Cannes 2022: La arrebatadora historia de amor detectivesca de Park Chan-wook y la erótica de la carne según David Cronenberg

Cannes 2022: La arrebatadora historia de amor detectivesca de Park Chan-wook y la erótica de la carne según David Cronenberg

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Querido Teo:

Cannes ha juntado en su 7ª jornada dos de los platos fuerte de la edición. Había mucha expectación para ver lo nuevo de Park Chan-wook tras su hiato de seis años presentando también en este certamen la estilizada pero plomiza “La doncella” (2016). "Decision to leave" se posiciona ya como una de las favoritas a la Palma de Oro lo que supondría la consagración para un director que parece tener esa deuda pendiente desde “Old boy” (2014) con la que ganó el Gran Premio del Jurado en un año en el que la febril situación política dio el máximo galardón a "Fahrenheit 9/11" de Michael Moore. Además la expectación y la polémica (como se esperaba) ha estado servida con “Crimes of the future” de David Cronenberg.

En una edición poco dada a las grandilocuencias festivaleras (otros años a estas alturas ya había seis o siete obras maestras), y despertando más interés algunas de las cintas que se han visto fuera de competición, “Decision to leave” ha vuelto a confirmar porque Cannes es la lanzadera para algunos de los mejores titulares de la temporada. Ya había mucha expectación para conocer lo nuevo del director surcoreano, precisamente en un momento de auge del cine de aquel país, pero la cinta parece haber estado a la altura siendo para muchos esta cinta lo que supuso para Wong Kar Wai “Deseando amar” (2000). Quizá ello sean palabras mayores pero crear, por lo que parece, la película más romántica, sutil y elegante dentro del cine de detectives tiene su mérito.

Un crimen por amor y la habilidad para que el público se deleite con infinidad de recursos visuales, con unos interrogatorios planteados como momentos de acercamiento y conexión romántica en la que la atracción se palpa, logrando no ser manidos ni recargados sino con un valor añadido intrínseco a la historia, suponen la baza de una cinta que parte de un veterano detective que investiga junto a su ayudante la muerte de un hombre en la cima de una montaña en extrañas circunstancias. ¿Suicidio, accidente o asesinato? Las sospechas que despiertan en él la mujer del difunto, una inmigrante china que se casó con él por interés, le introducirán en una estela de fascinación y atractivo poniéndose frente a frente personas que hayan liberación en su encuentro y que, si bien el film entronca con el cine negro más puro, no se deja de estar ante una historia de amor intensa, hermosa y elegante sin que su aire al cine de Hitchcock haga que los árboles dejen de ver el bosque de lo que es una cinta que ha cautivado en lo emocional tanto por la finura de su narración como su orfebrería visual.

“Decision to leave” es calificada como prodigio gracias a la comunión de dirección, fotografía y montaje que llevan a que las imágenes vayan fluyendo con precisión de artesano de manera delicada y preciosista, jugando con reflejos, escenas paralelas o planos que se superponen a pesar de estar en escenarios diferentes, aspecto que dota de dimensión a una historia llena de vericuetos que se mueve entre el misterio y la pasión con naturalidad y sabiendo encajar todas las piezas que se ponen sobre el tapete, a pesar de lo enrevesado de una trama con pistas falsas y medias verdades que amenaza con la dispersión, casando la narración con un diseño artístico que podría haber quedado en mera floritura si, en verdad, no dejara ese poso en los asistentes que, en su mayoría, han salido arrebatados por la propuesta. Una de esas cintas que parecen concebidas para ser saboreadas y sentidas en más de un visionado por sus apabullantes ideas visuales, infinitas lecturas y permeables capas.

Park Chan-wook se ha pretendido lucir con una cinta con la que puede evidenciar todo su magisterio depurado y su habilidad para innovar dentro de una rica sugerencia estilística sostenido en el apartado técnico, apoyándose en los recursos atmosféricos dotados por la montaña primero y el mar después, y en las interpretaciones, tanto Park Hae-il como especialmente la de Tang Wei, transmitiendo mucho con una mujer compleja abierta a sentir pero también tan maltratada y herida como despechada y temerosa, que se encarama a las apuestas de mejor actriz, dándolo todo lo que lleva a que en las recepciones de la cinta se hablen de infinitas referencias que hablan de como ha concebido el proyecto el director pasando por el cine negro de los 40, rindiendo tributo a Hitchcock o Chabrol e, incluso, acercándose a las más recientes e icónicas “Arma letal” (1987) e “Instinto básico” (1992).

Eso lleva a que, aunque se admita lo bien dirigida que está, nadie se atreva a encumbrarla como “obra maestra”, término que afortunadamente este año no está siendo tan sobado hasta la extenuación. Y es que hay críticos que reconocen los alardes del director pero también que este sutil drama romántico sobre la pérdida puede ser igual de disfrutable y valioso sin necesidad de coronarla en la cúspide de su filmografía. Una película más sobria y con algo más de humor que otras de sus obras pero que, sobre todo, destaca por su envoltura y por su aire tan fatalista y romántico propio de la tragedia clásica.

"Crimes of the future" nació para dividir y así la ha concebido un David Cronenberg que tenía claro que su cinta, repitiendo el título de su película de 1970 provocaría deserciones. Difícil que, después del referente tan cercano de "Titane", el Festival vuelva a escorarse hacia un tipo de cine ajeno de los grandes premios principalmente por su dificultad para conseguir el consenso. Y eso sabiendo que no se puede recibir con más ganas a uno de esos habituales de Cannes que también sigue sin Palma de Oro y que ahora vuelve a un universo característico explorado en "Videodrome" (1983), "Inseparables" (1988), "Crash" (1996) o "eXistenZ" (1999) enarbolando el grito de que la cirugía es el nuevo sexo.

