In Memoriam: Lauren Bacall, la mirada y voz más penetrante del cine negro

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Querido Teo:

A los 89 años nos deja la gran mirada y presencia del cine negro. Una femme fatale de bandera de voz poderosa y figura potente. Lauren Bacall debutó en el cine en 1944, tras demostrar su carisma como modelo desde los 18 años en una portada de Harper´s Bazaar, de la mano de Howard Hawks y con el que se convertiría en su marido, Humphrey Bogart, en “Tener y no tener”. La bestial química que los dos destilaban seguiría en “El sueño eterno” (1946) de Howard Hawks, “La senda tenebrosa” (1947) de Delmer Daves y “Cayo Largo” (1948) de John Huston, pero ya en 1945 llenaban los papeles de Hollywood casándose como uno de los matrimonios y parejas más populares de la Historia del cine a pesar de los 25 años de diferencia que les separaba teniendo dos hijos en común. Mujer decidida, con un caustico sentido del humor, inconformista y con carácter, siempre fue una rara avis en una industria deseosa de tener actrices a las que etiquetar y moldear, lo que quizás afectó a buena parte de su carrera. Lauren siempre fue ella misma y sólo un derrame cerebral en su casa ha puesto fin a una larga vida de clase y gran personalidad en la que pronto fue más respetada como icono de una época y un género que como actriz propiamente dicha.

Durante la relación de la icónica pareja encontramos grandes momentos, no sólo en sus películas, sino también cuando encabezaron las marchas de la gente de Hollywood en protesta por “la caza de brujas” del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy (algo de lo que Bogart se arrepintió con el tiempo), o cuando Bacall confesó que Bogart y John Huston eran los únicos en no caer enfermos durante el rodaje de “La reina de África” debido a que pasaban del agua y se daban al whisky.

La imagen de Bacall cayó por los suelos en Hollywood durante los años de enfermedad y muerte de Bogart cuando ésta, en vez de cuidarle, era vista en multitud de fiestas y actos públicos manteniendo romances con nombres como Frank Sinatra. Bogart falleció en 1957, pero Bacall había seguido rodando películas como “El trompetista” (1950) y “El rey del tabaco” (1950), ambas de Michael Curtiz, “Cómo casarse con un millonario” (1953) y “El mundo es de las mujeres” (1954), ambas de Jean Negulesco, “La tela de araña” (1955) de Vincente Minnelli, “Escrito sobre el viento” (1956) de Douglas Sirk, “Mi desconfiada esposa” (1957) de Vincente Minnelli, o “Sombra enamorada” (1958) de Jean Negulesco. Unos títulos en los que tocó el drama intenso, el melodrama romántico y la comedia de enredo. Siempre aportando un físico y una presencia nada convencional, pero deslumbrante ante la cámara. Ninguno de sus partenaires (Kirk Douglas, Gary Cooper, William Powell, Van Heflin, Richard Widmark, Rock Hudson o Gregory Peck) llegó a la altura del icónico Bogart, pero Bacall se casó en segundas nupcias con Jason Robards en 1961 teniendo a su tercer hijo y divorciándose de él en 1969 debido a los problemas del actor con el alcohol provocando el desengaño general de Bacall con los hombres.

De carrera intermitente a partir de los 60, la Bacall ha ido fluctuando en papeles que explotaban su rostro pétreo y enigmático, y tirando de un nombre que desde su juventud se convirtió en leyenda, en “Tratamiento de shock” (1964) de Denis Sanders, “La pícara soltera” (1964) de Richard Quine junto a Tony Curtis, Natalie Wood y Henry Fonda, “Harper, investigador privado” (1966) de Jack Smight, enfrente de Paul Newman, la coral “Asesinato en el Orient Express” (1974) de Sidney Lumet, “El último pistolero” (1976) de Don Siegel, en el último trabajo de John Wayne que le valió una nominación al Bafta como mejor actriz, “Cita con la muerte” (1988) de Michael Winner, otra vez en el universo de Agatha Christie, “Misery” (1990) de Rob Reiner, como la editora del personaje de James Caan, o “Pret-a-porter” (1994) de Robert Altman. También pasó por la televisión en numerosos telefilms logrando 3 nominaciones al Emmy (en 1973 por “Applause”, en 1980 por “Los casos de Rockford” y en 1988 por un especial centrado en su figura y en la de Bogart) y ganó 2 premios Tony por su labor teatral en “Applause” en 1970 y “La mujer del año” en 1981.

Bacall tuvo la espina de que nunca fuera candidata al Oscar en sus años dorados y se preparaba para el homenaje de Hollywood cuando fue nominada a la estatuilla de mejor actriz de reparto por la comedia de Barbra Streisand “El amor tiene dos caras”, donde interpretaba a su madre posesiva y deslenguada con aires de diva. Un papel como anillo al dedo para rendirse a la leyenda. Lo parecía tener hecho, habiendo ganado ya el Globo de Oro y el Gremio de Actores, pero por ese giro de los acontecimientos, que demuestran que los Oscar no se casan con nadie, en el sobre ganador el nombre que aparecía era el de Juliette Binoche por “El paciente inglés”. La mirada de tigresa cabreada que Bacall dedicó a la usurpadora francesita es uno de esos grandes momentos imprevistos y sorprendentes que nos encantan de los Oscar. Desde luego no era mujer de disimulos. La Academia, en parte, subsanó la afrenta brindándole el Oscar honorífico en 2010.

Siguió trabajando como secundaria ilustre y de lujo en “Mis queridos compatriotas” (1996) de Peter Segal, “El celo” (1999) de Antony Aloy, en la adaptación de Henry James, “Dogville” (2003) de Lars Von Trier, “Reencarnación” (2004) de Jonathan Glazer, y de nuevo con Nicole Kidman, “Manderlay” (2005) de Lars Von Trier y “The walker” (2007) de Paul Shrader. Su característica voz sirvió para que participara en cintas animadas de prestigio internacional que llegaban a Hollywood como la nipona “El castillo ambulante” (2004)  y la francesa “Ernest & Célestine” (2012). Precisamente su último trabajo en este campo fue este mismo año en un capítulo de “Padre de familia”. En 1992 recibió el premio Donostia, en 1993 el Cecil B. DeMille de los Globos de Oro y también recibió el homenaje de los César en 1996 y del Festival de Berlín en 1997.

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Nacho Gonzalo

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Comentarios

David - 13.08.2014 a las 20:51

Nuevamente enhorabuena por un artículo tan interesante redactado al calor de la actualidad. Espero que no tengas que escribir nada del estilo por el mismo motivo en una buena temporada.

En este caso no renuncio a nada de su filmografía. Me reconozco gran admirador suyo, tanto como intérprete, como persona. Y bueno, admito que tambien como mujer. A mi la secuencia del “puedes silbar, junta así los labios y sopla”, me parece de lo más sugerente de la historia del cine.

Nacho Gonzalo - 13.08.2014 a las 22:30

Gracias David por tus palabras y ojalá no tengamos que escribir por un tiempo artículos así. No es agradable despedirse de tanta estrella y además tan de seguido. Un abrazo.

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