Las cinco secuencias de… Ingrid Bergman

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Querido primo Teo:

Se cumplen 100 años del nacimiento de la mítica actriz sueca Ingrid Bergman (y 33 de su fallecimiento). Ante unas fechas tan redondas y teniendo en cuenta que estamos ante una de las más grandes intérpretes de la historia del cine, y una de las pocas que lograron 3 premios Oscar, parece un momento ideal para repasar su carrera a través de sus cinco secuencias más destacadas.

Ingrid Bergman, llamada así por la princesa Ingrid de Suecia, nació el 29 de Agosto de 1915 en Estocolmo, Suecia. Hija única de un matrimonio entre un sueco y una alemana, quedó huérfana de madre a los 2 años y de padre a los 13. Para colmo de males, la tía que se había hecho cargo de ella falleció seis meses después de un ataque al corazón. La huérfana quedó al cargo de un anciano tío soltero pero, gracias a la herencia recibida, pudo recibir una completa educación en el Liceo Femenino. Allí descubrió que su gran sueño era actuar y en 1932 apareció por primera vez en la gran pantalla como extra, pero más importante fue que convenció a su tío de que le dejara acudir a una prueba para entrar en la escuela del Real Teatro Dramático. Eso si, éste le hizo prometer que si la rechazaban se olvidaría de eso de actuar. Y lo que sucedió fue que los jueces la interrumpieron en mitad de la prueba sin dejarle terminar en lo que sería una grandísima decepción de la futura estrella, que más tarde se convertiría en euforia al descubrir que la seleccionaban. Con lo que habían visto era suficiente para darse cuenta de su talento y no necesitaban que completara la prueba. En la misma escuela habían estudiado importantes artistas como Greta Garbo o Gustav Molander. Precisamente fue este importante director sueco el que le dio su primer papel con diálogo y siguió contando con ella en un total de 6 películas, en papeles cada vez más importantes. Rodó algunas películas más con otros directores suecos, pero la más importante de su primera etapa como actriz fue “Intermezzo”, a las órdenes de Molander y estrenada en 1936. En ella interpretaba a una prometedora pianista que se enamora de un famoso violinista a cuya hija da clases de piano. El amor es correspondido y ella decide seguirle aunque eso frene su carrera mientras que el abandona a su familia. Al año siguiente Ingrid se casaría con el dentista Petter Lindström, nueve años mayor que ella, y al que conocía desde su época de estudiante. Pronto tuvieron a su hija Pía. Su carrera daría un salto cuando David O. Selznick, que había quedado impresionado por su actuación en “Intermezzo” y comprado los derechos de adaptación, convenció a la actriz para que protagonizara éste en su primera película americana. La actriz no tenía muchas esperanzas de ser aceptada por su nuevo público por lo que tras el rodaje volvió a su tierra natal donde le esperaban marido e hija. Eso si, no hizo caso de las sugerencias de Selznick sobre su aspecto o su nombre y mantuvo ambos sin cambios. Pero su primera película en Hollywood fue un gran éxito, y la situación en Europa cada vez era más complicada por la guerra, así que Bergman no dudó en volver a Hollywood con su familia, donde Selznick le esperaba con los brazos abiertos. Éste tuvo claro como quería vender a su nueva estrella e insistió en potenciar su imagen de pureza y naturalidad en películas como “Los cuatro hijos de Adán”, en la que repitió con el director de la versión americana de “Intermezzo” Gregory Ratoff o en “Alma en la sombra”. Pero Ingrid se rebeló contra esta imagen porque quería demostrar que sabía actuar y, cuando fue elegida como la elegante pareja de Jeckyll en “El extraño caso del Dr. Jekyll”, convenció a Lana Turner para que intercambiara con ella su papel y así hacer de la amante de Hyde. Tras esta película, Ingrid batallaba para hacerse con el papel de María en “Por quién doblan las campanas” pero, en un principio, la elegida resultó ser la bailarina noruega Vera Zorina, y Bergman estaba desesperada por meterse en cualquier proyecto, aburrida tras varios meses sin trabajar y de su vida en un pueblo de Nueva York donde vivía con su marido que estaba estudiando medicina. Y la película resultó ser la que le convertiría en una estrella inmortal.

