El cine de Tim Burton, esqueletos, vampiros y platillos volantes

El cine de Tim Burton, esqueletos, vampiros y platillos volantes

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Querido Teo:

El 29 de Octubre de 1993 llegaba a los cines americanos (en España no se estrenó hasta Diciembre de 1994) “Pesadilla antes de Navidad” (1993), probablemente y casi categóricamente, la obra más perfecta que el cine de animación nos ha dado nunca. Una alegoría sobre la pérdida disfrazada de película para niños y dirigida con mano firme por Henry Selick, un sólido director y profesional de la animación cuya visión a lo largo de una trayectoria que únicamente abarca cuatro títulos ha estado siempre caracterizada por la originalidad extrema y un buen hacer fílmico. Aunque aquí nos encontramos ante la joya de la corona. Una tragedia musical (la partitura y canciones de Danny Elfman en exquisita comunión con las imágenes) que roza la opereta con un perfecto equilibrio entre lo satírico y lo melancólico. Un cuento animado como pocos se han visto. 25 años después de su estreno, “Pesadilla antes de Navidad” (1993), se ha convertido en un verdadero clásico. Un film que si bien en su estreno generó pérdidas a Disney (en 1993 era muy difícil vender una propuesta de animación en stop- motion tan arriesgada), las ventas posteriores en VHS, las licencias y su merchandising la consiguieron elevar a su actual estatus de culto, convirtiéndose en un hito de la animación.

Sin embargo, y pese a que la dirección y la autoría del producto final es absolutamente obra de Selick, hay un nombre que va ligado al proyecto y que es inevitable pasar por alto. Nos referimos, obviamente, a Tim Burton, quien, inspirado por los especiales navideños de Jules Bass y Arthur Rankin y “El Grinch” (1966) de Chuck Jones, creó el poema original en el que se basa el film, así como los diseños originales de los personajes y acabó produciendo la cinta. Pese a que su intención original era dirigirla él mismo, ya que se trataba de un proyecto tan personal para él desde el punto de vista creativo, debido a compromisos contractuales con “Batman vuelve”(1992) tuvo que delegar en su amigo y compañero Henry Selick, quien supo mostrar su propia personalidad partiendo de la idea de Burton. Una idea tan potente como simple que sólo Tim Burton podía tener.

Nacido en Burbank en 1958, Burton pasó su infancia en una urbanización típica americana; algo que posteriormente reflejaría en gran parte de su obra. Su carácter tímido, de aspecto enfermo y retraído con poca facilidad para hacer amigos, hizo que pasase muchas horas delante de la televisión, la cual le descubrirá títulos como “Jasón y los argonautas” (1963) , “King Kong” (1933), los especiales televisivos animados de vacaciones, los monstruos de Universal (sobre todo “El doctor Frankenstein” (1931) de James Whale, que tendría un gran impacto e influencia en Burton), el cine de terror de la Hammer y las películas de Roger Corman. Esta amalgama de elementos, desde el hogar tradicional americano a la cultura popular kitsch, pasando por personajes de carácter introvertido y marginales, unido a una pasión por el género fantástico y de terror, se convirtió en algo que ha acabó forjando e identificando su estilo narrativo desde su ópera prima. Un estilo muy propio y reconocible, caracterizado, además, por un discurso único e inquebrantable que se repite a lo largo de toda su filmografía una y otra vez: cómo el mundo percibe al distinto, al extraño, al que no encaja en la norma y es rechazado por los demás.

A muy corta edad comenzó su pasión por el dibujo, lo que le acabaría reportando una beca para estudiar en el instituto de Bellas Artes CalArts en 1976,en un programa específico creado por Walt Disney Productions para contratar nuevos talentos. Su trabajo fin de carrera, titulado “The stalk of the celery monster”, consiguió abrirle las puertas del Estudio y pasó a formar parte de la plantilla de Walt Disney Animation Studios. Su inclasificable estilo artístico hizo que en la compañía no supiesen muy bien qué hacer con él ni dónde colocarlo. Tras varios diseños de personajes (que no pasaban del concepto en la mayoría de los casos) fue haciendo diseños conceptuales en varias producciones como “Tron” (1982) y coincidiendo con nombres como Glenn Keanne, Brad Bird, John Musker, Brenda Champan o John Lasseter.

Burton pasó muchos ratos muertos en su cubículo (compartido con Andreas Deja, uno de los mejores animadores del mundo) diseñando y haciendo bocetos que probablemente acabasen en algún cajón y fue ahí cuando escribió el poema original de “Pesadilla antes de Navidad” y realizó los primeros diseños preliminares de los personajes. Además, también ahí surge la idea de un cuento infantil sobre un niño que se cree Vincent Price, uno de los iconos del cine de la Hammer e ídolo de Burton. Ese concepto tan inusual llamó la atención de Julie Hickson, una ejecutiva del Estudio, que se fijó en el extraño trabajo de Burton, consiguiéndole 60.000 dólares de financiación para dirigir un cortometraje en blanco y negro de animación stop-motion basado en esa idea y que llevaría por título “Vincent” (1982). Hasta ese momento, Tim Burton no se había planteado ser director. A veces las oportunidades vienen así.

De clara inspiración gótica de los relatos de Edgar Allan Poe y la figura de su venerado Vincent Price, el cortometraje es a su vez una declaración de intenciones y un firme debut en formas y tono. Asustados ante lo que tenían entre manos, Disney emparejó el corto a “Tex” (1982), un drama con Matt Dillon. Y sólo en un cine de Los Ángeles durante dos semanas. Pese a ello, el corto ganó varios premios en diversos festivales y le consiguió a Burton su siguiente trabajo: un especial de Halloween de “Hansel y Gretel” (1983) para Disney Channel. Dicho especial, con un presupuesto de 116.000 dólares, protagonizado por actores orientales, lleno de peleas de Artes Marciales y una bruja encarnada por un hombre, era tan bizarro y perturbador que horrorizó a los ejecutivos de Disney que lo emitieron solamente el 29 y  31 de Octubre a las 22:30h (esa hora en Disney Channel equivale a las 4:30h de la madrugada) para Halloween. Nunca ha vuelto a ver la luz ni a ser emitido.

