Conexión Oscar 2014: Una cuestión de supervivencia

Conexión Oscar 2014: Una cuestión de supervivencia

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Querido Teo:

Igual que en ocasiones en un mismo año llegan varias Blancanieves o encontramos dos asaltos simultáneos a la Casa Blanca, en los Oscar también suele haber tendencias que convergen. Hace dos años fueron los Oscar de la nostalgia y el amor por el cine (con películas como “The artist”, “La invención de Hugo” y “Midnight en Paris”) mientras que el pasado la esclavitud estuvo presente en películas como “Lincoln” y “Django desencadenado”. Incluso hace ya unos años, la edición de 1999, encontramos dos películas con Isabel I de Inglaterra (“Shakespeare enamorado” y “Elizabeth”) y dos películas ambientadas en la II Guerra Mundial (“Salvar al soldado Ryan” y “La delgada línea roja”). Este año es la lucha por la supervivencia la que marca buena parte de las películas protagonistas.

Supervivencia en condiciones extremas es la que sufre Solomon Northup, protagonista de la gran favorita de la carrera, “12 años de esclavitud”. Un hombre de raza negra que se trasladó de Nueva York a Washington por motivos de trabajo, ciudad en la que al llegar tuvo la desgracia de ser secuestrado y vendido como esclavo a una plantación de algodón en Lousiana. La historia de su lucha desesperada por volver a casa con su familia, mientras es humillado y maltratado junto a sus compañeros, es el motor emocional de una cinta que bien podría considerarse un híbrido entre “Lincoln” y “Django desencadenado” (con la emoción que le faltaba a la primera y la sobriedad de la que carecía la segunda), presentes en la carrera de premios del año pasado y que también trataban el tema de la esclavitud. La película se basa en la autobiografía de Solomon Northup publicada en 1853 y (como a todo caballo ganador) ya han surgido voces contrarias sobre la veracidad de los hechos. No sobre lo vivido, sino sobre la manera de ser contado ya que para muchos historiadores estas memorias son demasiado literarias para que sean escritos por alguien perteneciente a la raza negra en aquella época, y se atribuye a David Wilson (al que Northup habría contado el relato) y a Sue Eakin, historiadora que estuvo detrás de la reedición del libro en 1968, el acabado final de la historia. Chiwetel Ejiofor (conocido sobre todo por sus intervenciones de secundario en la última década en producciones usamericanas y británicas) encarna con esfuerzo, desgarro y vigorosidad a un personaje que le pone en la órbita del Oscar.

El gran rival para que Chiwetel Ejiofor se haga con el Oscar es Matthew McConaughey que también interpreta a un personaje real en “Dallas Buyers Club”, el de un enfermo de sida desahuciado que peleó con ahínco por apurar y añadir meses a su cuenta atrás hacia la muerte. Ron Woodroof, electricista texano, drogadicto y mujeriego, comenzó a tomar un medicamento denominado como AZT, la única droga legal disponible en USA con la que intentó salvarse por su cuenta ante el diagnóstico que le otorgaron los médicos. Con la ayuda de su doctora Eva Saks y otro paciente, Rayon, Ron creó el Dallas Buyers Club, el primero de docenas que se formaron alrededor de la ciudad, proporcionando a sus miembros pagar por estos medicamentos alternativos creando un lucrativo negocio de drogas para los enfermos que lo necesitaran. Woodroof logró vivir seis años más y McConaughey acomete un personaje bombón que lo tiene todo. Un enfermo que ayuda a otros como él a través de un gran espíritu de superación personal que ha supuesto para el actor el reto físico de perder más de 20 kilos. Un plato demasiado apetecible para los académicos.

La categoría de mejor actor viene marcada por la historia de estos hombres que pelean contra los acontecimientos. Y es que Tom Hanks (“Capitán Phillips”) y Robert Redford (“Cuando todo está perdido”) sufren en alta mar el secuestro de los piratas somalíes y las peores condiciones climatológicas, respectivamente. El primero presentado como un héroe que se ofreció como rehén para salvar a su tripulación, y el segundo un veterano pescador que apenas masculla alguna palabra en este enfrentamiento casi espiritual entre el hombre y la naturaleza.

Tenemos que irnos a “Gravity” para encontrar al único personaje femenino postulable al Oscar que ve de tú a tú a la muerte. No es otra que Sandra Bullock dando vida a la ingeniero que queda perdida en la órbita en la experiencia visual de Alfonso Cuarón. Un trauma del pasado en forma de carga emocional es esa conexión con el mundo que todavía se resiste a abandonar en la escenografía menos habitual para el ciudadano medio de todas las comentadas. Y es que la fascinación por el espacio hace que seamos compañeros flotantes de Bullock también a merced del inhóspito y silencioso espacio. Incluso más acostumbrados estamos a ver a un piloto como Niki Lauda (encarnado por Daniel Brühl) sufrir en “Rush” un grave accidente que casi le cuesta la vida y que confirma que (junto a los toreros) los pilotos de carreras de F1 o motociclismo son de otra pasta a la hora de acortar los plazos para sus recuperaciones.

En definitiva, en unos años complicados y de incertidumbre económica y social, la atracción por la historia de esos héroes anónimos que luchan por seguir adelante en las condiciones más adversas siguen generando un gran interés para el espectador, además de suponer toda una baza en forma de premio para cualquier intérprete. Este año, un buen puñado de películas y actores centran su motor emocional en este aspecto y, sin duda, la carrera de este año también aparece marcada por por este leitmotiv.

Nacho Gonzalo

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