Los 12 títulos imprescindibles del cine de Steven Spielberg, el mejor narrador de todos los tiempos

Los 12 títulos imprescindibles del cine de Steven Spielberg, el mejor narrador de todos los tiempos

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Querido Teo:

Un 4 de marzo de 1994 se estrenaba en cines españoles “La lista de Schindler” (1993); una película dirigida por Steven Spielberg y destinada a convertirse en un clásico imperecedero y en una de las mejores películas de la Historia del cine. Su reciente reestreno en cines, refuerza esta afirmación. Un film que ganaría 7 Oscar, incluyendo el de mejor película y que coronaría por fin a Spielberg con la preciada (y largamente perseguida) estatuilla al mejor director. Y no sólo eso, unos meses antes, el señor Spielberg venía de destrozar las taquillas y la forma de vender el blockbuster con “Parque Jurásico” (1993). Sin duda, un director capaz de ofrecer en el mismo año dos films tan diferentes entre sí y de una calidad cinematográfica cuasi perfecta.

Y es que no se exagera si se afirma que nos encontramos ante el mejor director vivo de la actualidad. No es una etiqueta baladí y es que Steven Spielberg ha demostrado con creces que nadie conoce el oficio como él. Capaz de sacar petróleo, incluso cuando dirige con el piloto automático, no hay film de Spielberg que no contenga, al menos, cuatro momentos absolutamente perfectos. Y eso es algo que ningún otro puede conseguir en la actualidad. Los hay quienes se acercan mucho e incluso los que casi lo igualan (Martin Scorsese), pero nadie es capaz de hacerle sombra a un narrador y un contador de historias nato que nos ha dado, probablemente, algunos de los títulos más importantes de todos los tiempos.

Un director que parece que, tras casi 50 años de carrera profesional, aún hoy tenga que demostrar algo a cierto sector del público y crítica que siempre le ha exigido todavía más. Un director al que se le ha criticado (¡como algo negativo!) que “planifica milimétricamente sus películas como productos para agradar a crítica y público y maximizar los beneficios en taquilla”; o como la gente suele decir: “un profesional de su oficio capaz de controlar todos los aspectos de una producción cinematográfica para ofrecer la mejor película posible”. Un director del que se narrarán sus prodigios cuando ya no esté en activo (y esperemos que ese momento llegue muy tarde) y, esto es decir mucho sin arrepentimiento alguno, que se ha ganado el título del mejor director de todos los tiempos.

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Nacido en el seno de una familia judía en Ohio en 1946, justo tras el fin de la II Guerra Mundial, Spielberg demostró desde pequeño sus inquietudes narrativas. De formación autodidacta, comenzó muy pequeño a rodar cortometrajes caseros y, posteriormente, de bajo presupuesto. Uno de esos cortometrajes, titulado “Amblin” (1969), llamó la atención de la Universal que le propuso dirigir (tras muchísima insistencia de Spielberg en los despachos de los ejecutivos) un episodio de la serie “Galería nocturna” (1969-1973) protagonizado por Joan Crawford.

Después de varios cortometrajes y episodios de televisión para Universal, un ambicioso y obstinado Spielberg consiguió el puesto de director para un telefilm titulado “El diablo sobre ruedas” (1971). Una muestra del talento y el olfato del director (además de la influencia de Alfred Hitchcock) para la planificación, el montaje y la creación de tensión utilizando recursos narrativos tan asombrosos aún a día de hoy que asustan. Tal era la calidad de la propuesta que se estrenó en salas de cine en algunos países europeos.

Tras el éxito cosechado, Spielberg filmó su puesta de largo en el largometraje cinematográfico con “Loca evasión” (1974), una road movie dramática protagonizada por Goldie Hawn que le valió el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Un año después estrenó “Tiburón” (1975) y el cine cambió para siempre. No hay otra afirmación que pueda usarse con dicho título. La cinta de terror de Spielberg revolucionó el arte cinematográfico y el concepto de blockbuster para siempre (su taquilla a día de hoy asciende a más de 2.000 millones de dólares), algo que terminaría de afianzar “La guerra de las galaxias” de su amigo George Lucas dos años después. Sin “Tiburón” (1975) el cine tal y como lo conocemos no sería igual. De hecho, el cine, en general, sin Steven Spielberg sería bastante más mediocre y triste; principalmente porque nuestra era cinematográfica lleva cuatro décadas moldeada por su obra.