Pese a todo, Burton caía bien en Disney y consiguió financiación para su siguiente proyecto, el mediometraje “Frankenweenie” (1984), protagonizado por Shelley Duvall, Howard Stern, Barret Oliver y Sofia Coppola y en el que un niño pierde a su perro trágicamente y decide resucitarlo con todas las consecuencias que eso puede conllevar y  en clara consonancia con el “El doctor Frankenstein” (1931) de James Whale. El cortometraje, rodado en blanco y negro, recibió la calificación PG (contiene material que puede ser inapropiado para los niños) se exhibió en un pase de prueba emparejándola con el reestreno de “Pinocho” (1940), pero tal era el tono oscuro del corto que hizo que varios niños de la sala saliesen llorando, obligando a Disney (una vez más) a retirar la obra y guardarla bajo llave hasta que la editaron en VHS 8 años después, antes del estreno de “Batman vuelve” (1992), cuando Burton ya tenía un nombre en la industria y podían sacar algún beneficio mostrando sus trabajos previos.

Tras lo sucedido y, pese a estar agradecido por las oportunidades otorgadas a lo largo de cinco años, Burton abandonó Disney (a la que acabaría volviendo en varias ocasiones). Pese a su corta trayectoria, el carácter de Burton le había proporcionado ya algunos amigos en la industria y, por mediación de Shelley Duvall, consiguió dirigir un episodio de la serie “Cuentos de hadas” (1982-1987) para la cadena Showtime donde la actriz actuaba de productora ejecutiva. Burton dirigió a James Earl Jones y a Leonard Nimoy en “Aladino y la lámpara maravillosa” (1986). Un relato de obvia factura televisiva que le sirvió a Burton para hacer ciertos amigos dentro de Hollywood.

Así fue como, por mediación de Bonnie Lee, una amiga de Burton y ejecutiva de Warner, Paul Reubens, más conocido como Pee Wee Herman, la famosísima estrella infantil que estaba a punto de dar el salto a la gran pantalla, vio “Frankenweenie” (1984), quedándose absolutamente absorbido por el trabajo de Burton. Así, Reubens lo elige sin dudarlo para dirigir el que se convertiría en su primer largometraje y puesta de largo cinematográfica: “La gran aventura de Pee Wee” (1985), la película que inauguraría la carrera cinematográfica de Tim Burton, quizá el primer autor posmoderno, en cuya larga trayectoria ha conocido algunos enormes éxitos de taquilla y algunos (muchos menos de los que parecen) fracasos que, sin embargo, no han llegado a amargar una carrera impresionante en un Hollywood donde no había cabida para lo extraño. Un autor de una riqueza visual tan inabarcable que se hace difícil separarla de su narrativa (y que a veces prima sobre ella). De una clara influencia por el expresionismo alemán, el terror gótico y un irreverente humor negro, la filmografía de Burton se erige, por méritos propios como una barraca de feria macabra de una exquisita sensibilidad. Una filmografía que abarca 18 títulos (hasta el momento) en los que Burton ha tocado, prácticamente todos los géneros. Desde el cine de superhéroes a musicales, pasando por cine de terror, fantástico, comedia, cine infantil, biográfico, ciencia ficción o dramas familiares.

Tim Burton es un director polifacético, un outsider que, en realidad, nunca se ha alejado del negocio de Hollywood y su industria. De hecho, siempre ha pertenecido a ella. Un autor amado y odiado a partes iguales, capaz de las más grandes pasiones y los más desmesurados odios. Un autor que nunca deja indiferente a nadie y que, con los años, ha conseguido un estilo único y reconocible. Un autor al que se le critica que haya abandonado a su público otorgándole concesiones a la industria cinematográfica (siempre ha pertenecido a ella y se ha supeditado a sus moldes en mayor o menor medida) y al que se le acusa de haber cambiado su discurso fílmico, cuando en realidad sigue intacto y no ha variado un ápice (en fondo, no en forma) desde 1982. Lo único que ha hecho Tim Burton ha sido evolucionar y sobrevivir en un mundo implacable (¿no lo hacemos todos?), regalándonos una irregular, potente, original  y variada filmografía como director que vamos a repasar a continuación título a título. Una trayectoria repleta de vampiros, murciélagos, barrios residenciales, platillos volantes, dificultades narrativas para llegar al tercer acto y jerséis de angora.

 

“La gran aventura de Pee Wee” (1985). Ladrón de bicicletas

Paul Reubens, o mejor dicho, su alter ego, era todo un ícono y un fenómeno social en USA gracias a su espectáculo titulado “The Pee Wee Herman Show” (1980), un número de variedades que circuló con un enorme éxito por varios teatros americanos y del que la cadena HBO grabó y emitió como especial televisivo batiendo todos los records y haciendo mainstream al personaje de Pee Wee, un hombre adulto de rasgos aniñados y asexuales con un sentido del humor muy negro, arriesgado, subversivo y universal. Era cuestión de tiempo que diera el salto a la gran pantalla con un guión escrito por él mismo y financiado por Warner Bros. Dos figuras tan originales, extrañas, inclasificables como Reubens y Burton estaban destinadas a encontrarse y entenderse. Y así fue. Tim acabó dirigiendo la que sería su ópera prima; una película de encargo, sí; pero a su vez toda una declaración de intenciones artísticas y creativas.

Debido a su marcado y obvio tono para niños (no olvidemos que Pee Wee es, ante todo, un icono infantil como lo fue aquí Espinete en su momento) la película acaba combinando una sátira contra el mundo del espectáculo acompañada de algunos gags visuales de una originalidad pasmosa. Si bien no todos funcionan, su tono slapstick y anacrónico y su crítica subyacente a ciertos sectores de la sociedad americana supone algo refrescante. Los críticos, esperablemente, la recibieron de forma bastante negativa (47 en Metacritic),  aunque acabó siendo un éxito de taquilla, ya que consiguió recaudar más de 40 millones de dólares sobre un presupuesto de 7 y colocarse entre las 20 películas más taquilleras de su año.

Influenciada muy lejanamente en “El ladrón de bicicletas” (1948) de Federico Fellini y, pese a contar con un material totalmente ajeno, el debutante Burton ofrece aquí ya los elementos que acabarían por convertirse en una constante en su cine, además de suponer su primera colaboración con el compositor Danny Elfman, con quien entablaría una larga relación profesional y que acabaría componiendo la música de 15 de sus 18 largometrajes. Elementos creativos, artísticos y narrativos que se irán repitiendo a lo largo de su carrera: decorados asimétricos de influencia expresionista, un perverso y desenfadado sentido del humor y una imaginería de una riqueza enorme.