Casablanca (1942)

Resulta dificil hablar de “Casablanca”, no sólo por su condición de película favorita de tantas personas sinó por toda la mitología que le rodea. Se han contado tantas anécdotas sobre la película que diferenciar lo que pasó realmente de la leyenda es una tarea ardua. Se podría decir que todo comenzó el día siguiente al ataque de Pearl Harbor cuando una de las empleadas de la Warner encargadas de seleccionar guiones encontró el manuscrito de la obra teatral no estrenada “Todo el mundo viene a Rick’s”. Uno de los muchos mitos es que de la obra original sólo se conservaron algunos nombres, pero la verdad es que hay muchas similitudes aunque el personaje que sí cambió bastante es el de Ilsa, que tenía una actitud distinta y ni siquera se llamaba así. Cuando el productor Hal Wallis leyó el informe sobre la obra quedó entusiasmado, pues tras la entrada de su país en guerra todos en Hollywood querían apoyar (y aprovechar) la nueva situación bélica y no dudó en comprar los derechos. El escenario en el norte de África le recordaba al éxito de 1938 “Argel”, por lo que decidió cambiar el nombre de la producción a “Casablanca”. Volviendo al personaje de la amada de Rick, en la obra no es la intachable esposa de Victor Laszlo sinó una promiscua soltera norteamericana. Pero la censura nunca habría aceptado este personaje. Uno de los primeros actores en unirse al proyecto fue Bogart. Es verdad que el Estudio hizo un primer anuncio de la película como protagonizada por Ronald Reagan, pero sólo como estrategia publicitaria, nunca tuvo opciones reales de hacerse con el papel. Más complicado fue el casting de la actriz protagonista. Cuando los hermanos Epstein empezaron a adaptar la obra teatral se decidió que la protagonista podría ser una europea de reputación intachable y se pensó en Hedy Lamarr, la actriz austríaca protagonista de “Argel”, pero no estaba disponible. Jack Warner pensó entonces en Ingrid Bergman, que como comentamos antes estaba más preocupada por la película basada en la novela de Ernest Hemingway, pero había que convencer a Selznick, propietario de los derechos de la actriz. Filtraron que hicieron una prueba a Michelle Morgan (aunque no les interesaba porque pedía demasiado dinero) y mandaron a los gemelos Epstein a contar la historia de la película. Cuenta la leyenda que tuvieron que improvisar bastante (y probablemente esto sea cierto dado que las versiones del guion que se conocen de aquellas fechas aún no tenían perfilado del todo el personaje de Ilsa) pero tras media hora hablando terminaron por decirle que sería una chorrada al estilo de “Argel”. Selznick terminó dando su aprobación, pensando que la película no tendría mucho éxito y a cambio de poder contar con Olivia de Havilland. Bergman se alegró al enterarse de que por fin tenía trabajo tras el desengaño del papel de “Por quién doblan las campanas” y empezó a preparar su papel. Había ciertas dificultades, como la baja estatura de Bogart, que se solucionó poniéndole unas alzas, o la diferencia de edad (26 frente a 43), pero lo que más preocupaba a la actriz era que no terminaba de entender el trasfondo emocional del personaje y, tras leer el cuarto borrador del guion que le pasaron, solicitó una reunión con el director y los productores para que se lo explicaran. El problema es que muchas de estas preguntas no tenían respuesta. El guion definitivo no estaba terminado. Tanto es así que cuando comenzó el rodaje todavía quedaban detalles por escribir. Sobre todo no terminaba de convencer la forma en que Rick hacía que Ilsa se fuera con Victor. Incluso alguien llegó a proponer otros finales (aunque la censura nunca habría permitido que Ilsa abandonara a su marido) y tal vez esto llegara a oídos de la actriz que