Las BSO de Marvel

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Querido Teo:

Como si de un ejercicio de agudeza visual como los que aparecen en los pasatiempos, el lector podría hacer un ejercicio en este caso de agudeza auditiva y tratar de tararear (mentalmente o no) alguno de los temas musicales o las fanfarrias de los superhéroes de Marvel. ¿Complicado, verdad? En esta galaxia cinematográfica que continúa expandiéndose sin un fin cercano hay un aspecto que quizá puede que pase desapercibido, pero que tiene más importancia de la que podría parecer. Desde que se instauró el Universo Cinematográfico Marvel (o MCU) con el comienzo de la Fase 1 con “Iron Man” en 2008, nunca ha habido una homogeneidad a la hora de realizar las bandas sonoras o de buscar los mismos compositores o compositores de idéntico estilo. Al menos, sobre todo en las primeras películas. Cada director ha escogido al músico que ha creído conveniente (o al que estaba disponible en ese momento, o bien, porque hubiera trabajado más veces con él), y así cada película ha contado con una banda sonora que, buena, mala o regular; no entraba en esa búsqueda de la homogeneidad estilística y argumental que sí se ha pretendido con cada nuevo estreno. Al menos, hasta estos últimos años, como veremos a continuación, y como ha podido verse en el reciente estreno de “Los vengadores: La era de Ultrón”.

Los antecedentes

BSOMarvelAntecedentes

Pocos géneros han sido tan afortunados como el superheroico en cuanto a popularidad de sus composiciones musicales, especialmente en sus inicios. Prácticamente cada película de héroes en mallas con superpoderes ha tenido un tema principal que generaciones y generaciones han tarareado o silbado alguna vez. Desde el ya mítico Batman sesentero con su tarareable tema de Neal Hefti, hasta la irrupción, en un margen de diez años, de dos de las fanfarrias más importantes y recordadas de la Historia del cine; el Superman de John Williams y el Batman de Danny Elfman. Las dos de la editorial DC y ambas en una época en la que el cine de superhéroes era una rara avis en la que Marvel se estrellaba continuamente con adaptaciones mediocres o directamente de serie B o Z, como los casos del Capitán América o Los 4 fantásticos. Así hasta llegar a los 2000, donde todo cambiaría. Con la llegada del nuevo siglo el filón superheroico explota y se desata la fiebre del oro de las adaptaciones. Coinciden en el tiempo el inicio de dos sagas Marvel que estaban en manos de dos casas diferentes: la Fox lanzó los X-Men, y Sony hizo lo propio con Spider-Man. El éxito fue, como todos recordamos, espectacular, y ambas sagas contaron, en el apartado musical, con una cierta coherencia estílistica sólida. Los X-Men contaron con el desaparecido (y añorado) Michael Kamen en su primera película, creando una línea y un guión musical que tanto John Ottman como John Powell siguieron con distintas variaciones. En la trilogía de Sam Raimi, Danny Elfman reverdecía laureles en el género con su acostumbrada solidez, aunque sin llegar al nivel mítico de su Batman, aportando un tono que se mantendría en las tres películas. Y en esto que Marvel seguía sin mover ficha, aunque pronto lo haría al calor de todos estos éxitos y viendo un futuro repleto de posibilidades. Y lo haría de la mano de cierto gigante verde enfadado.

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Bandazos de Hulk a la Fase 1

BSOMarvelRaminDjwadi

Entre los mutantes asociados y el trepamuros neoyorkino (y corramos un velo acerca de “cuatro fantásticos” de poco fuste), Marvel se propuso ponerse las pilas inmediatamente, y escogió trasladar las aventuras de Hulk a la gran pantalla de la mano de Universal. Para ello no repararon en gastos y contrataron a un director de primera fila como Ang Lee, a un actor emergente como Eric Bana y todo un nombre en el apartado musical superheroico como Danny Elfman. ¿El resultado? Éxito en la taquilla, críticas divididas y un trabajo de Elfman alejado de sus fanfarrias para Batman, Spider-Man o incluso Darkman (su otro recordado trabajo con Raimi), más complejo, oscuro e intentando probar cosas diferentes para este género. Un trabajo estimulante, incomprendido (casi como la propia película de Lee) y más en la línea de algo diferente y arriesgado que la habitual música industrial insípida que inunda las producciones comerciales de Hollywood.

