Las cinco secuencias de... Audrey Hepburn

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Querido primo Teo:

Hace mucho que no intercambiamos correspondencia y echo mucho de menos conocer tus anécdotas desde la celda. Me pregunto cómo llevas la pandemia desde ahí. Mientras tanto, repasando sobre qué grandes estrellas de Hollywood habíamos hablado y cuáles no, me doy cuenta de que nunca nos paramos a comentar las inolvidables secuencias de una de las más importantes actrices de siempre: Audrey Hepburn. Vamos a solucionarlo.

Audrey Kathleen Ruston nació en Bruselas el 4 de Mayo de 1929. Hija de la baronesa Ella Van Heemstra y del burgués Joseph Ruston, que después uniría al nombre familiar el apellido Hepburn tras “descubrir” que eran descendientes de James Hepburn, conde que estuvo casado con María Estuardo, aunque no está claro que esto sea cierto. La cómoda vida aristocrática de la niña se vería alterada por las discusiones de sus padres que terminaron con su separación cuando Audrey tenía 6 años. En el futuro, la actriz relataría la marcha de su padre como el momento más traumático de su vida aunque siempre fue muy discreta y no quiso contar nada de su infancia. Tal vez no quería recordar el apoyo de sus padres al fascismo, especialmente de un padre del que no supo nada hasta muchos años después, a pesar de estudiar en un internado británico para que éste pudiera ejercer sus derechos de visita de la niña. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial escaparon de Gran Bretaña para refugiarse en los Países Bajos, pero también llegó la guerra y con ella las dificultades económicas. Entre que el padre había dilapidado buena parte de la fortuna y una confiscación de bienes durante la guerra se quedaron sin nada. Lo único que seguía animando a la joven eran sus clases de ballet y su sueño de convertirse en bailarina. Cuando la escasez ya no permitía comprar mallas o zapatillas, las fabricaban con cortinas o sábanas viejas. Además, la futura actriz empezó a dar clases, aunque todas sus ganancias se destinaban a financiar la resistencia contra los nazis. Al final de la guerra, sin luz ni agua, sobrevivían a duras penas con gran hambre que piensa que le alteró el metabolismo hasta dotarla de esa extrema delgadez tan característica de su imagen.

Con la guerra terminada, pudo empezar a trabajar como cocinera y ama de llaves para mantener a su familia y pagar las clases de ballet de su hija. Un día un par de cineastas se pasaron por la academia para buscar una joven que pudiera interpretar un pequeño papel de azafata aérea y eligieron a una chica alta y delgada de grandes ojos, sin saber que le estaban dando el primer papel a una gran estrella. Aunque Hepburn seguía teniendo como vocación la danza, empezó a buscar trabajo en la interpretación para ganar dinero. Se mudó con su madre a Londres donde la acogió la reputada profesora Marie Rambert, dándole comida y alojamiento en sus primeros meses. Logró algún trabajo como modelo de ropa o rostro publicitario mientras seguía bailando pero sin conseguir el éxito. La necesidad de dinero y la falta de trabajo como modelo le llevaron a registrarse en las oficinas de casting de los estudios británicos y del teatro del West End. En sólo seis meses de su llegada a Londres acertaba en una crucial decisión, renunciar a participar en una gira sudamericana con otras compañeras de la escuela de danza para poder ganar algo más de dinero en una pequeña oferta interpretativa en el teatro. Poco a poco fueron llegando también pequeños papeles para la gran pantalla en obras de poca importancia. La excepción fue “Oro en barras”, mejor película británica en los Bafta, que protagonizaba Alec Guinness. Hepburn tenía sólo una frase, pero fue lo suficiente como para llamar la atención del intérprete de “El puente sobre el río Kwai”, aunque no logró convencer a Mervyn LeRoy para que la contratara. Pero junto al set de rodaje, estaban preparando otra producción que le daría su primer papel de importancia en “The secret people”, donde necesitaban encontrar una actriz que supiese bailar bien o bien una bailarina que supiese actuar. En una fiesta para el Estudio conoció a James Hanson, que sería su primera pareja formal. También tuvo un pequeño papel en “Americanos en Montecarlo”, coproducción rodada en dos idiomas en la que fue clave el fluido francés de nuestra protagonista para lograr el contrato. Pero lo más importante de su estancia en Montecarlo fue conocer a la escritora de “Gigi” y que ésta la seleccionara para interpretar a la protagonista en Broadway. Llegó a Nueva York sin hacer ruido, pero pocos días después del estreno ya era una celebridad. Pronto su popularidad se haría todavía más grande con su primera película de Hollywood.

