ComiCine: Mutantes en el cine

ComiCine: Mutantes en el cine

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Querido Teo:

Aunque los X-Men revolucionaron la industria del comic en los 80, su salto a la gran pantalla no fue tan sencillo. Pasando por manos de James Cameron o Robert Rodríguez sin que ninguno se decidiera, la falta de medios y la etiqueta de “subcultura” mandarían al traste proyectos con guiones de Andrew Kevin Walker (Seven), John Logan (Gladiator) o Joss Whedon (Firefly). Sería Twenty Century Fox la que se volcaría en conseguir que Bryan Singer se hiciera cargo de la adaptación pese a sus continuas negativas.

Para entender cómo un director con aspiraciones autorales que consideraba a los comics literatura menor acabó implicado en el proyecto hay que tener en cuenta que, desde sus orígenes, X-Men fue un comic diferente. Odiados y temidos por un mundo al que han jurado proteger, sus protagonistas eran parias marginados en quienes podían verse reflejados cualquier minoría. Sumergiéndose en sus aventuras, Singer descubrió la combinación perfecta entre catarsis y discurso social convirtiéndose en uno de los responsables del resurgir del cine de superhéroes con contenido. Sin embargo, tras el éxito de sus entregas las diferencias con la productora lo alejarían de la franquicia, y aunque su legado perduró con Brett Ratner y Gavin Hood, ninguno estuvo a la altura de su predecesor. De vuelta como productor, Singer cedería la dirección al versátil Matthew Vaughn dando como resultado “X-Men: Primera generación”.

Los X-Men de ayer

En la última entrega, Singer y Vaughn nos trasladan a los orígenes de la Patrulla-X en pleno auge de la crisis de misiles y los movimientos proto-hippies de los 60. Esta fue la época en la que, probablemente inspirados en la literatura de Wilmar H. Shiras, Stan Lee y Jack Kirby crearon a un grupo de muchachos con habilidades imposibles que actuaban como una fuerza de élite con lazos gubernamentales bajo la batuta del enigmático Charles Xavier. Con sus elegantes uniformes bruno y oro, Cíclope, Jean Grey, Ángel, el Hombre de Hielo y un barbilampiño Bestia vivían aventuras repletas de maquiavélicas conspiraciones, templos malditos y viajes a mundos olvidados a la mejor tradición de A. Conan Doyle. Bajo el amparo de la amenaza nuclear y la psicodelia pop, ya hacían gala, pese a la ligereza naif de sus orígenes, del patetismo trágico y una nada velada crítica contra la paranoia anticomunista sobre los que sustentarían los grandes temas de la franquicia.

Constantemente revisionada en obras como “X-Men: Hijos del átomo”, la influencia del Bond de Connery o la lisérgica “El prisionero” que se entrevé en la película ya estaba presente en una fuente siempre atenta a las inquietudes y modas de su entorno. Y es que la sinergia entre comic y cine es un proceso en doble sentido del que históricamente se han beneficiado ambos medios.

Cine y comic, la no tan extraña pareja

En los 70, las tendencias new age aportarían a la franquicia un tono más literario en el que la reivindicación de lo diferente convirtió a los X-Men en una referencia clave. Con el éxito de la carrera espacial y la irrupción de “Star Wars”, Xavier reclutaría, al más puro estilo de “Los siete magníficos”, a un nuevo elenco formado por Lobezno, Tormenta, Rondador Nocturno, Coloso y un curtido Banshee poniendo rumbo a las estrellas en la Saga del Imperio Sh’iar. Con las efigies de Robert Shawn, Faye Dunaway, Donald Sutherland y Orson Welles (escasamente disimulados bajo los alias Sebastian Shaw, Emma Frost, Donald Pierce y Harry Leland) la hedonista élite mutante del Club Fuego Infernal se convertirían en taimados antagonistas mientras Jean Grey sucumbía a una cataclísmica crisis mental al más puro estilo Carrie en La Saga del Fénix Oscuro y Bestia seguía los pasos de Andre Delambre con su peluda evolución.

Responsable de definir el conflicto entre humanos y mutantes en “Dios ama, el hombre mata” (fuente de inspiración de X-Men 2), Chris Claremont otorgaría motivaciones a la cruzada de Magneto contra la humanidad con la adición de lazos con el holocausto judío dando lugar al complejo personaje que es hoy. Su desgarradora tragedia sería ampliamente desarrollada en “El testamento de Magneto”, un demoledor relato que poco tiene que envidiar a “La lista de Schindler” o “El pianista”.

En sincronía con los papeles de Clint Eastwood y Charles Bronson, Lobezno se convertía en un héroe de acción sin concesiones protagonizando desde historias de samurais deudoras de Shogun o Yakuza como “Honor” hasta relatos de terror psicológico a medio camino entre “Frankenstein” y “El mensajero del miedo” como “Arma-X”.

