Conexión Oscar 2022: Película

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Querido Teo:

Lo que parecía una carrera ya amortizada con ese duelo desde septiembre entre “Belfast” y “El poder del perro” terminó explotando ante la fuerza demostrada por “CODA: Los sonidos del silencio” que ha llegado a la recta final no como una tercera vía o como una alternativa simpática sino como la potencial ganadora de los próximos Oscar ante el arraigo emocional que parece haber despertado entre los miembros de la industria inclinado por premiar no sólo a la película, tan efectiva como tierna favoreciendo todo ello el consenso en las papeletas en un momento en el que se necesita más la evasión que nunca, sino por su mensaje de integración y de superación que, además, retrasaría un año más el premio para Netflix por parte de una Academia que está condenada a entenderse con las plataformas pero que, a día de hoy, todavía no ha dado el paso como guardián de las esencias del ritual de la experiencia en salas.

“CODA: Los sonidos del silencio” (3 nominaciones) ha irrumpido en el último mes con una fuerza inusitada dejando en la cuneta a “Belfast”, la que se esperaba que fuera la opción de consenso, y dejando a “El poder del perro” muy tocada en sus opciones a pesar de sus 12 nominaciones. Es más, a día de hoy, la corriente se ha asentado y casi incluso antes de que se entregue el premio ya se están enfrentando defensores y detractores como si el destinatario del Oscar ya se hubiera desvelado. La realidad es que el último mes de la carrera ha sido vertiginoso y ha aunado toda esa corriente emocional que estaba dispersa en una carrera que se encontraba en estado de aborregamiento y en la que ninguna otra de las películas había logrado hacerse con un respaldo apasionado. El SAG y el PGA han sido clave y hay que recordar que de las 10 películas que se han llevado ambos premios sólo “Apolo 13” y “Pequeña Miss Sunshine” no se hicieron con el Oscar.

“CODA: Los sonidos del silencio” es el remake de la cinta francesa “La familia Bélier” (2014), la cual se sostenía por su encanto, humanidad y humor y que fue un fenómeno que funcionó muy bien más allá de Francia enarbolando mensajes como la integración social de los discapacitados, el poder de la música, el valor de la familia en la construcción de uno y la necesidad de volar más allá del nido en busca de poder cumplir tus sueños. No es de extrañar que en Estados Unidos hayan preparado una nueva versión que triunfó en el Festival de Sundance 2021 con el Gran Premio del Jurado, premio a la mejor dirección (Siân Heder), premio especial al mejor reparto y Gran Premio del Público siendo además la adquisición de mayor valor llevada nunca en el certamen con su compra por Apple TV+ por 25 millones de dólares. La inversión no ha podido ser más rentable y la campaña más inteligente, cocinando a fuego lento el fenómeno mientras otras cintas intentaban infructuosamente ponerse a la cabeza de las predicciones. Con sencillez, honestidad, sabiendo tocar la fibra sensible y en el momento exacto la cinta ha pasado en poco de tercera vía a potencial ganadora del Oscar sin despeinarse.

Durante todo este tiempo no ha podido hablarse más de “El poder del perro” (12 nominaciones) y es que desde su pase por el Festival de Venecia dejó asentado, como así ha sido, que estábamos ante una de las películas de la temporada siendo el nuevo intento de Netflix en hacerse con el Oscar jugando la carta de que la película se recorriera todo el circuito festivalero. La calidad y el cuidado por el detalle de una cinta con empaque, subtexto, una realización impecable y unas interpretaciones de altura deberían ser mimbres suficientes para poder ser dignos del Oscar pero, en verdad, y a pesar del arrase ante la crítica y hacerse con Globo de Oro, Critics’Choice y Bafta, la sensación es que la cinta de Jane Campion llega agotada y habiendo perdido rápido el favor de la corriente a favor de una opción mucho menos gélida y más accesible.

Un trabajo sutil y medido, rodado con exquisitez formal y con tesón por destacar el detalle representado por el silencio y las miradas y, entre otros, por unas flores de papel, el chirriar de los dedos por las púas de un peine, el enfrentamiento entre un piano y una mandolina, la amenaza que supone el sonido de las botas pisando el suelo, el inquietante silbido que empuja al abismo de la locura, unas cuerdas como vía para la liberación erótica, o el deseo que evoca una silla de montar, explorando la masculinidad en sentido amplio, confrontando diferentes modelos sobre ella tal y como hizo hace casi tres décadas en "El piano" (1993). Ahora en un contexto como el western dándole vuelta al concepto de debilidad y de juego de poder y sumisión, así como la coraza de maldad y superioridad para contrarrestar un trauma interior de un solitario incapaz de abrirse al afecto y que responde mordiendo como un perro herido, entre aspectos reconocibles como el contacto con la naturaleza, el rechazo a pertenecer a una clase marcada por el estatus y la apariencia que lleva a abrazar la vida nómada. ¿Será la segunda vez que un western homoerótico sea derrotado por una película que empieza por la letra “C”? A ello apunta la noche.