Vacaciones en Roma (1953)

“Vacaciones en Roma” cuenta la historia de una princesa que visita un país extranjero, se escapa de sus escoltas y vive 24 horas de locura mientras se enamora de un periodista americano. La idea de la película se les ocurrió a los guionistas Hunter y Trumbo a mediados de los 40, y la convirtieron en un libreto que vendieron a Frank Capra para la Paramount. El director de “¡Qué bello es vivir!” pensaba rodar el film con Cary Grant y Elizabeth Taylor, pero problemas para cerrar el casting le hicieron abandonar el proyecto. Este quedó aparcado hasta que en 1951 William Wyler leyó el guión y se dio cuenta de que podía estar ante un gran éxito así que pidió permiso a la productora para marchar a Roma a buscar localizaciones para preparar la película. Pero para que todo funcionase, necesitaba a la princesa perfecta. Quería una chica sin acento americano y que se pudiese creer que había sido educada para ser una princesa. Pensó que la había encontrado con Jean Simmons, pero Howard Hughes se negó a liberarla de su contrato con la RKO ni a discutir un préstamo para esta película. Entonces apareció la posibilidad de contratar a la por entonces desconocida Audrey Hepburn, y el Estudio se mostró interesado, pero puso como condición que esta cambiara el apellido para evitar confusiones con Katherine HepburnAudrey se negó. Por entonces, ya había sido elegida para “Gigi” y estaba a punto de marcharse a Usamérica desde Londres, pero no podía negarse a realizar una prueba para Hollywood. Wyler aún se encontraba en Roma, así que preparó una estratagema con su ayudante para tener información más fiable que la de una prueba de cámara: al terminar la escena mantendría la cámara rodando para poder juzgar mejor su personalidad. Wyler se quedó entusiasmado con lo que vio, aunque no tanto como el encargado de buscar nuevos talentos para la compañía, que no dudó en calificar su prueba como una de las mejores que se habían hecho nunca.

De repente todo iba muy rápido en la vida de Audrey, que tras seis meses de éxito con “Gigi” se fue a Roma a comenzar el rodaje sin tiempo para descansar. En esto también la joven actriz era innovadora, cuando el sistema de Estudios todavía mantenía férreos contratos con grandes estrellas, aceptaron esperar por ella a que terminase su compromiso con Broadway. El protagonista masculino fue encarnado por Gregory Peck, que recibió a Hepburn como una princesa. Pronto comenzaría una amistad que continuó durante toda su vida. El rodaje resultó bastante complicado, y ya nada más comenzar tuvo que lidiar con la decepción sufrida por Hepburn cuando se enteró de que antes que a ella Wyler quería contratar a Simmons (ésta terminaría felicitando por teléfono a Hepburn tras ver la película opinando que no sería capaz de interpretarla ni la mitad de bien). Además, por aquel entonces era muy raro grabar tanto fuera de los Estudios y Wyler no tuvo en cuenta los problemas de rodar en verano. Por un lado estaban el calor y la humedad que hacían de Roma una sauna, y por otro la multitud de turistas entusiasmados de ver un rodaje en directo. Aunque esto último tal vez fuera una ventaja para la protagonista de esta carta. El cortar calles, acordonar monumentos o desviar el tráfico para rodar no se podía mantener más que lo necesario para un muy limitado número de tomas en cada escena, lo que impidió que Wyler pudiera repetir las tomas una y otra vez como estaba acostumbrado, y que podría haber sido demasiado duro para una actriz inexperta. Dos secuencias de la película cuentan con un realismo especial: en el baile de la embajada participaron las damas más nobles de la alta sociedad de Roma invitadas por la Paramout, mientras que la Asociación de Prensa Internacional prestó a 38 corresponsales para que se interpretaran a sí mismos en la secuencia de la rueda de prensa con la que comienza ese inolvidable momento de cine-cebolla con el que termina la película. Otros momentos inolvidables son el paseo en vespa, el helado en la escalinata o la secuencia que puedes ver a continuación de la boca de la verdad.

