"Las ilusiones perdidas"

"Las ilusiones perdidas"

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El argumento: Ambientada en el siglo XIX. Lucien, un joven francés, sueña con forjar su destino como poeta. Para ello abandona su lugar natal y se muda a París con la ayuda de su mecenas...

Conviene ver: En “Las ilusiones perdidas” Xavier Giannoli junta a lo mejor del cine francés con un reto tan ambicioso como difícil, llevar al cine la obra de Honoré de Balzac, un autor tan denso como fiel retratista de la sociedad francesa de su tiempo. Una mirada que está presente en una novela que Giannoli aborda respetando su clasicismo con una ambientación exquisita y medida, auténtica pero no recargada, jugando con el contraste entre la opulencia de unos y la miseria de otros, con la pertinencia actual de su mensaje ya que más de dos siglos después la historia sigue viva en un mundo de apariencias, banalidades, envidias, egos, fascinación por el éxito fácil y “fake news”. Todo en un momento en el que el periodismo prueba su fuerza a la hora de generar corriente de opinión y de sacar partido a través de su influencia, sin redes sociales pero sí siendo capaces de propagar el mensaje desde pequeños medios en un momento en el que todo el mundo quiere su trozo del pastel sin ningún escrúpulo lo que lleva a encumbrar a unos y hundir a otros, según caigan en gracia o no y si son provechosos si se les ensalza, siendo capaces de hundir obras con abucheos y tomatazos o ensalzar con aplausos y vítores por unos creadores de tendencias que se venden al mejor postor.

Lucien de Rubempré es un joven francés que reniega de su apellido paterno, marcado por una vida de pobreza y miseria, soñando con forjar su destino como poeta. Su talento y galanura atrae a una bella marquesa, aburrida en su matrimonio con un hombre mucho más mayor que ella, que se convierte en su mecenas y que huye con él a París donde, no sin dificultades, el joven empieza a hacerse un hueco entre eventos sociales y contactos en el mundo periodístico conociendo de primera mano un mundo adrenalínico, competitivo y corrupto. Eso le llevará a la pérdida de su inocencia pasando de poeta prometedor y lucido a periodista sensacionalista capaz de todo por sentirse influyente vendiendo por ello su alma al diablo no dándose en cuenta de que no es más que un mero peón prescindible si sus movimientos en el tablero no son los que se esperan de él. La película maneja un ritmo endiablado en sus dos horas y media, con travellings dignos de Scorsese y un poderío visual revelador, creando un conjunto que brilla en el montaje y con el recurso musical de utilizar temas de Bach, Vivaldi y Schubert mientras vemos las veleidades artísticas, oportunidades y engaños que surgen en el camino de este tipo, mucho más inocente y vulnerable de lo que cree en una maraña en la que el más mínimo error le etiquetará por siempre en una sociedad marcada por las apariencias y por las diferencias de clases que te hace ser visto como noble o como pobre sufriendo la irradiación de poder quemarse si se acerca uno demasiado al calor del lujo si no se cuenta con la red necesaria para estar protegido pudiendo quedar borrado del mapa con facilidad, y a nivel de consideración para los demás, si uno se convierte en alguien incómodo para quien mueve los hilos. Una Francia exquisita y atractiva pero cruel y clasista en una época en la que la corte del último Borbón de Francia iba a la caza de las publicaciones liberales contrarias al régimen.

“Las ilusiones perdidas” mantiene el espíritu de la obra de Balzac pero está presentada en una sugerente combinación de elementos definitorios en cintas como “Amadeus” (1984), “El lobo de Wall Street” (2013) o “Martin Eden” (2019). Una obra magnífica, imponente y muy entretenida que subyuga y deja su mensaje de reflexión en una sociedad tendente a moverse en los patrones característicos que han movido al ser humano y que no son otros que la sed de poder, la ambición y el deseo de culto al ego así como las pasiones que les rodean bien sean artísticas como puramente físicas mostrando, además, el poder de la crítica para generar corriente de opinión en favor de los intereses de cada momento, como se ve en un impagable diálogo en la redacción del periódico (un oasis de libertad rebelde en la que un mono es capaz de decidir cuál es la próxima novela sobre la que se escribe) en la que se muestra, según el filtro con el que se enfoque, como un adjetivo positivo sobre una obra puede transformarse en negativo con suma facilidad así como la irrelevancia y caducidad casi instantánea de una prensa escrita que envolverá alimentos al día siguiente. A ello contribuye un reparto entregado con Benjamin Voisin, Cécile de France, Vincent Lacoste, Xavier Dolan, Jeanne Balibar, André Marcon y Gérard Depardieu. Una gozada vertiginosa y pertinente, al demostrar que la malignidad que se lanza en las redes sociales y las ganas de postureo vienen de lejos, y que luce con empaque y se plantea de manera exquisita.

Conviene saber: A competición en el Festival de Venecia 2021 y en la sección Perlas del Festival de San Sebastián 2021. 15 nominaciones en los premios César 2022.

La crítica le da un NUEVE

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