“Bitlechús” (1988). La casa es nuestra

Tras el inesperado éxito que supuso “La gran aventura de Pee Wee” (1985), en Warner no querían dejar escapar a ese joven director de pelo alborotado y mirada melancólica y le ofrecieron dirigir una historia inacabada que llevaba tiempo rondando por el despacho del productor David Geffen. Partiendo de un guión de Michael Mcdowell y Larry Wilson, Burton reescribió el punto de vista de la historia de tal manera que girase más a la comedia que al terror, impregnándolo de los elementos fantásticos a los que, por primera vez, daba rienda suelta en un largometraje. Así es cómo nació uno de los personajes más icónicos de toda su filmografía y que, paradójicamente, únicamente aparece 17 minutos en pantalla: ¡Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús!

Con una atmósfera entre el tren de la bruja y la barraca de feria, el film reúne por primera vez, todos los elementos narrativos y visuales con el que (erróneamente) se asocia al cine de Tim Burton, abrazando sin ningún tipo de pudor la mezcla de géneros y las subidas y bajadas de tono que, misteriosamente, funcionan como un reloj suizo para ofrecernos un divertimento sin ningún tipo de complejos al que es verdaderamente difícil resistirse. Con diálogos improvisados literalmente sobre la marcha y que dotan a la cinta de una frescura inusual, la película contiene algunas escenas descacharrantes y algunos chistes verdaderamente inspirados. Sobre todo los protagonizadas por ese bioexorcista de nombre Bitelchús al que da vida un Michael Keaton en estado de gracia; en la que sería la primera de las tres colaboraciones (“Dumbo” (2019) será la cuarta) con el director. En un principio, Burton quería a Sammy Davis Jr. para el personaje de Bitelchús, fue Warner Bros. quien impuso a Keaton. Un año más tarde sucedería todo lo contrario. Acompañando a Keaton, encontramos a Alec Baldwin (que odió que Keaton le robase todo el protagonismo), Geena Davis, Winona Ryder (por petición expresa de Burton), Jeffrey Jones, Sylvia Sidney, al desaparecido Glenn Shadix y a la gran Catherine O’Hara.

La película cosechó críticas muy positivas (70% en Metacritic) y el público respaldó la estrambótica propuesta de Burton, llevándola a ser la décima película más taquillera de su año y recaudando 74 millones de dólares. Un año más tarde, la cadena ABC produjo una serie de animación basada en la película que se emitió hasta 1992. Con un éxito de crítica y público así, Warner había encontrado al director perfecto para uno de sus proyectos más importantes y que tenía que ver con la adaptación al cine de un famoso superhéroe.

“Batman” (1989). Redefiniendo el blockbuster

En 1989, y con un éxito de crítica y público como “Bitelchús” (1988) a sus espaldas, Warner se decantó por Burton para ponerlo al frente de una tarea mastodóntica: llevar a buen puerto la primera película del caballero oscuro. Con apenas experiencia en la dirección y únicamente dos títulos a sus espaldas, la rentabilidad en taquilla de Burton era su mejor tarjeta de representación. Con un presupuesto de 35 millones de dólares y con el “Superman” (1978) de Richard Donner como referencia y espejo en el que mirarse, el joven Tim no sólo consiguió rodar una buena película, sino que la convirtió en uno de los éxitos más aplastantes que haya conocido el cine. Una película que cambió la forma de vender el blockbuster de Hollywood para siempre.

Con el legendario Jack Nicholson a la cabeza del reparto y apadrinado por él, Burton supo anteponerse a la adversidad y a la presión del Estudio típicas de un proyecto de esas características e impuso a Michael Keaton para interpretar a Bruce Wayne/Batman pese a la negativa de Warner. Una elección respaldada por Nicholson que Warner se vio obligada a aceptar. Esta decisión fue muy polémica en su momento e hizo enfadar a los fans del cómic que inundaron Warner de cartas llenas de quejas y amenazas (incluso las acciones de la compañía se vieron afectadas) pero que el tiempo la ha legitimado como uno de los muchos aciertos de la cinta. Los dos actores protagonistas, la solvencia de un joven Burton unida al asombroso diseño de producción de Anton Furst, ganador de un merecidísimo Oscar, y el tono oscuro y gótico de la propuesta (que acabaría incorporándose en los cómics posteriores) convirtieron a “Batman” (1989) en todo un éxito que, pese a todo, no ha envejecido visualmente del todo bien.

Lo que podía haber acabado peor que el rodaje de “Alien³” (1992) terminó bien para todas las partes implicadas. La crítica abrazó la propuesta de Burton, pese a que no fue entusiasta (69% en Metacritic) y la película destrozó las taquillas de todo el mundo, recaudando la friolera de 411 millones de dólares (de aquella época) y desatándose la Batmanía a nivel mundial (un fenómeno igualado únicamente en 1993 por “Parque Jurásico”), convirtiendo a la cinta en el estándar a seguir a la hora de rodar y, sobre todo, promocionar, publicitar y vender un blockbuster, ya que sólo en merchandising se recaudaron 750 millones de dólares. Y además de todo, el mundo era un lugar mejor cuando Bitelchús era Batman.

“Eduardo Manostijeras” (1990). Antes nunca nevaba

La película por la que Tim Burton será recordado para siempre. El mayor y más bonito cuento que el cine comercial nos haya regalado nunca.  Su obra más personal y la convergencia perfecta de todos sus temas, sus inquietudes, su narrativa y su lenguaje visual y plástico. Tal era la pasión de Burton por el proyecto que pagó de su propio bolsillo a la guionista Caroline Thompson para que desarrollase el guión al margen de los Estudios de Hollywood. Tras el éxito apabullante de “Batman” (1989), la figura de Tim Burton como director se revalorizó de una manera espectacular. Warner, que ansiaba una secuela de la cinta del hombre murciélago a toda costa, ofreció a Burton cantidades ingentes de dinero, pero el director de Burbank, lejos de aceptar a la primera de cambio, optó por una decisión sabia. Aprovechó el momento para montar su propia productora y vender así el guión al mejor postor.