A partir de ese momento, nació la leyenda (y el hombre de negocios y productor conocedor de todos los entresijos de la industria) y se sucedieron los éxitos de crítica y público. Muy pocos patinazos críticos y económicos ha tenido Spielberg. De hecho, de su extensa filmografía como director, que abarca más de 30 títulos, únicamente “1941” (1979) suspende a nivel crítico con una media de 34 en Metascore y solamente “Always (Para siempre)” (1989) y “Mi amigo el gigante” (2016) no resultaron rentables. Unos logros y una filmografía que ya quisieran muchos para sí. Y es que, Spielberg, cogió lo mejor de los grandes del cine y subvirtió los elementos, rompiendo las reglas, para dar forma a una visión propia que bebe de los clásicos pero que a su vez es única y original; convirtiéndolo en un autor único e irrepetible. Lo que Spielberg ha dado, da y dará al cine es inabarcable.

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Una filmografía sólida de rasgos muy característicos e identificables (tomas largas, juegos especulares, planos imposibles, encuadres forzados, saltos de eje, ruptura del Efecto Kuleshov, el uso de la luz de fondo y las sombras como elemento dramático, las relaciones paterno-filiales…) y de un discurso sobre la condición y la bondad del ser humano que prevalece en casi todos sus títulos; incluso en los más livianos como un elemento ideosincrásico de su cine.

Aquí vamos a tratar de condensar el cine de Spielberg (en toda su acepción) en 12 títulos que resumen a la perfección lo mejor de su filmografía, en los que encontramos todas sus filias y sus constantes narrativas. Una tarea difícil y titánica, sobre todo cuando se profesa una admiración casi religiosa por el autor. 12 títulos imprescindibles para clasificar su discurso y su técnica cinematográfica que pasarán, con toda justicia, a los anales de la Historia del séptimo arte.

“Tiburón” (1975). Un barco más grande

Tarea complicada hablar de “Tiburón” (1975), y no solamente porque en más de 40 años han corrido ríos de tinta acerca de ella, es que, además, nos encontramos ante un título capital de la Historia del cine y una lección de cine que Spielberg dio al mundo con tan sólo 29 años. En serio, vista a día de hoy sigue siendo una “master class” de planificación, ejecución, montaje, manejo del suspense y de los resortes del terror que jamás se hayan rodado; o como la definió la crítica en su día: “La “Ciudadano Kane” de las películas de horror”.

Y es que el dominio de la técnica cinematográfica que consigue aquí Spielberg es casi una sublimación de cada uno de sus elementos. Y eso que el rodaje fue una serie de catastróficas desdichas; empezando por que el tiburón animatrónico no funcionaba correctamente, eso (según dicen) obligó a Spielberg a cambiar la planificación de la cinta, lo cual dio como resultado el mejor ejemplo fílmico de que “menos es más”, consiguiendo una sensación de terror, agobio y desasosiego pocas veces igualadas en una pantalla de cine. Spielberg no hace que tengas miedo del tiburón (el miedo a los depredadores va intrínseco en nuestro ADN), lo que consigue es que literalmente le tengas miedo a meterte en el agua. En serio, todo el mundo que se acuerda de esta película cuando está bañándose en la playa suelta una risa nerviosa.

La crítica adoró este ejercicio fílmico de Spielberg de influencia hitchcockniana y que supuso un punto de inflexión en su carrera y en el modelo de blockbuster en Hollywood. “Tiburón” (1975) es la novena película más taquillera de todos los tiempos, con unas cifras (ajustadas a la inflación) de casi 2.200 millones de dólares. Y ojo, no es el título más taquillero de Spielberg. Todo un triunfo de crítica y público para esta historia de terror, suspense y supervivencia narrada con maestría por un joven que tenía muchísimo que contar todavía.

