In Memoriam: Christopher Plummer, la presencia impecable de un gran reserva

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Querido Teo:

Christopher Plummer nos ha dejado a los 91 años tras una vida dedicada al mundo de la interpretación, un oficio al que dio dignidad y presencia hasta el final. Plummer siempre fue un buen actor pero conforme se hacía mayor todavía era más colosal llenando la pantalla como pocos lo hicieron. No es de extrañar que sus 3 nominaciones al Oscar fueran ya como octogenario, todas en la categoría de actor de reparto, ganando por "Beginners (Principiantes)" en 2012 y siendo candidato por "La última estación" en 2010 y "Todo el dinero del mundo" en 2018 convirtiéndose en meme para los aficionados a las redes sociales al entrar en sustitución de Kevin Spacey. Sigue ostentando el record de ser el intérprete más veterano en ganar el Oscar con 82 años y también el nominado actoral de mayor edad con 88 años.

Christopher Plummer, bisnieto del Primer Ministro de Canadá John Abbot, nació el 13 de Diciembre de 1929 en Toronto, ciudad que abandonaría para mudarse con su madre a Senneville, cerca de Montreal. Durante su infancia estudió para ser pianista, pero pronto nace en él el deseo de ser actor. Hizo su debut en el escenario en una producción de 1948 de "Cymbeline" con el Canadian Repertory Theatre en Ottawa, seguida poco después por una producción televisiva de CBC de "Otello". 

Debido a esta afición al piano, en su juventud conoció a su compatriota, el pianista de jazz Oscar Peterson, al que le unió siempre gran amistad. Como todos los grandes comenzó en el teatro, uniéndose a la Compañía Nacional de Canadá y aprovechándose de su dominio tanto del inglés como del francés, donde su porte de galán elegante con rasgos duros le permitió desde ponerse la túnica de los clásicos griegos hasta participar en los más preciados dramas shakesperianos.

En la década de los 50 se traslada a Nueva York y debuta en Broadway con "The starcross story" (1954) pero muchos críticos lo descubren, pensando que es un nuevo gran ejemplo de la hornada británica, en un montaje de "Enrique V" en el Festival de Stratford en 1956. Al año siguiente llegará "Hamlet" para la televisión británica y en el cine debutaría de la mano de Sidney Lumet en “Sed de triunfo” (1958).

Formó parte de la Royal National Theatre bajo la dirección de Laurence Olivier y de la Royal Shakespeare Company bajo la dirección de Peter Hall consiguiendo su primera candidatura al Tony por "J.B." bajo la dirección de Elia Kazan en 1959. En Londres pisaría las tablas por primera vez en un montaje de "Becket" en 1961.

En la década de los 60 su rostro comenzaría a hacerse conocido, especialmente por su papel de Cómodo en “La caída del imperio romano” (1964). Su emperador maquiavélico, hedonista y cruel es el salto definitivo a una industria que le confía cada vez mayores papeles. El éxito ya no le abandonaría a partir de “Sonrisas y lágrimas” (1965), adaptación del musical de Rodgers y Hammerstein, dando vida al Capitán Von Trapp, el cual terminó siendo un papel que le persiguió por siempre y del cual le costó desligarse terminando por aborrecerlo y sólo salvándolo por ser el inicio de su amistad con Julie Andrews.

Ese viudo con siete hijos, rígido y marcial, se convierte en su papel más paradigmático y, aunque tuvo que sufrir ser doblado en las secuencias musicales, en lo cual no estuvo nada de acuerdo con la decisión de Robert Wise, si por algo aceptó el proyecto era por hacer un musical en el cine y la realidad es que fue su pasaporte al éxito. Eso llevo a que calificara la película como "una tontería con sacarina" rebautizándola como "The sound of mocus" en vez de "The sound of music".

Plummer logró entrar en los hogares de muchos generación tras generación con los continuos reestrenos y emisiones de una película en la que el espectador acaba cayendo subyugado al igual que él con la institutriz María. Aunque Plummer hubiera deseado ver otra película (aquella en la que él cantaba) terminó reconciliándose con la misma con el paso del tiempo agradecido por el empujón que supuso para su carrera.

Christopher Plummer continuó alternando cine y teatro y le vimos en "Triple cross" (1966), “La noche de los generales” (1967) en los años de la ocupación alemana en Varsovia, siendo el clásico griego “Edipo Rey” (1968), un enigmático Alto Comisionario de la ONU en “Nadie huye eternamente” (1968), líder de escuadrón en “La batalla de Inglaterra” (1969), Atahualpa en "La caza real del Sol" (1969) o el Duke de Wellington en “Waterloo” (1970).