Inspirada en el folklore y el cuento tradicional a nivel narrativo y en el expresionismo alemán a nivel visual, la estructura de esta película protagonizada por  un Johnny Depp absoluto que es capaz de sustentar toda la  cinta a través de la mirada (se dice pronto), es un ejemplo de simpleza y firmeza y una muestra de que lo buscado y lo encontrado coinciden perfectamente. La cinta contiene, además, una de las escenas más bonitas que se hayan filmado nunca. El baile de Winona Ryder bajo la nieve mientras suena la maravillosa banda sonora de Danny Elfman es poesía hecha cine e Historia del séptimo arte. Dianne Wiest, Alan Arkin y Anthony Michael Hall completan un reparto que está a todo momento al servicio de esta bella historia.

Las críticas fueron muy buenas (74 en Metacritic) y la taquilla también acompañó, recaudando 86 millones de dólares  sobre un presupuesto de 20 y situándose entre las 20 películas más taquilleras de 1990. El tiempo la ha convertido en una película que sigue viva y pasa generación tras generación como una preciosa rareza, catalogándola como el mejor trabajo jamás realizado por su director. La versión definitiva de Burton de “El doctor Frankenstein” (1931), film siempre recurrente a lo largo de su obra, mezclado con “Los cuentos de Hoffmann”, aderezado con “Pinocho” y retazos de “La bella y la bestia”, dando lugar a una fábula sobre la aceptación y el rechazo que se convierte en la obra más subyugante y preciosa (en todos los términos de la palabra) que jamás haya rodado su realizador. “Eduardo Manostijeras” (1990) no se ve con los ojos, se siente con el corazón.

“Batman vuelve” (1992). Los ecos del héroe

Tras el éxito apabullante de “Batman” (1989), la figura de Tim Burton como director se revalorizó de una manera espectacular. Warner, que ansiaba una secuela a toda costa, ofreció a Burton cantidades ingentes de dinero, pero el director de Burbank, lejos de aceptar a la primera de cambio, optó por una decisión sabia. Aprovechó el momento para montar su propia productora y rodar para Fox “Eduardo Manostijeras” (1990), su proyecto soñado, únicamente para volver triunfante a Warner y presentar todas sus condiciones (esta vez no tendría a los ejecutivos encima, tendría el control total sobre la producción además de un guionista de su elección) para rodar una de las mejores películas de superhéroes jamás filmadas y uno de los títulos clave de su filmografía. Una película que, al contrario que a su predecesora, el tiempo ha tratado muy bien.

Sin estar sujeto a las ataduras del Estudio, Burton pudo dar rienda suelta a su imaginación, rodando la única secuela de su carrera y una película, que no sólo supera a la original en todo, sino que se ha convertido por derecho propio en la mejor película de Batman jamás rodada. El principal acierto de “Batman vuelve” (1992) es, aparte de un tono menos oscuro que su predecesora, la utilización de los tres villanos de la función como ecos de la personalidad de Bruce Wayne/Batman y catalizadores de la trama, brillando con luz propia una maravillosa Catwoman, interpretada por una Michelle Pfeiffer en el papel de su vida. Un canto al feminismo y al empoderamiento de la mujer por encima de todo, que acaba adueñándose del relato e impregnando todos los fotogramas de la cinta.

Protagonizada por Michael Keaton, Danny DeVito, Michelle Pfeiffer y Christopher Walken, “Batman vuelve” permanece como una vuelta de tuerca al género que la crítica no recibió con demasiado entusiasmo (68 de media en Metacritic), recaudando 300 millones de dólares a nivel mundial y que se convirtió en la tercera película más taquillera de 1992. Porque ni siquiera el caballero oscuro a pleno rendimiento pudo hacerle sombra a la alfombra mágica de “Aladdin” (1992).

“Ed Wood” (1994). A positivar

El biopic del peor director de cine de todos los tiempos y un homenaje al cine de serie Z, se convirtió de forma inmediata y por derecho propio en la gran y verdadera obra maestra de Tim Burton. Su mejor película. Su obra cumbre. Una de las grandes cartas de amor al séptimo arte que jamás se hayan rodado. Sincera, humilde y supurando amor por todos sus poros. Nos encontramos aquí ante la obra de un autor maduro, en plena cima de su carrera que expone su discurso narrativo sin ningún tipo de artificio, optando por la simpleza, el optimismo y una gloriosa fotografía en blanco y negro. Una oda al cine, a la creación (tema muy presente en toda su obra), a la exaltación de la diferencia y a la aceptación de uno mismo como catarsis afectiva.

Una película biográfica, de propuesta intimista, tierna, emotiva y llena de humor, que celebra la diferencia con una luminosidad pasmosa y cuyo tono entusiasta y optimista la eleva por encima del resto de la filmografía de su director, situándola como el trabajo más sólido que nos ha brindado. Junto a un sobrio y estupendo Johnny Depp, en una interpretación contenida y atípica, encontramos a un reparto de lujo dando vida a unos personajes secundarios que son el  alma de la película y que funcionan como catalizadores del conflicto además de cómo propia solución a él. Secundarios abanderados por un Martin Landau en estado de gracia cuya composición de Bela Lugosi es una de esas interpretaciones portentosas, enérgicas y carismáticas que se dan muy pocas veces y que le reportó, con la mayor de las justicias, el Oscar al mejor actor de reparto. El Oscar fue para Landau, su sombra fue para Lugosi.

La película, considerada un clásico en la actualidad, fue un gran fracaso de taquilla y el primer patinazo de Burton a nivel financiero. Con un presupuesto de 18 millones de dólares, acabó recaudando únicamente 6 en suelo estadounidense. Presentada en la sección oficial del Festival de Cannes de 1994, las críticas fueron muy positivas (70 en Metacritic) y los elogios a la cinta vinieron de todas partes del mundo, ya que es imposible resistirse a una propuesta que nos invita a perseguir nuestros sueños y no rendirnos mientras vestimos jerséis de angora.

