Sesión de cine-cebolla: “E.T., el extraterrestre”

Sesión de cine-cebolla: “E.T., el extraterrestre”

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Querido primo Teo:

Los 80 están de moda. En los últimos años han proliferado los remakes de varias películas de culto de la década: “Noche de miedo”, “Conan”, “Footloose”, “Karate Kid”… Pero si hay una película que ha colaborado al revival del cine de los 80 ésa es “Super 8”, un homenaje nada disimulado a las películas que Steven Spielberg dirigió y produjo durante esa década (“Los Goonies”, “El secreto de la pirámide”, “Gremlins”…) y entre todos esos títulos encontramos uno que puede considerarse la madre de todas ellas y que es la película que nos ocupa: “E.T., el extraterrestre” (1982).

No hace falta decir que el film fue un tremendo éxito desde su estreno. Spielberg no podía fallar, ya que cinco años antes ya había demostrado su maestría para la ciencia-ficción con “Encuentros en la tercera fase”. Pero en esta ocasión, profundizó en el drama, a través de la humanización el alien. El secreto del éxito de la película reside precisamente en la veracidad que transmite E.T. y en la estrecha relación que se establece entre éste y el niño que le acoge en su casa: Elliot. Con esta película, Spielberg dio una primera muestra de lo que más tarde confirmaría a lo largo de su carrera: además de ser un maestro de la ciencia-ficción, también lo es en el noble arte de la lágrima. E.T. marcó a toda una generación (incluyendo a J.J. Abrams) y se convirtió en todo un clásico del cine.

Aunque hay otros momentos de enorme fuerza dramática, como son aquellas escenas que muestran la enfermedad, muerte y resurrección del extraterrestre, la escena que destaca por encima del resto es el final. Una escena muy recordada y que nunca puede faltar en ninguna lista que recoja los momentos más lacrimógenos de la historia del séptimo arte. Sin duda, estamos ante una de las mejores despedidas que se han visto en la gran pantalla (sólo “Casablanca” le hace la competencia). Elliot avanza hacia el alien y cuando está frente a él, es incapaz de articular palabra. E.T. tampoco es el personaje ideal para soltar un discurso. Únicamente pronuncia una frase que con el tiempo se ha demostrado que tenía mucho de profética: “Estaré aquí mismo” decía el extraterrestre señalando la cabeza de Elliot. Tenía razón, porque allí se quedó para siempre: en la mente de todos los espectadores.

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Tu primo.
Janaji

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Comentarios

Xan - 20.09.2011 a las 19:46

¡Secundo el artículo!

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