“Encuentros en la tercera fase” (1977). El sol salió anoche y me cantó

Pese a que la gente piense que es algo intocable e inamovible, propiedad en exclusiva de un guionista, es muy habitual que un director retoque el guión de una cinta antes de comenzar la producción. Spielberg siempre ha hecho lo propio, aunque muy pocas veces ha aparecido como autor del guión de sus películas. De hecho, únicamente dos veces (tres, si consideramos que dirigió “Poltergeist” (1982) en lugar de Tobe Hooper). Una de ellas fue en esta propuesta de ciencia ficción tan absoluta, revolucionaria y de proporciones casi bíblicas que definió el género durante los años posteriores. Tal es así que, sin “Encuentros en la tercera fase” (1977), no tendríamos productos de la talla de “Expediente X” (1993-2018), por citar sólo un ejemplo.

Una historia sobre desilusión, esperanza, fascinación y salvación, planificada tan perfectamente y tan técnicamente virtuosa que abruma. Algunos de los recursos narrativos utilizados en la cinta han trascendido a la propia película (esas cinco notas musicales obra de John Williams que funcionan como saludo, despedida y salto evolutivo). Su magnífica narración sesgada en tres puntos de vista que acaban confluyendo en un tercer acto que supone un encuentro cósmico y un salto de fe, da lugar a un complejo y esperanzador clímax que forma parte del imaginario colectivo y que es, a la vez, un Deus Ex Machina (casi literal) perfectamente estructurado y una prodigiosa catarsis emocional y simbólica de tintes bíblicos.

“Encuentros en la tercera fase” (1977) se alzó con el Oscar a la mejor fotografía, obra de Vilmos Zsigmond y cosechó opiniones entusiastas por parte de la crítica profesional (90 de media en Metacritic). Además, recaudó más de 300 millones de dólares (sobre un presupuesto de 20), convirtiéndose en todo un triunfo cinematográfico y uno de los títulos más sólidos y mejor recordados de la filmografía de Spielberg.

“E.T., el extraterrestre” (1982). Estaré aquí mismo

Es difícil realizar tal afirmación, pero es muy probable que “E.T., el extraterreste” (1982) sea la obra por la que dentro de un siglo sea recordado Steven Spielberg. La película de su vida. El título que siempre vendrá a la mente cuando se pronuncie su nombre. Y no es para menos; ya que nos encontramos ante uno de los mayores logros cinematográficos de todos los tiempos y uno de los films más famosos que se hayan hecho nunca.

Enfundada en el disfraz de un cuento infantil (y como pseudo continuación espiritual de “Encuentros en la tercera fase”) nos encontramos ante una hermosísima alegoría sobre cómo el ser humano lidia con la pérdida y la falta de comunicación en el núcleo familiar. Algo tan simple, tan básico y tan humano que es imposible no conectar con esta maravillosa y emocionante historia que es, prácticamente perfecta en todos los aspectos. Desde las decisiones visuales de Spielberg de no mostrar el rostro de los adultos (a excepción de la madre) durante dos tercios del film hasta el montaje en paralelo para establecer la conexión entre E.T. y Elliot. Además de que si tuviésemos que resumir el cine en tres imágenes, la bicicleta sobre el contorno de la luna sería una de ellas. Así de poderosa es esa imagen.

“E.T., el extraterrestre” es el film con las segundas mejores críticas de toda la carrera de Spielberg (91 de media en Metacritic) y la sexta película más taquillera de todos los tiempos con casi 2.500 millones de recaudación (aplicando la inflación). Ganadora de 4 Oscar, incluyendo el de mejor partitura para la eterna composición de John Williams y nominada a otros cuatro, incluyendo mejor película y mejor director, “E.T., el extraterrestre” es probablemente la obra cumbre de su director, un ejercicio de cinefilia y a la vez piedra fundacional de un tipo de cine y elementos narrativos que, a día de hoy, siguen reivindicándose con nostalgia. “Estaré aquí mismo”.