“Mars Attacks!” (1996). Venimos en son de paz

El mismo año que se estrenaba “Independence day” (1996) y volvía a poner de moda el cine de invasiones extraterrestres, Burton decidió rodar esta sátira inspirada en las películas de serie B de los años 50, reuniendo a un reparto de lujo con actores de la talla de (tomen aire) Jack Nicholson, Glenn Close, Annette Bening, Pierce Brosnan, Danny DeVito, Martin Short, Michael J. Fox, Sarah Jessica Parker, Lisa Marie, Lukas Haas, Natalie Portman, Tom Jones, Rod Steiger, Jim Brown, Jack Black, Pam Grier, Christina Applegate, Brian Haley y Sylvia Sidney. Una sátira que, sin embargo, supondría un patinazo con la crítica (52 en Metacritic) y su segundo descalabro consecutivo en la taquilla tras más de una década dedicado al cine.

Basada en la serie de los cromos de marcianos que venían con los chicles de la compañía Topps en los años 50, el guionista Jonathan Gems decidió poner en esta alocada propuesta para Warner. Gems contactó con Burton, quien seleccionó las escenas más icónicas de los cromos y entre los dos armaron un guión que tuvo que reescribirse 12 veces, ya que el presupuesto inicial de la cinta se elevaba hasta los 280 millones de dólares. Finalmente la película se financió con 70 millones de dólares, recaudando en taquilla 101 millones a nivel mundial. Un fracaso no demasiado estrepitoso pero un fracaso a fin de cuentas.

Influenciada por los clásicos de la ciencia ficción cincuentera como “La guerra de los mundos” (1953), “La Tierra contra los platillos volantes” (1956) o “Invasores de otros mundos” (1954), Burton nos ofrece una cinta cuya principal intención es dar un bofetón al estatus quo americano y parodiar cada elemento del género y la serie B en un ejercicio que, pese a adolecer de un ritmo que avanza a trompicones debido a su estructura, posee un extraño equilibrio y algunos gags verdaderamente tronchantes que acaban cumpliendo su cometido de forma bastante satisfactoria y traviesa. La película es divertida. El rodaje tuvo que serlo aún más.

“Sleepy Hollow” (1999). Cuidado con la cabeza

El amor de Burton por sus influencias de la infancia y el cine de los estudios Hammer con Vincent Price, Christopher Lee y Peter Cushing como principal reclamo, puede apreciarse en toda su obra, pero ninguno de sus films plasma tan bien y tan acertadamente el espíritu gótico de estas producciones como el título que nos ocupa. Una verdadera obra maestra del director en la que consigue aunar forma y fondo para ofrecernos una de las mejores películas de toda su carrera.

Basada en el relato corto de Wahington Irving (que Disney adaptó en los años 40 en un fabuloso mediometraje de animación) y protagonizada por Johnny Depp (imposición del propio Burton), Christina Ricci, Jeffrey Jones y Miranda Richardson, entre otros, “Sleepy Hollow” (1999) nos ofrece una deliciosa y lograda cinta de terror gótico salpicada con tintes de humor negro tan recurrentes en la filmografía del realizador, en la que destaca una dirección artística impresionante y pocas veces igualada, que fue reconocida con un merecido Oscar para Rick Heinrichs, colaborador de Burton desde los tiempos de “Vincent” (1982). Producida por Francis Ford Coppola, Burton consiguió un extraño equilibro entre terror, acción, humor y romance impregnados de una belleza bizarra que funciona con una gran precisión y que consigue triunfar en cada cosa que se propone.

Con un presupuesto de 100 millones de dólares, la película acabó recaudando únicamente 206 millones a nivel mundial. No fue un fracaso estrepitoso pero a duras penas consiguió recuperar la inversión. La crítica fue bastante cálida y positiva (65 en Metacritic) y los años han revalorizado bastante un producto en el que su director se mueve como pez en el agua y que constituye un sólido ejemplo de su buen hacer cuando tiene delante el material adecuado.

“El planeta de los simios” (2001). ¿Hay un alma ahí dentro?

Burton inauguraba el nuevo milenio con una nueva versión de este clásico del cine de ciencia ficción que consiguió recaudar más de 350 millones de dólares sobre un presupuesto de 100. Un éxito de taquilla indiscutible que reportó bastantes beneficios a Fox y a día de hoy sigue siendo el tercer título más taquillero de la filmografía de Burton. Una propuesta que llevaba más de 15 años dando vueltas por Hollywood y a la que habían estado ligados directores de la talla de James Cameron.

Burton, que como cualquiera en el negocio también ha sido, es y será en ocasiones un director de encargo (no olvidemos que hasta el éxito de “Batman” (1989), los trabajos de Burton eran encargos de los Estudios), aceptó la propuesta de la Fox para dirigir la cinta con la condición de modificar ciertos aspectos creativos y de guión (una vez más, como el 99% de los directores comerciales de Hollywood) que lo adecuasen más a su visión de la historia y a la novela original ya que no quería rodar una simple repetición de la original, incluyendo el polémico y, por otro lado, sorprendente final que encaja totalmente con el sentido del humor perverso del cine de Burton.

Esta película también supuso un punto de inflexión en la carrera profesional de Burton por dos motivos; por un lado, comenzó su asociación con el productor Richard D. Zanuck (“Paseando a Miss Daisy” (1989) quien se convertiría en el productor de todas y cada una de sus películas hasta su fallecimiento en 2012 (a excepción de “La novia cadáver” (2005), en la que no participó) y por otro lado, Burton conoció a la que sería su pareja durante 13 años, la actriz británica Helena Bonham Carter, que se convirtió en su musa, apareciendo en todos sus títulos, excepto “Frankenweenie” (2012), hasta su separación en 2014.

“El planeta de los simios” (2001) está protagonizada por Mark Whalberg, Tim Roth, Bonham Carter, Paul Giamatti, Michael Clarke Duncan y la sosa Estella Warren. Aunque el gran público siempre la nombra como lo peor que ha dirigido Burton, lo cierto es que estamos ante un blockbuster muy solvente y disfrutable, con escenas de acción muy inspiradas y que constituye un entretenimiento palomitero de primera categoría, atreviéndose a cuestionar incluso temas políticos y religiosos que, si bien obtuvo críticas negativas (una media de 50 en Metacritic), hizo que  la gente acudiese en masa a los cines. Por algo sería.