"Belfast" (7 nominaciones) salvó los muebles en las candidaturas al Oscar con las nominaciones para Kenneth Branagh en dirección (cayó un Denis Villeneuve que parecía fijo en todas las quinielas) y de Judi Dench en actriz de reparto (en lugar de la también en todas las apuestas Caitríona Balfe). Aun así el regusto fue amargo para la película en esa lectura ya que si bien sumaba las menos previsibles de sonido y canción quedaba fuera de apartados técnicos sensibles y deseados como fotografía y montaje. Kenneth Branagh ha convencido y emocionado con su proyecto más íntimo y personal en el que contagia el carisma de un niño de 9 años que entre juegos, sueños y primeros amores ve como su familia sufre una maltrecha situación económica y la revuelta situación como protestantes en el barrio católico en el que viven. A pesar de todo la cinta sólo ha podido ostentar el Premio del Público del Festival de Toronto 2021 y algunas menciones en mejor guión, siendo su oportunidad para no irse de vacío ya que hace tiempo (desde que fue incapaz de ganar el Gremio de Actores) en que sus opciones quedaron difuminadas.

Kenneth Branagh se aleja de las propuestas comerciales sin personalidad, y lejos de la irrupción que llevó a cabo con sus adaptaciones de obras de Shakespeare, adopta un perfil más modesto pero altamente empático a través de ese alter-ego que en realidad sí que es capaz de discernir que el enfrentamiento entre católicos y protestantes no deja de ser una de las muestras de la cerrazón humana que subraya las diferencias en vez de centrarse en las cosas que unen (la mayoría) a todos más cuando hay temas en juego como la lucha por determinados derechos o la necesidad de alzar la voz de una comunidad de la que poderes como la política y la religión se aprovechan de su división para minar su fuerza. Unos niños que viven en su oasis de felicidad frente a unos padres en los que cala el miedo por lo que de verdad pueden ofrecer a los suyos más cuando las diferencias se transforman en violencia y existe presión para posicionarse cuando el conflicto se radicaliza e incluso la vida está en peligro si se recibe un mal golpe. Detalles y situaciones bañadas de cotidianidad abordadas con franqueza y honestidad que funciona como retazos de recuerdos más que como una cadena narrativa, tal y como si se agolparan destellos del pasado que marcaron la personalidad de uno desembocando en una de esas decisiones familiares que suponen un punto de inflexión de cara a encarar el destino.

“West Side Story” (7 nominaciones) se presenta con un número de candidaturas menor del que se esperaba ya que el que iba a ser “el monstruo que arrasa” (término que se popularizó en la oscarología cuando se habló de las primeras opciones de “Los miserables” en la carrera de 2013) tuvo un favoritismo en la carrera que no fue más allá de unos pocos días en Diciembre. El poco éxito en taquilla de la película ha intentado ser salvado con el recordatorio por redes sociales de un vídeo en el que se muestra la escena de la presentación de la sala de baile (donde algunos parecieron descubrir la maestría con la que dirige Spielberg) y el estreno de la cinta en plataformas. Sólo Ariana DeBose, ocupando el rol de todos los años de nuevas promesas que abraza la industria para luego relegarlas a breves personajes en películas comerciales, se ha mantenido como la opción de premio de la película sacando todo el partido posible al personaje de Anita, el cual ya le valió el Oscar a Rita Moreno.

“West Side Story” es un Romeo y Julieta que siempre tiene vigencia y que aquí se centra más en el origen del musical que en ser un remake de la película lo que no impide que abandone esa atmósfera entre decorados para que los bailes y coreografías respiren en las propias calles de Nueva York aportando nuevas decisiones y ganando los números en espectacularidad y viveza ya que no hay más que ver la película de 1961 para comprender que también es muy propia de su época y ha quedado envejecida por los años. Spielberg refresca la historia pero tampoco pretende llevarla a los tiempos actuales siendo deudora de su tiempo lo que puede provocar que impacte con los ojos de hoy ver a unos tipos duros bailar o explotar el cliché de la sensualidad latina o, por otro lado, la relación que se establece entre chicos y chicas pero es que así es la obra y de ese mundo no tan lejano venimos La fotografía, montaje, diseño de producción, vestuario y sonido vuelan a gran altura, jugando con distintos escenarios como la gasolinera, los grandes almacenes o el bar sin disimular que son decorados pero sin que chirríe desde el punto de vista de la autenticidad, así como contar con un reparto que se luce y que gana claramente al de la primera película. El tiempo pondrá a esta cinta en su sitio ante lo importante qué es el valorar cómo Spielberg ha adaptado y refrescado un musical mítico dándole una nueva vida en forma de regalo para las nuevas generaciones aunque, a gran escala, no haya sido valorado como merece.

