Conexión Oscar 2022: Una Academia confundida incapaz tanto de ilusionar a los fieles como de ganar nuevos adeptos

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Querido Teo:

Los fans de los Oscar no hacen más que hacerse cruces. El poco interés mediático que despiertan (una vez más) las películas nominadas de este año se enfrenta al ya arraigado pavor de una Academia que no puede permitirse seguir tocando fondo en términos de audiencia tras la debacle de 2021. Por si no era suficiente el querer abrirse desesperadamente a las redes sociales, y el elegir a un trío de presentadoras poco motivante, la última no ha sido otra (tras el amago y la posterior recogida de cable de 2018) que anunciar que hasta 8 categorías quedarán fuera de la transmisión oficial entregándose una hora antes de la ceremonia (mientras las cámaras estén pendientes de la alfombra roja) y ofreciéndose durante la gala un vídeo editado con el resumen de entrega de esos premios.

La Academia ha decidido que las categorías de música, montaje, diseño de producción, maquillaje y peluquería, sonido y las de cortometraje (ficción, animación y documental) son lo suficientemente poco atrayentes para que no se entreguen como siempre, privándonos de los grandes momentos que nos han brindado estos apartados con algunos de sus ganadores. Eso sí, la Academia no pretende ganar tiempo y hacer una gala más corta (que aún tendría una justificación) sino mantener su espectáculo de tres horas pero primando en él más momentos de comedia, números musicales, clips y tributo a las películas. En fin, demasiado envoltorio dejando en un segundo plano lo verdaderamente importante; los premios.

La Academia todavía no ha rectificado en su decisión (hace ya 12 años) de sacar de la ceremonia los Oscar honoríficos y, sea casualidad o no, desde entonces la decadencia de la ceremonia y su alarmante falta de personalidad no ha hecho más que crecer. Aunque algunos piensan que la Academia todavía puede dar marcha atrás en este globo sonda que, por lo general, está siendo muy criticado es verdad que no es más que el paso (parece que obligado) hacia un nuevo modelo (no necesariamente mejor) pero sí acorde a unos tiempos en los que prima el culto a las redes, la caza del “meme” y el hecho de que la llamada audiencia tradicional sea cada vez más reducida.

Es verdad que los Oscar daban visibilidad a unos nombres, más allá de los directores y actores, que son claves para el cine y que encontraban en ello algo más que una noche de gloria como es el hecho de reivindicarse. No hay que olvidar que los Emmy se quitan de encima todos los premios técnicos una semana antes de la ceremonia oficial con una gala dedicada a esos galardones y que los Tony también aprovechan las pausas publicitarias para cumplir el expediente con los apartados, en teoría, menos atractivos. ¿Seguirá esto marcando tendencia y serán los próximos los Goya (siempre a rebufo de premios como los Oscar y los César) los que también hagan se apunten a esto para evitar estar hasta bien entrada la madrugada dando premios?

Quizá se peque de tremendismos, exceso romanticismo o falta de pragmatismo pero si van desapareciendo esas tradiciones que han justificado tantas noches en vela y apasionamiento por la carrera de premios… ¿qué nos queda? Es verdad que hay compromisos corporativos y la presión de una cadena como la ABC es fuerte (no estando dispuesta a seguir teniendo una gran inversión sin retorno) pero todo esto lo que provoca es restar atractivo y que los Oscar más que ver engrandecida su imagen de marca se proyecten como una organización timorata vendida al mejor postor y en la que han optado por generar ruido en redes sociales (aunque sea para mal) que en verdad dar empaque a los elegidos e ir acrecentando la emoción del evento.

Por todo ello cuando hablamos de que la carrera al Oscar termina el día de las nominaciones nos referimos a esto. La emoción de saber quiénes serán los elegidos deriva en una larga agonía hacia una ceremonia que año tras año no hace más que decepcionar; sin capacidad para ganar adeptos pero tampoco para ilusionar a los fieles. De momento, al margen de quiénes terminen llevándose la estatuilla este año, parece que los Oscar están dispuestos a arrebatarnos poco a poco esos momentos que les hicieron grande en el imaginario colectivo (presentadores carismáticos, ganadores emocionados, clips antológicos o homenajeados inolvidables).

Todo ello para convertirse en un sucedáneo que cumple el expediente pero que no sólo no sabe adaptarse con dignidad a los nuevos tiempos sino que parece dispuesto a tirar por la borda su esencia y lo que les han convertido en ese emblema a la hora de hablar de premios tanto en una industria cada vez más asqueada como en una cultura popular que decididamente les da la espalda, siendo ya muy complicado por lo que parece recuperar el terreno perdido.

Como era lógico ya ha habido movimientos y algunos Gremios como el de Montadores muestran su descontento con la decisión en redes sociales dejando claro que "nuestro trabajo es ser invisibles pero no lo somos".

Nacho Gonzalo

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