“Big fish” (2003). La historia de mi vida

El padre de Tim Burton había muerto unos meses atrás y él mismo se acababa de convertir en padre. Dos hechos tan determinantes a nivel personal que acabarían incorporados a su discurso cinematográfico en mayor o menor medida en sus títulos venideros. Y lo que, en principio, era una película pensada para Spielberg (que participó de manera más o menos activa en la preproducción pero que acabó dejando pasar), acabó convirtiéndose en una película muy cercana a la sensibilidad de Burton por los motivos anteriormente citados. Porque “Big fish” (2003), en esencia, trata del amor paternofilial. Y como el perdón en última instancia proporciona paz y redención. Y por encima de eso, la cinta es una fábula (en todas las acepciones del término) sobre el amor, el perdón y  la celebración de la vida.

Basada en el best seller de tintes sureños escrito por Daniel Wallace, la película se nos presenta en forma de cuento no lineal para hacernos reflexionar sobre nosotros mismos y nuestros padres. Sus errores y los nuestros. “Big fish” es una película que no deja indiferente (como casi todas las de su director), o la amas y la guardas en un rincón muy especial de tu corazón o la odias y la acusas de aburrida, rechazando desde su estructura episódica que ralentiza la trama por momentos, a su montaje desordenado o a su puesta en escena luminosa y colorista. Esta polaridad hizo que la película tuviese críticas mixtas (una media de 58 en Metacritic) y su recaudación mundial en taquilla ascendiera únicamente a 123 millones de dólares (sobre un presupuesto de 70). El cuarto patinazo en taquilla de Burton en 15 años de profesión y 10 películas a sus espaldas.

Arropado, como es habitual, por un asombroso reparto encabezado por el siempre eficiente y carismático Ewan McGregor, Albert Finney, Billy Crudup, Jessica Lange, Alison Lohman, Helena Bonham Carter, Steve Buscemi, Danny DeVito y Marion Cotillard, la película consiguió tener cierta presencia en la carrera de premios ese año con 7 nominaciones a los BAFTA y 4 nominaciones a los Globos de Oro. Y si bien no es el mejor trabajo de su director, a su identificación con el material sí que es una de las más recordadas por el público. Y así es como el hombre se hace inmortal.

“Charlie y la fábrica de chocolate” (2005). La dolce vita

La segunda película más taquillera en la carrera de Burton, recaudando 475 millones de dólares mundiales, cosechando críticas muy positivas (72 en Metacritic) y, además, una de las películas más crueles, bordes y lisérgicas de toda su filmografía. Willy Wonka hace hasta cuatro referencias al canibalismo a lo largo del metraje. Algo que no deja de tener su gracia macabra al tratarse de una película destinada, sobre todo, al público infantil.

Basada en el famosísimo relato de Roald Dahl, que ya conoció una adaptación cinematográfica en los años 70 (aquella sí era una auténtico viaje de LSD), Burton no se limita a recrear lo que ya habíamos visto 30 años antes, sino que consigue crear un universo único dentro de esa mastodóntica fábrica de chocolate que contiene todas y cada una de las constantes de su cine: personajes marginados, gadgets, imaginería visual, decorados retorcidos y un humor repleto de mala baba. Nos encontramos aquí frente a un Tim Burton en plena forma que controla cada uno de los elementos que aparecen y no aparecen en pantalla, dando como resultado una de sus cintas más aplaudidas y recordadas.

Protagonizada por Johnny Depp (en una de sus creaciones más estrafalarias), Freddie Highmore, David Kelly, Deep Roy, Helena Bonham Carter y Noah Taylor, “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005)  es un auténtico triunfo que se estrenó en formato IMAX debido a su espectacularidad en algunos pasajes. Además de un sólido y equilibrado film, sigue siendo una comedia que encanta a los niños y subyuga a los adultos y que las generaciones venideras recordarán con las nostalgia con la que algunos recuerdan ahora títulos como “Los Goonies” (1984). Y eso es lo mejor que puede pasarle a una película, convertirse en algo generacional.

“La novia cadáver” (2005). Con este anillo, yo te desposo

Sus estudios de Bellas Artes, sus cortometrajes y su trabajo en animación para Disney no hacían presagiar que Tim Burton tardaría 20 años en dirigir una película animada. Esta primera incursión en la animación supone uno de los grandes éxitos críticos de Burton (un 83% en Metacritic), exactamente el mismo porcentaje que “Sweeney Todd” (2007). Cabe decir que la principal motivación de Burton a la hora de levantar este proyecto es meramente económica. Al ser propiedad de Disney, Tim no cobraba ningún beneficio de la venta de merchandising de “Pesadilla antes de Navidad” (1993), que comenzó a hacerse muy rentable a partir de 2003. Tras lanzar una línea de figuras basada en su libro de poemas, “La melancólica muerte de Chico Ostra” (1997), Burton decide embarcarse en este proyecto asegurándose, esta vez sí, un buen contrato con la compañía de juguetes de Todd McFarlane, asegurándose la última palabra en cada uno de los elementos de merchandising y venta de licencias.

Embarcado en la postproducción de la que sería su película previa, “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005), Burton buscó la ayuda de Mike Johnson, quien había trabajado como animador en “Pesadilla antes de Navidad” (1993) para que codirigiera la cinta junto a él y se asociaron con la productora Laika, en uno de los primeros largometrajes de la compañía. Y todo ello para contarnos una versión muy particular de un cuento del folklore judío-europeo y la leyenda escocesa de “La desdichada comitiva” mostrándonos la eterna dicotomía entre la vida y la muerte. Un cuento con una plasticidad y una puesta en escena apabullantes de una sensibilidad que roza lo exquisito por momentos. Un trabajo que le valdría su primera nominación al Oscar en la categoría de mejor película de animación.

Con los talentos vocales de Johnny Depp, Helen Bonham Carter, Emily Watson, Christopher Lee y Albert Finney, “La novia cadáver” (2005) consiguió recaudar 117 millones de dólares en todo el mundo (con un presupuesto de 40) y acercar al público un cuento macabro, gótico y romántico a partes iguales, en la mejor tradición de su admirado Edgar Allan Poe. Un cuento rodado con pasión y pulso de hierro; donde lo visual y lo conceptual se dan la mano para celebrar la muerte como parte inseparable de la vida.

