"Springsteen: Deliver me from nowhere"
La web oficial.
El argumento: Adaptación cinematográfica del relato de Warren Zanes sobre la grabación del álbum "Nebraska", de Bruce Springsteen, de 1982. La película sigue a “The Boss” cuando era un joven músico en los albores de la fama mundial, tratando de reconciliar las presiones del éxito con los fantasmas de su pasado. Grabado en un viejo cassette de cuatro pistas en su habitación en Nueva Jersey, “Nebraska” refleja un periodo trascendental de su vida y está lleno de personajes perdidos en busca de una razón para creer.
Conviene ver: “Springsteen: Deliver me from nowhere” confirma el buen momento del biopic musical poniendo ahora el foco en Bruce Springsteen, uno de los artistas fundamentales de finales del siglo XX y maestro reverenciado en lo que llevamos de siglo XXI. La película se centra en los orígenes del artista en los cuales se abre paso en la escena musical para alcanzar con gran celeridad un estatus que todavía hoy sigue vigente para Bruce Springsteen a sus 76 años generando a su paso una aureola de prestigio, un seguimiento de pura devoción y un éxtasis adrenalínico en cada concierto. A las puertas de alcanzar su definitivo pasaporte a la gloria, y tras el éxito de la gira de “The River”, nos encontramos a un músico que colapsa por una crisis existencial y que da lugar al profundo disco “Nebraska” publicado en 1982, inspirándose en los cuentos completos de Flannery O’Connor o en la iconografía y el espíritu rebelde de “Malas tierras” (1973) conformando un trabajo revelador ajeno a los cánones comerciales y que, además de la disección del artista a través de una serie de personajes que sienten como él a través de sus canciones, se convertiría en disco de culto y en una de las obras capitales de la discografía de Springsteen más allá de la sobreexposición de sus temas más populares y coreados. Aun así en la cinta sí que suena el Born in the USA que le fue encargado por Paul Schrader para una de sus películas y que pasó a ser uno de los temas más emblemáticos del músico nacido en Nueva Jersey. Jeremy Allen White asume el reto y cumple de manera notable aunque sin la brillantez que vimos en el Taron Egerton de “Rocketman” (2019) o el Timothée Chalamet de “A complete unknown” (2024) que supieron crear la composición de su personaje a pesar de sus escasos parecidos con el artista. No le acompaña que su voz falle en ocasiones al preocuparse más de imitar que de asentar su propio registro al ser imposible el emular el torrente de Bruce pero, al menos, cumple más en lo interpretativo como un artista taciturno lastrado por su pasado y que ve su futuro con una mezcla de inseguridad, miedo e incredulidad. Está bien la puesta en escena, reposada, envolvente y crepuscular, entre el existencialismo y la pesadumbre, sobre todo en las escenas en las que recuerda la relación con un padre alcohólico apoyadas en un elegante blanco y negro. Aunque sea muy interesante conocer todo lo que rodeó al álbum, su disco más lúgubre y honesto se grabó en una grabadora de cuatro pistas encerrado a oscuras en su dormitorio, la cinta falla, además de en su tendencia a lo hagiográfico aunque pueda llegar a disculparse en este tipo de cintas, en su estructura narrativa por perderse en “flashbacks”, lugares comunes y clichés sobre dramas de infancias torturadas y superación personal. Un tipo que si bien comenzaba a ser cada vez más conocido seguía perdido sin saber quién era. El lamento desgarrador de un artista a través de un viraje intimista, doloroso e introspectivo que se ve bien pero ni golpea, ni conmueve ni cautiva como en algún momento parecía encaminado. Un tipo buscando la fe, la redención y un lugar en el mundo a través de la música y que, frente a la energía que transmiten sus conciertos y sus temas más populares, nos lleva en tiempos de interés por la salud mental a conocer la época más depresiva y sombría del músico. Bruce Springsteen siempre ha sido un trovador de los claroscuros del sueño americano pero la cinta encalla en el peso narrativo por el peso de un drama que mina un trabajo al que la falta pasión y alma siendo un biopic atípico pero también inane y aburrido ya que, al margen de que sepamos de quien se trata, no se es capaz de conectar emocionalmente con esa letanía personal que tuvo que encontrar ese disco para poder expresarla. Es por ello que, ante un film tan contenido como asfixiante que lleva a que su halo depresivo pueda llevar al tedio, lo que le salva es el esfuerzo de Jeremy Allen White, bien secundado por Jeremy Strong, Odessa Young, Stephen Graham, Paul Walter Hauser, Gaby Hoffmann, Marc Maron, David Krumholtz y Grace Gummer, así como lo que rodeó a un minucioso y catártico trabajo en el que la aspereza formal y sonora y el alma torturada de los temas, evocando más un estado de ánimo mirando hacia el pasado como si fueran fotografías color sepa pero sin pretender dar concesiones al público, fueron el canto desesperado y necesario para la liberación de un hombre antes de abrazar la fama. Se agradece una mirada distinta y honesta, lejos de lo habitual en cintas sobre estrellas del rock, pero tras esta cinta uno puede llegar a la conclusión de que no todas las vidas de artistas o famosos dan para una película.
Conviene saber: Scott Cooper dirige y escribe la adaptación del libro de Warren Zanes que pasó por los festivales de Telluride y Nueva York.
La crítica le da un SEIS