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2008 sería el año definitivo, cuando las tornas cambiaran y Marvel cogiera el impulso definitivo. Por un lado, y olvidándose del Hulk de Ang Lee, se estrenó “El increíble Hulk”, con un equipo totalmente diferente y el más comercial Louis Leterrier en la silla de dirección. De la misma forma, Craig Armstrong, un compositor en principio también alejado de las grandes producciones, tomaría el relevo de Elfman en la batuta. Armstrong hizo un trabajo correcto, con un buen tema principal e intentando introducir todo el sinfonismo que pudo y consiguiendo una banda sonora solvente y adecuada. No mucho más. Con todo, lo más curioso en esta película fue la escena post-créditos, ya toda una institución en el universo Marvel. En ella aparecía alguien que no tenía nada que ver con el argumento ni con todo lo visto en la película; un tal Robert Downey Jr, que entraba en un bar a charlar con el personaje de William Hurt.

Y es que solo un par de meses antes, Marvel había estrenado la primera película financiada y creada enteramente por su propia productora: “Iron Man”. De la mano del mandamás y jefazo omnipotente cual Thanos en su trono Kevin Feige, la editorial había logrado crear su propia productora cinematográfica, su división de cine con la que podrían autofinanciarse de aquí en adelante y manejar sus películas y su futuro con total libertad y sin injerencias de productoras externas. Paramount aun tenía contrato para distribuir algunas películas más, pero Marvel ya tenía el control absoluto de sus productos y planes muy ambiciosos para los próximos años. Por de pronto, nacía un nuevo superhéroe, encarnado por alguien que (casi) también iba a convertirse en poco menos que un semidiós: Robert Downey Jr. El éxito de la película hizo el resto, y ahí empezó todo. Pero nos olvidamos del apartado musical.

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El comienzo de la Fase 1 fue también el comienzo del carrusel de nombres de compositores que iban a jalonar los siguientes estrenos marvelitas. El primer nombre, el compositor de esta primera muesca en el ambicioso plan de Feige, fue Ramin Djawadi, músico alemán de origen iraní y muy conocido después por ser el perenne compositor de todas las temporadas de “Juego de tronos”. El propio tono de la película, desenfadado y con el punto rockero que le puso la canción de AC/DC, marcó una música electrónica en su mayor parte, funcional y bastante anodina que se adaptaba a las imágenes pero no tenía mayor utilidad ni dramática ni descriptiva. El caso de “Iron Man” describe perfectamente este vaivén de nombres, estilos y resultados que ha marcado la trayectoria musical de las películas Marvel. “Iron Man 2” se estrenó dos años después y esta vez la batuta fue a parar a manos de John Debney, excelente compositor nunca suficientemente reconocido, que ya había trabajado varias veces con Jon Favreau, y cuyas composiciones para “La isla de las cabezas cortadas” y “La pasión de Cristo” son veneradas por los aficionados a las bandas sonoras.

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Debney se alejó un tanto de la electrónica y los golpes de efecto usados por Djawadi para abrazar un cierto sinfonismo que le era más familiar. Un buen tema principal para el héroe y un gusto por lo instrumental y lo clásico (hasta cierto punto), bastaron para lograr una solvente banda sonora para esta segunda entrega. Pero como no podía ser de otra forma, tres años después y ya en la Fase 2, Debney le pasaba el relevo de componer la música al héroe enlatado a otro nombre de los que hoy se cotizan al alza en Hollywood: Brian Tyler. Amigo de los sonidos más zimmerianos en cuanto a uso de la electrónica y la fuerza de las percusiones dodecafónicas, pero capaz, cuando se lo propone, de lograr un clasicismo y un lirismo inesperados; Tyler dotó a Iron Man de otro nuevo tema principal diferente, más retentivo, poderoso y enérgico; y logró la que quizá es la mejor banda sonora de este trío de películas, consiguiendo un equilibrio muy adecuado entre los toques más rockeros y molones del héroe, y un dramatismo logrado a base de orquesta y sinfonismo. Sin duda, un trabajo que pondría a Tyler en la agenda de lo que estaba por venir entonces, como ahora veremos.