Fue el Dr. Sherman en “La escalera de caracol” (1975), cogió el testigo de Peter Sellers en “El regreso de la pantera rosa” (1975) y también apareció como el metódico escritor Rudyard Kipling en “El hombre que pudo reinar” (1975), el clásico de aventuras de John Huston, así como en "Culpable sin rostro" (1975) y "Ases del cielo" (1976). No fue la primera opción de John Huston para la película (Richard Burton tenía problemas de salud) pero para Plummer fue un personaje revelador que le abrió las puertas para conectar de una manera orgánica con los roles que interpretaba.

No terminaría la década de los 70 sin pasar a interpretar al rey Herodes en la miniserie “Jesús de Nazaret” (1977) y a Sherlock Holmes en “Asesinato por decreto” (1979). Interpreta en el teatro al Yago de “Otelo” en 1982 y “Macbeth" en 1988 y recibe algunas de las mejores críticas de su carrera con unos montajes alabados y en el que queda demostrada la madurez alcanzada por un actor que imprimía el poso y la experiencia de los años a algunos de los personajes con los que debutó.

Debido a su éxito en el teatro no fueron sus años de mayor presencia en pantalla pero se le pudo ver en las románticas "La calle del adiós" (1979), donde era un militar en los años de la II Guerra Mundial, “En algún lugar del tiempo” (1980), junto a Christopher Reeve y Jane Seymour, y sobre todo en los telefilms "La caja oscura" (1980), dirigido por Paul Newman, y “Escarlata y negro” (1983).

Allí es el ambicioso y sanguinario coronel y jefe de la SS en Roma Herbert Kappler, poseedor de una rivalidad con Monseñor Hugh O'Flaherty (Gregory Peck), oficial de alto rango de la Santa Sede, protector de refugiados, aliados y judíos en la Italia ocupada por los nazis en 1943. Además fue el Arzobispo Contini-Verchese en la popular serie “El pájaro espino” (1983) y se le pudo ver en el cine en “Culpable de inocencia” (1984), “La gran huida” (1984), “Jugando para ganar” (1984) y como el reverendo de la comedia "Dos sabuesos despistados" (1987).

Fue en la década siguiente cuando Hollywood le recuperó en papeles secundarios en los que aportaba prestancia, precisión y empaque gracias a su aura de venerabilidad. Empezó en los 90 con la serie "Contragolpe" (1990-1993) y en cine fue el Chang de ademanes shakesperianos de "Star Trek VI: Aquel país desconocido" (1991), racista acérrimo en "Malcolm X" (1992), el empresario de “Lobo” (1994), el detective de "Eclipse total (Dolores Claiborne)" (1995), el virólogo de “Doce monos” (1996) y el presidente Roosevelt en el telefilm "Winchell: Cronista de sociedad" (1998).

Brilló como Mike Wallace en “El dilema” (1999), periodista norteamericano que fue acusado por un artículo de la revista Vanity Fair en 1996 de rendirse a las presiones corporativistas y eliminar una historia sobre Jeffrey Wigand, un informante que quería denunciar la actividad de las tabacaleras. Cambiaría de siglo en la miniserie “Los juicios de Nuremberg” (2000) y reencontrándose con Julie Andrews en una versión televisiva de “En el estanque dorado” (2001).


"Drácula 2001" (2000), “Una mente maravillosa” (2001), “Ararat” (2002), “La leyenda de Nicholas Nickleby” (2002), “Alejandro Magno” (2004), “Syriana” (2005), “El nuevo mundo” (2005), “Plan oculto” (2006), “La casa del lago” (2006), “Cerrando el círculo” (2007), "Man in the chair" (2007), “El imaginario del Doctor Parnassus” (2009) y las animadas “Up” (2009) y “Número 9” (2009) son otra serie de trabajos que le hacen mantener una actividad frenética contando con él como refuerzo de lujo demostrando que sólo con la voz era capaz de ofrecer icónicos trabajos.

A destacar cómo salió horrorizado de su colaboración con Terrence Malick afirmando que nunca más volvería a trabajar con él como contó en una mesa redonda para Newsweek asegurando que necesitaba un escritor para evitar sus subrayados fílmicos y artísticos que terminaban quitando toda entidad a los personajes.