preguntaba hacia cual de los hombres se debía inclinar y le preguntaba una y otra vez a Curtiz. Según el día le respondía amablemente que intentara mantenerse neutral o de manera irascible que los actores que quieren saberlo todo resultan insoportables. Lo cierto es que el gran oficio de Michael Curtiz permitió sacar adelante con éxito un rodaje tan complicado como éste. Todo esto dio lugar a otro de los mitos, el de que la película se rodaba secuencialmente porque la historia se iba escribiendo a medida que se rodaba, que lo último en rodarse fue el final y se hicieron varios alternativos. La realidad es que se fue rodando según la disponibilidad de los escenarios y la famosa secuencia final no fue la última, bueno, si no tenemos en cuenta que la frase de “esto es el comienzo de una gran amistad” se grabó un mes después. Frase que, a pesar de los muchos escritores con talento que trabajaron en la película, era del propio productor Hal Wallis. Podría haber sido la secuencia elegida, pero esta vez nos vamos a quedar con otro de esos momentos inolvidables, aquel en el que Ilsa le pide a Sam que toque “El tiempo pasará”. La mítica canción no era original de la película, sinó compuesta para una obra de variedades diez años antes. Canción que entusiasmaba a uno de los autores de la obra teatral en la que se basa el film y que nadie pensó en cambiar al crear el guion. Más complicado fue encontrar al pianista y el papel terminó recayendo en Dooley Wilson, que no sabía tocar el piano. Fuera de cámara se encontraba un pianista profesional y Wilson sólo tenía que fingir que tocaba. Pero este momento inolvidable corrió peligro de desaparecer del montaje final. Y es que al compositor Max Steiner no le gustaba nada la canción y cuando se incorporó al plató, a pocas semanas de terminar el rodaje, hizo todo lo posible por eliminarla. Las malas lenguas indican que deseaba promocionar su propia canción. Pero esto resultaba complicado, porque la canción tenía bastante peso en la historia y cambiarla obligaría a repetir unas cuantas escenas. En pocos días no le quedaría más remedio que desistir. Y es que tras unos días de descanso Bergman se incorporó al rodaje para grabar sus últimos planos, apareciendo bastante deprimida. La realidad es que había hecho una prueba en secreto para el ansiado papel de María en “Por quién doblan las campanas” pero estaba convencida de que había perdido su oportunidad porque el rodaje comenzó con otra actriz y no creía que el Estudio estuviera dispuesto a desechar todas esas tomas. Pero lo cierto es que la Paramount consideraba desastrosa la actuación inicial y pronto recibió la llamada de Selznick contándole que el papel era suyo. Tras unos pocos días más en el set de “Casablanca”, terminó sus escenas y se fue a México donde se cortó el pelo para su nuevo rol. El cambio de imagen hacía completamente imposible rehacer las escenas por lo que Steiner tuvo que desistir y aceptar la canción. Y un mito más en torno a la canción; en el imaginario de muchos espectadores se escucha la frase de Bogart que desencadena sus recuerdos de París “Tócala otra vez, Sam”, pero en la película dice “Si ella resistió yo también. Tócala”. Y un golpe de suerte dio el impulso definitivo para que la película fuera un éxito. Y es que los aliados desembarcaron en el norte de África y la ciudad de Casablanca estaba en las noticias todos los días, así que adelantaron el estreno del film para aprovechar ocasión y, efectivamente, fue un gran éxito de taquilla. La crítica no fue tan entusiasta, pero los premios de la academia se rindieron a ella con 8 nominaciones al Oscar que se convirtieron en 3 premios a mejor película, director y guion. Una de esas películas inmortales que hay que ver antes de morir.

