Las cinco secuencias de… Marlon Brando

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Querido primo Teo:

Se cumplen 10 años desde la muerte de Marlon Brando. En una fecha como ésta, teniendo en cuenta que estamos ante uno de los mejores y más influyentes actores de la Historia del cine, parece el momento perfecto para repasar su carrera a través de sus cinco secuencias más destacadas.

Marlon Brando Jr. nació el 3 de Abril de 1924 en Omaha, Nebraska. Hijo de Marlon Brando Sr. y de Dorothy Julia (apodada Dodie), tenía dos hermanas mayores y sufrió con una infancia difícil. Su madre, que también trabajara como actriz, era una mujer adelantada a su época. Fumaba, llevaba pantalones, conducía coches e incluso trabajaba de administradora teatral, y fue la que convenció a Henry Fonda de que empezara a actuar al comienzo de su carrera, todo muy inusual para aquella época. Por desgracia, tenía un grave problema con el alcohol, y muchas veces ya estaba borracha antes de mediodía y dejaba a solas a su hijo de no más de ocho años. Como cuenta un amigo de la infancia, Bud (que era como lo llamaban desde niño) empezó sus primeros pasos en la actuación imitando animales para distraer a su madre en un intento de alejarla de la bebida. Como su madre se reía y parecía espabilarse un poco, él seguía actuando, esta vez imitando a sus vecinos, logrando hacerlo con mucha gracia y agudeza. Por desgracia, esto también metió en el subsconciente del futuro actor un cierto odio a la interpretación al asociarla a esta dura situación con su madre. La hermana mayor de Marlon fue la primera en empezar la carrera interpretativa, estudiando Arte Dramático en Nueva York. Le iría bien, llegando a actuar en Broadway y en cine y televisión. Su otra hermana también se marchó a estudiar a Nueva York, mientras que él ya mostraba signos de rebeldía al ser expulsado del instituto por conducir su moto por los pasillos del centro educativo. Así que sus padres lo enviaron a la academia militar donde Brando Sr. había estudiado antes y allí le fue mejor, tanto en los estudios como en obras teatrales en las que participó. Pero su lado salvaje volvió a hacer acto de presencia y volvió a ser expulsado. Eran los años de la Segunda Guerra Mundial, por lo que le correspondía alistarse en la Armada. Sin embargo, una lesión de rodilla que sufriera practicando deporte en la academia militar hizo que lo rechazaran. Decidió seguir a sus hermanas y su madre hasta Nueva York. Allí se apuntó a una escuela de teatro donde estudió con Stella Adler, a través de la cual conoció las técnicas interpretativas del sistema Stanislavski. Con frecuencia, se ha asociado a Brando con un actor del Método, pero éste siempre ha rechazado esa etiqueta, criticando incluso de manera pública las enseñanzas de Lee Strasberg. A mediados de los años 40 empezó a actuar en Broadway logrando el reconocimiento en 1947, cuando interpretó cierta famosa obra de Tennessee Williams.

Un tranvía llamado deseo (1951)

