Las cinco secuencias de… Michael Curtiz

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Querido primo Teo:

Se cumplen 50 años desde que un cáncer se llevó a Michael Curtiz. Uno de los más grandes directores del Hollywood clásico y, también, uno de los más infravalorados a pesar de filmar varias obras maestras durante su larga carrera cinematográfica dirigiendo más de 150 películas.

Michael Curtiz, cuyo verdadero nombre era Manó Kaminer Kertész, nació en Budapest (que por aquel entonces pertenecía al imperio austrohúngaro) en el seno de una familia judía. Curtiz dio como fecha suya de nacimiento el 24 de Diciembre de 1886, aunque no hay documentos que lo atestigüen y muchos dudan si sería cierto algo de lo que contaba de sus primeros años de vida, pues aseguraba que se escapó de casa y se unió a un circo, y también que participó en los Juegos Olímpicos de 1912 con el equipo húngaro de esgrima. Si se sabe que estudió en la universidad y en la Real Academia de Teatro y Artes de Budapest, antes de comenzar su carrera como actor y director en Hungría en 1912 bajo el sobrenombre de Mihály Kertész. Después pasó unos meses en un estudio de Copenhague trabajando de asistente de dirección y luchó brevemente para el ejército austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial. Volvió a Hungría y siguió trabajando en el cine y después se estableció en Viena, trabajando para una de las productoras de cine mudo más exitosas de Europa, destacando con varios relatos bíblicos. Una de sus películas se estrenó en Usamérica y llamó la atención de Jack Warner. Así, en 1926, se marchaba a América dejando atrás a varios hijos ilegítimos. Cambió otra vez su nombre a Michael Curtiz y empezó una prolífica carrera en Hollywood de más de 100 películas de todo tipo de géneros. También se separó de su segunda esposa, la actriz francesa Lili Damita, aunque un par de años después ella también conseguiría trabajo en Hollywood. Y tras varios títulos menores, Curtiz se puso con el proyecto que le llevó hasta allí: “El arca de Noé”. Se trataba de una gran producción con la que Darryl F. Zanuck intentaba emular el éxito de Cecil B. DeMille con “Los diez mandamientos”. La complicada producción incluía la presencia de numerosos animales salvajes, apilados en un arca flotante de verdad, y un equipo de 7.500 extras a los que se les proporcionó 6.000 pelucas y 3.000 barbas falsas especialmente diseñadas para la película. Además, para lograr el maquillaje adecuado de las masas, inventaron una máquina que rociaba a los actores con un tinte hecho de varios zumos de frutas que les proporcionaba el tono de la piel que había en la época de Noé. Pero mucho peor que esto fue la gran secuencia de la inundación. Los extras debían correr y chapotear en un set que se inundaba con 15.000 toneladas de agua mientras se desplomaban los decorados. El director de fotografía contó su preocupación a Curtiz, sabiendo que muchos de los extras corrían grave peligro al no ser especialistas, pero Curtiz no le dio demasiada importancia. Un grave error, pues la grabación terminó en tragedia, con tres muertos y varios heridos graves. Entre los sufridos extras se encontraba un joven John Wayne. La película se terminó pero fue un sonoro fracaso. Sobre todo porque empezó como obra muda a la que añadieron artificialmente varias secuencias sonoras, pero otras producciones sonoras de la Warner salvaron al estudio de la quiebra. A pesar de todo ello, Curtiz pudo seguir con su ascendente carrera de director y en los siguientes años dirigió multitud de películas, como “El misterio del museo de cera”, película de terror cuyo remake protagonizaría años más tarde Vincent Price, y una de las últimas rodadas en el technicolor de dos colores.