Todo ello justo antes de su década triunfal de reconocimiento en premios, destacando la ternura y bonhomía obstinada de su León Tolstói de “La última estación” (2009) en su momento más ácrata y vividor manteniendo una batalla con su espíritu y su coherencia para conciliar la fama y el compromiso con una vida extraordinariamente austera. Con "Beginners (Principiantes)" (2010) se mete al público en el bolsillo sorprendiendo y abordando con suma humanidad la salida del armario de un anciano cuando se queda viudo, papel que le haría arrasar en la temporada de premios con Oscar, Globo de Oro, SAG y Bafta.

En "Barrymore" (2011) recuperaba el espíritu del actor John Barrymore basándose en una adaptación teatral que también protagonizó el actor y que le valió el Tony en 1997, premio que ya ganó en 1974 por el musical “Cyrano”. En televisión se llevó en 2 ocasiones el Emmy de siete nominaciones; "Traficantes de dinero" en 1977 y "The new adventures of Madeline" en 1994 por su labor de narrador.

Trabajó junto a David Fincher en "Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres" (2012), el remake de la argentina “Elsa & Fred” (2014), demostrando lo bien que se le daba tocar el piano, era el mejor amigo del personaje de Al Pacino en “Nunca es tarde (Danny Collins)” (2015) y se introducía en una historia de venganza y heridas provocadas por los nazis durante los años del Holocausto en “Remember” (2016).

Todos ellos suponen trabajos de lucimiento para él al igual que “El último beso del káiser” (2016), el Scrooge de “El hombre que inventó la Navidad” (2017) y el codicioso J. Paul Getty de “Todo el dinero del mundo” (2017), preparándose el papel con sólo dos días de antelación volviendo a rodarse con él durante nueve días, y con la película ya terminada, las escenas que había llevado a cabo Kevin Spacey antes del escándalo en el que se vio envuelto. Ese esfuerzo, en realidad siempre fue la primera opción de Ridley Scott para el papel, fue recompensando con su presencia en todos los premios de la temporada, incluidos de nuevo los Oscar.

Sus últimos trabajos fueron la serie “Departure: Vuelo 716” (2019) y las películas "Puñales por la espalda (2019) y “Con todos los honores” (2019), título casi emblemático para despedir una carrera impecable a la que sus ademanes elegantes, fina ironía, portentosa voz, dicción perfecta y buena planta contribuyeron a su magisterio. En 2015 participó en el homenaje por el 50º aniversario de "Sonrisas y lágrimas" y para la ocasión fue retratado junto a Julie Andrews por la fotógrafa Annie Leibovitz en Vanity Fair.

"Chris era un hombre extraordinario que amaba y respetaba profundamente su profesión con excelentes modales a la antigua, un humor autocrítico y la música de las palabras", dijo Lou Pitt, su viejo amigo y mánager durante 46 años. "Era un tesoro nacional que disfrutaba profundamente de sus raíces canadienses. A través de su arte y humanidad, tocó nuestros corazones y su vida legendaria perdurará para todas las generaciones venideras. Él estará para siempre con nosotros".

Casado en tres ocasiones, Tammy Grimes (1956-1959), Patricia Lewis (1962-1967) y Elaine Taylor (desde 1970), deja una primera hija fruto de su primer matrimonio, Amanda Plummer. Plummer achacó a sus problemas con el alcohol sus dos divorcios pero fue Elaine Taylor la que le recondujo y estabilizó. El actor ha fallecido en su casa de Connecticut tras un derrame cerebral ocasionado por una caída mientras preparaba uno de sus próximos papeles.

Los que le conocieron avalan su generosidad y sentido del humor además de ser un gran amigo de sus amigos, entre los que estaban los también actores Jason Robards y William Shatner, el cual era su sustituto en las funciones escolares. Más de 60 años avalan una carrera compuesta por más de 200 títulos y refrendado con una estatuilla al Oscar a la que el actor dio la bienvenida diciéndole frente a frente que ésta sólo tenía dos años más que él. Uno de los grandes que, al menos, obtuvo en vida el reconocimiento, prestigio y cariño del público que se ganó título a título.

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Nacho Gonzalo

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Comentarios

Juan Fornaris - 05.02.2021 a las 21:39

Como bien menciona el artículo, Plummer fue un secundario de lujo, de esos que engrandecen y otorgan más pedigrí por muy vacua que se el film en que participan. Una generación brillante que poco a poco se extingue y vaya a saber si los jóvenes que están en el medio aguanten el calibre. Descanse en paz.

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