Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (I): “The fall of the american empire”, “Double vies (Non-Fiction)”, “Shadow”, “Peterloo” y “Loro”

Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (I): “The fall of the american empire”, “Double vies (Non-Fiction)”, “Shadow”, “Peterloo” y “Loro”

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Querido Teo:

El Festival de Toronto 2018 ha arrancado un año más siendo el auténtico pistoletazo de salida de cara al Oscar y un foco de interés cada vez mayor, lo que ha provocado que Venecia y San Sebastián se hayan puesto las pilas este año con una selección con nivel más alto de lo habitual. Toronto nos recibió con un tiempo veraniego, con una organización siempre atenta y dedicada y teniendo que organizar un calendario en el que ya de por sí tienes que asumir desde el primer momento que, por muy bien que lo hagas, este festival es inabarcable así que lo que hay que hacer es centrarse en lo que único verdaderamente quiere ver y cuadrar la agenda.

“The fall of the american empire” es una nueva cinta del veterano director canadiense Denys Arcand en la que explora la codicia, la ambición y la ética en un mundo lleno de intereses haciéndolo de una manera sorprendentemente divertida, ingeniosa, reflexiva, juguetona y con mucha mala leche riéndose de los canadienses (en especial de su primer ministro) y del gen de los usamericanos a la hora de negociar y relacionarse con los demás países del mundo. Todo parte cuando un apocado transportista con ideas algo antiguas y dificultades para relacionarse con las mujeres es testigo de un atraco a un banco y se queda con dos bolsas de dinero en efectivo, una ingente cantidad con la que no sabrá qué hacer (tanto por inexperiencia como por inoperancia para alguien que seguro que no ha visto los billetes de euro color morado nunca) pidiendo consejo a un ex criminal que se está reconvirtiendo en asesor económico estudiando la carrera de Empresariales. A destacar la descripción de personajes, tanto en su presentación como en desarrollo, y también el ritmo que imprime a una película en la que se aleja de toda densidad y dogmatismo siendo muy entretenida de ver sin que ello vaya reñido con el mensaje que quiere dar, nada apolillado y actual cogiendo los genes (y actualizándolos) de lo que ya preocupaba al director en “El declive del imperio americano” (1986) y “Las invasiones bárbaras” (2003).

“Doubles vies (Non-Fiction)” viene a Toronto después de haber participado en la sección oficial del Festival de Venecia y, para el que esto escribe, es un nuevo desencuentro con un director aupado (hasta el exceso) por la cuestionable “Personal shopper” (2016) y que está por debajo de cintas mejor definidas como “Las horas del verano” (2008) y “Después de Mayo” (2012). En esta ocasión se centra en un editor de libros y uno de sus clientes (y amigos) más duraderos en el tiempo que viven la crisis creativa, digital y personal con enredos, cruces de pareja y algún toque meta que termina siendo lo mejor de la propuesta. De ahí ese título que hace referencia a las vidas incompletas de unos personajes que necesitan rellenarlos con otras formando parte de una incertidumbre que les lleva a la inmadurez permanente e, incluso, en hacerse insoportables para el espectador con esa expresión tan habitual de “first world problems” dirigida a los megapijos que elevan a cuestión universal auténticas nimiedades. Aquí Guillaume Canet (en una crisis de los cuarenta como la que vivía en “Cosas de la edad”) y Juliette Binoche interpretan a un matrimonio (el editor, ella actriz) que a pesar de que se quiere y respeta se engañan entre sí pero también a sí mismos y a sus amigos y conocidos sobre lo que quieren y necesitan en la vida. Lo mejor una Binoche siempre luminosa (por manido que suene el término) y las graciosas bromas en referencia al cine de Haneke o a la propia Binoche como actriz.

“Shadow” es el nuevo trabajo de Zhang Yimou en el que se adentra una vez más en la China ancestral e imperial para narrar la historia de un pueblo sometido por un cruel monarca en una corte marcada por las continuas traiciones y luchas de poder. La “sombra” del título es un doble que es capaz de engañar al mismísimo rey y a sus enemigos cuando la situación lo requiere pero cuando el rey y el comandante deciden asediar la ciudad amurallada de Jing, comenzará un combate sin igual que sacudirá los cimientos de la corte de Peixian. Es verdad que aunque hayamos empezado algo escépticos la cinta no hace más que crecer siendo uno de sus trabajos recientes más inspirados en una historia sucia (con fotografía opresiva y grisácea) de traiciones, batallas y amores frustrados con escenas realmente poderosas como ese grupo de guerreros que utilizan un escudo rotatorio en forma de paraguas metálico en manada calle abajo, las coreografiadas peleas o ciertos ajusticiamientos tan crueles como poéticos. Una cinta tan bella como bien interpretada, especialmente por el lunático rey lleno de carisma y manierismo, entre lo mesiánico y guiñolesco, de Zheng Kai.