El capitán Blood (1935)

La Warner estaba buscando una película para rivalizar con “Rebelión a bordo”, éxito de la MGM protagonizado por Clark Gable, así que decidieron resucitar un éxito del cine mudo aprovechando el resurgir del cine de capa y espada que volvía a ser popular con películas como “La isla del tesoro” y “El conde de Montecristo”. El protagonista de ésta última era el elegido para el papel de Blood, pero renunció en el último momento dejando al Estudio en una situación complicada. Por suerte Curtiz encontró a su protagonista perfecto, Errol Flynn. El actor australiano era por aquel entonces un completo desconocido, pero ya estaba contratado por el Estudio y había actuado para Curtiz en un pequeño papel sin diálogo. Además era el amante de la exmujer del director húngaro, Lili Damita, con la que se casaría poco antes de empezar el rodaje. Lo cierto es que el papel parecía hecho para él, como demostró en la prueba que le hicieron. La joven, y también desconocida por aquel entonces, Olivia de Havilland, fue la elegida para el papel femenino. En el rodaje se produjeron varios problemas. Así, Flynn se desmayo a los dos días de empezar a rodar a causa de un rebrote de malaria, enfermedad que padeció unos años antes, pero cuando le dijeron que habría que cancelar la filmación durante ese día se bebió una botella de brandy y volvió al trabajo. Esa misma tarde, Jack Warner lo acusó de emborracharse en el trabajo, y Flynn reaccionó de manera insolente y se negó a volver al plató si no era con un importante aumento de salario. En cualquier otra situación habría sido despedido de inmediato, pero las dificultades que habrían supuesto encontrarle sustituto le salvaron y siguió rodando con un importante aumento. Flynn y Curtiz se peleaban a menudo y, a veces, el húngaro fingía no comprender lo que le gritaba Errol para ganar la discusión. El homófobo director tampoco soportaba al joven y atractivo compañero de reparto de Flynn y, cuando le pareció que ambos podrían estar intimando (lo que era cierto, aunque eran bastante discretos), no dudó en decir delante de todo el reparto: “No son más que otro par de maricones hijos de puta”. Errol explotó: “¡Cierra la boca, húngaro hijo de puta, o te la cerraré yo!”. También hubo muchas discusiones entre Curtiz y Hal Wallis, productor del film, hasta en los mínimos detalles. Por ejemplo, Wallis consiguió cambiar el vestuario de Flynn, pues la camisa que llevara a la prueba “le hacía parecer un marica y no un corsario”. Pero a pesar de todos los problemas, la película no solo salió adelante, sino que se convirtió en un grandísimo éxito y una de las mejores películas de piratas de la historia del cine. Curtiz logró la nominación al Oscar al mejor director y, en su primera aparición como protagonista, ya se pudo comprobar que Errol Flynn tenía madera de estrella, con esa maravillosa mezcla de galantería, simpatía y descaro que siempre le caracterizó. Nadie mejor que el para interpretar cualquier aventura en pantalla. Como muestra podemos disfrutar la secuencia del duelo a espada. Diseñada por el maestro de esgrima Fred Cavens, el cual dobla a Errol en una parte de la escena tras sufrir éste un corte en una mejilla, cuenta con un genial Basil Rathbone como antagonista de Flynn. Aun notándose que Errol no tiene la destreza que lograría en sucesivas películas, sigue siendo una gran secuencia.

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Robin de los bosques (1938)