En 1947 Brando hizo una prueba para actuar en una adaptación de la novela “Rebelde sin causa” (la película que haría años después James Dean utilizaría un guion completamente diferente) en lo que podría haber sido su debut en la gran pantalla, pero la película no se llegó a rodar y el actor tuvo que esperar hasta ser contratado para protagonizar “Hombres”, de Fred Zinnemann. En ella interpretaba a un soldado en la Segunda Guerra Mundial que, tras quedar paralizado de cintura para abajo por las heridas sufridas en combate, debe superar sus traumas y recuperar sus ganas de vivir en un hospital con muchos más soldados en su misma situación. Para afrontar con mayor credibilidad el papel, se pasó más de un mes en un hospital del ejército conviviendo con los heridos, moviéndose en silla de ruedas y demás. Las dudas iniciales de director y productor por como funcionaría el inexperto intérprete quedaron despejadas con una actuación excepcional. En lo personal, tras una operación de rodilla, volvía a ser válido para el ejército, por lo que tuvo que recurrir a un amigo médico para librarse de la Guerra de Corea. Ya empezaba a demostrar sus convicciones cuando rellenó uno de los formularios de alistamiento especificando en raza como “humano”. Y con la segunda película del actor llegó su consagración definitiva. Pero para hablar de esta película tenemos que retroceder a la etapa teatral de unos años antes. En 1947, Irene Mayer (esposa de David O. Selznick) tenía en sus manos la producción de la obra “Un tranvía llamado deseo” escrita por Tennessee Williams. Para dirigirla contaba con Elia Kazan y quería a John Garfield para el papel de Stanley. Como no estaba disponible dejó que fuera Kazan quien encontrara un sustituto y éste se puso a buscar entre los intérpretes del Actor’s Studio que había fundado ese mismo año. Se acordó de Brando que tuvo un pequeño papel en otra obra suya, pero para estar seguro lo mandó a donde estaba Williams para que lo supervisara. Bud llegó con varios días de retraso pero logró impresionar al escritor. A él y a todos los que veían la obra que aún hoy se considera uno de los estrenos más importantes de Broadway y que se mantuvo más de dos años en cartel. Para el escritor supuso su consagración definitiva logrando premios como el Pulitzer de drama en 1948. Un productor pensó que había un gran potencial y compró los derechos para la adaptación cinematográfica contando con el mismo equipo que en el teatro. Kazan aceptó por su amistad con el escritor de la obra, y éste quiso mantener el mismo reparto. La productora exigió caras más famosas y sustituyó a la protagonista por
Vivien Leigh, que interpretaba la misma obra pero en Londres bajo la dirección de Laurence Olivier. Costó que ésta se integrara en el grupo pero finalmente dio lugar a una actuación inolvidable. Como también lo fue la del protagonista de este artículo. Stanley Kowalski es un hombre vulgar, con poca cultura, pero muy varonil, lleno de energía y práctico. Cuando se encuentra con la refinada Blanche, que mantiene sus aires de grandeza a pesar de su caída en desgracia, el choque es inevitable. El gran acierto de la historia creada por el dramaturgo es ese análisis profundo de estos personajes tan opuestos que encarnados por estos grandes actores se vuelve todavía más interesante. Brando aporta a Stanley una sensualidad animal, un magnetismo que le dota de un gran carisma a pesar de su rudeza y sus arranques de violencia. Todo esto hace de “Un tranvía llamado deseo” una obra maestra del cine que fue reconocida en los Oscar con 12 nominaciones, incluyendo película, director, guion y los 4 intérpretes. Los tres compañeros de Brando se llevaron la estatuilla pero éste fue derrotado por Bogart. Eso sí, su imagen sudorosa y sensual en momentos como el que podemos ver a continuación se quedaron grabados en la mente de los espectadores.

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La ley del silencio (1954)