“Sweeney Todd” (2007). Epifanía

La película de Tim Burton con mejores críticas de toda su filmografía (83 en Metacritic), empatando con “La novia cadáver” (2005).  Basada en el famosos musical de Stephen Sodheim, “Sweeney Todd” (2007) es una de las cimas artísticas de la filmografía de Burton que se alzó con el Globo de Oro a la mejor película (comedia o musical) y que tuvo gran presencia en la temporada de premios. Además, también supuso la cumbre de la dupla protagonista: Johnny Depp (que estuvo nominado al Oscar) y Helen Bonham Carter nunca han tenido mejor timing juntos ni han funcionado tan bien.

Con su estructura de opereta y sus rasgos de tragedia griega, Burton nos ofrece un musical sangriento que se transforma en un drama taciturno y, en última instancia, en una historia de amor y venganza unidos en una línea tan fina que roza la locura. El guión de la cinta no pierde un ápice de crueldad y de la ironía que hicieron famoso al musical londinense, sabiendo trasladar perfectamente al lenguaje cinematográfico una propuesta teatral que, en manos de otro director, podría haberse convertido en algo tosco. Sin embargo, Burton le insufla un nervio y un aire fresco a cada plano que eleva la película por encima de la media, convirtiéndola en uno de sus mejores films y en uno de los más pesimistas cuyo mensaje último es tan triste como certero: comer o ser comido para encajar en el mundo.

Con reminiscencias al cine de la Hammer y autohomenajes a “Eduardo Manostijeras” (1990) y  “Sleepy Hollow”(1999), la película fue recibida con gran entusiasmo por crítica y público y consiguió recaudar 152 millones de dólares a nivel mundial sobre un presupuesto de 50, reportando beneficios y demostrando que Burton seguía teniendo muchísimo que contar y que aún era capaz de sorprender. Aunque no sería con su siguiente título.

“Alicia en el país de las maravillas” (2010). Buen viaje

Esta versión del libro de Lewis Carroll fue la película que dio origen a la incesante moda de Disney de adaptar sus películas animadas a versiones en acción real (aunque comenzase realmente en 1996 con “101 dálmatas. ¡Más vivos que nunca!”). Tras su enorme recaudación de más de 1.000 millones de dólares, era esperable que Disney viese un filón en las adaptaciones de sus clásicos animados. Pese a encontrarnos ante la película más taquillera de la filmografía de Burton, probablemente también estemos ante el punto artístico más bajo de su trayectoria. Una propuesta mecánica y carente de pasión, que sin embargo, constituye una solvente cinta familiar por momentos con una dirección artística hipnótica.

Dirigida con piloto automático, cuesta encontrar el brío de Tim escondido en los fotogramas de la cinta. Con todo, estamos ante un film que consigue algún momento bastante inspirado y que cuenta con el siempre bienvenido particular sentido del humor de su director, representado aquí por una Helena Bonham Carter que está disfrutando en cada fotograma. Una cinta que debería haberle venido a Burton como anillo al dedo y que, desgraciadamente, acaba quedándose en algo muy inocuo y casi aséptico que tuvo una muy floja recepción crítica (una media de 53/100 en Metacritic) pero que consiguió llenar las salas de cine, convirtiéndola en un fenómeno mundial.

Protagonizada por Mia Wasikowska (una de las mejores actrices de su generación), Alan Rickman, Johnny Depp y Helena Bonham Carter, “Alicia en el país de las maravillas” (2010) es por un lado remake y secuela de la cinta original, pero que no es más que un espejismo de lo que un Tim Burton menos perezoso y más en forma podría haber hecho con el material. Un gol que rebota en el poste y que no fue. Y es una auténtica pena.

“Sombras tenebrosas” (2012). Vuelta a los orígenes

Nos encontramos aquí con una de las películas más polémicas de Tim Burton. Tras las críticas cosechadas con “Alicia en el país de las maravillas” (2010), Burton vuelve aquí a sus orígenes, reuniendo todos los elementos característicos de sus primeros trabajos e idiosincrasia propia que tan buenos resultados le había dado en el pasado. Humor negrísimo y perverso, gags basados en el slpastick y una mezcla de tonos que nos devuelven al Burton más gamberro y descarado. Basada en la popular serie de tintes góticos del mismo nombre que emitió la cadena ABC durante los años 60 y 70, nos encontramos, probablemente, ante la más delirante y decadente comedia que nos ha dado Timmy.

La historia del vampiro Barnabas Collins, al que da vida un inspiradísimo y criticado Johnny Depp, acompañado de Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, Jackie Earle Haley, Jonny Lee Miller, Chloë Grace Moretz y Christopher Lee, contiene además unos tintes góticos totalmente acordes a la sensibilidad de Burton por los que se mueve como pez en el agua como si su cine hubiese vuelto a esa despreocupación que tenía en los años ochenta y nos encontrásemos casi ante un remake apócrifo de “Bitlechús” (1988). El principal problema de “Sombras tenebrosas” (2012) es que a muchos espectadores les horrorizó su mezcla de tonos y géneros, como si fuera la primera vez que el director utilizase ese recurso. Puedes abrazar la película y dejarte encandilar con su perversidad o puedes horrorizarte de lo heterogéneo del conjunto y el variable tono que impregna la cinta.

Los críticos no supieron apreciar la propuesta y sus críticas fueron negativas (55 en Metacritic), aunque en realidad no muy alejadas de las críticas cosechadas por otros títulos más respetados del cineasta. El público acompañó algo más (sobre todo en España) y la película consiguió recaudar 250 millones de dólares mundiales sobre un presupuesto de 150, un incomprendido fracaso de crítica y público, que en realidad es un intento de Burton por volver a sus orígenes y conectar con ese público que lo acusaba de haberse ido, ofreciéndole lo que se supone quería. Igual no es Burton quien había cambiado, sino la audiencia.

“Frankenweenie” (2012). ¡Está vivo!

Basándose en su propio mediometraje de 1984 para Disney, Burton decidió hacer un remake de su propia historia, que a su vez era un remake encubierto y no disimulado de “El doctor Frankenstein” (1931) de James Whale, utilizando la animación stop-motion y un efectivo blanco y negro fotografiado con maestría por Peter Sorg que tan bien le sentaría a la película. Con unos personajes diseñados con el estilo marca de la casa, Burton nos cuenta aquí una reflexión sobre la autoría y la pasión. Un discurso que acabaría desembocando dos años después en su siguiente proyecto.

