Las cinco secuencias de… Billy Wilder

Las cinco secuencias de… Billy Wilder

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Querido primo Teo:

Se cumplen 10 años desde la muerte de Billy Wilder. Guionista, director y productor, sin duda fue uno de los más grandes artistas de la era dorada de Hollywood. Solo mirando sus logros en los Oscar, ya nos damos cuenta de su importancia en Hollywood. Y es que se trata del segundo guionista más nominado de la historia tras Woody Allen, y una de las 5 personas que han logrado un triple Oscar como guionista, director y productor en una misma película gracias a “El apartamento”. Samuel Wilder nació el 22 de Junio de 1906 en un pueblo que por aquel entonces pertenecía al imperio austrohúngaro y el verano de su centenario ya hubo un completo seguimiento de su vida y obra. Ahora parece un buen momento para volver a recordarlo a través de sus cinco secuencias más destacadas.

El sobrenombre de Billie se lo puso su madre, por su gran aficción a Buffalo Bill. Los padres de Wilder eran los propietarios de varios hoteles, restaurantes y cafeterías y cuando este sólo tenía 2 años, la familia se trasladó a Viena. Pero los negocios dejaron de tener éxito a causa de la Primera Guerra Mundial. Wilder comenzó la carrera de derecho, pero pronto la abandonó y empezó a trabajar en un periódico local. Con sólo 19 años se trasladó a Berlín, intentando prosperar como escritor y mientras tanto sobrevivió trabajando en la prensa sensacionalista o como acompañante de baile. Es entonces cuando empieza a interesarse por el cine y trabaja de guionista (al principio sin ser reconocido en los créditos) hasta su debut oficial con “Gente en domingo”, una importante película muda que se considera precursora del neorrealismo. A partir de entonces comenzó a trabajar como guionista de éxito para la UFA y otras compañías. Pero todo se vio truncado con la subida al poder de Hitler en 1933. Billy, que era judío, no dudó en coger su pasaporte austríaco y escapar en tren con destino a París (su madre y muchos otros familiares terminarían muriendo en campos de concentración). En Francia volvió a sufrir las penurias económicas mientras intentaba por todos los medios escapar con destino a Hollywood. En París rodó su primera película como director además de guionista, “Curvas peligrosas”. Fue la única que firmó como Billie Wilder, nombre que cambió por Billy Wilder cuando por fin logró vender un guion a Columbia y esta le envió un billete de ida a Nueva York. Era el año 1934.

Pero sus comienzos en Hollywood tampoco fueron fáciles. La productora que lo trajó quedó horrorizada por su mal inglés y lo despidió, por lo que una vez más tuvo que sobrevivir con muchas penurias mientras aprendía el idioma. Por fin logró un contrato con la Paramount, que tenía más de 100 guionistas en nómina que trabajaban por parejas escribiendo más de 50 películas al año. Wilder lo comparaba con una cadena de montaje. Quiso la suerte que a Billy lo emparejaran con Charles Brackett pensando que este daría el contrapunto más serio a la habilidad de Wilder que empezaba a mostrar por la comedia de enredo, y la pareja funcionó muy bien. Trabajaron para Ernst Lubitsch en películas como “La octava mujer de Barba Azul” y, sobre todo, “Ninotchka”. Una de esas películas que hay que ver antes de morir, y que significó la primera nominación al Oscar para Wilder, aunque no pudo ganar porque era el año de “Lo que el viento se llevó”. La pareja Brackett-Wilder siguió creando buenos guiones pero, en el rodaje de “Si no amaneciera”, Billy decidió dar el salto a la dirección. Y es que el protagonista, Charles Boyer, se negó a rodar una escena y el director decidió eliminarla. Como venganza, teniendo en cuenta que iban escribiendo el guion mientras rodaban, dejaron todo el protagonismo final para Olivia de Havilland y casi nada para el actor. La actriz y los guionistas lograron sendas nominaciones al Oscar. Y así, tras terminar su siguiente guion, “Bola de fuego”, por el que también estuvo nominado al Oscar, se tomó dos meses de baja y los aprovechó para espiar a Howard Hawks e intentar aprender el oficio de director. Y, aunque con cierta desconfianza por parte de los directivos de la Paramount, logró ponerse en el lugar de Lubitsch y Hawks y dirigir una película en Hollywood: “El mayor y la menor”. Estrenada en 1942, era una comedia ligera protagonizada por Ginger Rogers que escribió junto a Brackett y que funcionó bien en taquilla permitiéndole seguir rodando más películas. La segunda película fue “Cinco tumbas al Cairo”, protagonizada por Franchot Tone y Anne Baxter y que contaba con un excelente Erich von Stroheim haciendo de Rommel.