En 1952 el actor repetía con Kazan y estrenaba “¡Viva Zapata!”, ficción inspirada en la vida del revolucionario mexicano Emiliano Zapata, al que daba vida Brando de nuevo con una magnífica interpretación. Esta vez, además de su segunda nominación al Oscar donde de nuevo fue su compañero de reparto Anthony Quinn el que recogió la estatuilla, también logró el premio al mejor actor en Cannes y el premio Bafta. Al año siguiente se puso a las órdenes de Joseph L. Mankiewicz en “Julio César”, adaptación de la obra de Shakespeare, donde encarnaba al protagonista Marco Antonio. En un principio había cierto escepticismo por si resultaría la actuación del actor que había interpretado a Stanley, pues tras este papel le apodaban “El murmullos”, al opinar que no pronunciaba con claridad, pero momentos inolvidables como el discurso tras el asesinato del César demostraron que se equivocaban y esta nueva genial actuación sirvió para que lograra su tercera nominación al Oscar consecutiva y su segundo Bafta. Ese mismo año estrenó otra película muy recordada, “Salvaje”. Tal vez la película en si no tenga la misma calidad que las anteriores, pero la imagen icónica del rebelde Brando montado en su moto (utilizó su propio vehículo en el rodaje) es una de las más repetidas y recordadas del actor. Curiosamente, los importadores de las motos marca Triumph que aparecen en la película protestaron por su uso pensando que les perjudicaría pero, hoy en día, la marca utiliza imágenes de la película en su publicidad. Su siguiente película podría haber sido “Sinuhé, el egipcio”, de Michael Curtiz. Aunque no le apetecía volver al cine histórico tras Julio César, acepto con reticencias por el sueldo, pero en las lecturas previas del guion decidió que no podía soportar a Curtiz ni a la actriz protagonista y abandonó la producción alegando una enfermedad. El productor no se lo creyó y demandó a Brando que finalmente aceptó interpretar a Napoleón en “Désirée”. Pero antes de estrenar esta película llegó la tercera colaboración con Kazan en “La ley del silencio”. El origen de la película es un asesinato en el puerto de Nueva York y unos artículos periodísticos ganadores del Pulitzer que desvelaron la corrupción que había en el puerto y que estaba detrás del crimen. Basado en ellos, Budd Schulberg escribió un guion que nadie se atrevía a rodar. Mientras, Kazan trabajaba con Arthur Miller en otra historia sobre la vida en los muelles pero tampoco nadie se atrevía a financiar la película y, además, Miller terminó abandonando el proyecto y retirando la palabra a Kazan al pensar que éste lo denunció como comunista ante el Comité de Actividades Antiamericanas durante “la caza de brujas”. Cuando Budd y Elia coincidieron, éste último se sintió identificado con el guion por su situación personal. Pero nadie quería financiar la historia hasta que se encontraron con Sam Spiegel. Para el papel protagonista de Terry Malloy querían a Marlon Brando, pero éste rechazó en dos ocasiones el papel. Así que pensaron en otros como Paul Newman y Frank Sinatra, e incluso se anunció la contratación de este último. Fue entonces cuando Marlon aceptó el papel aunque bajo unas condiciones que incluyeron, además de un gran sueldo, el tener todas las tardes libres a partir de las cuatro para sus sesiones de psicoanálisis o el contratar como doble y entrenador de diálogos a un amigo que acababa de reabilitarse de las drogas. El rodaje resultó complicado por el frío polar que había en Nueva Jersey aquel invierno, pero también por la oposición de los sindicatos corruptos del puerto. La célebre secuencia del taxi, que puedes ver a continuación, también fue complicada. Habían pensado en rodar en un taxi de verdad pero no pudieron porque resultaba demasiado caro, así que tuvieron que improvisar y rodaron en un coche en el Estudio poniendo una persiana en el cristal trasero para que no se viera lo que había detrás. Con varios trucos de iluminación solventaron el problema. Además, Brando objetaba que todo su discurso no tenía credibilidad porque en el guion lo decía mientras su hermano le apuntaba con la pistola, algo que se solucionó apartando esta con la mano con un gesto que la hace aún más creíble. Un último detalle incómodo fue que, a media tarde, cuando ya sólo faltaban los primeros planos de Rod Steiger, Brando se marchó siguiendo el horario que tenía por contrato en lugar de quedarse para darle la réplica desde fuera de campo. La película fue un gran éxito de público y también de crítica. En los Oscar arrasó con 8 estatuillas sobre 12 nominaciones, incluyendo película, director y actor protagonista. En su cuarta nominación consecutiva, el intérprete por fin subía a recibir el premio de manos de Bette Davis, logrando además otro Bafta (el tercero consecutivo) y su primer Globo de Oro.

La ley del silencio from Las 5 secuencias on Vimeo.