“Indiana Jones y el templo maldito” (1984). Fortuna y gloria

Etiquetada por muchos como la peor película de la saga de Indiana Jones; nos encontramos aquí ante un film muchísimo mejor ejecutado que su predecesor y que sus secuelas. Con un sentido del ritmo y la aventura que haría palidecer al mismo Howard Hawks y, por encima de todo, una película endiabladamente entretenida, perfectamente planificada y milimétricamente dirigida. Una cinta que definiría perfectamente el tipo cine de una década que no trataba al espectador como idiota y que se caracterizaba por un marcado tono barroco y crepuscular y una descarada y asombrosa mezcla de géneros que funcionaba como un tiro.

Con un tono más cómico y a la vez más oscuro que “En busca del arca perdida” (1981), el siguiente capítulo en las aventuras del Dr. Jones se situaba, en realidad, un par de años antes y abrazaba las formas del serial de aventuras de los años 30, con capítulos independientes entre sí donde el prólogo era el final de la aventura anterior. Spielberg demuestra aquí un dominio del sentido del ritmo (ayudado de un portentoso montaje de Michael Kahn y un George Lucas no acreditado) y del espectáculo como pocas veces ha conseguido; utilizando unos recursos visuales tan asombrosos como resultones: la escena del vagón en la mina es un prodigio en todos los sentidos.

Con unas críticas muy frías (57 de media en Metacritic), esta extraña, incomprendida (culpable de la creación de la calificación PG-13) y divertidísima propuesta consiguió una taquilla mundial de más de 300 millones de dólares, sobre un presupuesto de 28, convirtiéndose en la tercera cinta más taquillera de su año. Una película que resulta un castillo de fuegos artificiales con la que es imposible aburrirse. Ni el espectador más cínico podría hacerlo.

“El color púrpura” (1985). Querido Dios…

Existen muy pocos títulos que posean la sensibilidad y el intimismo de “El color púrpura”. Y es que, la primera inclusión de Spielberg en el género dramático de cara a la crítica (como si “E.T., el extraterrestre” fuese una sitcom) supone una mirada absolutamente sólida y firme sobre los coletazos de la esclavitud y la ausente figura de la mujer negra en una sociedad donde no había cabida para ellas y su búsqueda de libertad. Un relato social de tintes fordianos tan sensible y emotivo como feminista.

Entre todos los aciertos de esta maravillosa propuesta, destacan unas interpretaciones desgarradoras de las que una apabullante Whoopi Goldberg es la reina, secundada por una genial Oprah Winfrey y una sólida Margaret Avery. La composición que hace Goldberg del personaje de Celie es una de las mejores construcciones interpretativas a las que hemos tenido el placer de asistir. Y es que, poco se reivindica a Spielberg como un director de actores y, sin embargo, pocos directores saben sacar tanto petróleo de sus intérpretes.

Dirigida con una sensibilidad, un buen gusto y una pasión por la historia que “El color púrpura” (1985) cosechó excelentes críticas y una taquilla de más de 140 millones de dólares, convirtiendo esta exquisita y frágil mirada a estas mujeres tiradas al suelo y capaces de levantarse por su propio pie en un gran éxito que fue ninguneado en los Oscar y perdió cada una de sus 11 nominaciones (entre las que ni se encontraba mejor director) en una de las derrotas más injustas y descaradas jamás cometidas.

“El imperio del sol” (1987). La sombra de Peter Pan

Nos encontramos aquí ante uno de los títulos más misteriosamente olvidados de la filmografía de Spielberg y, sin embargo, uno de los mejores. Incluso el propio Steven reconoce que se trata de una de sus mejores películas. Una alegoría sobre el trauma de la guerra y un relato sobre un forzado Peter Pan que se ve obligado a crecer en medio del horror junto a una sociedad obligada a sobrevivir en medio el dolor.