Perdición (1944)

Pero fue su tercera película en Hollywood la que demostró realmente la gran valía de Wilder como director. Considerada por muchos como la mejor y más representativa película del cine negro, tuvo problemas desde el inicio dado que la novela de James M. Cain en la que se basaba parecía inadaptable al cine por culpa de la censura. Y es que la novela, que había gustado a todos los Estudios que se pelearon por lograr los derechos, se estrenó por entregas en una revista en 1935, poco después de la aprobación del estricto código Hays, el cual dificultaba mucho el poder rodar una historia que no solo trataba la infidelidad sino que los protagonistas eran unos asesinos. Ocho años después, Paramount volvió a interesarse por el libro tras editarse completo y compró los derechos pensando en Wilder. Este estaba encantado con la historia, pero su colaborador habitual en el guion la encontró demasiado sórdida por lo que tuvo que buscarse un nuevo colaborador. Su primera opción era el propio Cain, pero ya estaba trabajando para otra productora, así que le propusieron a Raymond Chandler. Tras leer “El sueño eterno” tuvo claro que era la lección adecuada. Pero la relación entre Chandler y Wilder fue muy complicada desde el comienzo. El creador de Philip Marlove nunca había trabajado en el cine, por lo que desconocía los trucos de la profesión. Además, tenía un temperamento opuesto al de Billy y para complicar más la situación, bebía. Y es que Raymond estaba en Alcoholicos Anónimos recuperándose de su adicción a la bebida. Tras cuatro meses de duro trabajo y muchas peleas, lograron crear un magnífico guion que proporcionó al guionista y director austriaco dos nominaciones más al Oscar, pero Chandler volvió a caer en la bebida. Dicen que este hecho sirvió de inspiración para la siguiente película de Billy, “Días sin huella”, donde por primera vez en Hollywood se retrataba un alcohólico no como un personaje cómico sino como alguien enfermo. Pero los problemas de “Perdición” no acabaron en el guion sino que continuaron con el casting. Y es que nadie quería hacerla temiendo que el carácter negativo de los personajes perjudicara a su carrera. La primera opción de Wilder era Barbara Stanwyck, lo que complicaba aún más su contratación al ser no sólo la actriz mejor pagada de Hollywood sino la mujer mejor pagada de América. Pero Wilder consiguió convencerla y también a Fred MacMurray, que hasta entonces solo había trabajado en comedias ligeras. Aceptó por contrariar a su jefe de producción con el que no había logrado renegociar su contrato y que se llevaba mal con Wilder y con el mismo. Este también aceptó pensando que dañaría su carrera, pero fue justo lo contrario. Edward G. Robinson también dudaba en aceptar su papel, pero en este caso por tener que ser un actor de reparto pero aceptó al cobrar el mismo salario que los protagonistas. La película resultó ser un gran éxito en taquilla y muy bien valorada por la crítica, y logró 7 nominaciones a los Oscar, incluyendo película, director, actriz y guion, pero injustamente se quedó sin ninguno, porque el Estudio decidió hacer campaña por su otro gran éxito del año, “Siguiendo mi camino” de Leo McCarey. Wilder no dudó en ponerle la zancadilla al bueno de Leo cuando este se dirigía a recibir su Oscar. Y de los muchos momentos inolvidables de la película hay que destacar la secuencia en la que se encuentran por primera vez los protagonistas. La entrada de Stanwyck envuelta en una toalla es inolvidable, cuidando los detalles para que todo encaje a la perfección, y los diálogos que vienen a continuación, cargados de dobles sentidos para cumplir con la censura son magníficos.

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El crepúsculo de los dioses (1950)

Tras la injusticia en los Oscar con “Perdición”, al año siguiente Wilder por fin logró la estatuilla. De hecho se llevó 2 al ganar guion y dirección con su película “Días sin huella” que también ganó actor y mejor película. El film también fue destacado en el primer festival de Cannes por lo que su nueva colaboración con Charles Brackett no podía ir mejor. El dúo Wilder-Brackett siguió creando películas varios años más, pero fue con “El crepúsculo de los dioses”, en la que fue su última colaboración, donde alcanzaron su cima. La historia no estuvo exenta de polémica al retratar al propio Hollywood con venenosa ironía a través del personaje de Norma Desmond, antigua estrella del cine mudo que pretende volver a la gran pantalla y recuperar su esplendor. Tampoco fue fácil el casting, y antes de encontrar los protagonistas barajaron multitud de opciones. Los primeros candidatos fueron Mae West y Marlon Brando y también tantearon a Norma Shearer y Fred MacMurray, Greta Garbo y Mary Pickford y Montgomery Clift antes de contratar a Gloria Swanson (antigua actriz de cine mudo recomendada a Wilder por George Cukor). En sus memorias, la actriz confesaría tener dudas porque le pedían hacer pruebas antes de contratarla después de haber trabajado en muchísimas películas con la Paramount, pero Cukor le contestó que debía hacer todas las pruebas que le pidieran porque este sería el papel por el que la recordarían. Está claro que no se equivocaba. En el papel masculino Clift llegó a estar contratado, pero luego renunció obligando a Wilder y Brackett a utilizar a alguna de las estrellas disponibles de la Paramount, decantándose por William Holden. La película logró 3 Oscar, incluyendo el guion, sobre 11 nominaciones. La película cuenta con varias citas inolvidables y secuencias míticas, pero la más recordada de todas es la final, que puedes ver a continuación.

