Actor de método, concienzudo y camaleónico. También extremo, excesivo y cargante. Todo esto lo reúne Sean Penn, que a pesar de todo pocos pueden dudar que es uno de los mejores actores del cine actual. 4 nominaciones al Oscar (ganando la estatuilla por "Mystic river") son un excelente bagaje que se ampliará con la nueva candidatura que logrará esta semana por "Milk", la cinta en la que se mete en la piel del concejal de San Francisco Harvey Milk que inició una revuelta a favor de los derechos de los homosexuales.
La forería se ha decantado por "Mystic River" como el momento en el que mejor ha estado Sean en pantalla. Teniendo otras buenas interpretaciones como “Carlito´s way”, “Pena de muerte”, “Acordes y desacuerdos” y “21 gramos” la verdad es que está muy difícil.
El rodaje de “Mystic River” en Boston despertó un interés inusitado entre la población, hasta el punto de que más de 2.000 personas se presentaron a las pruebas de casting para seleccionar a los extras que pueden verse en la película. Todos querían ver de cerca de Sean y la verdad es que el actor no decepcionó a los que allá se agolparon atendiendo a todos los que se dirigieron a él. Sorprendente cuando suele encabezar la lista de los famosos que más ariscos son con los cazaautógrados.
Penn nunca ha entendido muy bien ese final en el que comparte un guiño con Kevin Bacon en el que éste simula dispararle mientras el otro alza la mirada al cielo encogiéndose de hombros. Una escena de dudosa moral después de haber visto la película para la que Sean también tiene sus interpretaciones: “Clint quería que los actores conociéramos los detalles justos para así hacer creíbles a los personajes. Supongo que el valor que da a la amistad infantil algo tendrá que ver en la relación de los personajes teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que opta por el mal menor”.
El universo de Jane Austen sigue muy vivo a través de la pantalla y su espíritu está presente en un buen número de adaptaciones sobre su obra que siguen llegando periódicamente como bien repasa en reportaje Mary Carmen Rodríguez. Es el caso de la nueva versión de "Sentido y sensibilidad" que ha dirigido Georgia Oakley y que se ha estrenado en cines sin salir mal parada a pesar del peso del referente de la cinta dirigida por Ang Lee a mediados de los noventa. "Los demonios", ejemplo del espíritu indómito y transgresor de Ken Russell, ha podido verse en salas en versión remasterizada 55 años después y recordamos In Memoriam al actor Tom Skerritt y al director y guionista José Luis García Sánchez. Y como todos los años Imogen nos trae el resumen sonoro del Festival de Sitges 2026. Spooky a los mandos técnicos. ¡Muchas gracias por escucharnos!
"Privatizar el agua es mejor que nacionalizarla. Creo que la privatización del agua tendrá un gran éxito. Tendrá un gran éxito y quizá por ese motivo deberíamos esperar para poder opinar con conocimiento de causa". Una frase de Margaret Thatcher abre el primer episodio de "Negocios turbios". Es una declaración política y, en manos del guionista Joseph Bullman, también el punto de partida para juzgar, con la perspectiva que da el tiempo, la bondad o maldad del planteamiento. La opinión queda muy clara tras ver los tres capítulos de esta miniserie, basada (no inspirada) en hechos muy reales que se remontan al inicio de la privatización del agua por parte de los conservadores que gobernaron el Reino Unido con la dama de hierro al frente.
A los 86 años ha muerto Patrick Stewart, toda una leyenda de la escena británica que encontró en el cine y en la televisión un grado de iconografía que trascendió su propia carrera al ser el capitán Jean-Luc Picard en la serie "Star Trek: La nueva generación" (1987-1994), y en sus sucesivas continuaciones, así como el profesor Charles Xavier de manera recurrente desde la película "X-Men" (2000). En la carrera de pocos actores quedó tan clara los dos papeles asociados a su trayectoria, siempre marcada por su característica figura espigada de enigma reptiliano y cabeza rapada (fruto de una alopecia genética temprana) poseedora de una voz imponente.
Cuando David Fincher estrenó "La red social" (2010), Facebook todavía podía contemplarse como una revolución tecnológica, una herramienta destinada a modificar nuestra manera de comunicarnos. Dieciséis años después, la película parece mucho más ambiciosa. Ya no es solamente la historia de cómo Mark Zuckerberg creó una de las plataformas que transformaron internet. Es el retrato de una sociedad que estaba a punto de descubrir que las relaciones humanas podían convertirse en datos y que esos datos podían generar una forma inédita de poder.