A pesar de llevarse tan mal, las películas dirigidas por Curtiz y protagonizadas por Flynn fueron un éxito que se repitió en 10 películas, y con frecuencia con la participación de De Havilland. La segunda película juntos fue “La carga de la brigada ligera”. El rodaje más difícil que sufrieron Curtiz y Flynn, pues el hotel donde se alojaban se incendió uno de los primeros días y tuvieron que seguir alojados en tiendas. La climática secuencia final de la carga podría haber estado incluida entre las cinco mejores del director, con cientos de hombres y caballos avanzando en formación y cayendo ante las explosiones. Sin embargo, al indagar un poco más y descubrir como se creó, se pierde la magia y se descubre otro de los claroscuros del director. Y es que durante el rodaje un hombre murió y varios resultaron heridos, pero los que más sufrieron fueron los caballos. Curtiz no tuvo reparos en utilizar un despiadado truco llamado el sistema de la “W continua” que ataba unos cables a las patas delanteras de los caballos enganchados a unos postes, y una vez que el caballo recorría la distancia requerida, el cable se tensaba y derribaba al animal. Más de 50 caballos resultaron gravemente heridos y muchos de ellos fueron sacrificados. Flynn protesto por esta crueldad, pero nadie en el Estudio le hizo caso hasta que las protestas llegaron a una sociedad protectora de animales californiana. La película se estrenó y fue otro éxito de taquilla, pero quedó marcada y fue una de las pocas de Flynn que no se reestrenaron tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, los Estudios son más cuidadosos con el trato a los animales. Y tras varias películas más con Flynn en distintos géneros, volvió triunfal a la aventura. La película “Robin de los bosques”, era una costosa producción de la Warner, la más cara hasta la fecha, rodada en technicolor y que demostró, a pesar de las muchas dudas, que se podía superar el Robin Hood de Douglas Fairbanks. El rodaje comenzó bajo la dirección de William Keighley, pero las protestas de Flynn, que alcanzaron su punto álgido cuando el director pretendía que se afeitara la pequeña barba que se había dejado, unidas a varias quejas de Olivia de Havilland, obligaron al Estudio a sustituirlo. Pero cuando Flynn descubrió que el sustituto era Curtiz, montó en cólera, llegando a decir: “En cuanto ese húngaro hijo de puta entre en el set yo me marcharé”. Pero la estrella se quedó y el rodaje siguió adelante. Entre las primeras decisiones del director estuvo la contratación de dos especialistas. El campeón de tiro con arco Howard Hill (que en la película interpretaba al capitán de los arqueros) realizó los lanzamientos de Robin durante el concurso de tiro. De hecho, la famosa escena de la flecha partida en dos no contiene ningún truco fotográfico, se debe únicamente a la gran puntería de Hill. El otro especialista era el maestro de esgrima Fred Cavens, que inmediatamente se puso a entrenar a Flynn y Rathbone para la famosa escena de duelo que puedes ver a continuación (aunque la técnica empleada por el maestro no empezó a utilizarse en Inglaterra hasta varios siglos después). Esta vez, Flynn no necesitó un doble en muchas de las escenas de acción, incluyendo el duelo final en el castillo de Nottingham. Pese a la dificultad, el actor estuvo magnífico demostrando lo mucho que había aprendido desde que interpretara al capitán Blood.

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Ángeles con caras sucias (1938)

Y el mismo año que rodaba una de las cumbres del cine de aventuras, Curtiz también se atrevía con una de gangsters. Era un año muy productivo para el director de origen húngaro, pues también rodó una exitosa y excéntrica comedia, “Cuatro hijas”, y otra película más, logrando una doble nominación al mejor director y también ver como dos de sus películas optaban al premio más importante. “Ángeles con caras sucias” supuso un resurgir del cine de gangsters que parecía imposible de rodar a causa de la censura. Las películas de este tipo quedaban siempre en la categoría de “moralmente cuestionables”, cuando no “condenatorias”, así que para no tener problemas lo que hicieron fue darle protagonismo a los valores morales y el antagonista del gangster es un sacerdote que se preocupa de lo que pasará con los chavales que ven al gangster como un héroe. La película supuso el primer trabajo de Curtiz con Cagney (que repetiría en la exitosa “Yanqui dandy”) y Bogart (que protagonizaría después la inmortal “Casablanca”). Hubo ciertos problemas con la contratación de Cagney, pues tras ciertas discusiones con los Warner había abandonado el Estudio (abandono que permitió a Errol Flynn hacerse con el papel de Robin Hood), pero parecía el actor ideal para una nueva película de gangsters como ya había demostrado en años anteriores, y volvió al Estudio (convirtiéndose en el actor mejor pagado de la Warner). El epílogo de la película es una secuencia grandiosa. Por primera vez se permite que el gangster se redima al final, no buscando honor o dignidad, sino ayudando a los ángeles a ir al cielo. Y el rodaje de la misma es una prueba más del saber hacer de Curtiz. La cámara sigue a Cagney de la forma que mejor puede mostrar sus emociones, enfatizadas por las sombras que proyectan los barrotes; y la expresión valiente y decidida de Cagney permite crear un suspense que se resuelve a través de gritos y sombras junto a la reveladora expresión de Pat O’Brien.