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La tentación vive arriba (1955)

Una vez terminada su colaboración con Brackett, que también hacía las veces de productor, Wilder decidió producir sus propias películas y así tener algo más de control sobre las mismas. La primera de estas fue “El gran carnaval”, una historia protagonizada por Kirk Douglas sobre un reportero sin escrúpulos que se aprovecha de la desgracia de un minero atrapado. De todas formas, se demostró que aún no tenía el control absoluto sobre sus películas cuando un directivo de la Paramount cambió justo antes del estreno el título original “Ace in a hole” (que quiere decir “As en la manga”, pero con un juego de palabras dado que hole también significa agujero). Después adaptó varias obras de Broadway. La primera fue “Traidor en el infierno”, por la que volvió a estar nominado como mejor director, y al año siguiente dirigió a Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden en “Sabrina”. Un cuento de hadas moderno que supuso la consagración de Hepburn tras comenzar a destacar en “Vacaciones en Roma”. Pero este fue un rodaje tremendamente complicado. El principal problema fue el abandono de Cary Grant una semana antes de comenzar a rodar, teniendo que ser sustituido por Bogart, el cual nunca terminó de encajar con sus compañeros de reparto ni con Wilder. Billy también tuvo serias disputas con su coguionista, que era el creador de la exitosa obra teatral en la que se basaba. Incluso hubo cierta controversia alrededor del vestuario, por el cual Edith Head ganó el Oscar, pues los vestidos que llevaba Audrey tras su transformación fueron diseñados por su amigo Givenchy. La siguiente obra teatral que adaptó al cine fue “La tentación vive arriba”, que protagonizaba la estrella emergente Marilyn Monroe. Una película que siempre será recordada, sobre todo, por la icónica imagen de Marilyn sujetándose las faldas tras pasar por encima de una rejilla de ventilación del metro. La secuencia a la que pertenece esta imagen tuvo que rodarse dos veces. En principio se iba a grabar en exteriores pero la expectación que causó impidió que se pudiera grabar con un sonido decente, así que hubo de grabarse de nuevo en un Estudio. En las primeras ediciones de la película, la censura eliminó los fotogramas donde el vestido subía más allá de la cintura.

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Con faldas y a lo loco (1959)

En 1957 rodó su segunda película con Audrey Hepburn, “Ariane”, muy importante en la carrera de Billy, y no porque sea una de sus grandes películas, sino por ser la primera en la que trabajó junto a I.A.L. Diamond, guionista con el que trabajaría en sus demás películas excepto otra adaptación teatral, “Testigo de cargo”, basada en una obra de Agatha Christie, por la que siguió aumentando su número de nominaciones al Oscar ese mismo año. A Diamond lo conoció en la reunión anual de la Unión de escritores, donde este interpretó un par de divertidos sketches y pronto comenzaron su fructífera relación. Pero todavía más importante fue la colaboración con el actor que más admiraba, Jack Lemmon. Y su primera película juntos, “Con faldas y a lo loco”, resultó ser una de las mejores comedias de la historia del cine. Además, por los temas tratados, tuvo que ser estrenada sin un certificado de aprobación pero se convirtió en un gran éxito de taquilla, derrotando definitivamente a la censura impuesta por el Código Hays. La contratación de Marilyn fue una coincidencia. Billy recibió una carta suya diciendo lo mucho que había disfrutado con el rodaje de “La tentación vive arriba” y se dio cuenta de que era la actriz perfecta para el papel de Sugar. Monroe y su marido Arthur Miller estaban atravesando un bache económico, por lo que aceptó el papel sin siquiera leer el guion, pero después se asustó mucho. Era un papel de rubia tonta que ni siquiera era capaz de distinguir a dos hombres disfrazados y además, la película era en blanco y negro. Pero Wilder sabía que en color el maquillaje de los actores caracterizados de mujeres quedaría mucho peor. Junto a Lemmon y Monroe, el otro protagonista era Tony Curtis, actor que nos dejó hace año y medio y que le parecía perfecto para el papel a Wilder por su combinación de atractivo y habilidad interpretativa. Al principio los tres intérpretes se llevaban muy bien, con los dos intérpretes masculinos muy animados ante el atrevimiento de rodar gran parte de la película caracterizados de mujeres. Para probar que el maquillaje y las pelucas daban el pego, Billy les hizo una prueba final, les hizo entrar en el lavabo de señoras, y tras comprobar que ninguna mujer les prestaba atención dio por bueno el aspecto de ambos. Pero cuando Marilyn empezó a actuar todo se complicó. La actriz empezó a quejarse porque la secuencia de su entrada prestaba menos atención a ella que a sus coprotagonistas convenciendo a Wilder y Diamond de que la cambiaran. Y durante el rodaje era frecuente que estropeara una escena si consideraba que no le había salido a la perfección, además llegaba siempre tarde y era incapaz de recordar sus diálogos. Una de sus escenas tuvo que repetirse 83 veces hasta que logró decir correctamente su frase de sólo cuatro palabras. Casi siempre estaba de mal humor, sufría grandes crisis emocionales y se perdió dos semanas de rodaje por enfermedad. Eso si, cuando por fin lograba hacer su papel, parecía maravillosa. Tony Curtis terminó totalmente harto, hasta el punto de decir que besarla le producía el mismo efecto que si hubiera besado a Hitler. Lemmon era más paciente con ella. Se sentía afectado por su infelicidad y sus problemas. Aunque en el set no lo sabían, Marilyn estaba embarazada y sufrió otro aborto poco después de terminar la película. Wilder terminó completamente desconcertado con la actriz, tratar con ella fue mucho más difícil que en su anterior película. Tal era el desconcierto, que Diamond y el decidieron crear un nuevo final con un plano de Lemmon y el cómico Joe E. Brown. Lo escribieron la noche antes de rodarlo sin tener claro si gustaría. Hoy en día la última frase es una de las más recordadas del cine y suele citarse como uno de los mejores finales de la historia del cine. Puedes ver la secuencia a continuación.