En un principio, Peck era la única estrella y el único que aparecería destacado como tal en los créditos, pero tras unas semanas de rodaje se dio cuenta de la importancia y de la valía de Audrey y le pidió a su agente que le dijera al Estudio que quería que la actriz tuviera la misma acreditación que él, en un primer momento la Paramount no lo veía claro, pero luego aceptó. El actor explicaba que todos se daban cuenta de que ella iba a convertirse en una estrella importante y empezaron a hablar incluso de que podría ganar un Oscar con su primera película. No se equivocaban. Tras la premiere y el pase por el festival de Venecia, la prensa se deshizo en elogios hacia Audrey y en la temporada de premios fue la más destacada del film, logrando ganar el Bafta, el Globo de Oro y el Oscar. En los premios de la Academia la película contaba con 10 nominaciones incluyendo película y director y, además del premio a la actriz ganó el de mejor historia (entregado de manera póstuma a Trumbo tras no acreditarlo en un principio por estar en la lista negra) y el de mejor vestuario a Edith Head. La diseñadora descubrió durante las pruebas que ella y la actriz tenían gustos parecidos, con materiales de gran calidad para crear líneas sencillas y con accesorios sobrios. De la actriz destacaba que sabía cómo realzar sus atractivos, y que calculaba cada decisión pero dando la impresión de no saber nada del asunto. Con esta película Hepburn empezó a analizar con detalle su vestuario y nunca aceptaría ponerse algo sin antes haberlo aprobado. Finalizado el rodaje logró que el estudio le regalara todos los ropajes y accesorios que diseñaran para ella en la película como un regalo de bodas con Hanson que nunca llegó a producirse, pues poco después Audrey anunciaba la ruptura del compromiso matrimonial, cansada del carácter de su pareja, así como de sus continuos devaneos.

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Sabrina (1954)

“Sabrina” cuenta la historia de la hija de un chófer de una familia adinerada que se marcha a estudiar a París y vuelve convertida en una hermosa joven elegante y refinada, una “princesa” de un cuento de hadas moderno. Audrey Hepburn leyó el texto de la obra teatral antes incluso de su estreno y pidió a la Paramount que lo comprara, cosa que hizo el Estudio acordando con ella un modesto contrato poco más pagado que su primera película. Y es que todo esto pasó antes del estreno del primer gran éxito de la actriz. Tras ese rodaje, Audrey debía continuar la gira de “Gigi”, y sólo entonces pudo escapar unos días a Londres para un merecido descanso. Gregory Peck le presentó en una fiesta a Mel Ferrer, al que la actriz admiraba. El también se quedó fascinado y aceptó buscar un proyecto con el que trabajar juntos. De ahí surgiría su participación en “Ondine” de Broadway, al que seguiría “Guerra y paz”, tercera película de la actriz que coprotagonizaron y, por supuesto, el enamoramiento y posterior matrimonio. Pero antes de todo esto, empezaba el rodaje de "Sabrina" y, antes de volver a Hollywood, Audrey visitó en París a un joven costurero francés al que quería proponer que diseñara todo el vestuario de su personaje en la película. Éste no pudo aceptar, pero si le ofreció varios modelos que serían perfectos para ella. Alcanzado el acuerdo se fueron juntos a cenar y surgió una amistad que duraría toda su vida. El diseñador se llamaba Hubert de Givenchy.

