Conexión Oscar 2018: “El hilo invisible”, el nuevo intento de Paul Thomas Anderson

Conexión Oscar 2018: “El hilo invisible”, el nuevo intento de Paul Thomas Anderson

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Querido primo Teo:

“El hilo invisible”, la reunión entre el director Paul Thomas Anderson y el actor Daniel Day-Lewis es uno de los grandes misterios de esta temporada y es que, a pesar de que para la mayoría de los críticos es uno de los títulos de este año, la suerte que le puede deparar esta carrera no está tan clara. El talento de Paul Thomas Anderson es incuestionable, es con todo derecho uno de los mejores cineastas que han aparecido en las últimas dos décadas, pero desgraciadamente casi nunca ha sido mirado como un rival de peso en los Oscar.

Tenía 27 años cuando se dio a conocer al gran público con “Boogie nights”, su inmersión en la industria del porno de la década de los 70, pero la crítica ya conocía el talento de Paul Thomas Anderson. Un año antes, en 1996, estrenó su ópera prima “Sydney” en Una cierta mirada del Festival de Cannes tomando como germen su cortometraje “Cigarettes & coffee”. El referente de “Boogie nights” también estaba en otra obra anterior del director, el corto “The Dirk Diggler story”. Contó con el respaldo de New Line que le dio la libertad de hacer la película que él realmente quería. Harvey Weinstein no se pudo perdonar por el hecho de que Miramax rechazase el guión e intentó tener su propio “Boogie nights” con “54” de Mark Christopher cuyo proceso de producción fue un auténtico infierno del que su director jamás pudo recuperarse.

“Boogie nights” fue uno de los títulos más aclamados de 1997 y Paul Thomas Anderson venía a ser el cruce perfecto entre Martin Scorsese y Robert Altman, no sólo destacaba como un virtuoso cineasta, con un excelente gusto para la puesta en escena, sino que también como guionista y director de actores. Tan sólo logró 3 candidaturas al Oscar en los apartados de mejor guión original y para las interpretaciones de Julianne Moore y Burt Reynolds (que fue capaz de odiar la película y también de pegar al director tras una rueda de prensa porque le robaba protagonismo). Pero se echaron de menos las de mejor dirección y película y no dejo de preguntarme si habría entrado en la última si se hubiera estrenado hace dos años cuando ya se ha abierto el número de seleccionadas.

Dos años después se pudo comprobar que lo de “Boogie nights” no fue fruto de la casualidad con “Magnolia” en donde presentaba a una serie de personajes a la deriva emocional que pedían ayuda a gritos. Fue curioso leer que esa era la mejor película que Robert Altman había rodado jamás y es que la sombra del director de “Vidas cruzadas” estaba muy presente en el film. Nuevamente consiguió la candidatura de mejor guión original y volvió a quedarse fuera de los apartados de mejor dirección y película en un año en el que se consagró a “American beauty” de Sam Mendes, otra historia de seres en pleno naufragio. “Magnolia” se vio recompensada con otras dos nominaciones en los apartados de mejor canción para Aimée Mann y mejor actor de reparto para un Tom Cruise superlativo en un papel con el que no dejaba de tener conexiones personales.

Su siguiente título, “Embriagado de amor”, supuso un giro en su carrera. Primero porque se trataba de una inclasificable comedia romántica claramente influenciada por el cine de Jacques Tati protagonizada por un hombre completamente anulado e incapacitado para relacionarse con los demás. Y segundo porque se atrevió a darle el papel principal a Adam Sandler que, a inicios del siglo XXI, era el rey de la comedia que arrastraba éxitos como “El cantante de bodas” y “Un papá genial” y su filmografía aún no era considerada un estercolero. Paul Thomas Anderson se llevó el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 2002 pero, aunque fue muy bien valorado por la mayoría de los críticos, no generó ese consenso que le permitiese estar en los Oscar.

