In Memoriam: Max Von Sydow, la clase y presencia que vino del frío

In Memoriam: Max Von Sydow, la clase y presencia que vino del frío

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Querido Teo:

El gran Max Von Sydow ha perdido a los 90 años su eterna partida contra la muerte formando ese icono cinematográfico como el caballero que frente a un tablero de ajedrez afronta su destino. Junto a otros actores ya fallecidos como Bibi Andersson y Erland Josephson fue uno de los intérpretes habituales del cine de Ingmar Bergman en una época en la que funcionaban con el engranaje y la camaradería propia de una compañía teatral. Además de ello, traspasó las fronteras de su Suecia natal dejando papeles para la Historia como el Jesús de “La historia más grande jamás contada” (1965), el padre Merrin de “El exorcista” (1973), el sicario Joubert en “Los tres días del Cóndor” (1975), el Mayor alemán de “Evasión o victoria” (1981), el Doctor Kynes de “Dune” (1984), o el jefe de “Minority report” (2002). Fue nominado 2 veces al Oscar como protagonista por “Pelle el conquistador” en 1989 y como actor de reparto por “Tan fuerte, tan cerca” en 2012.

A pesar de formar parte de la vieja guardia de grandes intérpretes europeos, siendo inconfundible una mirada profunda y enigmática gracias a sus ojos azules y una sonrisa tan reparadora como amenazadora, su carrera supera las 150 producciones entre películas y títulos para televisión abarcando siete décadas desde que debutara con “Bara en mor” (1949) y “La señorita Julie” (1951), ambas de Alf Sjöberg. En los últimos años su participación en “Star Wars: El despertar de la fuerza” (2015) y en tres capítulos de la sexta temporada de “Juego de tronos” (2016) le hicieron estar presente para el público más comercial en una carrera variada y heterogénea en la que el actor era siempre clase, dignidad y presencia a lo que contribuía su porte aristocrático y aire introspectivo.

Así hablaba Von Sydow de su encuentro con Ingmar Bergman estando presente en algunos de los mejores trabajos de la época dorada del director como “El séptimo sello” (1957), “Fresas salvajes” (1957), “El manantial de la doncella” (1960), “Como en un espejo” (1961) o “Los comulgantes” (1963): “Estaba en el instituto, y él ya actuaba y dirigía teatro en Estocolmo. Yo ya había oído hablar de él y de la controversia que levantaban sus producciones, a menudo provocativas. Empecé en el teatro, lo del cine me sonaba lejano, y fui a una escuela de drama donde hacías prácticas en teatros municipales. En Suecia, los ayuntamientos contratan a un director para programar toda la temporada en cada teatro municipal y, en el caso de Bergman, al final de la temporada, en verano, el mismo equipo teatral se convirtió en equipo de cine. Estuve en una de esas compañías municipales seis años y al tercero llegó Bergman. Fue una bendición (…)”. 

Su primer trabajo juntos sería en una representación en el Teatro municipal de Malmö en 1955, en el que pusieron en marcha el primer montaje en Europa de la obra “La gata sobre el tejado de zinc” de Tennessee Williams y juntos rodaron 10 películas (de “El séptimo sello” en 1957 a “La carcoma” en 1971) y dos títulos para televisión.

Aunque se resistió a los cantos de sirenas de Hollywood, la gran difusión internacional del cine de Bergman hizo que su rostro fuera muy conocido por los cinéfilos, entre ellos rechazar el papel del Dr. No en la saga Bond, el éxito de la producción internacional “La historia más grande jamás contada” (1965) le llevó a afincarse en Hollywood alternando películas como “Hawai” (1966) de George Roy Hill, “Conspiración en Berlín” (1966) de Michael Anderson, o el telefilm “El diario de Ana Frank” (1967) con títulos de su país como “El fuego de la vida” (1966) de Jan Troell o “La hora del lobo” (1968) y “La vergüenza” (1968), ambas de Ingmar Bergman.

Una tendencia que continuó los siguientes años con “Los emigrantes” (1971), “La carcoma” (1971) o “El exorcista” (1973), donde, cuando sólo contaba con 44 años, se avejentaba para dar vida al padre Merrin que intenta frenar la amenaza de esa niña poseída en la cinta de William Friedkin que le valió su segunda nominación al Globo de Oro en 1974 (la primera fue por “Hawaii” siete años antes).