La grabación de la película no resultaría nada agradable por un problema con el reparto. El proyecto fue asignado a Billy Wilder, que se puso a escribir la historia junto a sus colaboradores con Audrey Hepburn, William Holden y Cary Grant como protagonistas, pero poco antes de comenzar el rodaje, Grant renunciaba a participar. Sin mucho tiempo para buscar sustituto, a Wilder se le ocurrió el nombre de Humphrey Bogart en un papel muy alejado de su imagen de duro. Bogie aceptó la oferta por consejo de un amigo, aunque no le convencía el papel. Le molestaba que el personaje fuera creado para otro y tampoco le agradaba el director, aunque sus películas le parecían magníficas. Hubo que reescribir los diálogos para que encajaran mejor con el nuevo actor con gran enfado de los escritores. Además, la actriz resultaba más alta que el actor, por lo que hubo que eliminar los tacones de ella y poner plantillas en los zapatos de él, para disgusto del protagonista de “Casablanca”. Y el choque entre los egos de director y actor no hicieron más que acrecentarse. Para complicar aún más la situación, Humphrey por aquella época tenía graves problemas con el alcohol. Durante el día se esforzaba por mantenerse sobrio, pero sólo hasta llegar las 6 de la tarde en que se tomaba su primer whisky. En su contrato se establecía claramente que su jornada de trabajo acababa a esa hora, así que poco antes llegaba su secretaria con un vaso para que éste pudiera ingerirlo puntualmente. Wilder no se daba cuenta de los esfuerzos que debía hacer Bogie para aguantar hasta las seis, así que le parecía fatal que éste abandonara el plató puntualmente, aunque se hubieran perdido horas preparando la iluminación y sólo hiciera falta rodar unos cinco o diez minutos. Holden también tenía problemas con el alcohol, pero su disposición era opuesta. Pronto se formó un grupo entre Wilder, Holden y Hepburn en el que Bogart no participaba aumentando su resentimiento. Para aumentar la desconfianza, empezó a escuchar el rumor de que Wilder estaba reescribiendo el guión para que fuera Holden el que al final se llevara a la chica. Cuando un reportero le preguntó al director por este asunto, éste zanjó la cuestión: “Bogart cobra más del doble que Holden, es evidente que se lleva a la chica”. Para completar su indignación, Humphrey descubrió la relación clandestina entre la actriz y el casado Holden, lo que hacía más irónica la historia de la película. Además pensaba que esto interfería en la obra. Y tal vez interfirió, pero para bien, pues la irritación de Bogie hizo más creíble su papel de Linus Larrabee. Secuencias como la que comienza con Sabrina recomendando a Linus que encargue un poco de lluvia al llegar a París son inolvidables. Terminado el rodaje, la relación entre Holden y Hepburn se rompió y ya te he contado lo que pasó con Mel Ferrer.

Pero además de los incidentes en el rodaje, hubo otros problemas. Los vestidos de Edith Head para vacaciones en Roma estaban a punto de ganar el Oscar por “Vacaciones en Roma”, así que el estudio volvió a contar con ella para este film, pero había un problema: Givenchy. Ya te conté como Audrey contactó con él antes de la película y cuando apareció con sus diseños todo el mundo estaba entusiasmado, lo que no sentó bien a la diseñadora. Además, Wilder decidió que Head se encargara del vestuario de la protagonista sólo antes de su marcha a París. En un preestreno, Hepburn invitaría al diseñador francés a ver la película y éste comprobó con decepción que no se le mencionaba en los títulos de crédito y curiosamente, fue la diseñadora la única que se alzó con la estatuilla en la entrega de premios de la Academia. A pesar de ello, Givenchy pronto alcanzaría la fama mundial. Wilder logró que la película funcionara a la perfección, ayudado por unas soberbias interpretaciones entre las que destaca la protagonista de esta carta, de nuevo nominada al Oscar y el Bafta, aunque esta vez no repitió premios.

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Desayuno con diamantes (1961)

El personaje más icónico de Audrey es Holly Golightly, la protagonista de “Desayuno con diamantes”, que vemos desayunando frente a Tiffany’s al comienzo de la película, un papel con el que la actriz se escapaba de su imagen inocente que había cultivado hasta la fecha. Nacida de la imaginación de Truman Capote, la novela tuvo mucho éxito y Hollywood empezó a interesarse en su adaptación. Fueron unos productores de la Paramout los que compraron los derechos y contrataron al guionista de “La tentación vive arriba" para la adaptación para disgusto del escritor que vio como éste ganaba más por la adaptación que él mismo por los derechos de autor. Tampoco quedó contento con la actriz elegida, pues prefería a Marilyn Monroe para el papel. Ésta había incluso ensayado dos escenas para interpretarlas ante el escritor, pero su mentora Paula Strasberg le recomendó que no aceptara el papel, así que los productores se fijaron en Shirley MacLaine, que rechazó la oferta porque quería evitar encasillarse. Así que la elegida fue la estrella más reluciente del Estudio, Audrey Hepburn.