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Casablanca (1942)

Curtiz siguió rodando grandes películas como “La vida privada de Elizabeth y Essex” y “Camino de Santa Fe” con Errol Flynn o “Yanqui dandy” con James Cagney, pero la más grande de todas ellas, la inmortal “Casablanca”, comenzó como una producción menor del Estudio. Cuando el productor Hal Wallis leyó “Todo el mundo viene a Rick’s” pensó que estaba ante una historia interesante para hacer algo de cine patriótico y antinazi, pero no se esperaba mucho más. Le cambió el nombre a “Casablanca” esperando acercarse al éxito que tuviera años antes “Argel”, pero la superó por mucho. El rodaje y toda la producción estuvieron marcados por la improvisación. El propio Curtiz llegó de rebote al no estar disponible William Wyler. Los actores que anunció el Estudio en un primer momento para protagonizar la historia eran Ann Sheridan y Ronald Reagan, pero finalmente fue Bogart el protagonista con su perfecta interpretación de hombre duro pero sensible. Para lograr la participación de Ingrid Bergman, la Warner tuvo que convencer a Selznick, que la tenía bajo contrato, y éste terminó accediendo a cambio de poder contar con Olivia de Havilland y pensando que la película no tendría mucho éxito. Fue la elección perfecta, dada la química lograda entre ella y Humphrey. El reparto contó también con unos excelentes Paul Henreid, Claude Rains, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet y Peter Lorre. Un reparto inolvidable y muy internacional. De los 16 intérpretes acreditados, sólo tres nacieron en Usamérica. La adaptación del guion a la pantalla corrió a cargo de los hermanos Epstein, que supieron darle ese acertado punto de humor irónico, con magníficos personajes e inteligentes diálogos que ya forman parte de la historia del cine. Pero tras el ataque a Pearl Harbor, abandonaron su escritura para crear junto a Frank Capra la serie documental “Why we fight” y el Estudio tuvo que recurrir a otro guionista, Howard Koch, para crear la segunda mitad. El guion fue modificado muchas veces durante el rodaje. La historia tenía su punto cómico y tenía drama, pero la parte romántica parecía flaquear. Y para mejorar este punto participó otro guionista que no se menciona en los créditos, Casey Robinson, y dicen que el propio Curtiz también colaboró con sus decisiones, especialmente en los flashbacks de París, que quedan engrandecidos también gracias a la maravillosa música de Max Steiner. Eso si, cuando el compositor escuchó la mítica canción El tiempo pasará quiso eliminarla porque un tema de seis notas le parecía demasiado simple. Como significaría volver a rodar varias escenas, la canción se quedó y se convirtió en un clásico. Es en “Casablanca” donde mejor se puede apreciar la destreza de Curtiz como director. Su inteligente uso de las sombras y de la cámara, junto con su don para lograr un ritmo ágil, son fundamentales para el éxito de la película. También sabía manejarse con los trucos del rodaje. La secuencia del final, que puedes ver a continuación, fue rodada en un plató con un falso avión al fondo en perspectiva. Para que no desentonara puso a unos enanos haciendo de mecánicos. La película se convirtió en un gran éxito, logrando los Oscar a mejor película, director y guion, pero fue con el paso de los años cuando se fue considerando aún más grande, hasta convertirse en una de esas películas que hay que ver antes de morir. Y a medida que el mito de la película se iba agrandando, también se iba exagerando más y más que los guionistas no tenían ni idea de como sería el final, que se rodaron multitud de finales, etc… La verdad es que siempre estuvo claro que Ilsa se marchaba con Laszlo, también es así en la historia original, y nunca habría funcionado de otro modo (aunque Bergman llegó a quejarse de que no tenía claro de quien estaba enamorada por las reescrituras del guion), y las dudas se centraban en como resolver esta situación. El rodaje estaba bastante avanzado cuando se les ocurrió aquello de “arresten a los sospechosos habituales”. Lo que si se rodó un mes después fue la famosa frase final de “creo que este es el principio de una gran amistad”.