Siempre en las quinielas para hacerse con el Oscar honorífico, llevó a cabo en los 70 y 80 una actividad frenética que le llevaría a protagonizar la filosófica “El lobo estepario” (1974), basada en la novela de Hermann Hesse, y trabajar con nombres como Sydney Pollack (“Los tres días del Cóndor”), Stuart Rosenberg (“El viaje de los malditos”), Bertrand Tavernier (“La muerte en directo”), John Huston (“Evasión o victoria”), David Lynch (“Dune”) y Woody Allen (“Hannah y sus hermanas”). Entre medias disfrutes como la intriga coral de enredo “Excelentísimos cadáveres” (1975), el emperador Ming de “Flash Gordon” (1980), cine comercial en “Conan, el bárbaro” (1982) o quitándose la espina de la saga Bond con “Nunca digas nunca jamás” (1983).

En 1989 se convertiría en el tercer actor (después de Marcello Mastroianni y Giancarlo Giannini) en ser candidato al Oscar como protagonista por una interpretación no hablada en inglés. Fue gracias a “Pelle el conquistador”, cinta de Bille August que narraba como, a finales del siglo XIX, numerosos inmigrantes suecos llegan en barco a la isla danesa de Bornholm buscando una vida mejor. Entre ellos están el joven Pelle y su padre, Lasse Karlsson, un pobre granjero que intenta por todos los medios que su hijo no pierda la esperanza. Una cinta de la que el actor estaba especialmente orgulloso por todo lo que su personaje dignificaba a la clase trabajadora. Con el director repetiría en “Las mejores intenciones” (1992) y “Jerusalén” (1997).

No bajaría el ritmo y además de aportar prestigio en cualquier reparto, y estar en la española “Intacto” (2001) de Juan Carlos Fresnadillo, rodó con algunos de los más grandes del momento como el caso de “Hasta el fin del mundo” (1991) de Wim Wenders, el telefilm “Encuentos privados” (1996) de Liv Ullmann, “Insomnio” (2001) de Dario Argento, “Minority report” (2002) de Steven Spielberg, “La escafandra y la mariposa” (2006) de Julian Schnabel, “Shutter Island” (2010) de Martin Scorsese o “Robin Hood” (2011) de Ridley Scott.

También estuvo en títulos como “Despertares” (1990), “El toque silencioso” (1992), “Más allá de los sueños” (1998), “Mientras nieva sobre los cedros” (1999), “En busca de la tumba de Cristo” (2006) o “Cartas a Dios” (2009). Cuando nadie le esperaba en la carrera de premios, al igual que la cuestionada película de la que formaba parte, Max Von Sydow fue candidato a los Oscar de 2012 por su papel de vecino mudo y traumatizado en “Tan fuerte, tan cerca” de Stephen Daldry que formaba una especial alianza con ese niño oligofrénico por las calles de Nueva York.

Un trabajo que mostraba todo su talento a través de los gestos y en el que se quedó a las puertas del premio por el hecho de que la inercia de la carrera ya estaba ese año a favor de otro contemporáneo como el Christopher Plummer de “Beginners”. Ambos veteranos, nacidos en 1929, estuvieron juntos en “La gran huida” (1984) y “Aritmética emocional” (2007).

En 1988 el actor dirigió una película “Ved vejen”, basada en una novela de Herman Bang, y recibió premios de homenaje en todo el mundo como en Cannes en 2004, en San Sebastián en 2006, en Sitges en 2016 y en la Asociación de Críticos de Los Angeles en 2017. Fue candidato al Emmy como actor invitado por su papel de Cuervo de Tres Ojos en la sexta temporada de “Juego de tronos” y le vimos por última vez en “Kursk” (2018) sobre la tragedia del submarino ruso y el papel de las autoridades del país intentando ocultar sus negligencias y deficiencias técnicas.

En 1996, se divorció de Kerstin Olin (con la que tuvo 4 hijos durante 45 años de matrimonio), y se casó con la cineasta francesa Catherine Brelet. A partir de entonces, Von Sydow vivió en París y se nacionalizó francés en 2002, ostentando la doble nacionalidad, lugar en el que se ha producido su muerte a los 90 años tras una carrera mayúscula e incesante y ante la que sólo hay que rendirse.

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Nacho Gonzalo

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