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La jauría humana (1966)

En 1955 volvía a actuar para Mankiewicz, esta vez era un musical donde coincidía con Sinatra; “Ellos y ellas”. Irreconocible aparecía en “La casa de té de la luna de Agosto”, donde pasaba perfectamente por un actor asiático. Su siguiente película, “Sayonara”, también estaba ambientada en Japón, aunque esta vez era un militar norteamericano que se enamora de una actriz japonesa. Por este papel lograba nominaciones al Oscar y a los Globos. Y otra gran interpretación, la que llevaba a cabo como soldado alemán en “El baile de los malditos”, por la que optó al Bafta y donde coincidió con su amigo y compañero del Actor’s Studio Montgomery Clift. Además, se casó con la exótica actriz anglo-hindú Anna Kashfi, con la que tuvo un hijo llamado Christian. El matrimonio no fue muy bien, pues se divorciaron antes de transcurrir dos años comenzando una batalla legal por la custodia del niño. Para acabar la década, Marlon fue el protagonista de “Piel de serpiente” de Sidney Lumet. Su primer film de los años 60 fue “El rostro impenetrable”, que además contó con la financiación de la productora Pennebaker, recién fundada por el astro que veía en el personaje de Rio un buen vehículo para su lucimiento. Un por entonces desconocido Sam Peckinpah escribió una versión temprana del guion inspirándose en Billy el niño. Marlon quiso contratar a Kubrick para la dirección, pero el choque de egos no lo hizo posible, así que él mismo asumió la tarea, convirtiéndose en su primera y única obra. Se trata de un film muy interesante para ser de un director primerizo, y muestra que el talento de Brando no se limitaba a la interpretación. El resultado final es un western fascinante y atípico, aunque algo irregular. Tal vez el propio Brando tenga la culpa al desentenderse por completo de la película al terminar el rodaje, con una complicada postproducción que duró más de un año y cuyo primer montaje duraba más de cuatro horas. Su siguiente película pudo haber sido la mítica “Lawrence de Arabia”, pero Brando declinó la oferta prefiriendo pasarse un año en el Pacífico sur como Fletcher Christian en la nueva versión de “Rebelión a bordo” que años atrás protagonizara Clark Gable. De todas formas, para convencer al actor, el Estudio tuvo que gastar demasiado dinero, que se vería incrementado por retrasos innecesarios a causa del carácter del astro (que cobraba un extra por cada día adicional de rodaje), y por complicaciones climáticas en las exóticas localizaciones de Tahití. El director llegaría a declarar que la película debería llevar el título de “La rebelión de Marlon Brando”. Y aunque el resultado final haya sido una buena película, no funcionó en taquilla haciendo perder al Estudio más de la mitad del dinero invertido. Pero la película tuvo una importante influencia también en la vida personal de Brando, que no sólo se enamoró de los parajes paradisíacos de Tahití, sino también de la joven local Tarita, que interpretaba al interés amoroso del personaje en la película. Se convertiría en su tercera esposa, tras divorciarse de la exótica actriz mexicana Movita Castaneda, la cual, curiosamente, había interpretado a una nativa tahitiana en la película de 1935. Tal vez distraído por los divorcios, las disputas legales por la custodia de los hijos, o por su creciente interés por los movimientos por los derechos civiles (tanto por los derechos de las personas de raza negra como de los nativos indios americanos), empezó a aceptar papeles que están claramente por debajo de su talento y que funcionaron mal en taquilla. Eso si, su fama precedente fue suficiente para que en la primera de estas películas fuera nominado al Globo de Oro. Una excepción a esto fue “La jauría humana”. Dirigida por Arthur Penn y coprotagonizada por una nueva generación de actores que habían comenzado admirando su trabajo (Robert Duvall, Jane Fonda, Robert Redford), la película sirve de radiografía de la degradación moral de la sociedad americana de los 60 a través de los personajes de un pequeño pueblo, con el detonante de un hombre fugado de la prisión que vuelve a su pueblo y con un honrado sheriff interpretado por Brando que intenta evitar el linchamiento de éste. El racismo, la revolución sexual, la corrupción y como la gente intenta tomarse la justicia por su mano son retratadas de forma certera en esta película. Especialmente impactante es la secuencia (que puedes ver a continuación) en la que el sheriff recibe una paliza a manos de tres de estas personas y que ha sido citada como ejemplo de actuación del Método. Penn explico como a Brando se le ocurrió una idea para añadir más dramatismo al momento, simplemente quitar unos cuantos fotogramas y rodar a 20 por segundo en lugar de los habituales 24. Así, cuando se pasa a la velocidad normal se ve todo acelerado. Esta idea serviría después al director para el impactante final de su obra maestra “Bonnie and Clyde” que rodó con cuatro cámaras a distintas velocidades. Todo esto convirtió “La jauría humana” en uno de esos films que hay que ver, aunque en su época no se entendió y fracasó en taquilla.