“El método Williams” (6 nominaciones) es una de las cintas que sin hacer ruido ha sido en todo momento una de las fijas en las apuestas contando con ese voto usamericano que se aleja del cinismo europeo (que prefiere subrayar la toxicidad que genera el personaje de Will Smith obsesionado más por su éxito que por el de sus hijas a las que aboca a un destino de estrellato y fama preestablecido por él) y que apuesta por la superación deportiva, personal y económica de la historia en lo que fue la lanzadera de dos grandes estrellas que han roto todos los registros en el tenis femenino. Will Smith, habiéndose hecho con el cuarteto de grandes premios previos al Oscar, parece tocar ya el galardón de la Academia pero es que la cinta incluso podría dar la (relativa) sorpresa en mejor montaje donde ya ganó el premio del Gremio de Montadores (ACE).

Una cinta correcta y convencional, excesivamente larga (138 minutos), y que no deja de ser el show de Will Smith a la caza de los premios tras más de una década de una carrera errática y en la que ha dejado de ser la estrella infalible de antaño. El que tuvo, retuvo y logra darle carisma a un personaje seguro, mucho menos embellecido moralmente en la realidad, que marcó el futuro de sus hijas de manera minuciosamente calculada con disciplina militar, saltándose los protocolos de formación para otros deportistas. La cinta pasa de puntillas por otros temas como la escasez de recursos económicos de determinadas clases para introducirse en un deporte de ricos, el racismo de la época o la explotación de hijos por parte de sus padres que, en la mayor parte de las ocasiones, les convierten en juguetes rotos. En la cinta se echa de menos mayor presencia de las hermanas, y sus interacciones de juventud con una gran química entre ellas y que sin dobleces convierten en suyo sin cuestionarse el sueño que su padre ha depositado en ellas, así como de una Aunjanue Ellis como la madre y que es de lo mejor de la cinta, pero Will Smith es la estrella y eso se nota en una propuesta hecha para su lucimiento y que está por encima de todo valor cinematográfico ya que se consume tan rápido como se olvida centrándose más en el empeño de un tipo cuestionable que en las hazañas de dos de las deportistas (en femenino) más importantes de todos los tiempos.

"Dune" (10 nominaciones) saldrá a buen seguro como la más premiada de la noche siguiendo los pasos de “Gravity” (7 Oscar), “Mad Max: Furia en la carretera” (6 Oscar) y “La la land” (6 Oscar) que sumaron un gran número de premios (gracias a su apartado técnico) pero que no lograron rematar en mejor película. La liga de la película de Denis Villeneuve (apeado de mejor dirección) son los apartados en los que ya lo tiene hecho (sonido y efectos visuales) así como aquellos en los que tiene muchas posibilidades (fotografía, música, montaje y diseño de producción). Una de las cintas más populares de esta edición y que, por lo menos, ha fomentado el regreso a salas del público aunque no haya sido al nivel de “Spider-Man: No way home” o “The Batman”. Aun así, Denis Villeneuve ha salido bien parado de un proyecto que se antojaba maldito en la adaptación de la obra de Frank Herbert.

“Dune” mezcla el espíritu de una obra shakesperiana, con sus intrigas palaciegas, luchas de poder y un protagonista con un marcado tinte mesiánico, con la conciencia ecologista al presentarnos cómo las sociedades más avanzadas son capaces de explotar la materia prima de las comunidades más modestas. Estos últimos están representados por los Fremen, habitantes del desierto que luchan para protegerse de los continuos ataques que sufren para apropiarse de una valiosa especia. “Dune” es un blockbuster con sello autoral, si Villeneuve es un director que se ha caracterizado por ofrecernos imágenes muy poderosas en su nuevo trabajo va mucho más allá ya que ha conseguido rodar una obra apabullante tanto a nivel temático mezclando la espectacularidad de las escenas de batalla con secuencias mucho más intimistas, como en su puesta en escena, ya que es una cinta que cuenta con muchos escenarios pertenecientes a diferentes planetas, con una marcada personalidad en cada uno de ellos y prevaleciendo la coherencia. Una pena que se quede en un largo prólogo en el que la concesión a su segunda parte impide que la película narrativa y emocionalmente esté mejor construida y definida.