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Luz que agoniza (1944)

“Casablanca” situó a Ingrid Bergman como una de las actrices favoritas del público y era cuestión de tiempo que esta fama se convirtiera en un premio Oscar. No estuvo nominada por la película de Curtiz, pero al año siguiente la Academia corrigió esta ausencia nominando a la sueca por “Por quién doblan las campanas”. Ese año no ganó pero si lo lograría al siguiente con “Luz que agoniza”, la que fue su siguiente película. Basada en una obra de Broadway protagonizada por Vincent Price y Judith Evans, ya llevada al cine en el Reino Unido 4 años antes, cuando MGM compró los derechos de adaptación llegó a intentar destruir todas las copias del material previo para que no compitiera con su película, algo que no logró pues la película todavía puede verse, aunque no alcanzó ni de lejos la fama de ésta. Ingrid interpretaba a Paula Alquist Anton, una mujer cuyo marido (interpretado por Charles Boyer) empieza a manipularla de forma que le hace creer que está loca y que lo que percibe no es real. El contrato de Boyer establecía que debía ser el intérprete mejor pagado, algo que cuando llegó a los oídos de David O. Selznick le enfadó hasta negarse a alquilar los servicios de la actriz, que seguía bajo contrato del famoso productor. Tuvo que ser la propia actriz la que le convenciera, después de insistirle mucho, pues tenía muchas ganas de trabajar con el actor de “Argel”. MGM quería que fuera Hedy Lamarr, su compañera de reparto en esa película la que repitiera a su lado, pero la actriz austríaca rechazó el papel. Una vez que la actriz se unió al proyecto, el director George Cukor le recomendó que estudiara a los pacientes de una institución mental para preparar el papel, algo que hizo centrándose sobre todo en una mujer a la que copió hábitos y tics para dar vida a su personaje. Bergman y Boyer se conocieron en el primer día de rodaje, en el que precisamente se grababa el apasionado beso en la estación de tren. A la actriz no le gustó demasiado tener que comenzar de esa manera antes de poder conocer mejor a su compañero de reparto. Además, para dar una mayor altura al protagonista masculino, en esta escena tuvo que permanecer sobre una caja, mientras que en el resto del rodaje llevaba unos zapatos con 5 cm de suela. En su autobiografía citaría a su pareja en la película como uno de los actores más inteligentes y agradables con los que había trabajado nunca. En esta versión se cambiaron ciertas cosas con respecto a la obra original, en especial el papel del personaje que interpreta Joseph Cotten, de un viejo sarcástico a un joven atractivo que pudiera servir de interés amoroso de Bergman. Otra destacada actriz del reparto era Angela Lansbury, que a sus 17 años debutaba con esta película en la gran pantalla. Antes de lograr su contrato trabajaba en unos grandes almacenes y el jefe, que le pagaba 27$ a la semana, le pidió que se quedara igualándole el nuevo sueldo que le ofrecían, aunque tuvo que tragarse sus palabras al saber que eran 500$ semanales. Pero lo más recordado de la película es la magnífica interpretación de la protagonista de este artículo, que hace que todos los espectadores suframos con su situación cada vez más agobiante. Para aumentar la sensación de claustrofobia, Cukor decidió rellenar los decorados con el mayor número posible de objetos. Cualquiera de las muchas escenas donde apreciamos el sufrimiento del personaje podría ser la destacada, como cuando desaparece el broche, pero prefiero mencionar el climax final cuando los papeles se han dado la vuelta y la protagonista se venga al fin de su marido con mucho sarcasmo. La película fue un éxito de crítica y público, y tuvo tal repercusión que se acuñó el término “gaslighting” (del título en versión original “Gaslight”) como la situación psicológica en la que una persona abusa de otra manipulándola poco a poco hasta el punto de hacerle dudar de su propia salud mental. El film logró en los premios de la Academia 7 candidaturas, incluyendo película y guion, de las que ganó 2, dirección artística en blanco y negro, por la magnífica recreación de la vivienda victoriana donde se desarrolla la mayor parte de la película, y mejor actriz para Bergman, que también ganó el Globo de Oro. Un par de años después, los dos protagonistas protagonizarían una adaptación radiofónica del film.