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El padrino (1972)

La siguiente película del actor fue “Reflejos en un ojo dorado” donde se atrevía a interpretar a un oficial homosexual reprimido. El papel debería haber sido para Montgomery Clift, pero murió antes de empezar el rodaje. Otra película a destacar de esta época es la italiana “Queimada”, pues el actor la citaba como su favorita, probablemente por sus ideales. De todas formas, desde “Rebelión a bordo”, ninguna película de Brando había logrado una gran recaudación por lo que el actor estaba considerado veneno para la taquilla, pero entonces apareció Francis Ford Coppola. El joven cineasta estaba preparando la adaptación de la novela de Mario Puzo “El padrino”, y la decisión clave del casting era el papel de Don Vito Corleone. Muchos actores de Hollywood de mediana edad deseaban hacerlo y también grabaron en vídeo a cientos de actores italianos con la edad adecuada pero necesitaban a alguien con carisma, con una presencia abrumadora, y director y escritor coincidían en señalar a Marlon como el ideal. Pero, por supuesto, al dueño del Estudio no le pareció buena idea. No era sólo por sus pobres resultados en taquilla, sino también por la fama de extravagante y conflictivo en los rodajes que terminaba por retrasar las producciones dando lugar a gastos adicionales. Coppola tuvo que utilizar todas sus dotes de persuasión para conseguir una oportunidad para el actor, y finalmente la logró siempre que aceptase un salario inferior, asumir responsabilidad por cualquier retraso y, además, tendría que hacer una prueba de pantalla. Francis temía especialmente esta última condición pero la suerte se alió con el. Cuando lo llamó le dijo simplemente que deberían reunirse para analizar juntos el papel y Marlon confesó que no estaba seguro de poder afrontar la tarea, algo que el director aprovechó para proponerle que grabaran un vídeo de su actuación. Así que al día siguiente se presentó en su casa y empezaron a hablar sobre como tratar al personaje. El director le sugirió dejarse un pequeño bigote, así que el actor se pintó un mostacho falso, se oscureció el pelo con betún y se metió algo en la boca para ensanchar su cara porque quería parecer como un bulldog. Entornó los ojos, se encogió, sacó barriga y, de repente, se había transformado en alguien absolutamente diferente. Coppola llamó a un actor y fotógrafo que le acompañaba para probar una escena que grabaron en vídeo. Ya tenía la prueba que necesitaba. Cuando después se la mostró a los jefes de la Paramount se quedaron asombrados y tardaron un buen rato en darse cuenta de que era Brando el que aparecía en la imagen. Había conseguido el papel, cobrando una cantidad muy inferior a la de muchas de sus películas precedentes. Como tenía ciertas dificultades económicas, Marlon renunció a su porcentaje de taquilla por un poco de dinero en efectivo, algo que le costaría varios millones de dólares pues la película sería un grandísimo éxito económico. Dick Smith fue el responsable del maquillaje del actor en la película. Una magnífica caracterización que envejecía a Brando hasta la edad adecuada con un proceso que llevaba cerca de hora y media, o casi dos en los momentos en las escenas en las que aparece como un hombre anciano. El rodaje se llevó a cabo con un ritmo frenético y con una fuerte presión sobre Coppola que se jugaba su carrera pues había desafiado al Estudio en multitud de ocasiones para lograr el reparto que deseaba y había escrito personalmente el guion definitivo. Lo más problemático era lidiar con el conflictivo Brando, pues las primeras tomas con el no resultaron demasiado convincentes pero no quería repetirlas para no salirse del calendario de rodaje. Como tenía problemas para memorizar sus diálogos, terminaron por poner letreros con su texto. Esas pausas y esa forma tan característica de hablar del personaje venía motivada en parte porque simplemente tenía que leer primero lo que iba a decir. Cuando llegó el momento de rodar la secuencia que da inicio a la película, y que puedes ver a continuación, Brando se había encariñado con un viejo gato, así que Francis le puso el gato en el regazo en el último momento. A la gran mayoría de actores, si les pones un gato entre los brazos, en una secuencia larga como esa, seguramente se descentrarían y terminarían jugando con el felino, pero con Marlon era distinto, era capaz de llevar a cabo la escena con tal naturalidad como había demostrado siempre. Lo bien que funciona esta introducción, que presenta de una manera grandiosa el personaje, es clave para el éxito del film. La película logró 10 nominaciones a los Oscar, alzándose con los premios de película, guion y actor protagonista. Brando, que ya había recibido el Globo de Oro por el papel, envió a una mujer con aspecto de sioux en su lugar que explicó que debía rechazar el premio a causa del trato que la industria cinematográfica daba a los indios americanos.