"Licorice pizza" (3 nominaciones) confirma que Paul Thomas Anderson tiene una relación esquiva con los Oscar por el mero hecho de no haber llegado nunca como favorito. Todas las nominaciones, conseguidas por su viaje iniciático por la década de los 70 con un Los Angeles en el que los jóvenes que allí crecen se codean entre artistas, música y ese ambiente festivo y liberal, son a título personal lo que le lleva a tener ya en su cuenta 11 nominaciones. Cuando parecía que mejor guión original podía caer de su lado el jarro de agua fría en el Gremio de Guionistas (WGA), donde no estaba “Belfast” pero sí “No mires arriba”, la cual ganó, deja a la cinta en una posición en la que demuestra que uno de los directores más influyentes de nuestro tiempo sigue sumando a partes iguales filias y fobias ya que no todos conectan con su cine y con ese magisterio en la puesta en escena en ocasiones demasiado críptico y subrayado.

“Licorice pizza” es una de las películas más personales e íntimas del director (junto a “Boogie nights” y “Puro vicio”) pero no por ello tiene que ser confundida como menor ya que su sencillez narrativa, y el contar con un reparto amplio pero que actúa como satélite de sus dos jóvenes protagonista, no es inane o intrascendente aprovechándose de su tono deslavazado para retratar un estado vital que es uno de esos momentos que suponen un punto de inflexión en la vida de cualquiera buscando la luz de ese faro vital a pesar del no querer abandonar esa juventud llena de falta de responsabilidades, de disfrute hedonista y en el que uno piensa que allí al menos tiene derecho a poder equivocarse una y otra vez. Todo hacia un horizonte de inmadurez eterna, sueños añorados, incertidumbres que no cesan, relaciones que hacen daño y amores que podrían ser pero que nunca serán por los caprichos de eso llamado chispa o conexión avivada por la pasión. Un momento personal de abrirse al mundo sobre un país como Estados Unidos que estaba reconfigurándose y asentando las bases de lo que es hoy tanto con sus luces como con sus muchas sombras.

“No mires arriba” (4 nominaciones) ha sido a la postre la película más popular de las nominadas ya que a final de año fue la cinta de la que todo el mundo hablaba tras su lanzamiento en Netflix. Una sátira pertinente, vibrante y llena de estrellas es carne de algoritmo y ésta cumplió expectativas ya que Adam McKay logra entretener, denunciar y que la historia no se le vaya de las manos a pesar de todo lo que abarca y su continua sucesión de personajes. Siendo la tercera película consecutiva de Adam McKay en ser candidata a mejor película, da la sensación de que ha quedado algo diezmada (no sólo porque nadie de su extenso reparto ha podido estar entre los nominados) sino porque tampoco ha podido sumar categorías como las de dirección o canción. Aun así todo a lo que “No mires arriba” es candidata se antoja como irreprochable ya que el guión de Adam McKay, el montaje de Hank Corwin o la música de Nicholas Britell acompañan a la candidatura conseguida a mejor película

"No mires arriba" capta también ese descontento social y la desconfianza general hacia los que nos gobiernan, en tiempos de “sálvese quién pueda” y negacionismos varios en los que la razón, el sentido común y la ciencia están en declive frente al ruido mediático, lo viral y los discursos buenistas. Aunque un enorme cometa esté a punto de chocar contra la Tierra la población está más a sus cosas en un mundo en el que se habla de dicotomías como comunismo o libertad o se es presa del “click bait” y de líderes populistas e incompetentes que lo que quieren es sacar rédito electoral. Políticos que atienden a sus intereses empresariales mientras los ojos les hacen chiribitas con el símbolo de los dólares, presentadores cínicos en programas televisivos masivos que manejan discursos peligrosos y que proliferan como la pólvora o científicos que, ante su falta de carisma y siendo vistos por los demás como bichos raros y aburridos, son tratados con desdén ante la superioridad moral de la población que quiere dulcificar el jarabe y no quieren oír hablar de problemas, incluso coartándoles y tratándoles como elementos desestabilizadores que llenan de dudas y discursos cenizos al mundo. Una mirada que nos interpela y nos hace reflexionar confirmando que todavía hay cintas que pueden generar conversación de manera transversal aunque ello ya ocurra más en plataformas que en salas.