Cultura underground

Durante los 80 los viajes en el tiempo cobraban un papel crucial con “Días del pasado futuro”, donde una envejecida Kitty Pryde (Ellen Page en “X-Men: La decisión final”) llegaba al presente para impedir un lúgubre futuro en el que las máquinas subyugarían a la humanidad. Publicada cuatro años antes del estreno de “Terminator” de James Cameron, sus paralelismos iban más allá de lo superficial prolongándose con incorporaciones como Nimrod o Cable.

Adelantándose al éxito del cine adolescente, los nuevos mutantes fueron el equivalente a “El club de los cinco” mientras la moda de los “muppets” que nos trajo a “E.T.” o “Cortocircuito” dejaba secuelas como Lockheed o Warlock. Con la saga “Alien” como referente, el enfrentamiento de Kitty contra el N’Garai o la batalla contra el Nido dejarían huella entre los fans así como el sinfín de guiños (desde H.G. Wells hasta “Los Goonies” pasando por “Freaks!” o “The warriors”) de los deformes Morlocks que habitaban el subsuelo de Nueva York. Su guarida se convertiría en una trampa mortal durante la Masacre Mutante al tiempo que Bruce Willis luchaba por su vida en el Nakatomi Plaza. Con el éxito de “Mad Max” y la estética de “Fama” en la cabeza, los X-Men emprenderían su periplo australiano mientras que las modas del cine de espada y brujería iniciada por “Conan el bárbaro” nos dejaba las Guerras Asgardianas y Nueva York se convertía en un portal al averno en “Cazafantasmas” y la saga “Inferno”.

En los 90, los hipertrofiados héroes de acción interpretados por Schwarzenager, Kurt Russell o Stallone se convirtieron en “musas” para un comic repleto de explosiones, prótesis robóticas y cigarros humeantes antes de dar paso a la influencia de la Generación X y su progresiva transición a la generación “JASP” que afectó al medio de la misma forma que al cine y la televisión. Víctima de su propio éxito, la sobrexplotación de la franquicia daría pie a un período de declive que ni la asimilación de la moda cyberpunk iniciada por “Matriz” pudo evitar.

El legado de Singer

El estreno de su adaptación fílmica trajo a los comics el revulsivo que necesitaban nutriéndolos con criterios estéticos y temáticos resultando en dos nuevas cabeceras que supieron aprovechar el enfoque del director de “Sospechosos habituales. En “Nuevos X-Men”, Grant Morrison lanzaría un mordaz discurso evolucionista extrapolado a campos como la cultura, las ideologías y el relevo generacional. Reivindicando el papel de los mutantes como colectivo, los enfrentaría a peligros que desafiaban la imaginación en una compleja etapa que extraía toda la esencia de la franquicia sirviendo de complemento a la visión de Singer. Paralelamente, el creador de “Wanted” y “Kick-Ass”, Mark Millar, usaría “Ultimate X-Men” como un vertiginoso espectáculo de acción con tintes sociopolíticos jugando libremente con la mitología mutante entre giros argumentales en busca del más difícil todavía.

Resarcido tras quedar fuera del proyecto fílmico, Josh Whedon tomaría el relevo recuperando el tono clásico en la ingeniosa y cinematográfica “Astonishing X-Men”, de donde partirían las poco aprovechadas bases de “X-Men 3”. Durante los últimos años el legado mutante se ha expandido en producciones claramente inspiradas en sus historias como “Héroes”, “Push”, “Los 4400” o “Sky high”; mientras en los comics luchan para evitar la extinción. Implicados en una macrohistoria deudora de “Hijos de los hombres”, los últimos supervivientes de su especie depositan sus últimas esperanzas en una muchacha en torno a la que girarían las historias “Complejo de Mesías” y “Advenimiento” mientras colecciones como “X-Men: Legado” (con un enfoque inicial e inquietudes temáticas bastante similares a la película de Vaughn) mantienen vivas sus raíces.

Hoy, la franquicia fílmica ha recuperado su vitalidad como una de las sagas cinematográficas de superhéroes más longevas a la par que una nueva entrega de Lobezno y el debut de Masacre otean en el horizonte junto a una más que probable secuela de “X-Men: Primera generación”. En el cómic continúan sin perder fuelle embarcándose próximamente en una etapa en la que Cíclope y Lobezno se verán enfrentados por un choque ideológico similar al que Xavier y Magneto han ostentado durante años con “X-Men: Cisma”. Víctimas de la intolerancia, los mutantes cuentan con el favor del público saltando más allá de las viñetas para invadir un medio con el que llevaban flirteando desde sus orígenes, y están aquí para quedarse.

Daniel Gavilán (www.zonanegativa.com)

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