Con los talentos vocales de viejos amigos del director como Winona Ryder, Martin Short, Martin Landau y Catherine O’Hara, Burton nos ofrece una muestra de gran cine y una oda al cine de monstruos de la Universal, narrada con una pasión inusual y con la determinación de un artista en plena forma que sabe cómo transformar una historia corta en una película, aportando matices y personalidad a los personajes y capas de profundidad a la historia para ofrecernos una deliciosa película que hizo rozar a Burton el Oscar con sus dedos, pese a que se lo arrebatase la mediocre y sosa “Brave (Indomable)” (2012) en el último momento. Al enos fue a manos de Brenda Champman, amiga personal de Burton.

“Frankenweenie” (2012) cosechó críticas muy positivas (74 en Metacritic) aunque fue un sonado fracaso de taquilla, en parte por la campaña de publicidad de Disney y por el tono macabro y siniestro de la propuesta que no iba dirigida a niños pequeños y sí a un público más adulto y que Disney (como siempre con el cine de Burton) no supo cómo vender pese a encontrarnos ante uno de los grandes trabajos de su director. Un relato que, en última instancia, es un canto de amor al cine fantástico.

“Big eyes” (2014). La devaluación del arte

Considerada una cinta menor del director, “Big eyes” (2014) representa su película más personal desde “Eduardo Manostijeras”(1990), ya que Burton aprovecha la extravagante historia real del matrimonio formado por Margaret y Walter Keane sobre la autoría de sus cuadros de niños de ojos grandes para hacer una reflexión sobre cómo el arte puede acabar devaluándose cuando su autor no quiere, o no puede, controlar su obra.

Pero “Big Eyes” (2014) es mucho más que eso. También es  un ejercicio de autoconsciencia y un “mea culpa” fílmico del propio Burton  que acaba ofreciéndonos un juego metacinematográfico de cómo una visión artística puede acabar casi degradándose a lo más miserable en pos de una marca y del dinero. Y cómo un autor puede perder por completo su voz. Una reflexión verdaderamente sincera de cómo la marca Tim Burton se ha acabado autofagocitando a sí misma con el paso de los años y ha acabado siendo la copia de una copia en ciertas ocasiones. Su pulso tras la cámara es uno de los más firmes que el director de Burbank ha mostrado nunca. La identificación emocional con el material convierten a están cinta en una pequeña gran joya de su filmografía con escenas para el recuerdo.

Desde una dirección artística tan sutil como envolvente, hasta una fotografía inmersiva, pasando por un libreto muy sólido, donde los personajes están completamente definidos, es en Amy Adams donde encontramos la otra gran baza de la película. Su composición de Margaret Keane y su evolución como personaje está elaborada con tal delicadeza y cariño, que la actriz desaparece en el personaje al que dota de un lenguaje no verbal sin el cual su interpretación no sería la misma. Los Globos de Oro supieron valorar tal esfuerzo actoral, otorgándole a Adams el premio a la mejor actriz (comedia o musical). Un canto a un personaje frágil e introvertido que acaba emergiendo a través (y gracias a) su arte, que funciona a la misma vez como metáfora de su maternidad, y que acaba convirtiendo a la propuesta de Burton en una oda al feminismo y a la liberación de la mujer, demostrando, una vez más, el buen hacer de Burton con los personajes femeninos. Es sin embargo en la elección de Christoph Waltz como Walter Keane donde encontramos la gran pega de la película y que acaba desmejorando por ratos el conjunto. Inevitable pensar que, en manos de otro actor, el personaje de Walter podría haber sido una auténtica delicia.

“Big eyes” (2014) cosechó críticas bastante cálidas (62 en Metacritic), sin embargo la taquilla no acompañó del mismo modo y la película se considera un fracaso, ya que recuperó únicamente la inversión inicial, reforzando ese concepto que se tiene de película menor en la filmografía de Burton. Sin embargo, como dice el refrán, es en las cosas pequeñas donde se guardan las grandes esencias y en esta película encontramos la esencia de su director. Pura. Sin artificios.

“El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” (2016). Alegoría bélica

La película más reciente del director hasta la fecha (y a la espera de su versión de “Dumbo”) se enmarca en el denominado género young-adult (género que lleva muerto casi desde su inicio), basándose en el aclamado best-seller del mismo título escrito por Jason Biggs y que supone el primer capítulo de una trilogía que probablemente no tenga continuación. Esperemos que así sea. La crítica fue muy fría con ella (57 en Metacritic) y la taquilla, pese a ser número uno en su estreno, no acabó acompañando y recuperó poco más de lo invertido. Si bien es un título estimable, no consigue despegar del todo y, cuando lo hace, se acaba casi de manera abrupta con la falsa promesa de una continuación que nadie quiere ver.

El film, protagonizado por la gran Eva Green, no deja de ser una fábula sobre niños con características especiales que viven en un hogar para huérfanos situado en una isla galesa durante los bombardeos de la guerra bajo la atenta mirada de Miss Peregrine, una institutriz muy peculiar. Un título que funciona principalmente como una alegoría sobre el trauma de la II Guerra Mundial y sus consecuencias. Una propuesta aderezada con toques muy cinéfilos (eso sí) y todos y cada uno de los elementos que caracterizan el cine de Burton y que, prácticamente, se homenajea en formas narrativas. Su primer acto es deudor en forma y fondo de “Big fish” (2003). Su segundo acto nos recuerda por momentos a “La novia cadáver” (2005), para desembocar en un tercer acto que es deudor del “Mars Attacks!” (1996) más gamberro y macarra y del cine de Ray Harryhausen. Sin duda, la mejor parte de toda la película.

“El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares” (2016) acaba siendo una película de Estudio solvente, pero con un ritmo atropellado que hace que no consiga despegar el vuelo en ningún momento. En su favor sí hay que comentar que contiene algunas de las imágenes más macabras y siniestras de la filmografía del director. Algo que es de agradecer. Además, su negro sentido del humor planea por toda la cinta, deleitándonos con su siniestra socarronería (cameo en la montaña rusa incluido). Un Burton a medio gas en definitiva, pero al que se le nota que su pulso sigue ahí y que aún tiene cosas por contarnos. Hasta entonces, te esperamos, Timoteo.

Una primera versión de este reportaje fue publicada en Junio de 2017 en C´mon Murcia

Sr. Finch

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