Con una imponente fotografía, obra de Allen Daviau y con un guión basado en la novela de J. G. Ballard, Spielberg saca toda su artillería visual y narrativa (con unas elipsis absolutamente espectaculares) para plasmar en imágenes esta historia con claras influencias de David Lean a través de los ojos de un jovencísimo Christian Bale (en la que sigue siendo una de sus mejores interpretaciones) y su viaje de iniciación forzoso. Un Peter Pan obligado a crecer cuando la guerra y sus horrores lo separan de sus padres y lo llevan a un campo de prisioneros. Descriptiva, contenida, narrativamente virtuosa y con unos recursos visuales y unas transiciones de planos que, aún a día de hoy, sobrecogen por su dureza y por su belleza, “El imperio del sol” (1987) es una auténtica obra de orfebrería y uno de los mejores relatos sobre la inocencia robada.

Nos encontramos en una época en la que Spielberg era rechazado de antemano cuando proponía una película más seria, alejada del cine familiar. Como si no tuviera cabida en otro tipo de cine. Afortunadamente, el tiempo y la profesionalidad dió la razón a Steven aunque tardaría unos años más en conseguirlo. Con unas críticas justas y una taquilla que consiguió únicamente recuperar la inversión, “El imperio del sol” fue el segundo intento (y uno de los más bellos) de Spielberg en acercarse a otro tipo de cine que, con el tiempo, se ha revalorizado como un precioso cuento de un niño que se vio forzado a crecer, convirtiéndose en uno de los títulos más respetados de su filmografía.

“Parque Jurásico” (1993). No hemos reparado en gastos

El día 11 de Junio del pasado año se cumplieron 25 años del estreno de una de las películas más populares de todos los tiempos y uno de los mayores fenómenos cinematográficos que nos ha dado el séptimo arte. Estamos hablando de “Parque Jurásico”. Cuando el cine se vivía (y se consumía) de otra forma. Cuando Steven Spielberg, el Rey Midas de Hollywood, realizó la película más taquillera de la Historia (récord que ostentó hasta 1998 cuando fue desbancada por “Titanic”). Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.

Hablar de “Parque Jurásico” no es tarea fácil. Sobre todo porque en un cuarto de siglo han corrido ríos de tinta acerca de ella. Pero sí es cierto que es una película que ha ido creciendo con los años. Su recepción crítica fue buena, pero no para tirar cohetes (un 68 en Metacritic). Ha sido el paso del tiempo (más allá del fenómeno que supuso) quien la ha situado en un lugar privilegiado del cine de acción y aventuras. Aunque “Parque Jurásico” es mucho más que eso. También es cine para adultos, ciencia ficción, película de terror, cine juvenil, suspense y fantasía. Y en todos y en cada uno de los géneros que toca sale airosa. Pocos títulos pueden presumir de ello y además ser una película generacional que, un cuarto de siglo después, sigue siendo un referente del cine de fantasía.

Spielberg, que realizó la película como un peaje a Universal para rodar su ansiada “La lista de Schindler” (1993), ha reconocido públicamente que la cinta, a nivel formal y de planificación, era un remake de “Tiburón” (1975) y, pese a que disfrutó rodándola, no la tiene entre sus títulos favoritos debido a su sensación de repetición. Sea como fuere, gracias Steven, de parte de todos los niños que pudimos ver esta película en salas de cine. Pocos films han marcado tanto a una generación entera. Y así es como la vida se abre camino.

“La lista de Schindler” (1993). Pavorosa experiencia

Uno de los films más desgarradores que se hayan hecho. Un grito de desesperación y una experiencia aterradora. Todo eso es “La lista de Schindler” (1993), considerada por muchos como la mejor película de su director y, sin duda, una de las mejores películas jamás rodadas. Cruda, directa, sin concesiones, dirigida con una maestría y un pulso cinematográfico absolutamente apasionante que demuestra la entrega total de Spielberg ante este mastodóntico proyecto.