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Encadenados (1946)

Bergman se mantuvo en la cima del éxito el resto de la década, siendo “Encadenados” su película más destacada de estos años. Antes de ella, trabajó con Gary Cooper en “La exótica” de Sam Wood, hizo de monja en la película de Leo McCarey “Las campanas de Santa María” (papel por el que ganó su segundo Globo de Oro y fue por tercer año consecutivo candidata al Oscar) y trabajó por primera vez bajo la dirección de Alfred Hitchcock en “Recuerda”. Una película decepcionante, como años más tarde la calificaría François Truffaut en sus famosas conversaciones, por lo mucho que prometía. Se trató de la segunda colaboración Hitchcock/Selznick tras “Rebeca”. El famoso productor quería una obra basada en sus experiencias positivas con el psicoanálisis e incluso contrató a su psicoanalísta como consejero. Hitchcock convenció a Selznick para contratar a Salvador Dalí para poder reflejar de una manera más interesante los sueños que aparecen en el film en una secuencia que en principio duraba casi 20 minutos según la actriz sueca pero que terminó recortada a poco más de 2. Ingrid Bergman y Gregory Peck, ambos casados, tuvieron un affaire durante el rodaje como se descubriría años después. Y antes de centrarnos en “Encadenados” comentar que las otras películas de esta etapa son “Arco de triunfo”, donde volvió a trabajar junto a Charles Boyer, “Juana de Arco”, última película de Victor Fleming en la que por fin logró interpretar en la gran pantalla a la famosa heroina francesa (llevaba aspirando al papel desde su desembarco en Hollywood), logrando su cuarta nominación al Oscar. Esta se basaba en parte en una obra de teatro que interpretó la propia actriz sueca ganando por el un premio Tony. Y por último “Atormentada”, película británica de Hitchcock de la que el famoso director tampoco quedó demasiado satisfecho. Como ya había trabajado dos veces con la estrella del momento, se empeñó en buscar un papel para ella para ser el productor que lograra contratarla de nuevo (era su segunda película como productor independiente tras “La soga”) pero finalmente el film fue un gran fracaso. La que si funcionó muy bien en taquilla fue “Encadenados”. El origen de la obra se encuentra en un relato corto de los años 20 y pasado de moda, pero del que Selznick tenía los derechos, por lo que se lo pasó a Hitchcock durante el rodaje de “Recuerda” con la idea de que se convirtiera en la tercera película que realizaran juntos. Al director británico no le convenció demasiado pero pensó que podía conservar la idea de la chica que se acuesta con un espía para lograr cierta información. Tras darle muchas vueltas a la historia se le ocurrió introducir el MacGuffin de las botellas de vino con una muestra de uranio para fabricar bombas. Pero cuando le contó todo esto al productor no le convencía para nada la historia. Era el año 1944, uno antes de Hiroshima. Años después, Hitch explicaría que las consultas al premio Nobel Dr. Robert Millikan sobre como crear una bomba atómica (algo que se negó a contestar aunque si les confirmó que el ingrediente principal, uranio, podría entrar en una botella de vino) le costaría varios meses de seguimiento del FBI. Pero por aquel entonces no sirvió y Selznick terminó por vender los derechos de adaptación a la RKO y con ellos el guion de Ben Hetch, así como el permiso para trabajar con Hitchcock, Cary Grant e Ingrid Bergman. Pero no fue tan mal negocio a pesar del futuro éxito de la cinta, pues retuvo la mitad de los beneficios y consiguió dinero para terminar “Duelo al sol”, que se excedió del presupuesto inicial. Unos meses antes de comenzar el rodaje terminó la Guerra Mundial tras el lanzamiento de las bombas atómicas, volviendo mucho más de actualidad lo que se contaba en la historia. El rodaje comenzó en los estudios de la RKO (incluso algunas escenas que semejan ser de exteriores), sin demasiadas complicaciones. Eso si, la diferencia de altura entre Claude Rains e Ingrid Bergman obligó a varios ingenios para ponerlos al mismo nivel. Una de las secuencias más recordadas de la película, y que puedes ver a continuación, son los dos minutos y medio de besos entre Grant y Bergman, no durando ninguno de ellos más de 3 segundos de forma que se conseguía sortear la estricta regla del Código de Producción sin incumplir los requisitos de la censura. Buena parte de la secuencia fue improvisada. Hitchcock solo pidió que hablaran como suelen hacerlo los amantes. Tras terminar la película, Grant se quedó con la famosa llave de la bodega hasta que unos años después se la cedió a su compañera de reparto, diciéndole que a él le había dado suerte y esperaba que a ella le sucediese lo mismo. Muchos años después en un homenaje a Hitchcock ella apareció sorpresivamente con esta llave. Como muchas otras películas del genial director de “Con la muerte en los talones”, no tuvo un gran reconocimiento en su estreno y los Oscar sólo nominaron al guión y a Claude Rains. Sin embargo, hoy en día el personaje de Alicia Hubberman es uno de los más recordados de la actriz.

