cara hecha un cromo, tal y como aparece en la película de 2001, personaje interpretado entonces por Gary Oldman. Habíamos imaginado esa escena en nuestro inconsciente. Verla plasmada en pantalla nos agita como al cóctel de sensaciones que nos induce.

Giros de guión que te mantienen expectante, salivando a la espera de deglutir el siguiente episodio. Secundarios de lujo (mención especial para el histriónico Michael Pitt, el pseudo Kurt Cobain de "Last days" dando vida a Mason), triángulos amorosos de lo más escabroso, secuencias oníricas que podrían haber sido firmadas por un Lynch adorador del diablo y, cómo no, un dúo de maestros de cocina compuesto por un insuperable Mads Mikkelsen y un atormentado Hugh Dancy. Todo ello, aderezado con un clímax apoteósico en el episodio final.

Dicen que el hambre agudiza el ingenio y, en este caso, mantener la serie en la cuerda floja de la cancelación ha sido un acicate para que los responsables artísticos de la misma lleven al límite su experimentación lisérgica, pero sin dejar a nadie con apetito.

Afectuosamente.
El Kurgan

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