Tras pasar por varias manos durante años, entre ellas las de Roman Polanski, Billy Wilder y Martin Scorsese, finalmente fue Spielberg quien heredó las riendas de este proyecto y levantó el monumental guión de Steven Zaillian, vertebrado principalmente en el contradictorio punto de vista de Oskar Schindler (Liam Neeson en el papel de su vida) y apuntalado por la relación con su contable (a quien da vida un asombroso Ben Kingsley) y el aterrador Amon Goeth (escalofriante Ralph Fiennes). Una espectacular fotografía en blanco y negro y un uso de la cámara en mano como pocas veces se han visto terminan por dar empaque a esta soberbia obra maestra que acabó coronando, por fin, a Spielberg en la Academia, al ganar 7 Oscar incluidos los de mejor película y mejor director. Imposible no rendirse ante tal hazaña.

Con las mejores críticas de toda su carrera y una taquilla de más de 300 millones de dólares, el film se convirtió en la cuarta película más taquillera de su año; coronando un éxito de crítica y público del que Spielberg afirma es su cinta más importante. Un relato atroz sobre uno de los episodios más deleznables de la Historia de la humanidad.

“Salvar al soldado Ryan” (1998). Todos tenemos una misión que cumplir

Ganadora de 5 Oscar, incluyendo mejor director (el segundo de su carrera), Steven Spielberg regaló al mundo uno de los mejores dramas bélicos que se hayan rodado. De un realismo casi documental, un guión perfectamente construido y unas brillantes interpretaciones capitaneadas por Tom Hanks, “Salvar al soldado Ryan” (1998) supone uno de los mayores logros críticos y artísticos de su director.

Estructurada en tres actos, este imponente, portentoso e impresionante film, nos narra con pulso de hierro los últimos días de la II Guerra Mundial de la mano de un imposible pelotón de rescate en lo que supone uno de sus films más completos, sólidos y celebrados de toda su filmografía. Una película de un poderío narrativo tan espectacular como imprescindible y cuya dirección se apoya (como pocas veces) en el inmenso montaje de Michael Kahn y la exquisita fotografía de Janusz Kaminski para ofrecernos un conjunto donde la suma de todas las partes es igual de brillante que el todo.

Alabada por la crítica, adorada por el público (500 millones de dólares mundiales) y situada con los años en el lugar que merece en la Historia del cine, “Salvar al soldado Ryan” (1998) supuso la sublimación de un género y de una forma de narrar. Todo un triunfo cinematográfico que, más de dos décadas después, sigue siendo un referente.

“Inteligencia artificial” (2001). Donde lloran los leones

Uno de los films más polémicos y polarizantes de Steven Spielberg. Basado en el relato “Supertoys last all summer long” de Brian Aldiss, el film que nos ocupa fue un proyecto largamente ansiado por Stanley Kubrick y no fue hasta la muerte del director británico cuando Spielberg decidió llevar a buen puerto esta proeza del cine de ciencia ficción. Y es que no sabemos cómo sería la versión rodada por Kubrick (según un rumor durante años estuvo filmando al actor Joseph Mazzello y su crecimiento a lo “Boyhood”), pero sí sabemos cómo es la versión de Spielberg: un portentoso, audaz y desafiante cuento de amor y pérdida que apela a los sentimientos afectivos más primarios del ser humano.

Cuando se estrenó la película, si entrabas a la web oficial de la misma, podías interactuar con un bot que, de pronto, te lanzaba la más compleja y desgarradora de las preguntas: “¿Quieres ser mi amigo?”. Una cuestión que entronca directamente con el tema que desencadena los eventos del film; la inteligencia artificial como sustituto emocional. Un tema tan complejo que abruma. Y no demasiado lejano en el tiempo. ¿En qué medida somos responsables de los seres a los que amamos? Independientemente si son seres vivos o artificiales. Con guión del propio Spielberg (dejando claro lo personal que se tomó el proyecto), todos estos temas están presentes en esta obra maestra que, además, es un viaje de iniciación y búsqueda con influencias directas de “El mago de Oz” (1939) y una soberbia epopeya de un niño que únicamente busca a su madre y que te mantiene todo el metraje con el corazón en un puño.