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Stromboli, tierra de Dios (1950)

Alcanzamos el momento de la abrupta interrupción de la exitosa carrera en Hollywood de Ingrid. Todo comenzó cuando la actriz, como tanta gente por todo el mundo, quedó impactada al ver “Roma, ciudad abierta” de Roberto Rossellini. Impactada por sus imágenes descarnadas corrió a ver otra película del realizador italiano, “Paisà”, y tras ésta decidió escribirle un famoso telegrama prestando sus servicios como actriz: “Si necesita una actiz sueca que habla un perfecto inglés, no ha olvidado el alemán, sabe un poco de francés y de italiano solo ‘Ti amo’, estoy dispuesta a realizar una película con usted”. Cuando Rossellini leyó el telegrama decidió viajar a Estados Unidos para conocer a Ingrid y a su marido. Bergman y Rossellini crearon una productora y llegaron a un acuerdo con la RKO para la distribución norteamericana de sus películas. La actriz se trasladó a Italia para rodar “Stromboli”, en la que interpretaba a Karen, una inmigrante Lituana en Italia que se escapa de un campo de internamiento casándose con un pescador italiano al que conoció al otro lado de la valla que la recluía. Éste le promete una gran vida en su isla natal, Stromboli, pero pronto descubre las dificultades de vivir en la isla volcánica, con un terreno árido, un clima riguroso y una población demasiado conservadora como para aceptar a una forastera. Con una fotografía dura y un estilo realista, casi documental, la película no se parecía nada a lo rodado hasta entonces por la actriz sueca y no fue muy bien recibida en Usamérica, aunque hoy en día se considere a la película como una pieza clave del neorrealismo italiano. De todas formas, en la mala recepción del film tuvo mucho que ver toda la polémica que le rodeó. Y es que durante la producción, Ingrid se enamoró del director italiano y comenzaron una relación sentimental. Fruto de este affaire la actriz se quedó embarazada provocando un tremendo escándalo en la sociedad norteamericana de la época, dado que Bergman seguía casada con otro hombre. Si tenemos en cuenta además la imagen de pureza que se había creado con papeles como el de la monja de “Las campanas de Santa María” o la santa “Juana de Arco” podemos entender mejor la reacción del público que se sintió traicionado. Como resultado del escándalo, Bergman volvió a Italia abandonando a su marido y, tras un complejo y publicitado divorcio, se casó con Rossellini. Además del hijo que tuvieron antes de casarse, también tuvieron dos gemelas siendo una de ellas, Isabella, otra reputada actriz. Además rodó bajo las órdenes de su marido (éste no le dejaba actuar en películas de otros realizadores) otras cuatro películas: “Europa ’51”, “Juana de Arco”, “Ya no creo en el amor” y “Te querré siempre”. Ninguna de ellas logró el éxito internacional, aunque la actriz su pudo mantener su prestigio interpretativo. De esta etapa recuperamos la secuencia final de “Stromboli” junto al simbólico volcán en el que terminaba el “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne.