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El apartamento (1960)

Tras batir records de recaudación para una comedia, emprendió un nuevo proyecto con Lemmon como absoluto protagonista. La idea inicial de la película se le ocurriera a Wilder muchos años antes, tras ver “Breve encuentro” de David Lean, en el que los protagonistas tienen una aventura en el apartamento de un amigo. Billy pensó que el personaje del amigo que cede su apartamento era muy interesante, pero la censura impedía tratar el adulterio en el cine en los años cuarenta, por lo que la idea tuvo que esperar unos cuantos años antes de desarrollarse como guion. Diamond y Wilder también utilizaron ideas de un escándalo en Hollywood en el que un agente utilizaba el apartamento de un empleado, y la experiencia de un amigo de Diamond que cuya novia encontró en su propia cama muerta tras pegarse un tiro porque habían roto. Para el papel de la chica de la película necesitaba a una actriz que mezclara desparpajo e inocencia y la perfecta resultó ser Shirley MacLaine. Sin duda, Wilder y Lemmon alcanzaron la cima con esta película, la segunda de sus siete colaboraciones. Una comedia dramática, o tal vez un drama con pinceladas cómicas para rebajar la dureza de temas como el adulterio, el suicidio y demás, que logró un gran reconocimiento incluyendo 5 Oscar de 10 nominaciones. 3 de ellos se fueron para Wilder como productor, director y guionista. La última película en blanco y negro en lograr el Oscar más importante hasta “La lista de Schindler” y “The artist”. Cuidada hasta el más mínimo detalle, cuenta con secuencias maravillosas como la del espejo que hace comprender al personaje de Lemmon la realidad quitándole de golpe la felicidad y la esperanza y hundiéndolo en la impotencia y melancolía. Pero esta vez he querido destacar otra secuencia, como es el inolvidable comienzo de la película. Muchos preguntaron a Billy donde había encontrado una oficina tan grande para poder rodarla. Todo se trata de una genial ilusión creada por el director artístico Alexandre Trauner que juega con las perspectivas situando cada vez mesas más pequeñas.

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Después de “El apartamento”, Wilder siguió escribiendo y rodando películas muy interesantes, como “Uno, dos, tres…”, divertida sátira de la guerra fría; o “Irma la dulce”, que volvió a reunir a Lemmon y MacLaine. Rodó una película en el Reino Unido, la interesante “La vida privada de Sherlock Holmes”, donde dio su particular punto de vista del famoso detective. Y también hizo varias películas con Walter Matthau junto a Jack Lemmon. Una de ellas, “En bandeja de plata”, le sirvió para lograr su última nominación al Oscar en 1966. Y su última película, “Aquí, un amigo”, de 1981, también tenía a ambos actores como protagonistas. Falleció a los 95 años y está enterrado en el Westwood Memorial, donde también descansan los restos mortales de Marilyn Monroe y Jack Lemmon. En su lápida está escrito: “Soy escritor, pero nadie es perfecto”.

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Comentarios

Capitan Clostridium - 27.03.2012 a las 23:26

Muy interesante. Muchísimas gracias por el post.

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