Casablanca from Las 5 secuencias on Vimeo.

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Alma en suplicio (1945)

Mientras Michael Curtiz disfrutaba de su éxito a comienzos de la década de los 40, a quien no le iba tan bien era a Joan Crawford. Tras su momento de gloria en la Metro Goldwyn Mayer, el Estudio dejó de ofrecerle papeles interesantes, por lo que abandonó la MGM y firmó por la Warner, aunque fuera con un tercio del sueldo que tenía hasta entonces. Pero también en su nuevo Estudio le costó encontrar papeles que le gustaran. De hecho tardó dos años en hacer una nueva película, hasta que leyó el guion de “Alma en suplicio” y quedó entusiasmada. La película se basaba en una novela de James M. Cain, que parecía difícil de adaptar al formato cinematográfico a causa de la censura pero el productor Jerry Wald tenía mucho interés en llevar la historia a la gran pantalla. Para solucionar los problemas con la censura, se le ocurrió introducir un asesinato al principio y después una narración en flashback que abría el camino al elemento de la “retribución moral” con el castigo a los amantes. También tuvo la buena idea de asignar a una guionista para la parte del melodrama y otro para la parte de cine negro. Con el proyecto en marcha, quedaba encontrar a las personas adecuadas para llevarlo a cabo y, aunque en un primer momento se barajaron varias actrices, fue Crawford la que se hizo con el papel. Entonces encargaron la dirección a Curtiz y empezaron los problemas para la actriz. El director no pensaba que pudiera ser la adecuada. Cuando Wald comentó el nombre de la protagonista la respuesta del director fue tremenda: “No quiero dirigir a esa zorra temperamental. Ella viene aquí con sus aires de grandeza y sus malditas hombreras. No trabajaré con ella. Esta acabada”. Y el casting se complicó aún más cuando Barbara Stanwyck empezó a interesarse por el papel. Acababa de triunfar en otra adaptación de James M. Cain, “Perdición”, bajo las órdenes de Billy Wilder, y quería desesperadamente el papel. Pero Curtiz terminó olvidándose de Stanwyck cuando Crawford demostró lo bien preparada que estaba para el papel en una prueba. Eso si, en los primeros días de rodaje la actriz tuvo que sufrir la actitud tiránica del director que no paraba de hacer objeciones y humillarla. Mike Curtiz había explicado su método después de ganar el Oscar por “Casablanca”: “La historia primero, el director lo segundo, los actores lo último”. Pero tras mucho esfuerzo del productor, la situación se fue calmando, Curtiz seguía blasfemando pero en húngaro y Joan aceptó las exigencias del director sobre su personaje. Wald también fue hábil en la campaña para el Oscar e hizo correr el rumor de que la actriz lo estaba haciendo tan bien que todos sus compañeros de reparto pensaban que ganaría el Oscar. La estratagema funcionó y la actriz logró el Oscar, el único para la película que tenía 6 nominaciones, aunque esta vez el premio era merecido. Buena prueba de ello es la secuencia que viene a continuación.

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A finales de los años 40, Curtiz cambiaría su contrato con la Warner de manera que su propia productora y el Estudio compartirían gastos. Los tiempos estaban cambiando y los sistemas de trabajo de los Estudios nunca volverían a ser como antes. Curtiz abandonó definitivamente la Warner mediados los 50, pero su primera película con otro Estudio, “Sinuhé, el egipcio”, fue un gran fracaso comercial. Aun así, siguió rodando toda su vida, incluyendo una película con Elvis Presley, su reencuentro con Bogart en la comedia “No somos ángeles”, la taquillera “Blanca Navidad” y un interesante western con John Wayne, “Los comancheros”, que se estrenó varios meses después de su muerte, el 10 de Abril de 1962.

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