La actriz dudó antes de aceptar encarnar a una mujer de vida promiscua, una locuela según la definición del representante de la actriz. La imagen pública de la actriz, junto con la censura de la época, hicieron que se escondiera la amoralidad de la historia. Para el papel masculino el elegido fue George Peppard, que por aquel entonces se mencionaba como posible sucesor de James Dean, aunque finalmente haya sido recordado sobre todo por su interpretación de Anibal en la serie de televisión “El equipo A”. Actor del “método”, su estilo interpretativo difería mucho con el de la actriz protagonista y no congeniaron nada bien. Seguramente debió sufrir bastante con la escena de la fiesta, que fue improvisada en gran parte en el plato. Se dice que esta fiesta es de lo poco que pudo introducir en el guión Blake Edwards, contratado cuando la historia estaba casi terminada. El vestuario de la película fue diseñado, como no, por Givenchy, y sirvió para convertir a Audrey en un icono de la moda y un ejemplo de elegancia que todavía hoy mantiene. El vestido en satén italiano negro, sin mangas y largo hasta el suelo con cuerpo ceñido que porta en la escena inicial junto con esos guantes hasta el codo y el collar de perlas es la imagen que cualquiera se le viene a la cabeza en primer lugar cuando piensa en la actriz, además de ser el vestidito negro más famoso de la historia. 

Audrey también es muy recordada por la secuencia que puedes ver a continuación, donde interpreta la canción de Moon river de Henri Mancini sentada en la escalera de incendios. El compositor cuenta que fue una de las melodías que más le costó crear, pues tardó casi un mes en decidir cómo orientar la música. También cuenta que la nostalgia que desprende procede de la propia Hepburn, pues fue cuando la conoció que le llegó la inspiración. Terminó siendo un brutal éxito merecedor de 3 Grammy y centenares de versiones, pero a punto estuvo de quedarse en la sala de montaje. Resulta que en un pase de prueba, con buena reacción del público por cierto, el presidente de la Paramount opinó que esa puñetera canción debía desaparecer. Audrey reaccionó indignada diciendo que sólo podría hacerse sobre su cadáver y, por suerte, logró imponer su criterio. La película recibió críticas mixtas, pero el público respondió con entusiasmo. En la ceremonia de los Oscar, Hepburn tuvo que ver como Sophia Loren le arrebataba la estatuilla, aunque pudo subir al escenario a entregar el premio a la mejor canción a Mancini, que ganó también el de banda sonora, los únicos galardones de la película en la ceremonia sobre 5 nominaciones.

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Charada (1963)

En los años 60 el musical estaba en declive, así que el director Stanley Donen se vio obligado a reinventarse. Abandonó la Metro-Goldwyn-Mayer y, junto a Cary Grant, fundó su propia productora. La producción estrella fue un ejercicio de suspense que recordaba a “Con la muerte en los talones” y sumaba junto al protagonista de la magna obra de Hitchcock el encanto y sofisticación de Audrey Hepburn, actriz con la que ya trabajó en el musical “Una cara con ángel” quedando entusiasmado con su talento y sabiendo que su nombre era sinónimo de éxito para el film. Así la actriz iba a coincidir por fin en la gran pantalla con el actor que años antes renunció a última hora al papel de Sabrina. Cary Grant esperó a leer el guión de “Su juego favorito” de Howard Hawks para tomar la decisión de rechazar esa película y aceptar la de Donen. Hawks alegó que Grant rechazaba la película porque se sentía demasiado mayor para compartir pantalla con las jóvenes actrices protagonistas, problema que también aparecía en esta historia. Pero los cerca de 25 años de diferencia de edad sirvieron para que el guionista añadiera varios diálogos que bromeaban precisamente con esta situación y además las escenas de amor con contenido físico se redujeron al mínimo dejando que la relación se alimentara de la química entre los intérpretes y la imaginación de los espectadores.