"Drive my car" (4 nominaciones) es la constatación de esa Academia global de la que tanto hablamos y que muchas veces saca su perfil más cultureta, no se sabe si por pose o convencimiento. Tras la ola de cine con repartos asiáticos, con “Parásitos” y “Minari. Historia de mi familia” presentes en las dos últimas ediciones, esta vez le ha tocado el turno a la japonesa “Drive my car” cinta que, con sus tres horas, desde luego está muy lejos del nervio y brío que fomentó el éxito de la cinta de Bong Joon-ho y tampoco del tono amable y familiar de la propuesta de Lee Isaac Chung. Aupada por las principales Asociaciones de Críticos, “Drive my car” fue más allá del filtro festivalero y esa corriente la ha puesto como la cinta que se ha llevado a su favor la corriente internacional de la Academia por delante de Pedro Almodóvar, Joachim Trier, Asghar Farhadi o Paolo Sorrentino.

Ryûsuke Hamaguchi plantea un juego de espejos de cómo el pasado influye en la proyección futura de uno y en el que el director experimenta con la realidad y la ficción apostando por la cotidianidad y explayándose en el tiempo para lograr acrecentar esa sensación de verismo, lo cual ya ha quedado de manifiesto en otros títulos del director como "Happy hour" (2015) o "Asako I & II" (2018). Su misterio, intriga, sutilidad y puesta en escena llena de rica intimidad y delicadeza (atención a ese momento de "Tío Vania" en lenguaje de signos) logrando el milagro de que la cinta subyugue por su belleza narrativa más que visual logrando que se haga más corta de sus tres horas contando con esa originalidad de que los títulos de créditos iniciales no entren en acción hasta los tres primeros cuartos de hora. Una película impecable, rica y bella en la que la nieve será el escenario para la aceptación del pasado y que explora con serenidad pero con ahínco la memoria, el dolor, la pérdida, la cultura como refugio y depuración emocional y el legado que dejamos a los demás resaltando los condicionantes de la complejidad humana pero también de la sencillez de las pequeñas grandes cosas que son las que mueven el mundo. Una rareza entre las nominadas al Oscar que demuestra que en su composición y sentir algo está cambiando.

"El callejón de las almas perdidas" (4 nominaciones) ha sido claramente la opción de relleno hasta completar las 10 quedando por encima de otras apuestas como “Tick, tick… Boom!”, “La hija oscura”, “Ser los Ricardo”, “La casa Gucci” o “La tragedia de Macbeth”. Guillermo del Toro ha vuelto a ser acogido por el seno académico tras triunfar en los Oscar con “La forma del agua”. "El callejón de las almas perdidas" es una propuesta de cine negro con una elegancia formal presupuesta que se cumple en pantalla ya que se nota calidad y empaque aunando barroquismo y patetismo en una cinta en la que el director impregna la misma de existencialismo y melancolía conectando por ello con algunas joyas infravaloradas de su filmografía como “El espinazo del diablo” (2001) o “La cumbre escarlata” (2015).

La nueva versión de la novela de Elmund Goulding no sólo destaca por su gran reparto y por un apartado artístico merecedor de todas las nominaciones posibles sino por el hecho de centrarse en mundo marcado por el capitalismo, el refugio en la fe y el azar, el de un ser humano pervertido por la crueldad como vía para el triunfo y los marginados intentando no caer al abismo por un sistema que no les quiere. Todo se produce en la inmersión por esas calles, casi como una representación onírica, entre vagabundos, estafadores, millonarios sin escrúpulos y mujeres intrigantes, carne de feria ambulante y víctimas de la Gran Depresión bañadas en alcohol y dolor, en el que la única posibilidad de triunfo no es sólo tener suerte o tener contactos sino aprovecharse de las debilidades y carencias de los demás pisoteándolos sin ningún reparo. Quizá la candidatura le venga grande, y su larga duración le hace mella, pero hay que alabarla por cómo trata con respeto las claves de toda la iconografía de un género que tantas alegrías y tanta iconografía ha creado en un arte como el del cine.

El dictamen

Ganará: CODA: Los sonidos del silencio
Alternativa: El poder del perro
Quiero que gane: El poder del perro
Echo de menos: Fue la mano de Dios

Nacho Gonzalo

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Teclado Céltico
Teclado Céltico
8 meses atrás

Si gana CODA, ¿Sería el segundo remake que gana el Oscar a mejor película?

Teclado Céltico
Teclado Céltico
8 meses atrás
Responder  Teclado Céltico

Me acabo de dar cuenta de que también lo sería con Dune, West Side Story y ¿Nightmare Alley?. ¿Habría que investigar si tenemos record de remakes en la categoría?

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