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BSOMarvelPatrickDoyle

La Fase 1 seguía a toda potencia, y lo hacía presentando nuevos héroes con cada película. Y, por supuesto, con cada nuevo héroe, nuevo compositor para adornarle sus aventuras, cada uno con su estilo y sus inquietudes artísticas. Los siguientes serían, los dos con estrenos en 2011, “Thor” y “Capitán América: El primer vengador”. Ambos héroes contarían con dos veteranos e ilustres nombres, como Patrick Doyle y Alan Silvestri. Sinfonismo, gusto por lo orquestal, carreras largas y espléndidas, colaboraciones con grandes directores… Doyle y Silvestri, al contrario que sus colegas enrolados en la trilogía de Iron Man, no necesitaban carta de presentación. Y como profesionales de la vieja escuela que son, cumplieron sobradamente en sus cometidos. Sus trabajos para estas dos películas casi pueden analizarse en paralelo, porque obtuvieron resultados parecidos con estilos muy similares. Sin ser los mejores trabajos de sus respectivas trayectorias, Doyle y Silvestri lograron excelentes temas principales, elegantes, potentes y con la fuerza necesaria para permanecer en la memoria al acabar la película. Adaptándose a los estándares de los blockbusters superheroicos y utilizando también electrónica y sonoridades modernas, ambos maestros pudieron aportar algo de sus estilos e imprimir un sello más clásico y añejo a sus creaciones.

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La Fase 1 se cerraría un año después con la (en aquel momento) madre de todas las películas de superhéroes: “Los vengadores”. Silvestri, quizá ante los buenos resultados cosechados en su película sobre el Capitán América, fue el escogido para dotar a la reunión del fondo musical adecuado. Y como el buen profesional que siempre ha sido, el colaborador y amigo del alma de Robert Zemeckis compuso una contundente música, un poco en la línea más moderna de anteriores composiciones, agregando una tema principal de gran fuerza expresiva que, aunque no es especialmente brillante o espectacular, sí que sirve perfectamente para desarrollar el resto de la composición. No llegó al nivel de su anterior colaboración, pero cumple sobradamente y aporta la adrenalina que esta reunión requería.

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La confirmación de de Tyler y la sorpresa de Tyler en la Fase 2

Ya que hablábamos de las aportaciones de Silvestri a este MCU, podríamos utilizar su legendario tema para “Regreso al futuro” y volver atrás en este artículo donde hablábamos de “Iron Man 3” y Brian Tyler. Y es que serían dos Tyler, uno como apellido y otro como nombre, los que marcarían el ritmo de esta nueva fase. Como ya dijimos atrás, Brian Tyler se coronó con la tercera entrega de las aventuras de Robert Downey Jr. en una inesperadamente brillante e inspirada banda sonora, lo que le valió el ser tenido en cuenta para el futuro. Y es que esta nueva etapa traería un cambio sustancial en lo relativo a la aportación musical a este universo. Si anteriormente, y como hemos visto, lo que reinó fue la cacofonía total de compositores, creaciones, estilos y fanfarrias diferentes, en esta Fase 2 se buscó también esa, a mi modo de ver necesaria, homogeneización de universos musicales para acompañar a la misma homogeneización de imágenes y estilos cinematográficos. Cada héroe, por supuesto, contaría con sus temas principales y cada banda sonora contendría lo necesario para identificar a dichos héroes y sus mundos, pero en vez de apostar por escuelas tan distintas como la música industrial electrónica más radical o el sinfonismo clásico con instrumentos de metales y viento; la búsqueda se centraría en una mezcla de lo mejor de cada estilo. Es decir; un cierto clasicismo en cuanto a los temas y fanfarrias de cada héroe, incluyendo aportes dramáticos o íntimos, pero para la acción, la espectacularidad y los momentos cumbre de cada película, primaría lo moderno, lo inmediato, lo “fácil” para el espectador. Y el nombre perfecto para este estilo sería Brian Tyler. Tras el nuevo éxito de Iron Man, el siguiente en tocar la puerta de los cines fue nuestro dios nórdico favorito. Ya sin Branagh, Doyle ni influencias shakesperianas a la vista, “Thor: El mundo oscuro” perdió elegancia y cierta sencillez para abrazar la espectacularidad y oscuridad requeridas. Y Brian Tyler (tras una primera y rarísima contratación de Carter Burwell, nombre marciano para este género, que no fructificó) se puso a la batuta y a los teclados, en plena forma, para seguir con su racha. Y con un tema principal espectacular, coros incluidos, demostró que podría ser el hombre perfecto para llevar a buen puerto el apartado musical de este proyecto gigantesco. La banda sonora de esta película es la prueba perfecta de ese mix entre sinfonismo y electrónica entrelazados de forma adecuada y sin estorbarse, y su fantástico tema principal, pleno de lirismo, magia y potencia, es la mejor carta de presentación posible.