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Apocalypse Now (1979)

Tras “El padrino”, su retorno a la gloria se vio confirmado con “El último tango en París”. La interpretación del actor en la película de Bernardo Bertolucci se considera una de las más cercanas a su propia personalidad, el actor se desnuda emocionalmente en una obra polémica por su alto contenido sexual. Pero fue otro gran éxito de taquilla y el actor estuvo nominado al Oscar por su actuación. Tras un tiempo sin trabajar volvió a ponerse a las órdenes de Arthur Penn en “Missouri”. En sus siguientes apariciones empezó a aprovechar su fama para cobrar grandes sueldos por pequeños papeles. El primer ejemplo de esto son los más de 3 millones de dólares (sin contar el porcentaje de taquilla) que cobró por dos semanas de trabajo en la mítica “Superman”, donde daba vida a Jor-El, padre del superhéroe. Algo similar se puede decir de “Apocalypse Now”, pero en ésta si es cierto que su presencia inunda toda la película aunque no salga hasta el final. Para el archivo con sus fotos que lleva Martin Sheen utilizaron imágenes de la película “Reflejos en un ojo dorado”, cuando el aspecto del actor era muy diferente al que tenía cuando se presentó en el rodaje con 20 kilos más. Para disimular en parte este aspecto, el director de fotografía propuso una iluminación extraña y un ambiente nebuloso. Entonces Brando improvisó un largo y angustioso monólogo. Coppola estaba entusiasmado, había aparecido un nuevo Kurtz, con un aire teatral, sobrenatural (parecía un gigante), de leyenda, como puedes observar en la secuencia que viene a continuación. Tras el último día de rodaje del Brando, Coppola necesitaba una toma de sus labios diciendo aquello de “El horror, el horror”, así que le pidió el favor de quedarse un rato más y hacerla, pues sólo llevaría cinco minutos. Marlon replicó que de favor nada, que un día más de rodaje serían 75.000 dólares según sus honorarios. Pero lidiar con la estrella no fue más que una pequeña molestia comparado con todas las complicaciones de una película que casi acaba con su director. Más de medio año de rodaje enloquecedor, con multitud de problemas que le llevaron a perder cerca de 40 kilos y declarar que no era una película sobre Vietnam, era Vietnam.

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En los siguientes años siguió apareciendo en películas, algunas interesantes como “Don Juan de Marco” o “The brave” junto a Johnny Depp o “Una árida estación blanca”, por la que volvió a optar a Oscar, Globo y Bafta, pero en su mayoría fueron films indignos como “La isla del Dr. Moreau” (fue candidato a los Razzie en 3 ocasiones), lo que ensombrecen la trayectoria de un actor magnífico. En sus últimos años llamó más la atención por su obesidad, su diabetes y sus problemas familiares, siendo el más destacado el asesinato cometido por su hijo contra el amante de su hermanastra. En 2001 grabó sus dos últimas apariciones en pantalla. Una de ellas fue un vídeo musical de su amigo Michael Jackson, con el que pasó largas temporadas en su mansión, y la otra la cinta “The score (Un golpe maestro)” junto a Robert De Niro y Edward Norton. Y el 1 de Julio de 2004 un fallo respiratorio acabó con su vida tras un tiempo de convalecencia.

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