También fue un acierto de casting los secundarios, desde un por entonces poco conocido Walter Matthau, que pronto alcanzaría la cumbre con “En bandeja de plata”, hasta un James Coburn que todos recordarán por su papel en “Los siete magníficos”. Hubert de Givenchy volvió a vestir a la actriz, ayudando a la caracterización del personaje de Regina Lambert, una elegante mujer que planea divorciarse de su rico marido hasta que descubre que ha sido asesinado y no le ha dejado ni un dólar. Otro que volvió a coincidir con Audrey fue el compositor Henri Mancini, muy inspirado en el pegadizo acompañamiento musical.

El rodaje de exteriores se realizó de manera íntegra en París, y el ambiente de todo el equipo resultó muy agradable. Todos estos ingredientes, aderezados por unos inteligentes toques de comedia y un inteligente juego de apariencias cargado de suspense y claramente influído por Hitchcock, hicieron de la película un éxito instantáneo. La crítica se deshizo en elogios a actores, director y guionista y el público acudió en masa llenando los bolsillos de la Hepburn que tenía participación en los beneficios. Y secuencias como la de la cena a bordo navegando sobre el Sena y que puedes ver a continuación se encuentran entre los momentos más brillantes de Donen.

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My fair lady (1964)

Audrey debutó en el musical junto a Fred Astaire en 1957 en la mencionada “Una cara con angel”. Por tanto no era una recién llegada a un género que con esta película demostraba que todavía podría dar un gran éxito a pesar de su pérdida de popularidad tras la dorada década de los 50. Ello no impidió que su elección para el papel protagonista fuera muy polémica. Pero empecemos por el principio. "My fair lady" está basada en la obra teatral “Pigmalión”, escrita por George Bernard Shaw y estrenada en Broadway en 1914 y que tuvo su primera adaptación a la gran pantalla en una película británica de 1938. Ya en los años 50 una adaptación musical de la obra protagonizada por Rex Harrison y una joven Julie Andrews empezó a tener éxito aterrizando triunfalmente en Broadway donde batió unos cuantos récords durante los más de seis años que se mantuvo en cartel. Es una moderna versión del cuento de Cenicienta: el profesor y experto en dialectos Higgins apuesta con un colega que podría convertir en una señorita a Eliza, una harapienta vendedora ambulante de flores con un fuerte acento "cockney" (la peculiar pronunciación de los bajos fondos londinenses). Ante tal éxito, la adaptación cinematográfica estaba asegurada.

Jack Warner se encargó personalmente de la producción y para disminuir el riesgo, buscó una adaptación muy fiel a la obra teatral. Para la dirección contrató a George Cukor, entre otras cosas porque le salía mucho más barato que Vincente Minnelli. Pero los problemas llegaron con la contratación de los protagonistas, sobre todo teniendo en cuenta que el director y el guionista podían proponer nombres, pero era Warner el que decidía. Cukor quería a Peter O’Toole para hacer de Higgins pero a Warner no le gustó el salario que pedía y terminó eligiendo a Cary Grant. Sin embargo, éste no sólo declinó la oferta, además aseguró que no vería siquiera la película si Rex Harrison no era el protagonista. Finalmente, el magnate decidió quedarse con el que ya había encarnado al personaje en Broadway. Probablemente el de Eliza Doolittle sea el único papel que Audrey deseó con toda su alma que le ofrecieran pero cuando lo consiguió empezaría a arrepentirse. La crítica cinematográfica empezó a señalar que era muy injusto que Andrews no repitiera en su papel como su compañero masculino pues a todos causó sorpresa que no se lo ofrecieran. Pero se trató de una imposición de Warner, que no consideraba a la actriz teatral lo suficientemente conocida como para ponerse al frente de una producción de tal magnitud. Aunque gracias a Broadway había alcanzado cierta fama, su popularidad no se podía comparar con Hepburn que se encontraba en la cima de su carrera. Pero quiso la suerte que Julie Andrews pudiera recuperarse rápidamente del golpe al ser contratada por Walt Disney para interpretar a la niñera mágica en “Mary Poppins”. Antes de comenzar el rodaje, Audrey estuvo unas seis semanas aprendiendo el acento con un experto en fonética, así como practicando el baile y el canto, para lo cual se desplazó un profesor desde Nueva York. A pesar de esta última práctica, el contrato de la actriz con Warner permitía al estudio sustituir su voz en las canciones y, aunque Hepburn fue la última en enterarse, pronto decidieron que su voz no estaba a la altura. De poco sirvieron sus clases, así como sus anteriores trabajos en “Una cara con ángel” o “Desayuno con diamantes”. Cuando por fin le llegó la noticia, se lo tomó con bastante profesionalidad, pero estaba muy dolida. No entendía por qué le pagaban cerca de un millón de dólares para actuar en el musical si su voz no servía. Y más teniendo en cuenta que Harrison no necesitó ser doblado. Como curiosidad podemos comentar que utilizó el primer micrófono inalámbrico en la Historia del cine, escondido en su corbata, para que pudiera interpretar en directo durante el rodaje.