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Un año después, Kevin Feige seguía quitando hojas del calendario, y tocaba turno de las siguientes aventuras del Capitán América. En todos los sentidos, la partitura para “Capitán América: El soldado de invierno” fue un paso atrás en esa búsqueda de una línea común musical para estas películas. Quizás por el propio tono de la película (más cercano a un thriller político de acción que a una cinta de superhéroes al uso) o quizá porque el elegido, Henry Jackman, no tenía las tablas de Tyler o no supo qué hacer con el material que tenía, a pesar de contar en su currículum con la correcta y retentiva música de “X-Men: Primera generación”; la partitura para esta película es claramente de las peores de todo este universo. Ni tiene un tema principal distinguible, recordable o digno de mención; ni tiene un desarrollo claro con el argumento de la película. Sólo pura y dura electrónica, con cierto poderío y solvencia, pero que podría pertenecer sin problemas a cualquier cinta de acción o vehículo de lucimiento de Jason Statham. Se echó de menos, y mucho, al amigo Tyler en esta ocasión.

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Pero como el ritmo en Marvel no para, enseguida tuvimos otra película en el horno, y esta vez la propuesta era una incógnita y un riesgo: “Guardianes de la galaxia”. Ni secuela, ni presentación de ningún componente famoso, ni nada que se le pareciera; sólo unas aventuras a lo space opera protagonizadas por criaturas extrañas, ladrones espaciales y en un universo que solo los expertos comiqueros conocían a fondo. Y, para remate, el anuncio de que otro Tyler, esta vez de nombre, y con el apellido Bates, sería el compositor elegido. El apellido Bates daba miedo entre los aficionados a las bandas sonoras, y en este caso no es por el hostelero más terrorífico de la historia del cine, sino porque el susodicho venía de firmar una de las peores composiciones que se recuerdan en los últimos años, la del remake de “Conan el bárbaro” (2011), un descalabro aún mayor si se la compara con la ya mitológica y santificada composición de Basil Poledouris para el mismo personaje. Tyler Bates, colaborador habitual de Zack Snyder antes de que Zimmer (y DC) llamaran a su puerta, tenía cierto renombre por sus trabajos en “300” y “Watchmen”, pero el clima ante este inédito trabajo para Marvel era de escepticismo mezclado con curiosidad. Y lo que ocurrió digamos que ya es Historia; tal vez la mejor composición, como suena, de todas las películas Marvel estrenadas hasta la fecha. Un trabajo pleno de fuerza, goce, potencia y sinfonismo desaforados. Bates, tocado por la varita de Williams o Goldsmith, une temas de acción y batallas donde la electrónica solo está presente para adornar los golpes orquestales cortesía de la London Symphony Orchestra (la misma donde Williams ha grabado todas las partituras de cierta saga también galáctica); con temas intimistas y dramáticos plenos de belleza y lirismo, temas de una calidad casi inéditos en lo que llevábamos de MCU. Los elogios a la partitura, como la ropa en época de rebajas, se agotaron en la semanas siguientes al estreno de la película, y a Tyler Bates se le perdonaron todos sus pecados anteriores. Si “Guardianes de la galaxia” fue, sin duda, una de las películas acontecimiento del año pasado, Bates y su composición fueron de lo más recordado y alabado al finalizar el año.

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¿Más de lo mismo en la Fase 3?