La cinta recibió críticas moderadas y levantó bastante descontento con su anticlimático, triste y desesperanzador epílogo que, pese a las infantiles quejas, es imprescindible narrativamente para completar el viaje del héroe. Acabar el film de otro modo, hubiera sido dejarlo sin conclusión. Con una taquilla de 250 millones de dólares, la cinta apenas dio beneficios y se ha situado como un clásico menospreciado de la filmografía de Spielberg que sólo unos pocos saben apreciar. SPOILER: No, no son extraterrestres. Son robots de última generación.

“Minority report” (2002). Ciencia ficción de hierro

Basada en un relato de Phillip K. Dick y con un Spielberg tras la cámara que había recuperado la energía de antaño, “Minority report” nos brinda un thriller de ciencia ficción de primerísima categoría que en un principio, y mucho antes de que Spielberg se subiera al barco, iba a ser una secuela de “Desafío total” (1990).

Spielberg nos plantea en esta primera colaboración con Tom Cruise un futuro distópico sin libertad en el que un hombre corriente se ve perseguido por su entorno e inicia una huída hacia adelante en un paso evolutivo y lógico de la narrativa social e individual (y determinista) del cine de finales de los noventa representada en títulos como “El club de la lucha” (1999) o “Matrix” (1999), donde el taciturno “statu quo” de sus protagonistas se veía amenazado por los elementos del entorno. Un film de un brío y un ritmo ejemplares con algunas escenas de acción que dejan sin respiración y un prologo que se sitúa entre los mejores que ha rodado el bueno de Steven.

Con unas críticas estupendas (y más si tenemos en cuenta que se trata de cine de género) y una taquilla de 400 millones de dólares, Spielberg volvió a dar en el clavo con una película que supuso el segundo capítulo de una extraña trilogía apócrifa sobre “el hombre que huye”, iniciada por la magistral “Inteligencia artificial” (2001) y rematada con la infravalorada “Atrápame si puedes” (2002).

“El puente de los espías” (2015). El optimismo en tiempos difíciles

Hay colaboraciones que se convierten en inseparables y es que, cuando actor y director consiguen una comunión tan absolutamente deliciosa, es impensable que no sigan trabajando juntos. Ese es el caso de Tom Hanks y Spielberg, una dupla que nos ha dado tantas y tan buenas alegrías desde 1998 que, más de 20 años después, siguen colaborando juntos en títulos de una calidad espectacular entre los que es muy difícil elegir.

En este caso, Spielberg nos cuenta a través del bondadoso e incorruptible James Donovan, al que da vida un enorme Tom Hanks en una suerte de Atticus Finch reminiscente de “Matar a un ruiseñor” (1962), un thriller político sobre la Guerra Fría, con influencias de Frank Capra y su discurso sobre la bondad humana y el hacer lo correcto aunque eso suponga ir contra los elementos. Un relato fragmentado en varios puntos de vista y juegos especulares tan sólidos como eficaces y una brillantez narrativa reforzados por la estupenda (y merecedora de un Oscar) interpretación de Mark Rylance como el espía Rudolf Abel, cuya humanidad y relación con el personaje de Hanks son el alma y arma del relato.

“El puente de los espías” obtuvo una respuesta crítica muy sólida (un 81 en Metacritic) y una taquilla mundial de 165 millones de dólares sobre un presupuesto de 45. Además, supuso un paso más (y mejor) en la etapa que ocupa mayoritariamente y por voluntad propia a Spielberg desde hace una década: narrar la Historia americana para dejar testimonio audiovisual de los periodos más relevantes. Y si algo tan sólido, férreo y objetivamente perfectamente equilibrado y narrado es bajar la calidad, como afirman algunos, ¡ojalá todos los directores bajasen la calidad como lo hace Steven!

Sr. Finch

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