Un rodaje que resultó especialmente duro para la actriz, tensa y fatigada durante buena parte del mismo y que se agravó por la ola de calor que atacó a California durante esos días. Tampoco hubo conexión con el protagonista, agravada porque Audrey necesitaba varias tomas hasta alcanzar el tono adecuado para la escena mientras él funcionaba mejor en la primera toma. Otro problema fue el enfrentamiento entre Cukor y el diseñador de producción Cecil Beaton y, una vez éste hubo terminado su parte, un par de fallecimientos terminaron por alterar lo que quedaba de rodaje. En primer lugar fue un miembro del reparto, Henry Daniell, con un pequeño papel pero con una amistad de años con el director que mientras lloraba a su amigo tenía que pensar como cambiar el guión para eliminar su papel. Y otro golpe que impactó en la producción fue el asesinato del presidente Kennedy. La propia Hepburn fue la que comunicó la noticia al resto del equipo tras no ser capaz Cukor de hacerlo. Al terminar el rodaje, Audrey había perdido 4 kilos de peso. Cuando se estrenó unos meses después se convirtió en un gran éxito de taquilla y también tuvo una buena recepción por parte de la crítica y los premios. En los Oscar se llevó 8 de las 11 estatuillas a las que optaba, pero no perdonaron a Audrey Hepburn el quitarle el papel a Julie Andrews y no la nominaron en la categoría de mejor actriz. No contentos con esto, tras una indisposición de la ganadora del año anterior, pidieron a la Hepburn que fuera ella la que entregara el premio al mejor actor. Aceptó con deportividad y le entregó el premio a su compañero de reparto minutos antes de ver como la actriz de "Mary Poppins" se llevaba el de categoría femenina e incluyera en su discurso un irónico “Gracias a Jack Warner por hacerlo posible” al no elegirla.

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En el resto de la década dorada de la actriz, participó en otras obras muy interesantes como “Como robar un millón y…” o “Dos en la carretera”. Pero su vida empezó a complicarse. Tras sufrir un nuevo aborto natural su relación con Mel Ferrer empezó a deteriorarse y terminó en separación. Pasó por una época depresiva perdiendo peso hasta estar en sólo 42 kilos pero pronto rehízo su vida y se casó con el italiano Andrea Dotti. A los pocos meses se quedó embarazada y paró totalmente su actividad para evitar sufrir otro aborto. Y decidió que era mejor para ella dejar el cine y descansar. Disfrutar de la vida con su marido y su hijo. Volvería para un documental en favor de UNICEF en una de las muestras de su carrera humanitaria que cobraría más importancia en sus últimos años y después aceptó abandonar su retiro para protagonizar “Robin y Marian” junto a Sean Connery y rodada en España, una obra crepuscular en la que la mayor parte de críticos destacaron a la actriz como lo mejor del film. Las infidelidades hicieron que su segundo matrimonio también fracasara y decidió que era buena idea volver a la gran pantalla protagonizando varias películas que no tuvieron ni la relevancia ni la importancia de sus anteriores obras.

En los años 90 estaba completamente volcada en su papel de embajadora de UNICEF cuando empezó a sufrir dolor abdominal, éste resultó deberse al cáncer que acabaría con su vida en Enero de 1993. Pero perduraba la imagen de una actriz inolvidable que, de manera póstuma, terminaría de completar el conocido EGOT (premiada en los Emmy, Grammy, Oscar y Tony), algo que hasta el momento sólo 16 personas han alcanzado. Todos recordaremos siempre a esa mujer de hombros bonitos, cintura muy delgada, caderas estrechas y piernas muy largas, tal y como la describió Hubert de Givenchy.

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