No parece que su viaje por un cuerpo humano en plena mutación en el que el erotismo nace de la metamorfosis de los órganos le haga conseguir grandes réditos más allá de ser una apuesta caótica, perversa y singular para muy cafeteros. Un recorrido sobre el placer, el dolor, el arte y el sexo a través de la cirugía como peaje de un mundo en eterno cambio que parece haber aburrido más que escandalizado quedándose, al menos, con la presencia en la alfombra roja, además del propio director, del reparto encabezado por Viggo Mortensen, Léa Seydoux y Kristen Stewart. Una película más desconcertante y reflexiva que provocadora y enfermiza sobre el poder y el culto a la imagen por parte de un ser humano en eterno cambio que se excita con las variaciones de su propio cuerpo siendo acusada también de generar una serie de ideas creativas e intrigantes finalmente desperdiciadas pretendiendo fomentar más el diálogo sobre la premisa que el morbo facilón.

Más allá de la cinta también hay opiniones sobre el hecho de que ésta es una buena cumbre para la carrera de un realizador que deja patente aquí sus perversiones y su disección del cuerpo, obsesionado por él desde la faceta física y carnal hasta la introspectiva y referencial. Los actores no salen especialmente bien parados, ni Viggo Mortensen dándoselas de Batman ni Léa Seydoux y Kristen Stewart (en un papel más breve que el que esperaban sus fans) que son definidas más como musas que como intérpretes al dotar más a la cinta de presencia que de carga actoral en una cinta en la que el director vuelve sobre sus pasos con el poso que da la experiencia y la edad despojándose de cualquier filtro, aquí más discursivo que visual.

Un ejercicio que tiene todas las filias y fobias del director, así como su sello característico, en la que se ve desde gente comiendo plástico, lamiendo cicatrices, cosiendo heridas o realizando la autopsia a un niño confluyendo la excitación de la observación y la experimentación pero que tampoco ofrece nada especialmente llamativo para destacar, y que no haya contado ya, sobre ya una vasta filmografía a la que no incorporaba un nuevo título sobre su disección de la fama de "Maps to the stars" (2014) y que ahora combina su obsesión por el cuerpo con la de un mundo que necesita reafirmarse a través de la aceptación virtual en forma de "selfies", "clicks" o "views" y que confirma que la imagen y la apariencia lo siguen siendo todo desde un punto de vista identitario como carnal en el que, sobre todo, hay miedo a quedar caduco, ya no interesar y ver como las fuerzas y el aspecto van degradándose con la edad, elemento que introduce un Cronenberg de 79 años.

Un Cronenberg para fans irredentos por su vertiente creativa, estimulante, enfermiza e incómoda transgrediendo a golpe de performance de manera más visual que de boquilla pero que para muchos se queda más en el concepto de la idea que en el resultado de un viaje esquivo y más disperso que retorcido en una distopía que saca atracción de la pestilencia de unos cuerpos moldeados por el capricho de una era de insatisfacción y de cambio en el que no renovarse implica morir y quedar sin atractivo frente a los demás ante el inexorable paso del tiempo, hecho que se contrapone por la recurrencia del humano a crear sus propios límites, en simbiosis cada vez más irreversible con la tecnología más como medio que como fin, desmontando los mandatos de la naturaleza con el fin de ser él mismo obra y creador con el cuerpo como ruta por el dolor, la culpa, el deseo, la represión y la reivindicación.

En Quincena de Realizadores "Men" de Alex Garland se ha movido en los terrenos esperados de perturbación provocación división pero confirmando que estamos ante una de esas cintas que son toda una experiencia. Un tono pesadillesco y enfermizo que no abandona la crítica social y la capacidad de descolocar en tiempos de previsibilidad. Donde sí que ha habido unanimidad es en la fotografía y en la interpretación de Jessie Buckley.

En Proyecciones de medianoche "Fumer fait tousseur" de Quentin Dupieux. El director de "Mandíbulas" (2020) vuelve a desmontar clichés dotando de aire videocasero a un grupo de justicieros que tienen que ir a un retiro espiritual con el fin de evitar su desunión. Una bizarrada con un comando antitabaco a lo Power Rangers sin la chispa desmitificadora del cine de un director anclado en la irreverencia y con nada disimulado culto por la serie B. Adèle Exarchopoulos, Vincent Lacoste, Anaïs Demoustier, Benoît Poelvoorde, Alain Chabat y Gilles Lellouche al frente del reparto. 80 minutos de despelote.

Volviendo a Quincena de Realizadores otra de esas cintas ocultas por no estar ante la mediática sección oficial. "Falcon lake" de Charlotte Le Bon es una ópera prima sobre un joven adolescente que se enamora de una chica mayor durante unas vacaciones familiares en la zona rural de Quebec. Basada en la novela gráfica de Bastien Vives, habla con sensibilidad, nostalgia y respeto del despertar adolescente y la intensidad del primer amor que, sin ser nada de otro mundo, termina convenciendo al tener alma, personalidad y saber adentrarse en las barreras y tropezones a los que se enfrenta el desdeñado amor juvenil con un puntito de toque sobrenatural (un fantasma en el lago que obsesiona al protagonista) que le hace ganar enteros combinando la dulzura y amargura del amor idealizado en plena época del despertar a la vida.

Y en nombre del glamour Sharon Stone en la presentación de "Crimes of the future" de David Cronenberg.

Nacho Gonzalo

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