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Anastasia (1956)

Tras cinco años de matrimonio, perdida la confianza en el realizador italiano y agobiada por las deudas, Ingrid decidió aceptar la oferta de Jean Renoir para rodar “Elena y los hombres”. La actuación de la actriz en la película fue alabada por muchos críticos, preparando el camino para su retorno a Hollywood, cuando las discrepancias en el hogar de los Rossellini ya ocupaban las páginas de los periódicos. El matrimonio se disolvería oficialmente en 1958, año en que Bergman se casó por tercera vez con el empresario teatral Lars Schmid. Pero antes de esto realizó la película del perdón, “Anastasia”. Basada en un guion teatral sobre la leyenda de que la princesa Anastasia de Rusia habría sobrevivido al asesinato del Zar y toda su familia, historia que en 1997 contaría Disney en su versión animada, el proyecto comenzó cuando en 1953 la Warner compró los derechos de adaptación con idea de servir de lucimiento de Jane Wyman, en una película que nunca llegó a rodarse. Tres años después Darryl F. Zanuck compró los derechos y junto a Buddy Adler decidieron tomar el riesgo de contratar a Ingrid Bergman para protagonizar el film. El personaje de Anna Anderson, mujer que dijo ser la gran duquesa Anastasia, existió realmente y hasta que recientes investigaciones de ADN probaron que Anastasia había sido asesinada con toda su familia, hubo cierta controversia al aparecer ciertas similitudes entre ambas. Dirigida por Anatole Litvak y con Yul Brynner y Helen Hayes como compañeros de reparto, la actriz sueca aparece radiante como se puede apreciar en la secuencia del champán que puedes ver a continuación. Aunque rodada en Londres, París y Copenhage, era un proyecto de Hollywood y como muestra de que el perdón de la industria era real, Bergman logró el que sería su segundo premio Oscar y también su tercer Globo de Oro. El premio de la Academia fue recogido por su amigo Cary Grant, mientras que en la ceremonia del año siguiente haría su primera aparición pública en Hollywood para presentar el premio a la mejor película. También Cary Grant fue el encargado de presentarla y acompañarla hasta el escenario mientras el público la ovacionaba.

Anastasia from Las 5 secuencias on Vimeo.

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Con su prestigio recobrado, Bergman siguió actuando en muchas películas de Hollywood, así como en varias obras teatrales y producciones televisivas, y siguió acumulando premios. En 1958 fue doblemente nominada a los Globos de Oro por “Indiscreta” (donde de nuevo actuó junto a Grant) y “El albergue de la sexta felicidad”. En 1959 ganó el Emmy por la serie “Startime”. En los 60 empezó a alternar películas americanas con producciones europeas, y en 1969 logró otra nominación a los Globos por la comedia “Flor de cactus”. En “Asesinato en el Orient Express” el director Sidney Lumet le ofreció el papel de la princesa Dragomiroff, asegurándole que podría valerle para ganar otro Oscar, pero Ingrid prefierió el papel mucho menor de la misionera Greta Ohlsson y con él se hizo con el premio Oscar a la mejor actriz de reparto. En 1975 le fue diagnosticado un cáncer de mama y se divorció de su tercer marido. Todo esto no le impidió seguir actuando. Su última gran interpretación llegó en 1978, dirigida por el otro gran Bergman del cine sueco (ninguna relación de parentesco). “Sonata de otoño” permitió mostrar al mundo ciertos registros interpretativos nunca antes mostrados por la estrella. Su rostro hinchado por la enfermedad hacía difícil percibir la imagen que todos recordamos de Ilsa, Paula, Alicia, Karen, Anna y tantos otros míticos personajes, pero su talento permanecía intacto. La película ganó el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y Bergman se hizo con su séptima nominación a los premios de la Academia. Pronto se le detectó otro tumor, pero aún tuvo tiempo de dar vida a Golda Meir en la miniserie “Una mujer llamada Golda” que le valdría para unos póstumos premios Emmy y Globo de Oro. Ingrid falleció el día de su cumpleaños en 1982.

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Comentarios

Manuel - 29.08.2015 a las 17:21

Una corrección: La versión animada de Anastasia no fue de Disney, fue de la FOX, dirigida por Don Bluth.

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