Si con “Embriagado de amor” dio un cambio, con “Pozos de ambición” fue muchísimo más allá a nivel cinematográfico. Y si antes tenía a Martin Scorsese, Robert Altman o a Jacques Tati como referentes ahora su principal influencia la encontraba en la obra de Stanley Kubrick. La leyenda cuenta que Paul Thomas Anderson dejó de “querer ser Robert Altman” cuando dirigió de manera extraoficial “El último show” que supuso el testamento cinematográfico del responsable de “Nashville” en el 2006. El film estaba protagonizado por Daniel Day-Lewis y se ambientaba en plena explosión petrolera en el sur de California entre finales del siglo XIX y principios del XX. El director hizo una animalada que fascinó a algunos espectadores e irritó a otros. La crítica se rindió ante esta obra que logró 8 nominaciones al Oscar incluidas las de mejor película, dirección, guión adaptado y actor principal. La Miramax post Weinstein tiró la casa por la ventana y se gastó 27 millones de dólares en su campaña para los Oscar, especialmente para el de Day-Lewis y eso que era el indiscutible favorito. Además del premio al mejor actor logró el galardón a la mejor fotografía para Robert Elswit.

Logró sacar “The master” gracias a la ayuda de Megan Ellison a través de Annapurna Pictures. El director pudo haber rodado el film en el año 2010 pero, un mes antes de decir “¡acción!”, Universal, que había acordado financiar y distribuir el proyecto, decidió apearse. Y es que era arriesgado sacar adelante una obra inspirada en la génesis de la Iglesia de la Cienciología. La película distribuida por The Weinstein Co. se convirtió en la sensación del Festival de Venecia del 2012, alzándose con los premios a la mejor dirección y a la mejor interpretación masculina para Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman. Tras el éxito en el lido  Anderson pensó que Harvey Weinstein le iba a hacer la campaña para meterse de cabeza en la lucha de premios, pero no fue así, el magnate decidió centrarse en “El lado bueno de las cosas” de David O.Russell (ganadora en Toronto) y apenas promovió a “The master”. A pesar de eso la cinta logró estar en los galardones de la crítica y finalmente se hizo con las candidaturas en los apartados interpretativos para Phoenix, Hoffman y Amy Adams.

Volvió a salirse de su zona de confort con “Puro vicio”, la adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Pynchon y el resultado final fue como un cruce entre “Retorno al pasado” de Jacques Tourneur y las clásicas “spoof movies” hechas por Mel Brooks y Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, de hecho una de las referencias de Anderson fue “Top secret”. De nuevo contó con Joaquin Phoenix  y con el respaldo de Megan Ellison. Pero tanto ácido no sentó del todo bien a la crítica, para algunos fue la genialidad de un director en un estado libérrimo y para otros un ejercicio de estilo realmente insoportable. Obtuvo solamente 2 candidaturas al Oscar en los apartados de mejor guión adaptado y vestuario.

Con “El hilo invisible” vuelve a situarse bajo el radar de los premios. Su nueva colaboración con Daniel Day-Lewis se centra en el mundo de la moda y en la relación que se establece entre un afamado diseñador con una vida cuadriculada y una joven camarera que se convierte en el centro de sus obsesiones.

“El hilo invisible” está siendo reconocida por los premios de la crítica, principalmente su guión y su banda sonora, y es sorprendente que Daniel Day-Lewis haya pasado tan de puntillas por las Asociaciones de Críticos importantes (Boston, Los Ángeles y Nueva York) y sí haya sido destacado por algunas de las que son menos mediáticas, y fue la elegida como la mejor película del año por la influyente Sociedad de Críticos de Boston. Pero a pesar de que las críticas estén siendo sobresalientes puede que su carencia de un marcado factor emocional termine pasándole factura a la hora de recibir el veredicto académico como así se está apreciando en los premios importantes previos a las nominaciones al Oscar.

Mary Carmen Rodríguez

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