Es una pena que “Peterloo” de Mike Leigh no sea mejor de lo que es porque en verdad lo merece. No sólo por la temática y reivindicación de unos hechos ocultados por la historia, y tristemente no tan diferentes de lo que vemos actualmente en las grandes manifestaciones en las plazas públicas en las que no hay unidad sino partidismo de unos y otros, sino porque hay ramalazos intermitentes de la genialidad de un director que en esta ocasión ha tirado del retrato histórico de época en lugar de un drama familiar y sensible. Una cinta que peca de ambiciosa temáticamente, y aunque tiene un comienzo poético que nos presenta a uno de los personajes, un joven superviviente de la batalla de Waterloo que será nexo emocional de ambos “enfrentamientos”, dos horas de conversaciones de despacho y declamaciones británicas con personajes históricos que se nos pierden (para lo que necesitaríamos la enciclopedia británica para saber quiénes son), y que entran y desaparecen resolviéndose su importancia en meros brochazos, terminan desconectando al espectador. Es precisamente el drama humano (el de la familia que recibe a su hijo de nuevo tras sobrevivir en Waterloo como representantes de tantos miembros de la clase obrera de Manchester que intentan salir a flore encontrado trabajo) lo que interesa más allá de tanto debate geopolítico. Y es que la última media hora, la del enfrentamiento durante el cual las autoridades británicas atacaron a los manifestantes de una protesta pacífica en Manchester, compuesta por una multitud de unas 60.000 a 80.000 personas, en una manifestación en la que se encontraban reunidos para solicitar la reforma de la representación parlamentaria, está rodado con la emoción y oficio esperado. A Mike Leigh le ha quedado una cinta más declamada que humana y eso pesa a la historia e interés de la cinta de un director británico que no encuentra aquí uno de los trabajos por los que vaya a ser más recordado.

Paolo Sorrentino ha presentado “Loro”, biopic sobre el ex primer ministro italiano y empresario Silvio Berlusconi, centrada en la figura de Il Cavaliere a partir del año 2000 y que narra una historia de ficción, a partir tanto de diversos eventos personales y políticos como de hechos “probables o inventados” como así rezan unos títulos de crédito iniciales en el que escurre responsabilidades, aunque todos sepamos de quién está hablando y la personalidad del mismo sea conocida y haya quedado más que patente en los noticiarios de todo el mundo como representante de la Italia pomposa, corrupta y mafiosa. La versión original estrenada en cines en Italia consta de dos películas pero para su distribución en el resto del mundo, la misma que se ha visto en Toronto, se ha realizado un montaje de una sola película de 150 minutos de duración (54 minutos menos que la suma de las dos partes). Y es que de Sorrentino hay que comprarlo todo aunque viva en un continuo “grandes éxitos”, o más bien personalidad, que le lleva a ser extremo pero sacando la gran belleza a la que hace referencia su oscarizado título y que ha sido un punto álgido pero también de inflexión en el resto de trabajos que han venido después y que van de “La juventud” a “The young Pope”, pasando ahora por un ejercicio más desmelenado y grotesco que nunca a la hora de retratar a machete y sin concesiones no sólo a Berlusconi sino a esa Italia de los 90 pomposa, lujuriosa y astracanada. En “Loro” demuestra su genialidad en un continuo disfrute de los sentidos, muchas veces esperpéntico, otras simplemente zafio o asqueroso, pero en todas ellas tocando siempre la nota exacta para que el conjunto sea una sinfonía poderosa, ampulosa y genuina. Una vez más Toni Servillo brilla en un personaje tan odiable como magnético, tan crápula como seductor, tan mujeriego como inseguro, tan corrupto como solitario en su cúspide. Fantásticos también Riccardo Scamarcio (pide a gritos estar en “The new Pope” dentro de esos muros vaticanos en los que Lenny Belardo demostró que todo había cambiado para no volver a ser como antes) y Elena Sofia Ricci como Verónica, la mujer de Berlusconi. Suyo es el momento de una de las discusiones de pareja más volcánicas, lucidas y demoledoras visto recientemente. Y como siempre en Sorrentino mención especial para un exquisito playlist que va desde la pura canción napolitana (O surdato ‘nnammurato) a Mozart (“Las bodas de Figaro”) a una versión de Asereje. Hay que querer a Sorrentino aunque aquí tenga como protagonistas a personajes más despreciables y sin escrúpulos que los ya habituales tormentosos y cuestionables de su filmografía.

Nacho Gonzalo

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