“Mr. Jones”, abriendo los ojos al mundo desde el genocidio de Holodomor

“Mr. Jones”, abriendo los ojos al mundo desde el genocidio de Holodomor

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Querido Teo:

Tras pasar por el Festival de Berlín 2019 y por el D'A Film Festival de Barcelona 2020 los caprichos de la distribución debido a la pandemia provocaron que “Mr. Jones”, uno de los últimos trabajos de Agnieszka Holland, llegara directamente a las plataformas. Una sobria e interesante película sobre la figura de Gareth Jones, periodista galés que reveló al mundo la hambruna soviética en la época de Stalin, incluyendo el drama de Holodomor, el genocidio fruto del abandono de las frías estepas en la que morían familias de campesinos por inanición.

Su conocimiento de los idiomas permitió que Jones abriera horizontes más allá de su Barry natal donde nació el 13 de Agosto de 1905. Su padre era director de escuela y su madre había trabajado en Rusia como tutora de los hijos de Arthur Hughes, hijo del industrial de acero galés John Hughes, quien fundó la ciudad de Hughesovka, hoy en día Donetsk, en Ucrania.

Sus profesores dijeron de él que era un brillante lingüista destacando en idiomas como el francés, el alemán y el ruso. Fue secretario personal de David Lloyd George, primer ministro británico de 1916 a 1922, pero después se encaminó hacia el periodismo como reportero del Western Mail en Cardiff. La casualidad hizo que se encontrara en Alemania cuando Adolf Hitler fue nombrado canciller mientras viajaba a bordo del Richthofen, el avión más poderoso de Alemania que llevó a Hitler y a Goebbels a Frankfurt donde éste fue aclamado por las masas en Febrero de 1933. Conocedor de la situación geopolítica, Jones tenía claro que ese viaje era un punto de inflexión en la Historia y el caldo de cultivo de lo que sería la II Guerra Mundial, algo de lo que muchos compañeros se burlaron con descreimiento.

La cinta se centra en cómo el espíritu inquieto de Jones, ante el chivatazo de un amigo, le hace viajar a la Unión Soviética en Marzo de 1933 para que se adentre en lo que hay detrás del régimen de Stalin, en ese momento el líder máximo que vende al exterior su dictadura como un régimen de paz, prosperidad, pan y trigo fruto del éxito de la revolución bolchevique que terminaba con la época zarista pretendiendo con ello darle el poder al pueblo. La verdad es que Stalin ocupó la posición de Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1922 hasta que el cargo fue formalmente suprimido en 1952, poco antes de su muerte, aunando a su alrededor cada vez más poder y menos disidencia interna.

Gareth Jones llegó a la Unión Soviética en una atmósfera de aparente calma que se corta con un cuchillo y en la que todo el mundo se siente vigilado y con miedo a hablar. Desde ahí se las ingeniará para saltar a Ucrania, a pesar de no estar autorizado para ello, descubriendo de primera mano esas vastas tierras cubiertas de nieve y llenas de miseria con cadáveres agolpándose y niños que subsistían robando, cocinando la carne de sus familiares fallecidos o tomando corteza de árbol congelada.

En 1928 Stalin había reemplazado la Nueva Política Económica de la década de 1920 por una economía planificada muy centralizada y con planes quinquenales que iniciaron un período de rápida industrialización y de colectivización económica en el campo. Como resultado, la Unión Soviética pasó de ser una sociedad mayoritariamente agraria a una gran potencia industrial, siendo ésta la base de su aparición como segunda mayor economía del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

En consecuencia de los rápidos cambios económicos, sociales y políticos de la época estalinista, millones de personas fueron enviadas a campos de trabajo del Gulag como castigo, y millones fueron deportados y exiliados a zonas remotas de la Unión Soviética. La agitación inicial en el sector agrícola interrumpió la producción de alimentos en la década de 1930 y contribuyó a la catastrófica hambruna soviética de 1932-1933.

La Unión Soviética se nos presenta a primeros de los 30 como un país en permanente contraste, dándole la espalda al mundo y centrándose en una suficiencia moral y política que tanto le ha condenado a lo largo de la Historia. Si por un lado la capital está llena de opulencia propia de “nuevos ricos” con una moral diurna y una vida disoluta de noche con fiestas clandestinas en pisos en las que cualquier episodio de libertinaje está permitido, el resto del país muere de hambre abandonados a su suerte y sin que se permita que haya testigos que puedan contarlo al mundo.

Incluso la profesión de periodista no era más que “la voz de su amo”, ateniéndose sino a las consecuencias, lo que llevó al colaboracionismo de muchos como el premio Pulitzer Walter Duranty, corresponsal de The New York Times, que no sólo ocultó estos hechos conocidos sino que desacreditó en los papeles las informaciones de Jones con el fin de no perder su acomodado estatus de lujo y desenfreno tirando de eufemismos como que la gente no moría de hambre sino de “mortalidad generalizada por enfermedades debidas a la desnutrición”.

Gareth Jones encontró en el regreso a su país la posibilidad de contar los hechos, a pesar de ser chantajeado, ante el apoyo de William Randolph Hearst que le dio cabida en sus medios y de intelectuales como George Orwell, que encontró en lo visto por Gareth Jones una analogía para basar en ello su obra “Rebelión en la granja” en 1945, una de las mejores obras sobre lo que es capaz la condición humana y que era una nada oculta crítica al régimen de Stalin que se aprovechó de la confianza de su pueblo tras la Revolución Rusa creando su propio grupo de animales, tras expulsar a los humanos tiranos en referencia al zarismo, pero creando una tiranía brutal y sin concesiones.

“Mr. Jones” es una película académica y sobria, bien narrada y con empaque para sacar partido de sus momentos álgidos sin necesidad de aspavientos. Lo que comienza como un thriller de espionaje contra el sistema se eleva cuando Gareth Jones descubre la realidad de la hambruna en Ucrania y siente la presión del sistema por no desvelar al mundo la verdad que esconde un régimen que saca pecho frente al exterior. La Unión Soviética, y la posterior Rusia, siempre a lo largo de la Historia dando ejemplos de oscurantismo y de falsa bonanza hacia el exterior prefiriendo mantener la imagen de poderío aunque fuera a costa de los suyos, como se vio posteriormente en tragedias ya retratadas en el cine y la televisión como la de Chernobyl de 1986 o la del submarino Kursk en 2000.

Agnieszka Holland ha vuelto con tino en una propuesta quizás más convencional de las que nos tiene acostumbrados pero con una solidez propia de los maestros reivindicando el papel de la memoria histórica y de esos héroes anónimos que con sus avances ayudan a que se caiga las vendas de los ojos del mundo frente a las tiranías de los que pervierten su poder. James Norton, Vanessa Kirby y Peter Sarsgaard protagonizan una recomendable cinta que ha llegado directamente a Movistar+ sin pasar por salas.

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Nacho Gonzalo

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