Y con los vengadores de nuevo campando a sus anchas y reinando en las taquillas de las multisalas de medio planeta, estamos ya a punto de acabar esta fase y empezar la siguiente. El otro Tyler, Brian, fue de nuevo llamado para la tarea de dotar de unidad y conexión a la nueva reunión de héroes en “Los vengadores: La era de Ultrón”. La banda sonora será analizada y comentada en otro artículo, pero baste señalar que, por motivos de agenda, Tyler recibió la ayuda nada menos que de Danny Elfman (volviendo al universo Marvel más de diez años después) para realizar una composición a cuatro manos que ha continuado acertadamente con lo compuesto por Silvestri para la anterior, tema principal incluido. Aunque a mi juicio no ha alcanzado las cotas de brillantez y equilibrio de sus anteriores composiciones para Iron Man y Thor, la banda sonora acompaña a las imágenes razonablemente bien, los estilos de ambos compositores están bien intercalados sin chirriar y cuenta con momentos notables, especialmente los dramáticos.

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¿Y qué nos va a deparar el futuro para esta búsqueda de la que tanto hemos hablado que compacte y dote de unidad musical a esta galaxia particular? Pues a tenor de los nombres que se van sabiendo de futuras asignaciones de compositores, en principio y a falta, lógicamente, de escuchar esos trabajos, Marvel parece que vuelve a incurrir en lo mismo que en la Fase 1; goteo de nuevos nombres, variados en cuanto a trayectorias, edades, estilos e intenciones. “Ant-Man”, el próximo estreno, ante la accidentada producción que ha tenido con cambios de director y guionistas, pasó de tener asignado como compositor al emergente Steven Price (ganador del Oscar por “Gravity”), alguien que podría haber aportado cosas nuevas y estimulantes habida cuenta su propio estilo musical; al más comercial e impersonal Christophe Beck, alguien que se mueve igual de solvente en el drama, el terror, la acción o la fantasía (suya es la música, alabada por otra parte, de “Frozen, el reino del hielo”) sin dejar ningún sello concreto o huella indeleble. Su participación en esta película es una incógnita, puede lograr un éxito inesperado como los de Brian Tyler en su día o puede seguir el camino de Henry Jackman y perderse en la misma música machacona de fábrica que tanto abunda hoy en día. Pronto lo sabremos.

Y después de “Ant-Man”, la Fase 3 se abre con infinitas posibilidades para que Marvel apueste fuerte por la senda de la unidad estilística y musical, por una coherencia que una todas las composiciones en algo que podría llamarse “musica Marvel”. Teniendo en cuenta lo variopinto de los próximos superhéroes que están por venir (el nuevo Spider-Man, Pantera Negra, Doctor Extraño, el mismo Ant-Man, la Capitana Marvel…), una línea invisible y musical que uniera tantos mundos diferentes sería un logro y una ventaja que permitiría juntar como piezas de puzzle a las diferentes películas, más allá de cameos de personajes y escenas post-créditos. Siempre se dice, con razón, que en esta carrera de fondo que Marvel y DC están sosteniendo, cada vez con más énfasis en atiborrar las carteleras de los cines con sus productos, la casa de Stan Lee lleva una línea más compacta, segura y firme, con un ritmo de dos películas al año en fases de varios años marcadas y delineadas perfectamente. Pero curiosamente pienso que en la parte musical la casa de Batman y Superman ha logrado precisamente esa coherencia que Marvel lleva buscando desde hace tiempo. Claro que DC, Zack Snyder y Christopher Nolan mediante, ha puesto de momento todo su universo en manos de un solo hombre, alguien con un talento y un currículum fuera de toda duda: Hans Zimmer. Y eso termina por notarse, aunque también es verdad que el número de películas realizadas en DC es significativamente más bajo que en su ilustre competidora. Pero la meta en Marvel pasaría por adoptar rasgos comunes en las composiciones, bien líricas y sinfónicas, bien industriales y electrónicas, pero comunes en todo caso. Y si se trata de escoger una senda, mi opinión tiene nombre y apellidos: Tyler Bates y su trabajo para “Guardianes de la galaxia”. Lo orquestal, el equilibrio acción/drama y la espectacularidad surgida de los propios instrumentos de metal, cuerda y viento, de una orquesta completa, en vez de sintetizadores y programas informáticos, es lo que siempre ha funcionado y siempre funcionará. Simplemente basta con recordar los temas del Superman de Williams y el Batman de Elfman, y luego intentar acordarse de alguna fanfarria o tema principal del Capitán América en “El soldado de invierno” o de algún Iron Man.

BSOMarvelBrianTyler

Isaac Duro

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